03.27.09

FÍGARO CUMPLE DOSCIENTOS (A PROPÓSITO DE LARRA)

Publicado en Prosa, Unas noticias y otros tagged , , a 12:17 por retratoliterario

Mariano José de Larra
M.J. de Larra

Hace tres días, el 24 de marzo, media España se acordó de Mariano José de Larra, de su nacimiento. Un recuerdo de esos que piensan en el nombre, sólo en el nombre, y que olvida el porqué de la ceremonia. Sería curioso escuchar las respuestas a la pregunta “¿cuál es la importancia de Fígaro?”. Otro hecho que lamento es que el periodismo haga de Larra su Santo y Patrón, cuando dejan de lado el ejemplo mismo que adulan. No hay más que ver el abismo que separa al articulista de opinión actual del Bachiller romántico; los vanos intentos contemporáneos de imitar esa genial mezcla de acidez cáustica y humorismo sobre fondos verdaderamente dramáticos no pueden declararse herederos del Pobrecito Hablador. Sus críticas y sátiras en nada se comparan a las que hoy se vierten en busca del más puro lucimiento “gracioseril”, porque en Larra antes latía el apego a su patria y la tristeza de encontrarla huera y revolcada en sus propios vicios, que las simples ganas de hacer el comentario y la gracia oportunos. Realmente  no se sabe hasta qué punto se busca engrandecer, más si cabe, la figura de Mariano José como padre del periodismo que sufrimos, o se quiere aprovechar su faceta articulista para el autobombo de los que hoy se declaran discípulos, hijos, representantes de su repercusión en el tiempo.

Pero Larra, además de no ser un mero articulista de opinión, fue también dramaturgo, poeta y novelista -aunque sólo una escribiera-. Tocó, cuanto pudo en su corta vida, un buen repertorio de géneros literarios, aunque se acostumbre a minusvalorar todo lo que no sea artículo como algo anecdótico de su producción. Así de larga es la sombra de la mano que busca en la literatura un icono o una estrella.

A nuestros periodistas de hoy, yo les recomendaría uno de esos artículos que tanto aplauden y desoyen al mismo tiempo, firmado por Fígaro en El mensajero un 16 de marzo de 1835, que lleva por título La alabanza, o que me prohíban éste. En él Larra deslinda perfectamente la diferencia entre quien escribe “para sí” y quien escribe “para otros”, el que acepta la censura y se dedica a la alabanza, y el que se enfrenta a esos endemoniados límites del escribir. Lógico que Larra hablaba de censores auténticos, pero no deja de ser verdad que sigue existiendo una censura ideológica, un corte a la medida en nuestros periódicos que permite saber siempre de qué pie se cojea en éste o aquél y qué se ha de encontrar entre sus páginas.

En los países en que se cree que es dañoso que el hombre diga al hombre lo que piensa, lo cual equivale a creer que el hombre no debe saber lo que sabe, y que las piernas no deben andar; en los países donde hay censura, en esos países es donde se escribe para otro, y ese otro es el censor. El escritor que, lleno ya un pliego de papel, lo lleva a casa de un censor, el cual le dice que no se puede escribir lo que él lleva ya escrito, no escribe ni siquiera para sí. No escribe más que para el censor.

Hoy, la palabra no sería “censor”, sino acaso “redacción”, quizás “línea editorial” y eufemismos por el estilo. Sólo si el nombre, sólo el nombre, es suficiente para vender toda la tirada, entonces sí, se puede contar lo que a uno le dé realmente la gana -incluso morder la mano que te da de comer. Más sobre esto, adaptándolo a los tiempos que corren, está en aquél Lo que no se puede decir, no se debe decir, del año anterior (1834), o aquella ingeniosa humorada de El Siglo en blanco  con Espronceda de por medio. Gran destreza tenía el madrileño en escribir lo política y legalmente correcto desprendiéndose todo lo contrario. No es esa ramplona ironía que consideran fina y se destila hoy en los abrevaderos periodísticos; no es esa otra que llaman “humor inteligente”, como si el humor pudiera serlo en lugar de su autor; no es una ironía superflua e innecesaria; es la ironía cargada de una inteligencia natural, la que no necesita “guiñarnos un ojo” ni nuestra sonrisa complice, la que lanza la pregunta directa haciendo partícipe al lector; es la ironía y el sarcasmo en su más pura expresión, por necesidad, en su real utilidad retórica ante la situación: decir lo que, prohibido, se quiere, diciendo lo que, permitido, se debe. Así, incluso, en un requiebro de esta lógica del decir, su Andrés Niporesas cierra el último número de El pobrecito hablador, allá por marzo de 1833:

Declaro que a veces he dicho las cosas como no las quería decir. No importa mucho, porque creo que de cualquier manera que se digan es como si no se dijeran. Hay cosas que no tienen remedio, y son las más.

 Efectivamente, ¿cuántas cosas que Larra consiguió decir tal como no quería, tal como debía, y, sin embargo, cayeron en saco roto, dando igual que fueran dichas o no de un modo u otro? Por citar los más famosos ejemplos, seguimos, ciento y pico años después, encantados con las cosas a medio hacer o escuchando el fatídico Vuelva usted mañana. Nosotros seguimos persiguiendo esas palabras-arlequín y palabras-camaleón de la política, que terminan en los “cuasi”, en ese ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario que domina el discurso que a diario tragamos, saboreando la medianía y la mediocridad en continuas tertulias de opinión. Y aquí me paro, porque éste es el Larra que nadie quiere leer ni conmemorar, aunque por aquí vayan los tiros y su razón de ser.

¿Por qué a Larra le rebajan sus versos mientras el personal, de Quevedo, únicamente recuerda su sátiras y burlas? Tiene mérito, y mucho, y merecido, escribir sonetos comparables a don Francisco y sus chanzas, como el dedicado al torpe busto hecho en honor de doña Mariquita Zabala de Ortiz, o el de A una ramera que tomaba abortivos. Necesariamente de algún lado iba a nacer aquel Duende satírico del día, como, por ejemplo, de las cincuenta y cinco composiciones que de él se conocen y entre las que se cuentan las mencionadas. Tampoco se nos debe escapar la gracia de aquella Oda heptasilábica a la mariposilla:

¿Por qué, mariposilla,
volando de hoja en hoja,
haciendo vas alarde
ya de inconstante y loca?

¿Por qué, me di, no imitas
la abeja que industriosa
el jugo de las flores
constante en una goza?

Advierte que no vaga
del alelí a la rosa,
que una entre miles busca
y una fragante sola.

Y cuando ya la elige
hasta exprimirla toda,
jamás voluble pasa
sin disfrutarla a otra.

 No sería ya un Quevedo, sino Las moscas de Machado, admirador de Larra años después, aunque el corte siga siendo didáctico, propio del neoclasicismo.

También El doncel don Enrique el doliente, única novela -histórica- de Larra, ha dormido abandonada hasta hace bien poco, cuando el título resonó en casamientos reales. De pronto, todo el mundo quiso una copia para sí, como un producto puesto de moda, aunque no por su peculiar rareza decimonónica. Larra, como buen romántico, viaja a la Edad Media, pero no idealiza la época como fuera de esperar según el estilo de sus coetáneos; escribe la novela con un reojo sobre Cervantes, tomando como cabecera de capítulo el Cancionero General que recita el Quijote en su primera venta (I parte, cap. II), siguiendo un narrador alejado que habla al lector (salvando algunas distancias con los problemas del narrador en el Ingenioso). Y junto al doncel, sus obras dramáticas, no sólo Macías, que se menciona por la evidente relación con el protagonista de la novela y el autobiografismo de ambas, sino también Un desafío, El rapto, Dos palabras, Los inseparables o Julia, además de las traducciones y adaptaciones de obras de Delavigne, Scribe o Victor Ducange.

Mariano José de Larra también pasó a ser epígono del Romanticismo por su joven muerte a causa de un suicidio. A lo Hemingway, se pegó un tiro con veintisiete para veintiocho años, el 13 de febrero de 1837. El tema literario de la extrema exaltación de sentimientos hasta el punto de llegar a la muerte, que, por cierto, no sólo es romántico -recordemos a Shakespeare o a la pobre Melibea de Fernando de Rojas-, saltó de la ficción a la realidad en la calle de Santa Clara, número 3, en Madrid. Si realmente fue por el desengaño amoroso de un amor imposible -por adulterio-, o fue porque a Larra le dolía España, o, acaso que lo primero se convirtió en excusa para lo segundo, es cosa de amarillismo o rosismo. No es asunto literario. Pero un hecho tan morboso no se pasa por alto cuando de Larra nos hacemos eco, siendo además la época en que la página de sucesos ha ocupado la primera plana y los titulares de portada.

Se le otorga importancia por su posición política y el compromiso de su obra. Pero esto es actitud, no literatura. Y tampoco es Larra el primero en la literatura que pone su obra al servicio de la crítica, la sátira, la denuncia de una sociedad envilecida o una política incompetente. Antes bien, como hemos dicho, lo bueno de Fígaro era la capacidad en su uso del lenguaje, su destreza e ingenio, para expresar lo censurable y superar las barreras, demostrando con ello lo fundamental que es el dominio de la lengua. Larra se vuelve un escritor escurridizo para la censura sin necesidad de caer en la demagogia o en los mecenazgos ideológicos. De este modo, junto a lo ya mencionado, legó un retrato sociológico, psicológico y literario de su época y una irresistible influencia para los autores que hubieron de sufrir, ya en el s. XX -citemos a Unamuno-, las consecuencias de la cada vez más pronunciada decadencia de la patria.

Incluso su entierro el día 15 de febrero de 1837, en San Nicolás, tiene una relevancia para la literatura. Un poeta, desconocido hasta el momento, aprovecha -por interés o sentimiento- la ocasión para recitar su homenaje a Fígaro, como quien recoge un testigo literario:

Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.

Duerme en paz en la tumba solitaria
donde no llegue a tu cegado oído
más que la triste y funeral plegaria
que otro poeta cantará por ti.
Ésta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
¡memoria del poeta que perdí!

A la memoria desgraciada del joven literato D. Mariano José de Larra

José Zorilla

Héctor Martínez

 

 

03.23.09

“CUÉNTAME UN MITO”, CARLOS GOÑI ZUBIETA

Publicado en Ensayo tagged , a 22:09 por retratoliterario

Portada "Cuéntame un mito"
Portada

El libro de Carlos Goñi Zubieta vuelve a acercanos al mundo del mito antiguo. Ante nosotros pasan la proclamación de Zeus frente a Crono como dios de dioses, el titán Prometeo, los conocidos mitos de Edipo, Narciso y Orfeo, la guerra de Troya con Paris, Helena y Aquiles, los grandes héroes Ulises, Hércules y Teseo. Pero no se trata simplemente de narrar lo ya narrado y archiconocido, sino de servir de canal que los transmita a la época correspondiente, al hombre actual y la visión de la realidad en la que aquél se halla inmerso:

(…) estas maravillosas historias necesitan de los mitógrafos, de alguien que las cuente una y otra vez. (…) Por eso, este libro no pretende sino contar mitos (…) Es más, el hombre de hoy necesita ensamblar el pequeño guión de su vida en un gran argumento, por eso necesita los mitos, que le enseñan que la biografía de cada hombre es un eslabón más de una enorme cadena.

Pero no se puede contar mitos sin dar una interpretación. La forma de contarlos indica ya una manera de ver la realidad, una cierta racionalización del mito.

Algo que no señala Goñi Zubieta, lo que añado yo, es que también la selección de los mitos a narrar e interpretar constituye, junto a la forma de narrarlos, una lente más en esa peculiar manera de ver la realidad a través del relato mítico. De este modo, el libro Cuéntame un mito ni atiende a toda la extensa experiencia mitológica, ni transcribe la literalidad del mito, pero traslada una imagen completa del género y acerca con gran temple la lectura al mundo actual. De este modo entiende, Goñi Zubieta, la existencia del mito como el continente intemporal de un origen y una esencial verdad nuestros:

Cada relato es como un anteojo -vemos a través de él- que nos acerca a un pasado inmemorial, a una época fuera de la historia, antes de todo, imposible de fechar. Gracias a ellos podemos contemplar el origen y, en ellos, mirarnos a nosotros mismos.

Los mitos son susurros de la divinidad, verdades musitadas a los oídos de los antiguos. (…) son esencialmente verdad justamente porque nos transmiten verdades esenciales. (…) certezas valederas en todo tiempo y lugar.

El único problema que presentan los mitos y su continua reactualización es ese estar escritos “fuera de la historia”, lo que conlleva el uso de un lenguaje y una simbología que es preciso interpretar desde el día de hoy. Por tanto, al proponerse esta labor, Goñi Zubieta asegura:

Se puede decir que con los mitógrafos “se terminan” los mitos y comienza la historia.

Al menos, termina la creación del mito antiguo, el inmemorial, con la entrada de la interpretación y adaptación de la verdad que contienen. Es decir, la labor de la que hablamos consiste en introducir estos relatos ahistóricos en la propia historia, parecido a una de las afirmaciones de nuestra María Zambrano: “la poesía unida a la realidad es la historia”. Precisamente, Carlos Goñi Zubieta está uniendo poesía y realidad en Cuéntame un mito, por lo que, efectivamente, acaba el mito, y empieza la historia. El mito queda como pasado fundante de ésta, y el presente como punta de lanza de la prolongación del tiempo anterior, pues, la historia es, al fin y al cabo, lo que el presente dice acerca del pasado, la memoria que hace posible el futuro. Así leemos en las sugerencias a la estancia de Ulises con los lotófagos:

Somos lo que somos por la memoria, si la perdemos, si sepultamos nuestro pasado, dejamos de ser, dejamos de tener una consistencia existencial. Un hombre sin pasado no es, porque el pasado es lo que nos constituye como personas. Sin pasado no hay futuro, no hay proyecto, no hay persona.

Un pasado que nos configura, pero del que también somos responsables directos, tal como apunta Goñi Zubieta al introducir el relato de Ulises En el país de los feacios:

Necesitamos de nuestro pasado como un animal precisa de su instinto. Nos guste o no, aunque daríamos cualquier cosa por poder cambiarlo, lo que hemos hecho es lo que somos.

Un pasado también que nos personaliza, nos identifica con el que somos cara, no sólo a nosotros mismos, sino a los demás, como señala el autor respecto de la cicatriz en la rodilla de Ulises que sirve para que su porquero Eumeo le reconozca:

Este hecho nos muestra la importancia que tienen las cicatrices: son las huellas que deja el tiempo en nuestra biografía. Sin ellas, nuestra identidad se disuelve en lo impersonal.

En cambio, el mito se nos manifiesta como algo, en muchos casos, incomprensible, y no pocas veces es calificado de irracional, de contrario a la razón, desde los desafortunados simplismos de aquel “paso del mito al logos”. Cuando entendemos mal la expresión, nos avocamos a pensar que el mito no pasa de ser un relato literario de dioses, hombres y héroes, que no conforma una representación de algo esencial, o que nunca ocultó en su seno nada de provecho.

(…) el mito no choca con la razón, sino que, más bien, es cierta concepción de la racionalidad, que vio su culminación en la Ilustración europea y que actualmente se encuentra en crisis, la que no puede comprender la lógica mítica. (…)

Cuando “despertó” la razón se durmió el mito.

Goñi Zubieta, partiendo del pensamiento de Lévi-Strauss, está desembocando en la corriente posmoderna al señalar el hundimiento de la racionalidad moderna e ilustrada, de la actitud de “miopía intelectual” que sólo logra ver los detalles y pierde, constantemente, por su pretendida autonomía, el pie que tiene sobre el pasado, que puede llevarle lejos, que puede hablarle al hombre de su propia naturaleza:

A fuerza de mirar de cerca, ha perdido la capacidad de ver de lejos. En el caso que nos ocupa, el objeto de esta miopía es el pensamiento mítico, que se presenta borroso en la lejanía o, simplemente, no se ve.

El problema no es que se mire el detalle, sino que sólo se mire el detalle como si fuera el todo o como si ese todo fuera reconstruible desde aquél. El problema es la “forma de mirar”:

Para volver a captar el sentido del mito debemos cambiar la forma de mirar, debemos abrir el objetivo de nuestra razón para que entre más luz, no sólo la que  nosotros mismos arrojamos.

La actitud de Goñi Zubieta no es dogmática. Necesariamente ha de ser así pues el mito no tiene la estructura lógico-racional que exija una conclusión determinada. Hace llegar el autor sus interpretaciones y adaptaciones de cada mito narrado en forma de “sugerencias”. El tono de cuanto señala no pasa de ser una posibilidad de posibilidades, dejando abierta la puerta para que sea el propio lector el que, tras el mito, o tras la “sugerencia”, o tras ambos, pueda hallar su interpretación y la cercanía de lo expresado por el mito a sus circunstancias más próximas; aporta, también, la invitación a otras obras y filósofos -sin duda, dos de los más nombrados son Lipovetsky y Nietzsche-, o estudios que pueden resultar interesantes al lector.

Aunque yo me haya fijado y centrado en los marcos de pensamiento que rodean al libro, no debe pensarse que se trate de una lectura difícil, sesuda, que exija preparación filosófica o de cualquier otro tipo. La gran mayoría de mitos presentados pertenecen a lo que llamamos “cultura general”, y tan siquiera haría falta ésta para seguir el texto. Obviamente, si se conocen, la lectura puede resultar más honda y menos interferida por las “sugerencias” del autor, es decir, mucho más abierta a la interpretación y contrastación personal. Por otro lado, tampoco el lenguaje empleado complica el acceso, sino que en todo momento parece adaptarse a ese “para todos los públicos” que no es otra cosa que “para el que lo quiera leer”. Entre otras cosas, ya el mito presenta sus propias complicaciones de oráculo como para enredarlo más aún en una red oscura de pensamiento, en una reflexión ardua y difícil. Ya decía Ortega y Gasset que no es labor del filósofo escribir mal, hacerse incomprensible para lograr gran talla intelectal. Goñi Zubieta también nos da su versión:

(…) el filósofo utiliza la razón, su medio de expresión es el lenguaje, no poético, sino sometido a las rígidas reglas lingüísticas.(…) está sujeto siempre a las leyes de la inteligibilidad.

Héctor Martínez

03.14.09

LOS PLAGIOS DE BRYCE

Publicado en Prosa, Unas noticias y otros tagged , , a 21:11 por retratoliterario

Bryce Echenique

Bryce Echenique

La historia del “plagio” es tan larga como morbosa. Acusar y encontrar condenado a un reconocido escritor por cuestiones de plagio es descubrir un engaño, una farsa, como si al haber admirado a un autor hubiéramos estado ante un espejismo literario. Es el error de más bulto, junto al uso de “negros”, en que puede caer cualquier escritor.

En su momento, los amanuenses transcribían obras para preservarlas, sin afirmarse como autores sino como copistas. Uno de los casos más conocidos es el de Mio Cid, con firma de Per Abat como aquél que lo llevó a letra escrita, dato que se reproduce por doquier en los libros de texto de literatura. Los hombres del Mester de Clerecía, como un Gonzalo de Berceo, un Arcipreste de Hita o un Don Juan Manuel, sacaban adelante obras que se componían de recopilaciones de otros textos y estilos conocidos cuando no se tenía plena conciencia del concepto de autor de una obra original, tal como hoy lo concebimos. En este caso, El conde Lucanor, como una de las primeras obras en las que el escritor se considera a sí mismo autor de una obra original o propietario de la misma, recopila y adapta numerosos cuentos y relatos de distintas tradiciones y culturas (clásica, árabe, japonesa o hindú) con ligeras variaciones. En el s.XIX destaca un nombre, Lauteamont, y sus Cantos de Maldoror compuesta con textos de Pascal o Dante. Valle-Inclán y su adpatación para folletín de La cara de Dios de Arniches, tuvieron que sufrir también su buena dosis de crítica a principios del siglo pasado. Lucía Etxebarría, más de una vez, o Vázquez Montalbán, por aproximarnos más a nuestra época, se han encontrado acusados, incluso en asuntos de traducciones -como el segundo. Y, por supuesto, dejándonos muchos nombres ilustres en el tintero, el caso de los casos más cercanos, no tanto por valor literario alguno de su implicada, sino por el revuelo escandalizado por ser quien era -aunque esperemos no aparezca nunca en una enciclopedia-, no podemos dejar de mencionar a Ana Rosa Quintana, que de presentadora quiso probar las mieles de novelista, y terminó saboreando la amargura de las hieles -como dice el refrán que al pelo vino en su momento, y viene, para jugar con el título de la obra de Ana Rosa, Sabor a hiel.

Alfredo Bryce Echenique, premio Isabel Católica de 1993, Nacional de Narrativa de 1998 y Planeta de 2002, entre otros galardones nacionales e internacionales, es uno de los últimos en aparecer frente al público como plagiador. Ahora bien, hay que puntualizar que no respecto de su obra literaria de novelas, al menos que se sepa, sino de artículos de prensa. La cosa era tan sencilla como recoger textos publicados en España y difundirlos por Perú, con su firma, en el diario El Comercio, con levísimos cambios muy poco significativos. Como suele ocurrir en estos casos, lo primero fue negarlo, lo segundo echar las culpas a otro, lo tercero justificarse y lo cuarto, cuando uno se ve condenado ante la evidencia, callarse. De este modo, Bryce Echenique negó las primeras acusaciones que le llovieron en 2007; luego resultó, según él, que todo se debía a errores o incompetencias de la secretaria de turno que estampó la firma del autor en escritos que no le pertenecían y sin su autorización -siempre es bueno tener una secretaria o algún colaborador a mano sobre el que descargar responsabilidades-; tras ello, señaló que todo era un complot de los “fujimontesinistas”, buscando el refugio ideológico y político; más tarde, dijo que se trataba de artículos que nunca se habían publicado en Perú y que por ello no podían actuar contra él, e incluso llegó al absurdo de llamar homenaje a los “plagios” -una cosa es tomar un detalle, un verso, una frase o una cita puesta en cursiva, un personaje etc., y otra muy distinta cambiarle a un texto simplemente una preposición y añadirle un adjetivo-; cuando, al final, se vio condenado por dieciséis plagios -existiendo veintisiete posibles, y subiendo-, Bryce se convirtió en una tumba, no sólo porque calló, sino porque los hay que dicen se volvio cadáver literario también.

No discutiré las excusas dadas, sino que, ante, no la similitud, sino práctica igualdad de lo publicado en La Vanguardia, en Extremadura o en Jano, Bryce Echenique se movió como ratón en ratonera: de un lado para otro, buscando cómo salir de donde no hay salida. Además de la mencionada igualdad descarada en los textos, Bryce no ha hecho otra cosa que decir y desdecirse con razones de lo más rocambolescas, pero sin negar con rotundidad y vehemencia todas las acusaciones. Al contrario, marchó el novelista por otros derroteros en su defensa como que, dado que los artículos “fotocopiados” se publicaron en España, la Agencia Indecopi, que actuaba contra él, carecía de competencias para juzgarle y condenarle. Y esto sonó a tácito reconocimiento de los plagios en medio mundo.

Aún peor es ver cómo el señor Bryce Echenique delata cierto ufanismo literario, dándose a sí mismo las ínfulas de gran escritor, pues, ¿por qué el plagio va a ser un homenaje si el plagiador no es grande? Premios tiene; reconocimiento tiene. Todo hay que decirlo. Pero, en circunstancias tan sensibles, cabe más la modestia y la humildad que el intentar crear citas para la posteridad. Fue De la Bruyère quien escribió aquello de cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, menos ve su grandeza y más comprueba que son hombres. Lo de Bruyère viene a ser una negación de la grandeza al modo como acostumbro a decir a mis alumnos cuando se pierden con Kant: los filósofos también iban al baño. Al caso, tendría que decir que los literatos también plagian, mienten y engañan, y, aún así, quieren caminar con la cabeza bien alta, como Bryce.

Siempre he sido de la opinión de que no debemos separar obra y autor, como tampoco es bueno quitar la paternidad o maternidad de un hijo, salvo casos excepcionales. Siempre he querido mirar las obras echando un reojo sobre el autor también, por aquello del “tal palo, tal astilla”. Título y autor, quiera como se quiera, se co-pertenecen, y, como suele decirse, nadie más podría haber escrito tal texto: aunque tiremos el abecedario al aire, jamás surgiría el Quijote. En el caso de los artículos de Bryce Echenique debemos implantar una cuarentena; y en el caso de sus novelas, olvidar al autor, pues ellas no tienen la culpa de lo que éste comete fuera del ejercicio de su cargo literario, aunque nos cueste dejar huérfanos a Carmela y Estela, o al epistolario entre Mia y Juan Manuel.

Héctor Martínez

03.08.09

EL FOLLETÍN Y LA BLOGNOVELA O ENOVELA

Publicado en Prosa tagged , , , , , , a 21:27 por retratoliterario

Le Siècle (1, enero, 1843)

Le Siècle (1, enero, 1843)

En muchas ocasiones, las bitácoras y blogs se emplean por escritores noveles y anónimos que quieren dar a conocer su obra, sus capacidades, a la mayor cantidad posible de lectores de forma altruista y sin pasar por el alambicado territorio de las editoriales, tan difícil de transitar en la gran mayoría de casos. Nacen así colecciones de relatos cortos y pequeñas novelas por entregas escritas día a día. Tendemos a verlo como una nueva herramienta, sobre todo, por el medio tecnológico y el mayor acceso de autores anónimos. Sin embargo, la modalidad de la obra por entregas no es una novedad.

Alejandro Dumas

Alejandro Dumas

Hace no mucho más de siglo y medio, se impuso una modalidad comercial de publicación literaria en revistas, por la que cada número se acompañaba con un capítulo de una novela. A mediados del s.XIX, en pleno romanticismo parisino, surgió el género del folletín -que en francés es el diminutivo de “hoja, página”- en el pionero Le press, y cuyo eco recogerán publicaciones como Le Siècle, convirtiéndose en un género popular. Sus objetivos eran varios: el más evidente, la propia comercialización del periódico o revista a través del reclamo literario; pero también servía para acercar la lectura y la alfabetización a una lectura de masas. Incluso, dio oportunidad a numerosos escritores por el abaratamiento de costes, que, de otro modo, quizás nunca hubieran salido a la luz -aunque, en muchos casos, el autor no era importante-, como por ejemplo Conan Doyle y Dickens en Inglaterra, o en el viejo continente autores tan reconocidos como Tolstoi, Dostoyevski, Salgari, Flaubert, Chateaubriand, Balzac, Zola, Musset, Dumas y Féval. Y mirando a España, autores de la talla de Valera, Galdós, Blasco Ibáñez, Valle-Inclán o Baroja también adoptaron el género. Otros grandes beneficiados fueron los ilustradores, cuyas láminas acompañaban al texto de forma independiente y se convertían en objeto de decoración y lujo.

B. Pérez Galdós

B. Pérez Galdós

Sin embargo, el folletín y la novela por entregas suponían también efectos nocivos para la creatividad, la vanguardia y la libertad del autor. La comercialización de este tipo de novelas atrapaba al escritor entre una espada y una pared: ajustarse al gusto del público cada vez más aburguesado, poco ilustrado, y, por tanto, a la necesidad de éxito en las ventas, al mismo tiempo que se ve forzado también a hacer de la literatura puro oficio más que arte. Al empresario del periódico o la revista no le interesa la literatura, sino, simple y llanamente, que se vendan sus ejemplares. Al que escribe le interesa que aquél le contrate, y, por ende, debe ofertar un producto ajustado al gusto y demanda creados, que proporcione las ventas ansiadas. Lógicamente, la literatura como arte es algo secundario en este ambiente.

Respecto de su origen, soy más próximo a la opinión de Vargas Llosa, para quien:

En realidad yo creo que sus orígenes son bastantes más antiguos y que el folletín es una versión decimonónica de lo que fue la novela de caballería medieval. Se pueden encontrar una serie de similitudes en la visión del mundo que ofrecen el folletín y la novela de caballería, tanto en la concepción del mundo como en las técnicas de que se valen sus autores para recrear o, mejor, dicho, crear su propia realidad. Creo que el folletín no es un reflejo de la realidad, sino que es una realidad paralela, una realidad autónoma, o, si se prefiere, es esencialmente una irrealidad

Las obras de folletín podían estar escritas con anterioridad a su publicación por partes, o surgían capítulo a capítulo según lo que hoy llamaríamos audiencia y en función del espacio con el que se contaba para cada entrega. Para ajustarse al hueco requerido se recurría al simple artificio de prolongar los diálogos entre los personajes entre preguntas y respuestas monosilábicas como un “sí” o un “no”, lo que permitía contar una línea más con menos caracteres. Además, con este recurso del monosílabo podía lograrse agilidad y rapidez en el texto dejando de lado una densidad que ahuyentara al público. De igual modo, pensando en llegar a cuantos más mejor, las estructuras eran simples y los argumentos lineales y sencillos al modo de una batalla entre el bien y el mal, junto a un léxico no muy elevado. Los personajes, por lo general, son planos, sin evolución, prototípicos para representar lo bueno y lo malo, cuyas motivaciones tienden al estereotipo como el amor, el honor, la venganza, la envidia, el ansia de ambición etc.

Pero si hay un elemento característico del folletín y la novela por entregas, ése es el suspense, el misterio, abandonar el relato continuamente en climax, al final de cada capítulo, como cebo para los lectores, convertido en un recurso muy utilizado posteriormente al género del que hablamos, y no ya sólo en la literatura, sino todavía más en seriales de radio o televisión -pensemos en las telenovelas hispanoamericanas de gran auge no hace muchos años-, conservando los objetivos comerciales. Puede tratarse de una mera interrogación sobre las intenciones de un personaje, algo averiguado cuyo conocimiento se deja caer pero no se desvela hasta la siguiente entrega, suspender el relato en un momento de pura acción, justo al comienzo de algo misterioso, no confirmar la muerte de alguien…  existe gran variedad de posibilidades al respecto para captar la atención diaria o semanal del público para que se siga el relato hasta el final y el personal deje sus buenos durillos en cada entrega.

Sherlock Holmes

Sherlock Holmes

Alguien creerá que es poco el valor de las obras del folletín y la entrega, y sin embargo ahí están personajes como Sherlock Holmes y el doctor Watson, publicado en The Strand Magazine; D’Artagnan y su historia junto a los verdaderos tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis, publicado en Le Siècle; Edmond Dantès, de evidente corte romántico, publicado en Journal des Débats; Henri de Lagardère, el famoso jorobado de capa y espada, también en Le Siècle.

Eugène Sue

Eugène Sue

Se suele considerar el primer gran éxito folletinesco la obra Los misterios de París, de Eugène Sue, en Journal des Débats. En parte puede decirse que pica del melodrama romántico, aunque introduce cierto carácter moral y realista con la inclusión de las capas más bajas de la sociedad entre obreros de la época y prostitutas o el ataque al aburguesamiento parisino. Otro no menos exitoso fue El judío errante, publicado en Le Constitutionnel. Tras él, muchos de los citados, incluido Paul Féval, autor del ya mencionado El jorobado, que replicó a Sue con su gótica Los misterios de Londres, curiosamente, sin conocer la propia ciudad de Londres.

Juan Valera

Juan Valera

En España, destacan autores como Valera, que dio a conocer su Pepita Jiménez por entregas, o como Galdós y su La Sombra o Doña Perfecta, ambas, junto a la de Valera, publicadas en La revista de España. Blasco Ibáñez dará para el folletín de El pueblo sus novelas valencianas como Arroz y tartana o La Barraca. Valle-Inclán, en medio de serios problemas económicos, sacará a la luz, por encargo de la editorial J. García,  su polémica adaptación a novela de la obra dramática de Arniches La cara de Dios.

Actualmente, en el mundo hispanohablante, existen dos términos que recuperan la novela de folletín y por entregas en el universo de la Red: la blognovela y la E-novela -también llamada Enovela. En inglés son varios los términos (blognovel, blogel, blovel), aunque el más aceptado es Blook: unión de Blog y Book.

Hernán Casciari

Hernán Casciari

Por un lado, el argentino Hernan Casciari, también conocido por su colaboración con El País en el Blog Spoiler, es considerado el creador de la “blognovela” con su obra Diario de una mujer gorda que más tarde fue publicado por Plaza&Janes con el título de Más respeto que soy tu madre. Los principios que Casciari propone para la creación de una blognovela están contenidos en el escrito La blogosfera hispana, donde señala la importancia de: el tiempo real, la interacción, la narración en primera persona, simplicidad de argumento, verosimilitud de lo narrado, voyeurismo del lector -no defender el escrito como obra literaria escrita para el público- y el anfitrionazgo -captar a los lectores facilitando la lectura con hipervínculos y pop-ups, dado que los lectores llegan a través de motores de búsqueda y no siempre aterrizan en el primer capítulo.

A. Vázquez-Figueroa

A. Vázquez-Figueroa

En el costado de la E-novela -o Enovela-, aunque no están claras las diferencias con el término “blognovela”, tenemos autores como Pérez Reverte, Alessandro Barrico, Pablo Paniagua con sus obras Esex, la mujer del bigote, Cadáver a solas, Balas de plata y 365, Andrés Pérez Barrero con La última utopía, Alberto Vázquez-Figueroa y su Por mil millones de dolares o Agustín Cadena con En busca de los sueños perdidos. En el caso de Paniagua damos con un Manifiesto del escritor web, donde podemos leer:

(…) ante el desdén de una industria editorial que desprecia la literatura como arte, los narradores, que no practicamos las formas y contenidos de la banalidad, tenemos la obligación de buscar nuevos espacios para dar salida a nuestro trabajo. En este punto, y gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, que convergen en una red donde fluye y se comparte de manera libre la información, es donde el escritor puede ir en busca de un nuevo tipo de lectores: los lectores del futuro. El Internet, entonces, se convierte en un salvavidas momentáneo para aquellos creadores que apostaron por el arte y la literatura, teniendo en cuenta, sin embargo, que son muy pocos los que asumen el riesgo de regalar su trabajo y de ser algo más que comentaristas ocurrentes, o dedicarse a la comicidad, lo que a la postre arroja una panorámica desalentadora en referencia a los contenidos y ahuyenta el interés de la crítica y la prensa escrita para tratar las obras literarias que se generan bajo tales circunstancias.

Exex, la mujer del bigote

Exex, la mujer del bigote

Cabe deducirse que, para Paniagua, aún teniendo un claro referente en el folletín y las novelas por entregas, algunas blognovelas o Enovelas, se desarrollan en una línea contraria al comercialismo de la novela de papel, más en consonancia con la literatura entendida como arte, aprovechando las nuevas tecnologías para entregar a la lectura obras gratuitas y “regaladas”, sin un interés económico, al menos, como principal finalidad.

Así, este nuevo género de novela en la red, puede cumplir bien un objetivo de proyección, de presentación de un autor y su obra cara a dar el salto editorial a la novela de imprenta y papel, o puede tratarse de un objetivo subersivo frente al mercado editorial centrado en el best-seller, en la venta de ejemplares. En ambos casos, estamos ante un género que toma pie en los inicios del siglo XX, por su modo de publicación por entregas, en el que las nuevas tecnologías permiten lo que podríamos llamar vanguardia y renovación de la prosa, así como no siendo una literatura de masas es plenamente accesible en el mundo actual a una inmensa mayoría de lectores y escritores.

Héctor Martínez

03.06.09

“ENTRE EL SILENCIO Y LA PALABRA”, ROF CARBALLO (III/FIN)

Publicado en Ensayo tagged a 22:00 por retratoliterario

Rof Carballo
Rof Carballo

Tras Kierkegaard, Proust y Rilke, Rof Carballo prolonga El poeta y el subconsciente -parte central del libro que trabajamos- con un atrevido ensayo sobre Rosalía de Castro y el alma gallega, el cual he querido comentar por separado de los anteriores, a pesar de su unión original. No es sorprendente y atrevido por acercarse a Rosalía, más recordada en Galicia que en el resto de la injusta España literaria, sino porque se trata de un texto en el que se quiere tocar lo más profundo femenino y lo más hondo del ser gallego, de la forma más desnuda posible:

El hombre prefiere la cosmética a que se le desnude, cosa que siempre indigna, aun al espíritu más filosófico, al que más se cree amigo de la verdad. Pero con una amable cosmética nunca ganaríamos una visión profunda sobre la verdad del alma gallega.

Dentro de los tópicos, Rosalía no es una excusa para ahondar en el epíritu galaico. Para Rof Carballo es fundamental saber primero la significación de aquélla en su tierra, al margen del repetido olvido imperdonable del resto del país:

Rosalía -se dice- es el cantor de la saudade, de la emigración, de la ternura, la defensa del segador desterrado en Castilla, una mezcla de varonil protesta por las desgracias de la raza y de sensibilísima delicadeza. (…) a través de ella se expresan una o varias de las más inefables dimensiones de nuestro propio espíritu.

Ya sabíamos que para Rof Carballo no es baladí esa tarea poética de expresar lo inefable. Dentro de ese canal, lo que subraya el autor es la presencia “varonil” junto a la “delicadeza” más femenina como conjunto propio del gallego. El propiamente gallego, dice Rof Carballo, no aleja de sí y su conciencia, tanto como los demás pueblos, la feminidad y la masculinidad que le configura. No hay temor a la parte femenina de uno, ni a la parte varonil de un:

El gallego reprime la feminidad inconsciente, pero como la teme menos que otros pueblos la tolera a una distancia menor de la conciencia. (…) puede permitirse no negarla porque su ideal del yo no es exclusivamente paternal.

(…) La mujer gallega, muy femenina, llena de ternura, no se siente obligada a reprimir su inconsciente masculinidad.  (…) su coquetería puede ser compatible con cierta energía.

El varón reprime, aunque menos de lo habitual, su femenino inconsciente y su carácter maternal; la mujer no siente, en cambio, necesario negar su masculinidad inconsciente. Opina Rof Carballo que, quizás, la mujer, al haber tenido que enfrentar también la labor del campo y la administración familiar como un varón más, ve natural su rasgo de virilidad. Ciertamente esto se podría decir de toda mujer de campo, no sólo gallega. Efectivamente, Rof Carballo señala la distinción entre la mujer gallega urbana y la mujer gallega rural, siendo la primera la que mayor presencia de feminidad muestra frente a la segunda, quien en algún momento se ve entregada a las duras labores y exigencias de la tierra. Digamos que madre y padre son, en sus caráteres, las imago paterna y materna, respectivamente, que configuran el espíritu del niño en un equilibrio de virilidad y femeninidad. Ahora bien, el problema de Rosalía es crecer con la ausencia del padre, con la única imago materna que debe suplir a la que falta en el otro lado de la balanza. Pero además, la misma imago materna carece del apoyo imprescindible de lo paterno. El equilibrio, en este caso, es imperfecto, tanto en la madre como en la hija. Rosalía construye su “alma masculina” con hilos de carencia:

Trenzó sola Rosalía su <<tea>>, tuvo que tejer ella sola su animus, su masculinidad inconsciente, algo que para ser perfectamente femenina es tan inexcusable e importante como para la varonía del hombre es su ternura, su feminidad.

Rosalía, se manifiesta en primera instancia con versos irregulares, a saltos, como un vagabundeo lírico, con un sentimiento de soledad cuyo acento es la ausencia; un vagabundeo sin saber qué se busca, apoyada en dos de los rasgos diferenciadores del alma gallega: la nostalgia -morriña- y la ternura. La morriña de algo alejado y que conlleva, esencialmente, una melancolía por siempre insatisfecha, desamparo por la originaria seguridad del paraíso de la infancia, de lo maternal y su característica simbiosis materno-filial, o de la distancia de la patria y la tierra -que son también Madre. Y es fundamental ese aspecto de “lejanía” en la morriña, pues el anhelo sentido sólo puede surgir cuando se aprecia el alejamiento respecto de lo que se echa de menos, punto importante para entender el fenómeno migratorio y nostálgico gallego, pueblo con una alta tasa de emigrantes.

Otra consecuencia arranca Rof Carballo respecto del juego equilibrante de las imago paterna y materna: es propio del alma gallega hacer valer el complejo de Polícrates, el temor al triunfo por su pérdida, por lo que supondrá en pago. El alma gallega tiende a no disfrutar lo dichoso, pensando en las consecuentes pérdidas que puede conllevar:

Este secreto de la última realidad del mundo que tácitamente creemos los gallegos llevar en lo hondo del corazón ¿no se perderá si triunfamos demasiado?

Se produce, de nuevo, una dualidad de mundo entre aquél, el del paraíso que permanece ignoto, y el real, hasta el punto de sentir el miedo a que la felicidad conseguida, el éxito logrado no se realiza en un mundo auténtico, en la realidad, pues el único mundo real es por el que padecemos la morriña nostálgica, la saudade (término hacia el que Rof Carballo va, poco a poco, desplazándonos y en el que se recogen los sentidos de soledad, melancolía por la ausencia, la añoranza y la falta de algo, las alegrías y las tristezas simultáneamente presentadas en un sólo sentimiento o pensamiento). Al respecto, ya vimos que Rosalía es la cantora de la saudade, símbolo de esa mezcla de nostalgia, abandono, virilidad inconsciente, canto de la ausencia, vagabundeo…

Pero el gallego y su alma poseen, apunta Rof Carballo, otro algo más, el secreto de superar la tragedia de Narciso, el poder de no ocultarse lo que de “sí mismos” otros no querrían ver y guardan como sombra subconsciente: ya lo odioso de ellos mismos, aunque también las posibilidades de realizarse; ya los miedos, las angustias, a la nada anonadante de la que habla Rosalía:

La Santa Compaña! El hombre gallego anima el paisaje nocturno de la Madre Naturaleza, de la Tierra Madre con espectros de miedos. Proyecta sus miedos subconscientes en el seno de su Madre y así los puede conjurar, igual que cuando era niño. Los fantasmas que pasean, en procesión, por la noche son un cariñoso símbolo de su propia Sombra[1].

El último rasgo al que dedica atención nuestro autor es, precisamente, el único que podía cerrar el libro: se trata de esa otra particularidad gallega junto a la nostalgia, la ternura, expresada en el habitual uso de diminutivos del alma galaica. Una vez más, en este caso con Galicia, nos vemos enfrentados, por un lado, al mundo interior inexpresable, del silencio, de manos de la poesía -Rosalía-, y por otro, a la esforzada expresión, la palabra, al habla:

Lo más interesante de la galaica ternura no es que exista, sino que no se disimule. Todo hombre tiene oculta una profunda ternura, pero la reprime como si se avergonzase de tenerla.

Habla Rof Carballo de la ternura expresada en dos modos: la caricia, como contacto afectivo corporal, sublimación del impulso sexual, pero también de la ternura que llega desde la musicalidad y melodia en las formas del hablar, ambas relacionadas con el aniñamiento, con la perspectiva del niño. De este modo, la ternura gallega en su melodiosa entonación y sus diminutivos entronca con todo lo expuesto anteriormente al aproximarnos a la infancia y la nostalgia:

Un lenguaje que emplea diminutivos en exceso, es decir, un lenguaje con una fuerte tendencia maternal, protectora, abre al hombre hacia una realidad que éste suele olvidar: la persistencia, en el centro mismo de su vida, de su infancia, como una nostalgia y como una realidad oculta

Pese a ello, Rof Carballo advierte más adelante del peligro de la otra cara de la ternura: la que puede hacer caer en “infantilismo”, en convertirse el adulto en un mero niño que fantasea. Así, Rof Carballo termina de anotar todos los riesgos de la peculiar alma gallega, verdadero objeto del estudio que nos presentaba:

Hemos ido viendo que la singular posición psicológica del alma galaica lleva anejos tremendos riesgos. Así, su tolerancia para el Ánima, el riesgo del masoquismo inconsciente, el de la complacencia en el sufrimiento; la acuidad de su nostalgia, el peligro de la pasividad, de la renuncia a la lucha viril, o bien, cuando ésta se acomete, de la renuncia al triunfo pleno y absoluto, el miedo al dominio de la naturaleza. Su familiaridad con la Sombra puede también llevarle a una moral excesivamente tolerante, comprensiva, que linda con la inmoralidad. Vemos ahora, por último, que la ternura puede conducirle -y, en efecto, le conduce- a la llorona sensiblería de las reuniones con coros y gaita, a agotar sus energías en una <> estéril y melancólica.

Cuando yo llegué a esto de los diminutivos, recordé la anécdota, real o ficticia, que nos contaba en la facultad el profesor de alemán, Juan Luis Winkow Hauser, sobre la forma fácil de evitar equivocarse con los artículos de aquella lengua: un amigo decidió hablar en diminutivos porque en la gran mayoría de casos usan el artículo neutro -al menos los acabados en -lein, -le, -chen-. Los alemanes advertían en el exceso, inmediatamente, la misma ternura gallega de la que hemos estado hablando, incluso sin la galaica melodía. Pero esto era más por necesidad del hablante que por la naturaleza de la lengua hablada y el pueblo que en ella expresa su alma. Sin embargo, resultó curioso leer estas páginas cuando hacia esas tierras me dirigía.

Héctor Martínez



[1] La parte final de Entre el silencio y la palabra, titulado Máscaras, fantasmas, mitos, tiene dedicado un extenso capítulo a la Santa Compaña, junto a otros mitos, su antropología etc.

03.01.09

MUSEO DEL JUGUETE DE HOJALATA (CANDELEDA)

Publicado en Unas noticias y otros tagged , , , a 22:13 por retratoliterario

Casa de las Flores

Casa de las Flores

Francisco Gil, Paco en adelante, nos invita a pasar a su Casa de las Flores, la que le vio nacer, en la Plaza Mayor, pleno centro de la hermosa Candeleda (Ávila). Allí, ha hecho realidad, junto a Luis Figuerola-Ferreti, un viaje a la pasada infancia de hojalata, convertida ahora en plata y oro, un verdadero tesoro para la memoria nostálgica como para la curiosidad de nosotros, los más jóvenes.

Bólido de bomberos

Bólido de bomberos

Repartidos por diversas vitrinas, uno se encuentra ante el espectáculo inusual de motocicletas, automóviles, coches de bomberos, autobuses, tio-vivos, caballitos, barcos, juguetes de cuerda, soldaditos y carruajes, helicópteros y aviones de hélice, cajas musicales, bólidos y todo tipo de animales o deportes representados en hojalata, gran parte de la colección de Figuerola-Ferreti con las

Casa Muñecas

Casa Muñecas

marcas de PAYÁ, RICO, SAN JUAN, VERDÚ Y HERMANOS, JYESA…, y otra parte de piezas alemanas y del mundo,  miniaturas de pistas de esquí y casas de muñecas. Al igual que en otros museos, donde la tentación es tocar la pintura o el mueble expuesto, aquí hay que reprimir las ganas de empezar a dar cuerda a tanta maravillosa pieza y verlos en movimiento. Y es que, serán antiguos y de otras épocas, pero siguen teniendo el atractivo con que vinieron al mundo, ese cierto irresistible que volvió y, aunque no lo crean, vuelve locos aún a los más pequeños.

Tocadiscos, Gramófono, Celemín

Tocadiscos, Gramófono, Celemín

Y eso no es todo. El esfuerzo, trabajo y esmero de Paco, – junto a su familia y todos quienes han colaborado- le han llevado a trasladar la misma Casa de las Flores, de 1862, a ese pasado, con antiguas llaves de luz, baños, suelos y puertas en consonancia; y, junto a los juguetes, enseres domésticos cotidianos como las planchas de metal, las gigantescas llaves de cerrojos, diferentes almireces, radios de los distintos entonces recordados, tocadiscos, sombreros, un gramófono -el primero que veo y escucho en persona- y hasta un celemín -uno de esos objetos del que oí hablar alguna vez y nunca supe qué era hasta hoy- o los libros de Eduardo Vázquez y su Matilde, Perico y Periquín, que pasaran, me cuenta mi madre, por las ondas de radio, en la SER, durante casi dos décadas y popularizó la Canción del negrito del Cola-Cao. La rústica Casa de las Flores todavía conserva el fogón en su entrada, creando, junto a cómodos sillones, un saloncillo de estar entrañable, como también la bodega y la leñera. No es, desde luego, un museo frío, sino una casa viva, un museo hogareño, cercano y cálido, donde entrar es recibir el abrazo amistoso y familiar del tiempo y del espacio.

Puente Viejo, Garganta de Santa María

Puente Viejo, Garganta de Santa María

Por si fuera poco, que no lo es, todo ello se encuentra situado a los pies de la Sierra de Gredos y el Almanzor, en el Valle del Tiétar, con el particular microclima que hace conocida a Candeleda turísticamente como la “Andalucía de Ávila”, como el “Techo” -por el Almanzor- y el “levante de Castilla” -en los 252m sobre el nivel del mar del embalse de Rosarito. Pasear por las Gargantas, la de Santa María y la de Chilla, con sus charcos y piscinas naturales, el paisaje natural en el que el agua y el verde son indudables protagonistas, es un auténtico lujo incalculable, pero al alcance de todo paseante.

Garganta de Santa María

Garganta de Santa María

Así, entre viajes en el tiempo, juguetes, microclimas, Gredos, Gargantas y Tiétar, mucho Tiétar -¡y qué gusto!- he pasado este fin de semana en el que acudí a la inauguración del Museo del Juguete de Hojalata, cuya visita recomiendo encarecidamente, no sólo porque conozca a los responsables, sino porque un fin de semana -o toda una semana, un mes o toda una vida-, como el que he pasado, es lo que deseo a todo hombre, mujer y niño.

Que se suponía que esto era una bitácora sobre literatura, sí, es cierto. Y así sigue siendo. Toda la aureola de nostalgia sobre esa “patria de la infancia”, como dice Figuerola-Ferreti, me recordó el poema de un gran amigo; de hecho, el primer poema que escuché de él y que a él me unió con una fuerte amistad personal y literaria. Merece el asunto terminar con sus versos. Escribió mi querido Roberto Ramos, allá por el 1998:

Qué cruel es la vida

que me trata sin piedad,

que hace años jugaba

y hoy estoy obligado a olvidar.

Olvidar que yo juré

que nunca crecería,

que sería fuente de juguetes

y soy fuente de sequía.

Yo sé que he traicionado a mis juguetes,

que el corazón llevo en las manos,

que siento haber crecido

y me duele olvidarlos.

Miedo me da el futuro,

y pánico me da el presente,

si todo lo que tengo

lo olvido como a mis juguetes.

Juguetes, 1998.

Héctor Martínez

INFORMACIÓN:

Museo del Juguete de Hojalata

La Casa de Las Flores

AUDIO:

Francisco Gil, el dueño de la fantasía (COPE)

VIDEO (Tiétar Te ve, enlaces Youtube):

Entrevista a Francisco Gil

Entrevista Miguel Hernández, Alcalde de Candeleda y Francisco Gil

Entrevista a Luis Figuerola-Ferreti

Entrevista a Raimundo Payá

Entrevista a José Antonio García (Ciudadano García, RTVE)

EN PRENSA (INTERNET):

El Museo del Juguete de Hojalata abre sus puertas en Candeleda con cerca de 2.000 piezas (El Norte de Castilla)

Cuando no existía la tele (El Norte de Castilla)

Candeleda (Ávila) estrena un Museo del Juguete de Hojalata con 2.000 piezas (ADN)

Candeleda estrena su Museo de Hojalata (El Mundo)

La Casa de las Flores presenta hoy el Museo del Juguete de Hojalata Los humoristas Javier Capitán y Luis Figuerola-Ferreti serán los encargados de llevar a cabo la presentación oficial del museo (Diario de Ávila)

Ilusión, diversión y juegos hechos de hojalata: El Museo del Juguete de Hojalata fue presentado en Candeleda con la presencia de los humoristas Javier Capitán y Luis Figuerola-Ferreti (Diario de Ávila)

Hojalatas de museo (Aviladigital.com)

Candeleda (Ávila) estrena un Museo del Juguete de Hojalata con 2.000 piezas (El Confidencial)

El museo de la nostalgia: La Casa de las Flores de Candeleda acogerá desde hoy el museo del juguete de hojalata dedicado a artículos y diferentes objetos de este material. (COPE)

Una infancia de hojalata  (Icalnews.com)

Reencuentro para mayores y diversión para niños (Avilared.com)

Retorno a la infancia con el Museo de Juguetes de Hojalata (Avilared.com)

Candeleda (Ávila) estrena un Museo del Juguete de Hojalata con 2.000 piezas (Soitu.es)

La casa de los juguetes de hojalata (Diario ABC, Abcnclase.com)

Una infancia de hojalata (El adelantado de Segovia, Eladelantado.com)

Recuerdos de la infancia (Gente, gentedigital.es)

Candeleda (Ávila) estrena un Museo del Juguete de Hojalata con 2.000 piezas (Revista mujer, Hoymujer.com)

Una infancia de hojalata (Heraldo de Soria)