01/06/2015

“ESPERANDO A GODOT”, DE SAMUEL BECKETT

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Centro Cultural Helénico - Foro La Gruta, Méjico D.C.

Centro Cultural Helénico – Foro La Gruta, Méjico D.C.

Una puñalada en París. El 7 de enero de 1938. A la salida del cine. Dos heridas, una de ellas cerca del corazón. Pudo costarle la vida a Samuel Beckett, pero no fue así. Cuentan que fue Robert Jules Prudent, un proxeneta. Se dice que no lo conocía. Se dice que no hubo razón, ni venganza, ni ajuste de cuentas, ni robo. Cuchillada sin más. Azar y absurdo de la vida. Nada que razonar. Creámoslo o no -la cuchillada sí fue cierta- reconocemos en la vida más absurdo del que estamos dispuestos a admitir, y lo que no nos lo parece, nos asusta con poder ser sólo una ilusión de nuestra lógica cerebral. Nuestra sensación de seguridad depende de ciclos repetidos y gobernados por leyes de asociación, semejanza, proximidad y causa. Tanto es así que, aun cuando no hay ciclo, nosotros lo vivimos. Necesitamos rutina. Poco nos gusta vivir en una permanente sorpresa y en la continua incongruencia. También necesitamos un motivo, una esperanza, al final de la cíclica rutina. Lo cual es, sin duda, una paradoja. ¿Qué de nuevo se puede esperar en una vida rutinaria y cíclica? Por mucho que se empeñe, el hombre no puede contra un mundo que no es racional, y que por ello, cree absurdo.

Dos mendigos, Estragón (Gogo) y Vladimir (Didi), que además, son pareja, sin nada más que hacer que rebuscar en el fondo de su sombrero o en el de su zapato, sin más pertenencia que algún nabo y alguna zanahoria, esperan a un desconocido con quien se citaron la noche anterior, un tal Godot, en el cruce de caminos con un árbol. Tratan de recordar justo el día antes, dudan de lo hecho, pero recuerdan muy bien el pasado que se pierde en el tiempo. Sus sobrenombres, complementarios entre sí y reiterativos, recuerdan el mundo del clown y, de hecho, gran parte de su papel es este: figurar números cómicos de circo, aunque con trasfondo existencial. No pensemos más lejos de los esfuerzos iniciales de Estragón/Gogo por sacarse un zapato, o los juegos de palabras, el sacar de los bolsillos Vladimir/Didi, con síntomas de eternidad, objetos que no son los que se buscan entre nabos y zanahorias, correr por el escenario, saltos y muletillas, actos y frases repetitivos, vestimenta grotesca…, el encontrarse con Pozzo, un domador cuya bestia domada y entrenada es Lucky, un hombre anciano al que lleva atado con cuerda y ordena con látigo que baile o que piense o que le traiga objetos. No creo que se equivocase mucho Joan Font al haber hecho recientemente, presentada en 2012, una versión que enfatiza en lo clown y lo circense, ya que Beckett hace hincapié, acotación tras acotación, en todo lo no verbal, la dinámica comunicativa del movimiento y del gesto por encima de la palabra, la cual queda muchas veces vacía de sentido, ya por su significado o su referente, ya por incoherencia con el contexto.

Dos hombres contemplando la luna (1819), Caspar David Friedrich.

Dos hombres contemplando la luna (1819), Caspar David Friedrich.

El escenario tampoco dista mucho de lo circense. La inspiración declarada por Beckett se encuentra en la obra de Caspar David Friedrich Dos hombres contemplando la luna (1819). Sobrio y sin cambios: un cruce de caminos que en verdad no parecen llevar a ningún lado más que al cruce y un árbol, como referencia de lugar donde se han citado. Este es el espacio, como la pista bajo la carpa. Un espacio que es correlativo a la situación existencial de los personajes. Camino que no lleva a ningún lado y en el que esperan que llegue algo/alguien. Un espacio vacío, como un mundo hueco y sin nada, como una vida huera, decadente. Un árbol, en principio triste pues lo toman por sauce llorón y, o bien muerto por carecer de hojas, o signo de muerte, como opción para el ahorcamiento. La primera opción está al inicio de la obra, Acto I; la segunda al final de la obra, en el Acto II:

ESTRAGON: Donde hay que esperar.

VLADIMIR: Dijo delante del árbol. (Miran el árbol) ¿Ves algún otro?

ESTRAGON: ¿Qué es?

VLADIMIR: Parece un sauce llorón.

ESTRAGON: ¿Dónde están las hojas?

VLADIMIR: Debe estar muerto.

ESTRAGON: Basta de lloros.

(…)

ESTRAGON: ¿Y si lo dejamos correr? (Pausa) ¿Y si lo dejamos correr?

VLADIMIR: Nos castigaría. (Silencio. Mira el árbol) Sólo el árbol vive.

ESTRAGON (Mira el árbol): ¿Qué es?

VLADIMIR: El árbol.

ESTRAGON: No, ¿qué clase de árbol?

VLADIMIR: No sé. Un sauce.

ESTRAGON: Ven a ver. (Arrastra a Vladimir hacia el árbol. Quedan inmóviles ante él. Silencio) ¿Y si nos ahorcáramos?

(Final Acto II)

 

En ese espacio se produce lo que Heidegger denominaría el Dasein como el ser arrojado que tiene que ser en el mundo. Un estar/ser ahí, en permanente espera del acontecimiento del ser en la cotidianeidad sin darse cuenta de que esa cotidianeidad lo atraviesa. Lo busca, observa y lo espera, y el tiempo lo cruza, como a nuestros personajes, que continuamente se vuelven hacia la muerte -Sein zum Tode-. Vladimir y Estragón nunca se mueven a pesar de tener la intención de marcharse. La otra opción es suicidarse. Jamás llevan acabo ninguna de las dos. Simplemente están ahí, cara a la muerte, sometidos al hastío y la nada. Olvidan el ser y el Ser los olvida. Son tiempo, y no son simplemente en el tiempo como observadores de acontecimientos que suceden ante ellos. El tiempo es fundamento del ser, y al caso de Esperando a Godot, es el eje vertebrador de esa visión existencial -como un tempus fugit en el que también huye y escapa el ser junto al tiempo. Un tiempo que escapa en el “pasar el tiempo” de los personajes, lo que parece ser la única forma de ser/estar.

El tiempo, a pesar de la simplicidad con que se plasma, se caracteriza por una alta complejidad en el sentido global del texto. Son dos crepúsculos, uno por cada acto, supuestamente consecutivos, aunque los cambios en el árbol, que ahora asume significación temporal, o en Pozzo y Lucky parecen sugerir más duración entre los actos. Notemos, también respecto del tiempo, que la noche cae de repente, bruscamente a pesar de situarnos durante el crepúsculo, por lo que no debería ser algo inesperado. El crepúsculo, por su parte, como tal, persiste en la sugerencia nihilista y decadente. Veámoslo con detenimiento.

Al comienzo de la obra se sugiere, como hemos dicho, un atardecer, en el que el árbol está muerto. Y leemos en nuestros personajes a colación una línea que podría pasar desapercibida. Vladimir justifica que el árbol no esté muerto del siguiente modo:

 

VLADIMIR: Salvo que no sea ésta la estación.

 

El árbol, que antes sirvió de referencia espacial, también va a convertirse en referencia temporal, pues de no tener hojas y suponerlo muerto, pasa a florecer, cual olmo primaveral machadiano, en el Acto II ¿Sólo ha transcurrido un día/noche? Y el árbol renace. ¿Verdaderamente son y somos, los personajes y nosotros (no sólo como espectadores sino como seres vivientes) conscientes del tiempo que transcurre? Una noche transcurre a la vez que una estación entera. ¿Será también como en Machado, en aquellos otros versos en los que la primavera llega y nadie se entera ni sabe cómo ha sido?

 

ESTRAGON: ¿El árbol?

VLADIMIR: ¿No lo recuerdas?

ESTRAGON: Estoy cansado.

VLADIMIR: Míralo. (Estragon mira el árbol)

ESTRAGON: No veo nada. contentos…

VLADIMIR: Ayer noche estaba negro y esquelético. Hoy está cubierto de hojas.

ESTRAGON: ¿De hojas?

VLADIMIR: ¡En una sola noche!

ESTRAGON: Debemos estar en primavera.

VLADIMIR: ¡Pero, en una sola noche!

 

La repentina ceguera de Pozzo -o la mudez de Lucky- en el Acto II se convierte del mismo modo en un dilema temporal. De la noche a la mañana el domador se queda ciego, en el lapso de un día, afirman todos, incluso Pozzo, pero un día sin precisar, un día cualquiera. De él se desprende que no necesariamente ha de ser el día inmediatamente siguiente al Acto I en el que estamos:

 

POZZO (furioso de repente): ¿No ha terminado de envenenarme con sus historias sobre el tiempo? ¡Insensato! ¡Cuándo! ¡Cuándo! Un día, ¿no le basta?, un día como cualquier otro, se volvió mudo, un día me volví ciego, un día nos volveremos sordos, un día nacimos, un día moriremos, el mismo día, el mismo instante, ¿no le basta? (Más calmado) Dan a luz a caballo sobre una tumba, el día brilla por un instante, y, después, de nuevo la noche. (Tira de la cuerda) ¡En marcha!

 

Cabe destacarse que Estragon no reconoce a los personajes de Pozzo y Lucky en el Acto II, ni siquiera sus propios zapatos, que toma por ajenos. Suena absurdo que en una noche alguien olvide haber visto a sujetos como Pozzo y Lucky, o que un vagabundo se olvide de sus zapatos. Unos zapatos, por cierto, que son de su pie, cómodos y perfectos, cuando al comienzo de la obra parecen estarle pequeños. El olvido de Estragón apunta a un mayor número de días entre los dos actos. Él mismo afirma sobre sí:

 

ESTRAGON: Yo soy así. O me olvido en el acto o no me olvido nunca.

 

Es lógico, pues, que respecto del tiempo nos preguntemos si realmente pasó una noche como dice Vladimir, que es el único que lo afirma. ¿Por qué creerle a él más que al resto, incluido el árbol que le contradice? ¿Por qué nosotros asumismos la perspectiva de Vladimir? Quizás porque los Actos son consecutivos y asumimos la inmediatez entre ambos. No obstante, el muchacho que surge al final de cada acto para anunciar lo conocido, la ausencia de Godot, no recuerda haber estado ya allí con el mismo recado, también olvida o, quizás sea verdad que no estuvo ya.

 

VLADIMIR: Vuelta a empezar. (Pausa. Al muchacho) ¿No me reconoces?

MUCHACHO: No, señor.

VLADIMIR: ¿Fuiste tú quien vino ayer?

MUCHACHO: No, señor.

VLADIMIR: ¿Es la primera vez que vienes?

MUCHACHO: Sí, señor.

 

Esto tampoco nos disuade a nosotros ni a Vladimir. Ni siquiera el autor lo dice, quien se limita a indicar para el Acto II:

 

Al día siguiente. Misma hora. Mismo lugar.

 

Día siguiente, como el día cualquiera de Pozzo. Y nosotros, espectadores, interpretaremos como Vladimir, que son días consecutivos, y todo será absurdo. ¿No es esto más absurdo todavía? Creemos más una versión que otras muchas que lo contradicen. Acaso suena como la cuestión bíblica inicial sobre los dos ladrones ante el Cristo crucificado y los cuatro Evangelios:

 

VLADIMIR: Se hallaban allí los cuatro. Y sólo uno habla de un ladrón salvado. ¿Por qué darle más crédito que a los otros?

ESTRAGON: ¿Quién le cree?

VLADIMIR: Pues todo el mundo. Sólo se conoce esta versión.

ESTRAGON: La gente es estúpida.

 

¿Qué sucede con la noche y el anochecer? Una vez más se asalta la lógica de la temporalidad tal como la entendemos. Entre el anochecer y la noche está el instante exacto de la cita con Godot. Pero ni es durante la anochecida ni tampoco durante la noche, la cual, además, cae sobre ellos por sorpresa. El anochecer es temprano, la noche ya es tarde. El interrogante sugerido es ¿qué instante hay entre ambos que provoque la diferencia?

 

ESTRAGON: Hemos llegado demasiado temprano.

VLADIMIR: Siempre al anochecer.

ESTRAGON: Pero la noche no cae.

VLADIMIR: Caerá de pronto, como ayer.

ESTRAGON: Y después será de noche.

(…)

ESTRAGON: ¿Para qué?

VLADIMIR: Para esperar a Godot.

ESTRAGON: Es cierto. (Pausa) ¿No ha venido?

VLADIMIR: No.

ESTRAGON: Y ahora es demasiado tarde.

VLADIMIR: Sí, es de noche.

 

La idea de una noche repentina la refuerza el propio Beckett desde la acotación, cuando señala al final del Acto I,

 

La luz se extingue bruscamente. La noche cae de pronto. Sale la luna, al fondo, aparece en el cielo, se inmoviliza, baña el escenario con luz plateada

 

Observemos otra cuestión referida al tiempo, la estructura circular de la obra, que nos lleva a pensar en que hay un ciclo de eterno retorno. Primero, los dos vagabundos, después encuentro con domador y esclavo, tras lo que vuelven a quedar solos los mendigos para que, finalmente, aparezca un muchacho que les comunica que Godot no acudirá. Estos acontecimientos se reproducen en igual orden en los dos actos de la obra durante sendos crepúsculos. Es una rutina existencial que convierte a todos los días en iguales. No se distinguen. Cualquier día es, como para Pozzo, un día cualquiera y hasta el mismo día. Como indican al comienzo, en el Acto I, podrían haberse equivocado de día porque podrían estar citados con Godot en cualquier día:

 

ESTRAGON: ¿Estás seguro de que era esta noche?

VLADIMIR: ¿Qué?

ESTRAGON: Cuando debíamos esperarle.

VLADIMIR: Dijo el sábado. (Pausa) Creo.

ESTRAGON: Después del trabajo.

VLADIMIR: Debí apuntarlo. (Registra en sus bolsillos, repletos de toda clase de porquerías)

ESTRAGON: Pero, ¿qué sábado? ¿O lunes? ¿O viernes?

VLADIMIR (Mira enloquecido a su alrededor como si la fecha estuviera escrita en el paisaje): No es posible.

ESTRAGON: O jueves.

VLADIMIR: ¿Qué podemos hacer?

ESTRAGON: Si ayer por la noche se molestó por nada, puedes muy bien suponer que hoy no vendrá.

VLADIMIR: Pero dices que ayer noche vinimos.

ESTRAGON: Puedo equivocarme. (Pausa) Callemos un momento, ¿quieres?

 

La confusa temporalidad se acompaña de otras confusiones ontológicas que afectan a los personajes. Además de la dualidad réplica-contraréplica o vagabundo-payaso que nos trasladan los nombres y sobrenombres, descubrimos a lo largo de la obra que tanto Vladimir como Estragon se nombran a sí mismos o son llamados de otras formas: señor Alberto y Cátulo. Dejan así en el aire un problema de identidad, como última gota del cuestionamiento del existir. No hacer nada, sólo esperar lo que sólo es promesa, matar el tiempo que atraviesa al hombre hasta perder su noción, y, finalmente, la identidad.

Del mismo modo, Pozzo y Lucky representan otra dualidad sobre la pérdida de identidad: el tirano domador de hombres y el hombre domado que obedece, baila y piensa cuando se lo dicen, durante el Acto I; el tirano ciego, débil, y el hombre que enmudece y se vuelve casi gemelo de su domador. Ambos, al fin, dependientes uno del otro, a cada extremo de la misma cuerda, aunque sólo uno porta el látigo. Este látigo tiene tanto una significación de poder como de cierto componente sado-masoquista entre dominador y dominado, reforzado por los parlamentos imperativos e insultantes de Pozzo y la total sumisión de Lucky:

 

POZZO: ¡Aléjense! (Estragon y Vladimir se alejan de Lucky. Pozzo tira de la cuerda. Lucky le mira) ¡Piensa, cerdo! (Pausa. Lucky empieza a bailar) ¡Para! (Lucky se detiene) ¡Acércate! (Lucky se dirige a Pozzo) ¡Ahí! (Lucky se detiene) ¡Piensa! (Pausa)

LUCKY: Además, respecto a…

POZZO: ¡Calla! (Lucky se calla) ¡Atrás! (Lucky retrocede) ¡Ahí! (Lucky se detiene) ¡Pssset! (Lucky se vuelve hacia el público) ¡Piensa!

También observamos en el Acto II la indicación de Beckett de acortar la cuerda cuando Pozzo queda ciego, como un hecho que lo acerca más y lo hace más dependiente de Lucky. Hay que recordar que en el Acto I la cuerda exageradamente larga y Pozzo se dirige al mercado para vender a Lucky.

 

Entran Pozzo y Lucky. Aquél conduce a éste por medio de una cuerda anudada al cuello, de modo que primero sólo se ve a Lucky seguido de la cuerda, lo bastante larga como para que pueda llegar al centro del escenario antes de que aparezca Pozzo.

(Acto I)

Entran Pozo y Lucky. Pozzo se ha vuelta ciego. Lucky, cargado como en el acto primero. Cuerda, como en el acto primero, pero mucha más corta, para permitir que Pozzo pueda seguirle más cómodamente. Lucky, tocado con un nuevo sombrero.

(Acto II)

 

Podemos fijarnos en las peculiaridades de los nombres para detectar algunas curiosidades más en torno a los personajes.

Ya hemos señalado la filiación con el mundo del clown de nombres como Didi y Gogo, tan cortos, silabeados y dadaístas. También, el hecho de llegar a ser nombrados de tres formas distintas Vladimir/Didi/Albert y Estragón/Gogo/Cátulo. Pero no hemos subrayado una peculiaridad: los nombres y sobrenombres poseen el mismo número de letras. De igual forma ocurre entre Pozzo y Lucky. Es una forma de establecer correspondencias entre los personajes que han de verse como cara y cruz de una misma moneda. Igualmente son establecidas otras correspondencias cruzadas desde el caracter de cada uno: Vladimir es un intelectual libre y Lucky sólo piensa cuando se lo ordenan. Ambos personajes acaban por intercambiar los sombreros. Estragón teme ser atado desde el principio de la obra, tal y como posteriormente aparece Lucky. Y durante el juego de los sombreros entre él y Vladimir, que a todos nos recuerda a Laurel y Hardy, el sombrero de Lucky pasa varias veces por sus manos sin que le convenza. Tamooco olvidemos la mención de Estragón al ahorcamiento, que exige una cuerda que no poseen, como la que ata a Lucky:

ESTRAGON: Ven a ver. (Arrastra a Vladimir hacia el árbol. Quedan inmóviles ante él. Silencio) ¿Y si nos ahorcáramos?

VLADIMIR: ¿Con qué?

ESTRAGON: ¿No tienes un trozo de cuerda?

VLADIMIR: No.

ESTRAGON: Pues no podemos.

VLADIMIR: Vayámonos.

ESTRAGON: Espera, podemos hacerlo con mi cinturón.

VLADIMIR: Es demasiado corto.

ESTRAGON: Tú me tiras de las piernas.

VLADIMIR: ¿Y quién tirará de las mías?

ESTRAGON: Es cierto.

VLADIMIR: De todos modos, déjame ver. (Estragon desata la cuerda que sujeta su pantalón. Este, demasiado ancho, le cae sobre los tobillos. Miran la cuerda) La verdad, creo que podría servir. ¿Resistirá?

ESTRAGON: Probemos. Toma (Cada uno coge una punta de la cuerda y tiran. La cuerda se rompe. Están a punto de caer)

VLADIMIR: No sirve de nada. (Silencio)

ESTRAGON: ¿Dices que mañana hay que volver?

VLADIMIR: Sí.

ESTRAGON: Pues nos traeremos una buena cuerda.

VLADIMIR: Eso es.

(Cabe señalar que al comienzo de la obra Vladimir recuerda que casi se ahorcan, pero que fue Estragón quien no quiso. Sin embargo, comprobamos, asumiendo la cíclica rutina, que es Estragón quien lo propone y, por tanto, es extraño que se oponga)

Estragón y Pozzo también son correlativos en el trato a Lucky. El primero es golpeado por Lucky, lo que provoca un cambio de perspectiva en él y lo degrada similarmente a como actúa Pozzo. Los dos personajes, Estragón y Pozzo, tienen memoria volátil y un desconocimiento despreocupado el tiempo.

Los significados de los nombres tampoco son inocentes: Pozzo en italiano significa “lo bueno/grande” siendo un tirano; Lucky es la voz inglesa de “afortunado” a pesar de ser esclavo; Estragón es el nombre de una planta en francés -y español- que encaja con el personaje, quien pasa la mayor parte sentado o tumbado, dominado por un principio de horizontalidad, primitivo y pesimista, absolutamente inmóvil; Vladimir, que literalmente significa “regente/señor/energía”(Vlad) y “paz/mundo/ilustre”(mir), permitiendo múltiples combinaciones, y que nos hace pensar en lo ruso y, por su asco al trato de Pozzo a Lucky, al humanismo comunista de Lenin, es frente a Estragón, el principio vertical, intelectual y optimista.

Sin embargo el personaje ausente, Godot, que también encierra cinco letras, tiene un significado más difuso. Se ha querido ver en el nombre a Dios (God) como la salvación, la promesa de la espera, el refugio, la comida y el reposo que los mendigos anhelan. Referencias bíblicas en la obra no faltan, cuando ya desde el principio Vladimir establece un paralelismo entre ellos dos, Vladimir y Estragón, y los dos ladrones crucificados junto al Cristo. A pesar de que Beckett lo negara, afirmando que en tal caso no habría titulado con Godot sino con Dieu, muchos han ignorado esta declaración y han reincidido en lecturas trascendentes. Es cierto que la obra es heredera de un clima postbélico devastador y otro prebélico nada alentador, y que en su coctelera están mezclados enfoques existenciales, decadentistas, románticos, vitalistas etc. Es, hasta cierto punto, asumible que la promesa salvadora y ausente de dos pobres que esperan -y el que espera, desespera, dice el refrán- pueda entenderse como divinidad, es decir, como aquello que causa su esperanza en el páramo; no un dios concreto.

Samuel Beckett. Photograph: Reg Lancaster/Hulton Archive

Samuel Beckett. Photograph: Reg Lancaster/Hulton Archive

Buscar unidad argumental, secuencia lógica, trama principal y secundarias, a Esperando a Godot es un sinsentido. Como suele decirse pasa de todo sin que nada pasé. Nada relevante. Pasar, pasan cosas, como el hecho de que Estragon/Gogo luche por descalzarse y lo consiga. Así muchas otras cosas pasan. Pero lo que no pasa es lo relevante teatralmente. La idea preconcebida con la que vamos al teatro es contemplar sucesos congruentes entre sí que hilvanan una historia, la cual ha de terminar en un colofón que obre la síntesis y cierre todos los cabos sueltos. Una obra que repite los mismos hechos en dos actos y que nos da a entender que en el tercero sucedería igual, salvo por algún cambio incidental, no responde a lo que entendemos por teatro. No hay un tema, la coherencia se rompe continuamente, hay hechos sin causa y sucesos desconectados. Los pesonajes pasan el tiempo entre ocurrencias, que podrían perfectamente hacerse en pura improvisación. Lo que precisamente es una vida, que nunca es tan racional, lógica, coherente, ordenada, causal y consecuente como la creemos por la falsa seguridad que necesitamos. Nunca es una vida anónima y real tan importante como para subirla a las tablas. En el momento, en el presente, en el instante, todo se abre a la posibilidad, como en Esperando a Godot, aunque nuestra falsa seguridad nos exige una rutina que extinga la sorpresa. Y en esa línea Esperando a Godot se levanta como obra circular, abierta y predecible, como la espera vital frustrante y redundante.

Que se trate de una tragicomedia religiosa, existencial, vitalista o postmoderna, sólo demuestra una cosa: es una obra que depende de los ojos que la contemplen. Su difuminada temática responde a este efecto de lectura múltiple e interpretación variada. En mi opinión ése es un elemento más del llamado antiteatro o teatro de lo absurdo: despierta en el espectador la necesidad de reorganizar coherentemente la obra, como cualquier otra, al margen de que tenga ese orden y esa coherencia o, mejor, que nunca tuvo ése ni otro orden y coherencia. Insisto, como cada una de nuestras anodinas vidas a las que queremos dotar de sentido.

Héctor Martínez

26/03/2015

JOSÉ LUÍS PEIXOTO Y LA NUEVA NARRATIVA

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jos_lu1Fue en Lisboa, hará cuatro años. Ya sabía de él gracias a la Red. Lo conocía como poeta, porque eso era lo que había leído de su obra. Y aproveché que viajaba a Lisboa para hacerme con un botín de sus libros en la Bertrand. Obra poética, libros CD y novelas, en portugués. Porque, si puedo, leo en la lengua original. La mujer que me atendió creyó al principio que estaba decidiendo cuál llevarme, creyó que le pedía recomendación. Yo lo que le solicitaba era que sacara todas las obras de José Luís Peixoto que tuvieran. Si se emocionó cuando creyó que le pedía consejo, pues se veía en ella cierta devoción, nada digo cuando vio que mi tarjeta iba a echar humo, como vendedora y como lectora.

Desde entonces he estado leyendo, escuchando, esa voz narrativa lusa. Organizamos un acto sobre su poesía y una vídeo presentación bajo el título Peixoto, poeta. También escribí un texto a colación, titulado José Luís Peixoto: la palabra como problema, fundamentado en su Arte Poética  y las cuestiones surgidas entre palabra, poesía y mundo, temas de interés personal y tratado en libros como Pentágono y Comentarios a Unamuno. Descubría en Peixoto demasiados puntos en común al respecto.

6816890Después tomé en mis manos la prosa, las novelas por un lado Nenhum Olhar  y Cemitério de Pianos, los cuentos de Antídoto y Hoje não, por otro. También el particular y clave Morreste-me, con el que se diera a conocer. Quedan aún en mi estanteria Uma casa na esçuridao, Abraço y Livro (y los publicados con posterioridad y que en España no encontraré)

Ese texto que he mencionado en medio, ese pequeño canto elegíaco que es Morreste-me, supone una llave, una puerta de entrada a una forma de narrar que cala en el lector. Porque es la experiencia individual que sigue siendo la suya aun siendo de todos, de todos los que hayamos perdido un padre en el hospital, asistiendo a ese marchar definitivo:

E oiço o eco da tua voz, da tua voz que nunca mais poderei ouvir. A tua voz calada para sempre. E, como se adormecesses, vejo-te fechar as pálpebras sobre os olhos que nunca mais abrirás. Os teus olhos fechados para sempre. E, de uma vez, deixas de respirar. Para sempre. Para nunca mais. Pai. Tudo o que te sobreviveu me agride. Pai. Nunca esquecerei. (Morreste-me, J. L. Peixoto)

Y Morreste-me extiéndese a partir de estas líneas a la obra de Peixoto, porque es él mismo, Peixoto, y es él mismo, el lector. Continuamente estaremos ante la muerte de un padre en un hospital, su ausencia, y la orfandad del hijo a colación como eje vertical estructurador de la historia.

Los personajes de las novelas se describen no tanto en sí mismos sino en relación familiar. Son padres, abuelos, madres, hijos, tíos,  nietos, y esto los define. Y la muerte se vuelve un elemento ritual-figurativo, mientras se muestra el camino que hacia ella lleva sin levantar sospechas, en la cotidianeidad del pasar los días. Todo es una costumbre que permite universalizar el porqué humano de los sucesos y las conversaciones, y transparenta los pensamientos internos de cada personaje, cómo se interpretan los unos a los otros, y cómo todo el futuro está anclado en lo pasado, cómo se repiten los mismos actos de generación en generación. El tiempo se fragmenta en la multiplicidad narrativa, saltando de aquí para allá, según sea una voz generacional quien recoge el testigo para seguir contando, mientras el espacio asume un valor simbólico que a una misma vez enmarca y aporta la interpretación. La narración se atraviesa de un lirismo que delata un alma principalmente poética en Peixoto, la metáfora gobierna la descripción y el volumen, las reiteraciones casi obsesivas el ritmo y la profundidad, depositados sobre un lenguaje natural, alejado de la suciedad que creen aporta realismo. Peixoto, en este aspecto, es el argumento en contra de quienes piensan que la brutalidad léxica tiene como resultado en nuestro siglo un nítido reflejo del mundo. Él opta por la variante de un realismo mágico en el que el demonio puede oficiar misa y servir copas en la Taberna de Judas, o una nieta de muy corta edad puede charlar con su abuelo muerto al frente de un piano roto. Es la rudeza rural que nada tiene de simpleza humana, y que necesita de un lenguaje envolvente pero sencillo, y no sólo llano y directo. Frente a la supresión de la emotividad, frente al realce de lo racional, o frente a la acentuación de la sensiblería fácil o la provocación descarada, Peixoto representa un punto equilibrado de lo humano, el sorprendente hombre privado oculto bajo el hombre público.

9789725648643Ese tipo de realismo mágico es palpable en Nenhum Olhar, la aldea sin nombre en la que nos encontramos con una galería de seres solitarios, referentes bíblicos, mitología popular y rural portuguesa, sujetos impotentes a la tragedia inevitable, repetida, a una descomposición que casi es su propia naturaleza. La correspondencia con el Testamento eleva de inmediato el tema, pero no en la dirección de una esperanza ciega, sino hacia una vida de tintes sombríos, fracasos y derrotas. El paisaje de la villa no ofrece un horizonte de utopía, sino un desasimiento despeñado a un destino lúgubre. Es difícil no pensar en Saramago, desde luego, pero se desborda sin permitir comparaciones limitantes. Un narrador en tercera, con un fondo de múltiples ecos que toman por momentos la labor de contarnos en primera, como una coral griega, sin protagonistas claros más allá de José padre, en torno al que gira la primera parte, y José hijo, que es el eje de la segunda, sin que haya grandes diferencias entre ellos. El demonio que tienta y que ríe al verlos luchar y rendirse. La ausencia irónica del Dios en este negro paraíso.

Pero Nenhum Olhar es una novela que aún se debe a la herencia que recibe, y en ella percibimos más el hecho maravilloso que el real. Cosa distinta ocurre en Cemitério de Pianos. En ésta el espacio simbólico gana terreno a lo mágico realista hasta hacerse personaje, lo lírico y lo narrativo se alternan sin confundirse y tenemos una base histórica subyacente y una geografía existente como marco.

Peixoto toma como punto de apoyo al destacado atleta luso Francisco Lázaro, quien falleció en mitad de una maratón en los JJ.OO de Estocolmo de 1912. La obra se concibe, por tanto, desde un punto de vista trágico con un primer paralelismo entre la vida y la maratón. Cada kilómetro es un recuerdo, un suceso, un hecho familiar. Vivir es un esfuerzo de resistencia, no una prueba de velocidad. Y es un esfuerzo con otros y contra otros, en un espacio que atravesamos. Por un lado, tanto vida como carrera son un acto de coexistencia y convivencia, con sus golpes bajos, codazos y traiciones. Por otro lado, no olvida Peixoto destacar los edificios, el público, la calle y sus elementos. La ciudad surge con entidad propia. Es, de hecho, más urbano y cosmopolita que en Nenhum Olhar. Así ocurre tanto en la vida en Lisboa,  Benfica, como durante la prueba olímpica en Estocolmo.

Pero, sin duda, un lugar se convierte en protagonista y alegoría vital. Ese taller de carpintera donde un espacio está reservado para los pianos rotos e irreparables, pianos de los que se extraen las piezas para reparar otros pianos. Ese cementerio de pianos muertos que sirven para dar vida a otros pianos, de pianos ya mudos que dan voz a otros. Bajo esta metáfora entendemos el inicio y final de la novela: la familia en torno al teléfono esperando una noticia, la muerte del atleta o el nacimiento de su nieto, Hermes. Una vida que se va y otra nueva que llega en el mismo momento. Igualmente, el momento mágico del encuentro entre la nieta de tres años y el abuelo muerto sentados ante uno de los pianos muertos. Vida nueva y vida ida en ese espacio que posibilita la renovación. El propio nombre de Francisco Lázaro nos retrotrae al Lázaro bíblico que vence a la muerte a pesar de morir.

Es esto lo que permite entender que el tiempo es, no sólo un aspecto, sino el tema fundamental. Ya desde el punto de vista circular-eterno por hermanar inicio y fin de la novela, vida y muerte; ya desde el punto de vista fragmentado-narrador, en continuos saltos temporales; ya desde el punto de vista cronológico, el tiempo que reconstruye el lector en su mente; ya desde el punto de vista atlético, el cual es relativo a la carrera y a los otros corredores, convertido, en verdad, en kilómetros -treinta para ser exactos-. El tiempo no es objetivo, se disuelve en la eternidad del ciclo que metaforiza el cementerio de pianos. Casi diríamos que no hay tiempo, en realidad, sino sucesos de vidas anónimas tan relevantes por ser experiencias de todos como relevante es un único suceso: la muerte del atleta en los JJ.OO. Maltratos, engaños, discusiones, buenos y malos momentos cotidianos privados que son trasfondo capital de cada vida y cada acontecimiento público. No existe un hilo narrativo, sino biografías.

9789725648230El doble narrador generacional, Francisco padre y Francisco hijo, usado también en Nenhum Olhar, su desarrollo familiar existenciario en torno a un lugar simbólico, el cementerio de pianos, y las circunstancias de vida en Benfica y la Lisboa de finales del s. XIX y principios del s.XX, el tiempo circular y la falta de expectativa y cambio vital, me hacía recordar la línea literaria de un Buero Vallejo y su Historia de una Escalera, hasta el punto de que ambos titulan con el lugar simbólico. No es, como decía, el realismo mágico, sino que en Cemitério de Pianos se juega en el terreno del realismo social y costumbrista. Igual que Buero, Peixoto emplea un lenguaje realista y simbólico para reflejar la condición humana, sus problemas y su tragedia. Y señalo especificamente el caso de Historia de una Escalera por no ofrecer abiertamente la esperanza de mejoría, sino inducirnos a la repetición desde el desenlace abierto pues el hombre no puede dejar de ser hombre. No es pesimismo. No lo es en Buero. No lo es en Peixoto.

Seis años separan amba novelas, siendo, por el momento las dos novelas más destacadas del autor. Detrás, la misma mano, aunque escribe distinto. Son, con toda probabilidad, dos puntos de un trayecto literario intenso que destaca por su personalidad frente al panorama de las estanterías. Es cierto, como dicen, que el lenguaje literario de Peixoto suena más hispanoamericano que Ibérico y que en sus fondos se reconocen Faulkner, Lobo Antunes o Rulfo, Saramago y Pessoa. Sin embargo, esto es más de interés académico frente al interés del lector al que una obra como la de Peixoto le toca de lleno en sus vivencias personales, lo que nos permite sumergirnos y saborear significados de frases y párrafos de tono revelador como:

Os homens são uma parte pequena do mundo, e eu não compreendo os homens. Sei o que fazem e as razões imediatas do que fazem, mas saber isso é saber o que está à vista, é não saber nada. Penso: talvez os homens existam e sejam, e talvez para isso não haja qualquer explicação; talvez os homens sejam pedaços de caos sobre a desordem que encerram, e talvez seja isso que os explique (Nenhum Olhar, J. L. Peixoto).

Peixoto pertenece a una nueva narrativa, viva, flexible, plástica y orgánica, que busca una autenticidad humana en el motivo más cotidiano y anodino, precisamente en lo que a cada uno nos importa en un momento determinado sin ser algo verdaderamente importante en perspectiva. En el porqué de una discusión que carece de relevancia para el día siguiente y, sin embargo, en ese instante nos enciende como si nos fuese la vida en ello. En un gesto, en una comida como tantas otras. Pues ahí se desenvuelve la vida auténticamente y ahí merece la pena excavar e indagar la profundidad con la pala lírica. Al modo en que justificaba Tzevan Todorov, en abril de 2013 en el Instituto francés de Madrid, el valor de lo cotidiano con motivo de la edición de su Elogio de lo cotidiano por Galaxia Gutenberg:

En nuestro mundo actual hemos perdido el sentido de cada gesto, hemos organizado mecánicamente todas nuestras rutinas diarias tal como se planteaban en el taylorismo. El actor Charles Chaplin hace una referencia a esta idea con los magníficos gestos mecánicos que utilizaba en la película Tiempos Modernos. Estos gestos los tenemos de alguna manera formateados en el cerebro, como recursos de gestión. Tenemos tan estructuradas nuestras funciones que hemos llegado a perder el sentido de nuestros propios movimientos. En aquella época, en el siglo XVII, tenía sentido hasta pelar una manzana. Son estos gestos, esta exigencia elemental de la belleza y de la esencia los que tenemos que recuperar para nuestras vidas (Acto de presentación de Elogio de lo cotidiano de Tzevan Todorov).

José Luís Peixoto es un valedor más del sentido de cada gesto y movimiento, de su belleza y esencia vital encerrada. Tendría sentido decir, siguiendo a Todorov, que Peixoto es el Vermeer literario del s. XXI.

Héctor Martínez

ESCUCHA LA RECITACIÓN DE

“ARTE POÉTICA” DE JOSÉ LUÍS PEIXOTO

EN EL CANAL DE IVOOX HÉCTOR M. S.

20/11/2014

Canal en IVOOX con la poesía de Héctor Martínez Sanz

Posted in Poesía tagged , , , , , a 21:25 por retratoliterario

A partir de este mes, puedes escuchar las composiciones poéticas

de

Héctor Martínez Sanz

en

Canal de Podcast Héctor M. S.

IVOOX audioKiosco

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Podcast de Héctor M. S.Podcast de Héctor M. S.

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22/04/2014

“ANTOLOGÍA POÉTICA” (MUNDI BOOK, 2014), de Héctor Martinez en Librería Lé y La Noche de los Libros

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , , a 12:36 por retratoliterario

 

 

Libreria Lé - Editorial Mundi Book - Héctor Martínes Sanz - web

LIBRERIA LÉ

El día 23 celebramos el Día del Libro y la Noche de los Libros. Estaremos abiertos hasta las 22 horas y habrá un 10% de descuento en la compra de libros. Además, os hemos preparado estas actividades:

18 horas- CUENTACUENTOS INFANTIL. Cuentos contados con Kamishibai (teatro de papel).

19.30 horas- PRESENTACIÓN. La editorial Niram Art y Mundi Book Ediciones nos acompañarán para presentarnos tres de sus últimas publicaciones. Como véis, hay para todos los gustos:

9, de Fabianni Belemuski – Relatos de ciencia ficción.
Antología poética, de Héctor Martínez Sanz – Poesía.
Los hijos de pauta, de Diego Vadillo López – Ensayo.

Y a partir de las 19 horas, regaremos la tarde con vino: Luna Lunera, un excelente tempranillo de las bodegas Biosca, que además tiene un nombre muy acorde con la Noche de los Libros.¡Os esperamos!

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07/03/2014

PANE-GÍRICO (A Leopoldo María Panero)

Posted in Poesía tagged , , a 17:06 por retratoliterario

PANE-GÍRICO

A Leopoldo M. Panero

Huyendo de la muerte encontré el ciervo
de la locura
L. M. Panero

 

Otra voz se marcha con el verso futuro

silenciado, aún y ya siempre por escribir;

con el verso pasado resonante, eco mudo

parado, aún y ya siempre por maldecir.

Maldito que se lleva al maldito

que expulsó la vida de sus venas;

con amargos tragos del destino

¡cien veces maldito seas!,

cien y una por dejar que la heroína

fracasada de hazañas, en ti relumbrara

emperifollada, en traje de tu carne y en bisutería

de unos ojos que al mirar ya no miraban.

Dejas de ser nuevo para ser eterno,

la aguja fuera del reloj, y el reloj fuera de tu brazo

tan lentamente ido del tiempo

tan tranquilamente destruido, sin prisa, despacio.

Ya no bebes, ya no fumas, ya no…

muerto de pánico, paneroico de la propia cordura

enterrada en el cadáver que ¡destruyéndose! nos prestas,

ya no… guardada en la caja, entre papel de burbujas

por la fragilidad del juguete que dentro, muy dentro, alberga,

ya no… la locura, aquella,

…la tuya…

contigo, solo, será para el mundo una herencia

gravada a impuestos por ser única.

Bien lo saben psiquiatra

…celador…

…y enfermera…

Bien lo sienten ellos, palabra

…renglón…

…y poema…

H.M.S, marzo 2014

10/10/2013

IDENTIDAD Y FICCIóN EN FABIANNI BELEMUSKI EN “HABITANTE FICTICIO” (NIRAM ART, 2013)

Posted in Prosa tagged , , , , , a 20:32 por retratoliterario

PortadaHabitanteFicticioEn Habitante ficticio (Niram Art, 2013) ocurre que, como poetizara Walt Whitman en el conocido verso de Hojas de hierba, «en nuestros dedos no descansan unas hojas, sino que tiembla un hombre». Yo diría que no sólo un hombre, sino el Hombre.

De todas las caras que ofrecemos al mundo ¿Cuál es la real? Puede ser que todas ellas o puede ser que ninguna. En Habitante ficticio nos encontramos ante el dilema de la identidad, que en los tiempos que vivimos ha venido a convertirse en uno de los mayores problemas para el pensamiento. Las máscaras, la farsa que hacemos de nuestro ser terminan por convertirnos en meros entes de ficción, ilusiones incluso para nosotros mismos. Hasta tal punto es así que podemos llegar al extremo de no saber quiénes somos e ignorar cuál es nuestro lugar si alguna vez tuvimos uno. «Todos estamos perdidos en el mundo», sentencia la novela, casi al final del primer capítulo.

La delirante situación que Fabianni Belemuski nos traslada puede recordarnos a aquel Segismundo en su torre, con su “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”; es decir, el tema del gran teatro del mundo, radicalizado en nuestra época. Precisamente, el protagonista de la novela, un desconocido incluso para sí mismo, despierta en mitad de un vacío tan angustioso que, como animal de presa, se ve en la necesidad de huir mientras trata de reconstruir su propia historia. Se trata de un protagonista anónimo, carente de nombre.

Nos faltan seguridad, certidumbres, sembrándose a nuestro alrededor desconfianzas de todo tipo. Singularmente me recordaba a aquella película de Cristopher Nolan titulada Memento, sobre todo en la forma inconexa de ir relacionando personajes y hechos, lo que contribuye a reforzar y transmitir la amnesia e inquietud del protagonista, y en la llamada del título al tópico latino memento mori, recuerda que has de morir, no como una amenza, sino como la única seguridad que se tiene. Precisamente hace un guiño a la cinta en las primeras páginas,  dando el motto de la novela: “¿Qué harías tú si fueras el personaje de una película, por ejemplo de Amnesia?” (nombre con el que, por cierto, también se conoce el film referido).

No menciono el séptimo arte porque sí. Sin desvelar nada de la trama al lector, puedo afirmar que lo cinematográfico actúa en Habitante ficticio con el doble valor de técnica narrativa y alegoría.

El autor Fabianni Belemuski, autor de "Habitante Ficticio" (Niram Art, 2013)

El autor Fabianni Belemuski, autor de “Habitante Ficticio” (Niram Art, 2013)

Leyendo la novela nos sentimos por momentos igual que ante el visionado en un cine. Exteriorizaciones objetivas de las acciones contrapeadas con el monólogo interior como técnica literaria. Y, justamente, la ficción fílmica es la metáfora que Fabianni aprovecha (como antiguamente se hizo con el teatro), para representar las vicisitudes del protagonista.

Entre los personajes, especialmente me quedaría con la descripción que Fabianni Belemuski realiza de Johana, el personaje femenino: “No supo decirme que ella era una mujer para mí.  No es una mujer con la que se pueda comunicar mostrando las cartas. Hace falta tacto, elegancia, sabiduría y destreza (…) Es orgullosa y ambiciosa, mujer firme y de confianza. Siempre regateando sus sentimientos, no se entrega con facilidad, ella quiere ser merecida sin ser un premio”. Es una mujer que se tiene en valor a sí misma, que antes de vencerse prefiere doblegar el mundo, exigente con cuanto la rodea, fuerte. Una mujer contemporánea, verosímil, escapando de la “mujer fatal” y de la “mojigata”, de la mujer como complemento de la masculinidad o de la mujer varonil como personajes tipo en la literatura.

Fabianni Belemuski opta por construir una feminidad independiente, compleja, con personalidad y sentido propios.

A través de determinados guiños, como se ha referenciado en varias críticas, es reconocible la influencia de Franz Kafka en una combinación de El Proceso y El Castillo, reactualizando los motivos argumentales de aquél, y siguiendo la línea de autores que recogieron el legado kafkiano (me refiero a Camus, Sartre, Borges…). E igual que sucede con Kafka y su obra, Habitante ficticio se convierte en nuestras manos en una novela que admite una multiplicidad de interpretaciones, desde las más metafísicas, vitalistas y existenciales, pasando por la búsqueda religiosa, la lectura psicológica y, como no podía ser de otro modo, la perspectiva social.

En definitiva estamos ante una novela, como empecé diciendo, de marcada originalidad, única en su género, y ante un escritor que, indudablemente, pisa fuerte en las letras contemporáneas.

Por todo lo dicho, no quiero terminar sin recomendarles a todos ustedes encarecidamente la lectura de Habitante ficticio, en cuyas líneas quizás se encuentren consigo mismos.

Midsoul Wölf

“El laberinto de piedra”, de Alfredo Gómez Cerdá

Posted in Prosa tagged , , , , , a 19:48 por retratoliterario

el-laberinto-de-piedraLa capacidad de enfrascamiento que tiene un libro podría ser uno de los mejores indicadores de la pericia de su autor. Si llegado el momento en que suena el teléfono, llega uno a su parada de tren o se oye un estruendo inesperado en el edificio, la reacción consiste en alzar la cabeza sobresaltado y sintiendo algo parecido a un susto por haber salido por completo de su realidad, misión cumplida. Sin embargo, también creo que esta capacidad de concentración se adquiere con los años y, durante la infancia y juventud se pasa por una etapa de búsqueda de esos temas absorbentes, que serán los preferidos de cada uno, al menos por algún tiempo. Es por esto que guardo como oro en paño los libros que consiguieron sacarme de la realidad y llevarme de viaje a otros lugares, otras realidades o incluso otros mundos, durante la infancia y la adolescencia.

alfredo_gomez_cerdaViajar, sería el término perfecto para referirse a El laberinto de piedra, de Alfredo Gómez Cerdá. Quien no haya estado aún en Soria, debería leer este libro antes de ir. Despertará la curiosidad de los niños por cada uno de sus rincones, pero también hará lo mismo con el interés de sus padres. Así, a través de esta historia, fue como mi mente adquirió un vivo interés por conocer dichas tierras. Interés que se vería acrecentado unos años más tarde al leer las Leyendas de Bécquer. Hoy, me sorprende descubrir en su prólogo que el propio autor también sintió fascinación por estas tierras a raíz de sus lecturas – Bécquer y Machado, por supuesto- y, tras viajar con su mente hasta ellas de mano de los maestros, lo hizo después también no sólo con el alma, sino también con el cuerpo. La intención de este libro es despertar esa misma curiosidad en un público más joven, proporcionando una ruta por todos los maravillosos rincones de esta tierra y utilizando como hilo conductor su magia.

Pues es posiblemente la magia uno de los conceptos que más nos atrae cuando somos niños. Y en esta novela estará siempre presente, a veces fusionada con la realidad y, como no podía ser de otro modo, con la aventura y con la búsqueda de tesoros. En esta historia de introducción emocionante, nudo absorbente y desenlace didáctico y sorprendente, Alfredo Gómez Cerdá ha reunido no sólo los elementos que mejor funcionan para atraer a los más jóvenes, sino también aquéllos que nos harán recordar su lectura por mucho que pase el tiempo.

Covadonga González-Pola Jaquete

16/09/2013

EL AMANTE INCONMENSURABLE

Posted in Ensayo tagged , , , , a 20:33 por retratoliterario

Los hombres creen escapar de la soledad amontonándose
G. A. Appignanesi

Portada-G.A.AppignanesiDesde que el hombre es hombre, percibe cómo cuanto le rodea se le escapa de las manos de continuo, se escurre como el agua por entre sus dedos y tan sólo le quedan unas pocas gotas que en poco secarán. Puede tocar el mundo, puede convivirlo, pero no puede aprehenderlo y quedárselo para sí en todo su esplendor, puede disfrutarlo pero no llevárselo a casa sin matarlo, puede sentirlo pero no atraparlo. Y lo que siente en ese proceso que llamamos vida cuando al mundo mira es inseguridad, miedo y amenaza, porque él no lo controla, no lo domina, se le desborda en su inconmensurabilidad. Desde el fuego y la rueda, el hombre no ha hecho sino tratar de imponerse a una naturaleza de la que forma parte y de la que, a fin de cuentas, depende. Al principio, divinizando esas fuerzas incomprensibles a las que dotó de voluntad para hacerlas más accesibles al chantaje de algún sacrificio, alguna dádiva, alguna oración y alguna zalamería mística. Después, elevándose a sí mismo desde sus facultades racionales como ariete para romper el velo de malla de lo inconmensurable. Al final, ante la resistencia pasiva del universo, bastó trasladar piedra a piedra un mundo entero al reino de la abstracción, donde la inmutabilidad del concepto, el reduccionismo de la definición, garantizaba un reino de seguridad totalmente gobernable por el ser humano. El precio, muy alto, fue perder el contacto con cada cosa, con cada ser, vivir como ausentes, en una huida sin destino, vivir perdidos entre mixtificaciones de nuestro propio miedo y ciegos completamente al espectáculo de la vida. Hemos dejado de mirar, o lo que es lo mismo, hemos dejado de vivir, y nos hemos arruinado al trocar lo inconmensurable por una artificiosa virtualidad que admite nuestra cinta métrica racional. Mal negocio que tomamos, sin embargo, como ganga, sin darnos cuenta que compramos humo.

El “reduccionismo” y lo “inconmensurable” son las dos facciones en liza en el ensayo Sobre la condición de amante y la libertad. Una mirada al mirar del doctor Gustavo A. Appignanesi, un ejercicio por advertir al «burdo albañil de sombras robadas a lo inasible» de su tan inútil como miope labor de reducir lo irreductible, de medir lo que carece de medida, para construirse una torpe choza que le libere de la intemperie del mundo, un castillo de naipes que se viene abajo con cada soplo de aire. No se entienda mal, pues la cuestión no es renegar de nuestras facultades intelectivas y racionales (viniendo de un profesor y renombrado galardonado en Física-química, sería, cuando menos sospechoso), sino que «el reduccionismo es operativamente necesario, el problema es su extrapolación». Es decir, el problema consiste en entregarle el bastón de mando y someternos a sus dictados, creer (estúpidamente) que cuánto más conozco vía reducción menos ignoro, siendo más verdad para todo anhelante de saber su contraria: cuánto más conozco más se amplían los horizontes de mi ignorancia. Sería por completo imposible la ciencia si ocurriese que lo ignorado es menor que lo conocido, dicho sea de paso, pues es la ignorancia, no una enfermedad, sino el impulso inicial de toda curiosidad por el mundo, lo que los griegos llamaron “admiración” (thaumadzein) como origen de la actitud filosófica (amor al saber). La admiración como un “mirar hacia…” aquello que nos maravilla, nos sorprende, y en su acontecer ante nosotros refleja nuestra ignorancia, nos hace dudar, y provoca la pregunta, nos lleva a desearlo, amarlo. No hay “admiración” en el recinto de la reducción, en esa pobre «traducción de lo inconmensurable», sino en el original inefable. Es por ello que, como para los antiguos, para Appignanesi se hace necesaria «una mirada pletórica de humildad, de libertad, de sensibilidad. En fin, se torna ineludible el convertirse en amante» y así abandonar «la soberbia de objetivar al mundo esclavizándolo en insípidas reducciones». En otras palabras, dejar de comprimir el mundo en tablas taxonómicas inventadas y revitalizar la actitud del “descubrimiento” o desnudamiento del mundo. Cuidadoso con esta actitud primigenia, Appignanesi nos previene que no se trata de una filosofía como resultado, sino de su inmediato paso anterior, esto es, «en vivir en verdadero contacto con el mundo en libertad». Siempre será más auténtico besar que recordar el beso.

Sin embargo, más que de la fuente socrático-platónica o de la aristotélica, podemos rastrear las premisas de Appignanesi en el vitalismo, el existencialismo y la fenomenología, tan fecundos como fueron durante el s. XX, con las pretensión de “fidelidad a la tierra”, de recuperar “la experiencia de la mirada” y de “volver a las cosas mismas” (Nietzsche, Sartre y Husserl, respectivamente), pues es éste y no la Grecia clásica, el contexto de su discurso, y más aún, el enfrentamiento del fenómeno globalizador cuyo resultado está siendo opuesto a sus supuestas promesas utópicas: «Lamentablemente, la globalización, tal como se entiende hoy día, se manifiesta en realidad como una tendencia a uniformar, a masificar groseramente (a universalizar las miserias y no las virtudes del hombre) y su secuela no puede ser otra que la instauración universal del reduccionismo». Es el planteamiento de una reacción contra una sociedad tan tecnificada que nos ha acostumbrado a actuar como las propias máquinas que fabricamos, a llamar vida simplemente al conjunto de operaciones pre-programadas fundamentadas en el código del reduccionismo del que bebemos y nos alimentamos, por el que damos la espalda al mundo y vivificamos su simulacro prefabricado. En este sentido son fundamentales las tres columnas que propone el autor: humildad, libertad y sensibilidad.

La humildad nace de forma necesaria de nuestro reconocimiento de la ignorancia, de nuestro maravillarnos ante el mundo. La libertad es intrínseca a la inconmensurabilidad de ese mundo que nos maravilla en toda su ilimitada amplitud. La sensibilidad es el contacto del mirar (o admirar) esa maravilla en su propia inconmensurabilidad. Y no son tres fases de un proceso, sino una conjugación simultánea de lo que podríamos considerar auténtica e íntima experiencia del mundo, lo que Appignanesi resume en el amor y en nuestra condición radical de amantes, pues «el amante habita lo amado» tal y como nosotros habitamos el mundo. Un amor que no objetiva, que no impone, pero que tampoco subjetiva, sino que transciende la división y funde lo amante y lo amado en uno solo. Un amor, un mirar, por lo inconmensurable del mundo que saca a relucir nuestra propia inconmensurabilidad.

Lo que Appignanesi exige desde las páginas de Sobre la condición de amante y la libertad. Una mirada al mirar es la nueva relación con el mundo que nos revela como amantes. Como empezamos diciendo, el mundo cabe ser disfrutado, pero no atrapado, o en palabras del autor «Uno no comprende la inconmensurabilidad. La sospecha, la intuye, la siente», contacta con ella, y así establece una perspectiva de aprendizaje, descubrimiento, donde el “cómo” prevalece sobre el “qué”, donde cobra relieve el dinamismo de los modos de la relación sobre el estatismo de la objetivación.

Esta forma de descubrimiento, el desplegarse y la apertura, implican de inmediato una nueva pedagogía: «Puesto que todo contacto con el mundo, todo hecho humano, es por naturaleza un hecho educativo. Cada instante de nuestra vida constituye una aventura educativa (…) De allí la importancia fundamental de la educación». El ensayo torna aquí hacia el punto originario de la educación, el quid que puede propiciar en nuestra sociedad el cambio evolutivo que favorezca una actitud abierta e incondicional frente al cerramiento categorial del reduccionismo, frente al dogmatismo direccionado, una educación «que ayude a desarrollar el fundamental arte de ver (…) que los inmunice contra la indiferencia y la apatía (…) que los ayude a aprender a vivir en el aprendizaje, en el contacto, en la atención, comunicados con el mundo». Y comprendo muy bien esta declaración de Appignanesi, cuando te quedas sin respuesta ante el estudiante que pregunta qué tiene que ver lo que le enseñas con el mundo, o cuando te ves forzado como profesor a corregir una y otra vez el dogma de un libro de texto porque está absolutamente dislocado respecto de lo que ante nuestros ojos se manifiesta a diario. Más de una vez he tenido la sensación de que el aula se volvía una isla aparte, desvinculada, del mundo que, sin embargo, deja entrever por sus ventanas. Nuestro autor rechaza absolutamente toda educación que se complazca en el manejo de las meras representaciones, siempre incompletas, y olvida el algo representado, y el todo que se conforma y del que arrancó todo, y más aún, que olvide el contacto mismo con aquello. En este sentido, propone el autor la experiencia estética como alegoría del hecho educativo, cómo las categorías artísticas no pueden dar razón de la provocación de la obra de arte a nuestra sensibilidad, cómo el acercamiento al arte depende en gran medida de nuestra actitud y disposición, pertrechados de grandes palabras o, “prescindiendo” de ellas y de todo prejuicio y condicionamiento (Appignanesi parece introducir la “prescindencia” con similar valor a la “epojé” husserliana), simplemente abiertos a la experiencia estética (y, añado, desde Nietzsche, no olvidar la fuerza que hizo surgir la metáfora, ni el hecho metafórico y la imperiosa necesidad de renovar la metáfora luchando contra su anquilosamiento).

Acaso sea por lo último que el ensayo acaba decantándose hacia lo literario (ya en su ejecución tiene cierta función poética y sus fuerzas expresiva y persuasiva), dos cuentos de su puño y letra cuya construcción descansa sobre la actitud descrita en las páginas reflexivas previas, y sobre el valor mismo de la metáfora borgiana como maneras descriptivas de aproximación a esa inconmensurabilidad que nos absorbe incluso cuando no queremos.

Héctor Martínez

17/07/2013

EDICIONES MUNDI BOOK Y LA CULTURA ACTIVA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , , , , , , , , a 22:24 por retratoliterario

Logo2MundiBook

Logotipo Ediciones Mundi Book

A lo largo de los últimos años he podido conocer una gran cantidad de proyectos por la cultura activa volcados en sacar a la luz un arte y una literatura desoída, enterrada, invisible dentro de un mundo de multinacionales de la comunicación. Se oye decir en entrevistas y debates lo que se ha convertido en muletilla y tópico, la crisis del arte, la crisis de la poesía, la crisis de la literatura… Y muchos nos empeñamos en negarla una y otra vez, a golpe de exposición, de publicación de libros, de recital, de cuenta cuentos, de representación teatral, de conciertos, que nos vamos cruzando por cada esquina de la ciudad. Este blog mismo vio la luz y ha crecido dando a conocer muchas de esas obras tan excelentes como desatendidas que circulan por el mundo, incluso de autores clásicos. ¿Crisis? Más bien ignorancia, falta de interés, ceguera.

Una iniciativa editorial española, de la que vengo a hablar como ejemplo, sacaría los colores a varios grandes grupos mediáticos por el carácter emprendedor, la amplitud de miras y el abanico de propuestas que saca adelante al cabo del año. Me refiero a Ediciones Mundi Book, cuya concomitancia con los objetivos de este blog le hace ganarse un hueco entre sus post.

Para empezar, Ediciones Mundi Book, desde su nacimiento no se ha conformado sólo con el territorio nacional, sino que pronto ha pegado el salto al charco y ha entrado con fuerza en Hispanoamerica. A la nómina de novelas como Baúl de serpientes de Fernando Podadera Cobo, El Gen. Las ruinas de Magerit de Covadonga González-Pola o la colección de relatos Delicias amargas de Carmen Cuarzo, hay que añadir obras como La herencia del frío, salida del precoz talento de Andrea Fischer o Puentes inconexos de Anchía Vindas, entre otros. Su vocación pareciera ser abarcar la literatura en lengua española sin límites geográficos o ideológicos, tal y como la cultura tampoco los tiene o los derriba si los encuentra. El afán cosmopolita e internacional de Ediciones Mundi Book denota ya un empuje muy difícil de encontrar a día de hoy.

Invitación Universidad Autónoma de Centro América

Invitación Universidad Autónoma de Centro América para Lanzamiento “Puentes Inconexos” de Alexander Anchía Vindas

Es de destacar el notable e innovador trabajo que las portadas de sus libros exhiben. No son, desde luego, las habituales que vemos en las librerías. Se reconocen de lejos, en sus tonalidades crema, azul, degradados o la explosión de colores tipo neón, haciendo de cada libro una experiencia única, variopinta y diferente, a la vez que bien adecuadas al contenido del texto. Sobresalientes diseños del equipo gráfico sobre obras de artistas e ilustradores con los que cuenta Mundi Book para sacar sus ediciones.

Por otro lado, la atmósfera que crean alrededor de sus libros sigue los patrones de otro concepto muy distinto al tradicional. Las presentaciones no sólo acercan el libro hasta el público lector, sino que aproximan al autor con el que la gente puede departir sin cortapisas, durante y después del evento. Es algo que he visto gusta tanto a los escritores como a los lectores, contar con ese contacto directo en encuentros tan cercanos, de carne y hueso, intercambios sin barreras que facilitan la inmediatez de las relaciones culturales y las colaboraciones. Ediciones Mundi Book ha entendido bien que entre el público asistente siempre hay un vivo bullir de creadores y promotores cuyo papel es vital para los actos que realizan, pues se fomenta la cooperación cultural, siguiendo aquel consejo «aprende a sumar y multiplicar» en lugar de restar, limitar y dividir. Es lema de la propia editorial: «El trabajo de la Editorial con cada uno de sus libros no termina hasta presentarlos al público en actos y lanzamientos de las obras en las principales salas para promocionar los títulos de nuestros autores».

Para sorpresa del que escribe, resulta fascinante encontrar dentro de Ediciones Mundi Book el Círculo Literario Mundi Book, desde donde, casi cada fin de semana, se organizan talleres literarios totalmente gratuitos y de libre acceso, con escritores invitados, sean o no de la propia Editorial —es decir, que no es marketing—, tertulias, recitales y cuenta-cuentos abiertos a todos los participantes. Si no puedes acudir, como ha sido mi caso más de una vez… ¡se emiten a través de la Red! —sí, han leído bien, en directo—.

Momento de un acto del Círculo Literario Mundi Book

Momento de un taller del Círculo Literario Mundi Book

Seré viejo en estas cosas de la tecnología y la virtualidad, pero Mundi Book no parece serlo. Al contrario, aprovecha con acierto y profesionalidad recursos como éstos y los pone a disposición de quien quiera disfrutarlo. No sería tampoco la primera vez, ni la última por lo que he sabido, que un lanzamiento de libro de Ediciones Mundi Book haya contado con invitados por videoconferencia estrechando las márgenes de este mundo nuestro con el único objeto de difundir cultura, de traer las voces de doctores y profesores de Universidades extranjeras hasta nosotros, tendiendo puentes entre continentes que la naturaleza mantiene separados. Sin ir más lejos, la reciente presentación de la obra del escritor Anchía Vindas, titulada paradójica pero muy a propósito Puentes Inconexos, contó con la presencia virtual de doctores, profesores y académicos de la Universidad Autónoma de Centro América y de público pues se emitió en abierto también para el Auditorio de esta Universidad. Puedo asegurarles que fue un lanzamiento de libro de gran magnitud y muy diferente a la charla aburrida que uno se encuentra por doquier.

Éste es otro aspecto que me llamó mucho la atención de Ediciones Mundi Book, y es que han tendido una fluida relación con Instituciones académicas como la mencionada Universidad Autónoma de Centro América, así como con la Universidad Complutense o la Universidad de Salamanca y la Comunidad de Madrid, con el objeto de desarrollar eventos culturales abiertos. Precisamente, Ediciones Mundi Book fue invitado doblemente en la edición de 2013 de la Noche de los Libros, con sendos espacios en Madrid para la presentación de sus novedades editoriales en catálogo.

Cartel Noche de Los Libros 2013

Cartel Noche de Los Libros 2013

«Mundi Book es más que un sello editorial. Creemos en la cultura activa, y por esta razón Mundi Book es también un espacio cultura que cuenta con círculos literarios y talleres, organización de lecturas públicas, conferencias y tertulias, además de apoyar y colaborar en proyectos literarios y artísticos con otras instituciones públicas y privadas», así se presentan, resumiendo mis líneas. Yo cuento mi experiencia directa tras conocerlos. Son los libros, sí, pero como he podido comprobar, hay mucho más entre bambalinas. Es indudable que hay un enorme trabajo detrás de Mundi Book, una ilusión desbordante y también un gran entusiasmo para los tiempos que corren; y ése creo yo, es el mayor valor de iniciativas como la de Ediciones Mundi Book, un espíritu del que debemos aprender para nuestros propios proyectos.

Presentación Ediciones Mundi Book en Universidad de Salamanca

Presentación Ediciones Mundi Book en Universidad de Salamanca

16/07/2013

Mundi Book: Relatos de Terror V: Roca de mi sangre, por Miguel Arcaz

Posted in Prosa tagged , , , , a 11:30 por retratoliterario

Originalmente publicado en circulomundibook:

Antes de nada quisiera presentarme, sólo para aquellos que aún no me conozcan. Mi
nombre es Marcel Dupont, y ahora miradme bien. Fijaos en la oscura sombra bajo mis ojos que
denota el cansancio acumulado por dos meses sin poder visitar el reino de Morfeo.
Lo sé, muchos diréis que existen pastillas que te cierran los ojos de un plumazo, o me
recomendaréis otros remedios caseros de igual eficacia, y os agradezco humildemente vuestra
preocupación, pero debéis saber que mi insomnio es puramente voluntario.
Lo veo en vuestras caras. Os estáis preguntando por qué me niego a conciliar el sueño,
si se trata de alguna estúpida apuesta o es que simplemente soy un loco. Sí, podéis llamarme
loco si queréis, no seréis los primeros, y puede que tras relataros mi gran problema no dudéis
un solo segundo en llamar al hospital para enfermos mentales más cercano. Os comprendo
perfectamente, es…

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