10/02/2009

“CASI LOLITA”, DE ALFONSO PASO

Posted in Teatro tagged , a 13:27 por retratoliterario

Alfonso Paso

Alfonso Paso

Junto al término “lolita”, desde que Nabokov lo usará en su novela, el mundo entero parece entender inmoralidad, perversidad, pedofilia, y el largo etcétera puritano y superficial que censuró en su momento a Nabokov, y censuraría cualquier obra que al tema refiera hoy en día. Pocos años después, un dramaturgo español, Alfonso Paso, usaba la cuestión con precaución. El “casi” de Casi Lolita, refiere a una adolescente atractiva y amoral, de diecisiete años, camino de los dieciocho -no los doce de Nabokov-, que pone en solfa el mundo moral de un adulto sociólogo de renombre, a punto de casarse.

No es la intención de Paso el provocar al público. Al menos, del Alfonso Paso que conocemos, el del éxito comercial en los sesenta y setenta, que sabía jugar excelentemente con el gusto de la clase media para llenar los teatros. Y de hecho, Paso no se planteó la reserva moral que hoy día nos acucia, sino muy otra, entre los espíritus rebeldes y los conservadores:

Les insisto nuevamente que no he intentado derrochar ingenio, dármelas de gracioso, ni crear situaciones trepidantes, ni salirme con la poesía en la mano. Yo creo que mis propósitos están bien claros y tal vez uno de ellos sea demostrar como en cada conservador hay un rebelde fracasado y en cada rebelde hay un conformista frustrado

Se trata de una obra en dos actos, el primero de ellos en dos cuadros, muy desconocida y probablemente descatalogada, de 1967. Un reparto de cinco personajes, dos mujeres -Patricia y Pepita- y tres hombres -Juan, Jaime y Enrique-, con un personaje del que sólo oiremos la voz -Brígida, esposa de Jaime- y dos de los que sólo sabremos por descripción -Pedrito, primo de Pepita, y Manolito, un pintor.

Todo ocurre en un escenario único: la casa de Juan, nombre quizás elegido a propósito de la figura del Don Juan, dura dos días, y comienza con una fiesta en honor del anfitrión por haber recibido el premio Excelsior, por un trabajo como sociólogo sobre la juventud rebelde, sus condicionamientos y sus teorías. Un hombre adulto, para el que:

El problema más grande perfectamente racionalizado se convierte en algo claro. Con solución.

(…) Todo. Todo se puede racionalizar. Yo lo he racionalizado todo siempre

Esa misma noche racionaliza dos problemas: el que le plantea su vecino, Jaime, sobre su vida de casado; y una conversación con su pretendida, la joven Patricia . Pero este conservador racionalista y moral tiene un secreto escondido en un cajón, bajo llave, oculto al resto del mundo. Un secreto que parece acrecentar la tensión dramática cuanto más se acerca su boda con Patricia y, por qué no decirlo, con su suegro, Enrique, que le procurará una buena posición, incluso en el gobierno.

Pero, ¡ay de esas puertas que cierran mal y necesitan de un esfuerzo y un empujón, de un buen cerrojo! Pepita puede entrar por ellas. Pepita, la adolescente y menor de edad, que se cuela en el piso, por la puerta de entrada que no cierra, una vez han marchado todos. Una muchacha que, al principio, nos entra tan mal como a Juan:

Juan -¡Oh! Esto se resuelve llamando a la policía.

Pepita -Hágalo. Nos vamos a divertir.

Juan -Usted sobre todo.

Pepita – Claro, tengo diecisiete años.

Juan- Pero…

Pepita- Le preguntarán qué es lo que hago yo aquí.

Juan -Y diré que ha entrado a robar.

Pepita- ¿Qué?

Juan- Las porcelanas.

Pepita- ¿Falta alguna?

Juan- No.

Pepita- Ya verá cómo se creen mucho mejor mi historia. Usted ha intentado seducir a una menor y la ha traído a su piso.

Juan- ¿Yo?

Pepita- Le digo todo esto porque a mí el escándalo me importa tres pepinos. ¿Y a usted?

Así aparece Pepita en escena. Y va con ella, no en el sentido de menor pérfida, sino, como dice Alfonso Paso, en el de alguien completamente recuperable. Por el chantaje, entra Juan al trapo, aún creyendo que dominará la situación e intentado analizar a esa joven sin aparente moral, provocativa y desgarbada que empieza a ponerle nervioso. Cada intervención de Pepita contando su historia, es de una indiferencia absoluta. Falta de virginidad, tres hombres en su vida, huyendo de otro -que es la razón que da de haber entrado en el piso de Juan-… frente al hombre que a la par la califica de desvergonzada y fulana, poco a poco va dejándose atrapar en una red de sinceridad moral. Una historia que va relatándose entre “la verdad o lo otro”, donde lo otro es lo que no se quiere oír.

La trama de la obra, sin querer revelarla, según se desarrolla va colocando a Pepita en el centro del argumento, relacionada con los tres personajes varones de diferentes maneras: un vestido azul, un embarazo y una infidelidad. Pero todavía más profunda será la relación que se establecerá entre Pepita y Juan, trastocando el perfil que, en el comienzo, imaginábamos de ellos. Así, el secreto del cajón de Juan es descubierto por Pepita, sin que ella se escandalice, convirtiéndose en la única en el mundo que lo conoce y que puede indagar en el interior de Juan:

Pepita.- ¡Pobre coleccionista de mariposas! ¡Hala, hala! No le des tanta importancia a tu colección, ¿sabes? Casi todos los hombres tienen su colección. A veces en un cajón secreto lleno de cartas, de fotografías dedicadas, de recuerdos. A veces en el cerebro.

Juan.- ¿Y cómo se llama a eso?

Pepita.-Soledad

El secreto que, para casi el final de la obra, cambia al Juan que vimos:

Juan.- Ese soy yo.

Enrique.- ¿Quieres decir que coleccionas estas cosas?…

Juan.- Sí. Las compraba a hurtadillas, escondiéndome de la honesta sociedad estatuída. Pensé que era un monstruo pero ahora comprendo que hay monstruos más terribles, más dolorosos que yo. Usted es uno de llos…

Enrique.- ¡Muchacho!

Juan.- Y me duele en todas partes mi hipocresía, mi miedo, mi ansia de condecoraciones y honores. Yo no soy eso. Soy esto y tengo que ver el modo de extraer belleza de todo esto.

Pero no sólo Juan se transforma ante Pepita. Ella sufre su propia metamorfosis en consonancia a la pretensión de Paso:

Pepita.- Te quiero.

Juan.- ¿Por qué?

Pepita.- No sé. Tú eres también mi esperanza. Sé guisar, coser. Tengo cultura. Y un corazón muy grande y unas ganas de querer enormes. La envidio a ella. A Patricia. Envidio su traje blanco y su ramo de azahar. Quisiera ser toda azahar para ti. Porque la envidio el novio.

Juan.- Pero tú eres una rebelde.

Pepita.- O una conformista frustrada. No lo sé. Lo que sé es que te he aguardado aquí como una mujer espera al marido que se ha ido de picos pardos. Temblando de miedo a que no volvieras y deseando que vinieras para besarte y besarte…

Juan.- Oye, ¡Estás llorando!

Pepita.- Sí

Juan.- ¿Por qué?

Pepita.- Porque te quiero.

La Pepita de este pasaje no es la misma que nos presentaron al principio. La rebelde, indiferente, escandalosa y amoral Pepita desaparece ante nosotros y surge un fondo en el personaje muy distinto.

Dichas transformaciones vienes advertidas por Alfonso Paso desde el comienzo:

Pepita, a pesar de su aparente descaro, no obstante, su amoralidad, por encima de su tenaz y explosiva rebeldía, es un ser limpio perfectamente recuperable. Juan, no obstante su hipocresía, a pesar de su tonta ambición, por encima de su miedo es un hombre valioso con sitio en cualquier sociedad que se estime justa.

Temas, por tanto, como el amor y la ternura, la verdad sobre uno mismo, se entremezclan con otros sobre la hipocresía moral de la sociedad, el conformismo, la rebeldía o el cinismo. Casi Lolita, sin embargo, no está exenta de toques de humor, logrados gracias al contraste inicial de los personajes que, poco a poco, va desgranándose hacia un tono y fondo mucho menos cómico de lo que pudiera esperarse. ¿Con qué fin? Paso no elude hablar de finalidad didáctica y ejemplar:

Mi obra no sólo tiene un final ejemplarizante; toda la acción, hasta cierto punto, es ejemplar. Espero por ello que a los que importan estas cuestiones se les vayan más las mientes en el fondo que en las formas.

(…) yo podría haber hecho una comedia deliciosa llena de carcajadas y de mucha risa; he preferido no hacerlo así. Como ya dije en otra ocasión, debe ser que me estoy haciendo joven

Casi Lolita es un extraño acierto muy desapercibido de Alfonso Paso contra los puritanismos sociales que esconden sus “inmoralidades” debajo de la alfombra, o en cajones cerrados, o en espíritus rebeldes, moralistas o conformistas, y llevan, siempre a un engaño sobre nosotros mismos y a sufrimientos innecesarios, a escarnios hipócritas que ocultan y esconden en sí mismos, con sus acusaciones y condenas, la misma “inmoralidad” que sus convicciones censuran.

Héctor Martínez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: