10/02/2009

PICK, EL MAR Y OTROS POEMAS

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José del Rio Sáinz

José del Río Sáinz

En Santander había una voz poética que, muy injustamente, ha perdido su eco desde que se apagara. La información sobre esta voz es escasa, y sus obras se han traspapelado en los fondos y catálogos. Se trata de uno de esos autores olvidados en los grandes libros de texto y manuales académicos, a pesar de que le fuese entregado, en 1912, con veintiocho años, el premio Fastenrath de la Real Academia, o que el mismo Gerardo Diego le incluyera en la famosa antología que diera a conocer otros nombres con más brillo en la historia, como el Grupo del 27. Yo mismo he de reconocer que me era un completo desconocido hasta que, hará ya unos siete u ocho años, alguien que pasó por Santander me trajo un ejemplar de la edición muy limitada -unas quinientas copias- que salió allá por el 2000 de su Obra Completa.

Bajo el seudónimo de “Pick” y de “El peatón”, está el poeta y articulista José del Río Sáinz, con su pipa sobre la mar. Se le llama “poeta del mar”, -junto a los también olvidados Uncal o Cancio, hombres de su misma costa- tal y como figura en la Cámara de Honor de las Letras del Mar. Sin embargo, siendo cierta la presencia del mar como tema, no podemos olvidar que, de igual modo, del Río Sáinz reparaba en los puertos, en los cafetines y el lóbrego ambiente de sus habitantes y sus rameras. Así, mientras que quienes se acuerdan del poeta, quieren que miremos sus Versos del mar (1924) por el que, en su versión de 1912, recibiera el premio de la Real Academia, yo empecé por Hampa (1923), tal como figura en mi edición. Una primera parte sobre Mancebías de España, que es un recorrido por Burgos, Madrid, Ferrol, Bilbao, Cartagena, Melilla, Málaga y Gijón y sus prostíbulos; una segunda rotulada Estampas de la mala vida, donde acude a circunstancias concretas de estas mujeres, no con intención pornográfica o provocativa, sino con el lirismo que sabe ver la Magdalena y la Margarita Gautier de cada ramera, y poner el fondo negro que se prefiere no ver, tal y como señala al final del libro en el poema Apelación de la tercera parte Flores de pecado:

Muchachitas de tierno corazón, sed mis jueces;

si el cáliz de la vida muestro lleno de heces

no es para recrearme con el licor viscoso;

es para ver si imprimo un latido piadoso

al corazón del mundi.

(…)

Esas hosca mujeres, pesadillas que oprimen

el ánimo y que a veces resbalan hasta el crimen,

quizá dentro llevaban un ángel del hogar

y empezaron su vida con un ingenuo idilio.

¡Ay si hubieran tenido quien las prestara auxilio

como se salva a un náufrago de la furia del mar!

Pasan ante nosotros, entre sonetos, endecasílabos, alejandrinos y algún soniquete modernista -también en su obra en general existen los dodecasílabos con cesura-, violaciones, madres mendigas que venden a sus hijas por un duro, prostitutas perpetuamente embarazadas, bebés criados en prostíbulos…:

Cada ramera tiene su historia

y como propia luce la gloria

del héroe amante que de su cama

saltará un día gentil y fuerte

para acostarse con otra dama,

con Doña Muerte.

“Poeta del mar”… queda, sin duda, más lírico que “poeta de las rameras”, o de las mendigas, lo que encuentra en la costa, en los puertos o en las ciudades, en contraste con:

Burguesitas románticas, sensitivas Ofelias,

que lloráis viendo La Dama de las Camelias

La prostituta anónima se vuelve personaje poético, echando mano de la Ofelia[1] de Shakespeare, de Margarita Gautier de Dumas (hijo), montadas en versos que cantan sus desdichas como en las grandes tragedias, mostrando una todavía no demasiado conocida vertiente de Realismo poético.

Aquellos que quieren ignorar Hampa en favor de Versos del mar, no pueden, sin embargo, obviar los dos engarces que existen entre el primer libro y el segundo. Comienza éste último con tres sonetos titulados Ofrenda, el primero de los cuales hace llamamiento y dedicatoria a:

A todas las mujeres que he querido

con un amor fugaz: Mary, Annunziata…

(…)

a todas las que, alegres y galantes,

conocimos en esos cafetines

Por otro lado, en Hampa, José del Río escribía el epílogo del famoso soneto Las tres hijas del capitán que aparece en las dos versiones de Versos del mar (… y de los viajes en 1912, …y otros poemas en 1924). Halagar el soneto y olvidarse del epílogo no deja de ser una curiosa maniobra.

Si bien en Hampa, el poeta hace gala de distintas métricas e inserta sonetos, en Versos del mar es la composición estrófica clásica la predominante en toda la obra. Pero además, recurre a distintas variantes. Para empezar, las dos primeras estrofas no son cuartetos en que se repita la misma estructura de rima; al contrario, del Río Sáinz opta por usar serventesios, cada uno con distintas rimas (ABAB CDCD). En segundo lugar, los tercetos siguen esquemas variados, desde comienzo en pareados y encadenando con una sola de las rimas, como con alternancia, es decir: bien EEF GGF, bien EEF GFG, bien EFE GFG, donde las dos últimas son las más empleadas. En ocasiones separa un mismo verso en dos, dejando una parte como verso suelto.

Podríamos decir que Versos del mar es una extensa narración en sonetos, un diario de viaje a la sombra de Ulises, un cuaderno de bitácora de sus navegaciones. Inglaterra, Trafalgar, Cabo Verde, Río de Janeiro, Golfo de Botnia, Cardiff, Santa Elena o Nantes junto a los sucesos a bordo, como la muerte de un perro hambriento recogido en una playa, tormentas, o las tabernas en tierra. Canta al compañerismo de los marinos, al duro trabajo sobre y bajo cubierta, al sentirse extraño y sorprendido en el extranjero, a la emoción de topar con un “paisano” o al sabor melancólico del vino de la patria. Al margen del bello y citado Las tres hijas del capitán, recojo para este artículo mío el hondo y existencial La ola:

La ola, con titánicos alientos,

bate al vapor; su mole ingente y ruda,

al chocar, se deshace en mil fragmentos

y vuelve a ser después agua menuda.

Así quisiera ser. Su poder ciego

tener en un instante reunido

para lograr un ideal, y luego

deshacerme en las rocas del olvido

Vivir la vida en una hora sola…;

más vivirla lo mismo que la ola,

con su ímpetu brutal y con su fuerza…

¡Y no el largo vivir de débil caña,

que teme siempre que el turbión la tuerza

o que la ahogue el cieno que la baña!

De Poemas de la costa, por no extenderme -aunque debería-, quisiera destacar dos composiciones donde la fuerza expresiva se desborda sobremanera. Hablo de La ría de Bilbao y de La bahía de Santander. Nunca, creo, habrá imaginado el lector la siguiente descripción de la ría:

La ría de Bilbao es una lanza

que Europa nos clavó en la costra dura

del litoral; al corazón alcanza,

mas en vez de matarnos, letra a letra

por ella en avalancha de cultura

el pensamiento universal penetra.

Por el hondo rasgón y la ancha herida

la sangre a borbotones no se escapa;

antes bien, a esa herida va atraída

la fuerza misteriosa de la vida

desde todos los ámbitos del mapa.

Más tarde el poeta detalla que la ría fue punto de partida de viajes, primer amor en Portugalete, y ahora es recuerdo de los años jóvenes:

La ría de Bilbao guarda en su agua fangosa

una rosa fragante de roja lozanía;

si revolvéis el agua y encontráis esa rosa,

volvédmela, ¡esa rosa es la juventud mía!

Y así, también nace la primera rima, pensamientos hondos, el primer trabajo… la ría termina pareciéndole:

Eso es para el poeta la ría de Bilbao.

Vapores que descargan carbón y bacalao;

cafés cosmopolitas en las claras riberas;

sinfonía de pitos y campanas; banderas

tremolando sobre una gregaria multitud,

olor a brea y yodo,

y, lo mejor de todo,

la divina y eterna palabra: ¡Juventud!

Como en todo poeta, independientemente del estilo, surgen versos transidos de expresión lírica a través de la identificación de un lugar, un paisaje, una naturaleza con su yo poético y el viaje nostálgico al pasado joven, la idea del tiempo que huye y el recuerdo que lo pesca como puede. Sin embargo, al contrario que en otros poetas, para del Río Sáinz, siendo el río vida, su desembocadura al mar no es muerte -recuérdese a Manrique o a A. Machado-, sino viaje, apertura y libertad, más al modo romántico de un Espronceda.

Observo, en La bahía de Santander, ese sabor modernista, quizás de último modernista -que llamaron posmodernistas- del siglo, en que vibra un fino acorde rubeniano, más austero, pero sin perder la pompa:

Las luces, tras el velo de la escarcha,

tienen como un temblor de lentejuelas

en un fondo de raso, mientras marcha

el vapor, lentamente,

marcando cien estelas

en el azul extensión resplandeciente.

Y al rasgarse los velos de la noche,

como si un hada hubiese roto el broche

que los tuvo compactos y tupidos,

se abre paso el milagro matinal:

¡los campanarios blancos y bruñidos,

como si fueran torres de cristal!

Empero, en mis recortes, traigo de igual modo un Autoretrato -con la cercanía de Antonio Machado- de Estampas españolas, en alejandrinos, aunque con pie quebrado en heptasílabos, en que se entremezclan los temas del noventayochismo y la regeneración, desde el desastre del 98 hasta la ácida crítica de un pueblo despistado, entretenido en el toreo, atontado:

Y allá fuera, en la calle, los hombres incoloros,

el señorito chulo y el petimetre insulso

abroncando al Guerrita en las plazas de toros

ante un pueblo sin pulso

(…)

Y por cambiar de juego

resucitar las notas del viejo Himno de Riego

e inventar un vocablo: la regeneración.

Yo he formado mi alma en tristes días, llego

al medio de mi vida bajo una maldición…

No hay duda de que, del Río Sáinz, empapado de modernismo, convivía con el tema de España y la regeneración. En este caso, el poema se muestra más sobrio, sin galas ni adornos, con abundancia del sustantivo y verbo, próximo a una poesía menos artificiosa que recuerda la “España de charanga y pandereta/…/devota de Frascuelo y de María”. Del mismo modo, en los Versos de circunstancias, damos con uno dedicado al guía intelectual de la Generación del 98, Miguel de Unamuno, cuando, indultado de su destierro en Fuerteventura, se auto-expulsa a Francia en claro gesto de repulsa a Primo de Rivera:

Maestro: a tu retiro

lleve mi voz el viento,

mi voz que es homenaje y es suspiro…

(…)

Para poder morir como viviste

pájaro que odia la dorada jaula

y no cambia el azul por el alpiste,

sacrificaste lo que más quisiste,

tus alumnos, tu Aula…;

tu diario revolver en los archivos

y bibliotecas, códices enormes,

y tus graves paseos pensativos

por las doradas márgenes del Tormes

Igualmente, en las Estampas españolas hay guiños que, de nuevo a lo Machado, traen la figura de Valle-Inclán a partir del seductor Bradomín –La vejez de Bradomín-, de la bohemia de Carrere, y dedicatoria a la poesía coetánea del amigo, santanderino como él, Gerardo Diego –El montañés en Soria:

Y el nuevo catedrático, el joven don Gerardo,

-pronto de él se conoce lo agradable y lo adverso-

además de su cátedra, tiene pujos de bardo

y urde en los largos ocios las arañas del verso

No deja de sorprender que, tratándose de Soria, el último verso haga referencia al “urdir de las arañas” machadiano.

Es decir, José del Río Sáinz supo ser poeta consciente de su época literaria, como también lo fue de su época histórica de guerras con La guerra presentida sobre la Primera Guerra Mundial, y La guerra vista sobre la Guerra de Marruecos.

José del Río Sáinz, Pick para los amigos, refleja el transcurso poético de unos años que se suelen pasar por alto bajo la efigie de Juan Ramón Jiménez y la penetración de las vanguardias o el nacimiento de la nómina del 27. Vemos en él un cruce de tendencias dentro de un pulso íntimo y personal, que, siendo Castilla por entonces el corazón literario, prefiere ese allí donde la tierra acaba y empieza el agua, que impregna el poeta de universalismo humano.

Héctor Martínez


[1]En Hamlet (acto III, escena I) a Ofelia se la repudia a un convento, escrito en inglés “nunnery”, término usado también irónicamente en la lengua vulgar, en los siglos XVI y XVII, para denominar los prostíbulos. No sólo una vez, sino hasta cinco veces, mientras discuten sobre la siguiente cuestión: Could beauty have better commerce than with honesty?

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