10/02/2009

SOBRE LA METÁFORA

Posted in Una clase de métrica tagged , , , a 1:34 por retratoliterario

Recursos retóricos hay muchos, pero, probablemente, ninguno tan conocido y tan complicado como la metáfora. Y si digo que es complicado se debe a que constituye una figura libre, esto es, que depende por completo del gusto, la imaginación y la intuición del autor que va a emplearla y de su habilidad para lograr transmitir la evocación al insertarla en su obra. No pocas veces una metáfora se vuelve ininteligible, por bella que pueda resultar, si el contexto que la rodea no ayuda a su comprensión o si ella no acompaña a ese alrededor. En mi opinión, una metáfora no es mejor cuanto más intraducible sea o cuanta mayor pirueta semántica haga -que sería cantidad-, sino cuando logra provocar el efecto de traslación perseguido de forma inmediata, con sencillez, sin necesidad de analizarla con detenimiento por encima del resto del texto. Mala me parece la metáfora que destaca y parece convertir todo lo demás en mera excusa; aquella metáfora que se convierte en protagonista y no sólo en recurso expresivo. Es cierto que la etimología de “metáfora” -“llevar más allá”- no impone límite a su uso, sino que, al contrario, abre un campo entero de libertad de creación, pero, precisamente por ello, exige mayor responsabilidad y cuidado al construirla para no caer en los excesos poéticos de embellecimiento desmesurado o concatenaciones exageradas que no formen un todo alegórico. Más que por el mero adorno, su uso debería estar condicionado a la insuficiencia denotativa del propio lenguaje para representar una realidad, una emoción o sentimiento.

La metáfora, como tal, implica que el autor establece libremente una relación identificativa entre dos términos, uno real y otro evocado por personal audacia o por criterios de semejanza, contigüidad -casos de metonimia y sinécdoque-, allí donde el autor crea encontrarla. Pero, al mismo tiempo, estos términos señalan objetos y, por tanto, su unión da lugar a, por ejemplo, una imagen visual nueva -también pueden referir a cualquiera de los otros cuatro sentidos: oído, tacto, gusto y olfato-, más intensa y viva, de mayor carga semántica. En este sentido, no es cierto que la metáfora sea una comparación incompleta a la que le falta la partícula comparativa “como”, pues ésta mantiene separados y retiene a cada lado a los términos que compara, mientras que aquélla supera y rompe la frontera que los divide fundiendo en uno ambos costados. Por otro lado, esta discusión sólo podría mantenerse acerca de la comparación de igualdad, que sitúa a los términos a una misma altura pero sin mezclarlos. Sin embargo, las comparaciones de superioridad o inferioridad no podrían traducirse a metáfora, pues por definición, impiden identificar término real y término evocado. Acaso, en oposición a lo que se suele oír, me inclinaría a pensar que es al revés: el símil -y sólo el de igualdad-, en su primitivismo, es una metáfora incompleta, un primer paso de relación, pero no de identificación que permita la unidad.

Existen dos modos de construcción para la metáfora: por un lado, la que conocemos como “metáfora impura” –in praesentia-, donde tendremos la parte real y la parte evocada; por otro lado, la “metáfora pura” –in absentia-, por la que únicamente se mostrará lo evocado. Tal como vemos, el elemento irrenunciable de toda metáfora es el término imaginario, la evocación, y sobre él recae todo el peso de la figura trabajada, en tanto que es este elemento el que mantiene el cabo de la relación con la parte real y le aporta rasgos semánticos y expresivos que no tenía por sí misma.

Ahora bien, es posible rebasar este nivel primario de traslación entre dos términos, y construir metáforas de mayor complejidad por asociación de otras: lo que venimos a llamar alegoría. Sin embargo, hay que tener precaución al entender la alegoría como simple suma de metáforas: deben existir relaciones lógicas entre las distintas metáforas para que adquiera sentido unitario. Quiero decir, la alegoría no consiste en poner metáforas una detrás de otra sin más, que sería como pretender sumar peras y manzanas.

Resultados del uso metafórico son el símbolo y el cambio semántico. Ambos casos se fundamentan en la recurrencia y reiteración de una misma metáfora y su empleo continuado de forma que el término real llega a ser totalmente sustituido y eliminado por el evocado, efecto de la costumbre que nos evita ya el remitirnos de uno hacia otro. El sentido simbólico de esperanza del color verde, de fuerza en el roble, del mar como muerte, del río como vida… o, por cambio semántico, la cotidianeidad con que hablamos de “falda de la montaña” o “pata de la mesa”, expresiones en las que entendemos perfectamente sin necesidad de evocación, a pesar de existir traslación. Directamente pasan a ser términos reales, ya en el caso de un poeta, o acepciones integradas en el significado de la palabra en el diccionario.

Sin embargo, a pesar de lo dicho ante el símil, la metonimia, la sinécdoque, la alegoría y el símbolo, estos pueden confundirse fácilmente entre sí y en general como metáforas. Del mismo modo ocurre con el resto de figuras del significado, como, por ejemplo, la prosopopeya o la hipérbole. Una metáfora, tal como lo creo, puede llevar aparejadas otras figuras de refuerzo que ayuden a esa pretensión principal suya: dar consistencia y solidez al intento de reconstruir con palabras la realidad de objetos, pensamientos y sentimientos. La metáfora constituye el modo y la herramienta de esculpir y cincelar el diccionario. Cabe pensar, a fin de cuentas, como Nietzsche, que enredó la filología, el arte y la filosofía -por resumir y no extenderme-, y ver en todo nuestro arsenal de conceptos y palabras, nada más que el encadenamiento de sonidos que evocan objetos reales. Es decir, que toda palabra y concepto sería, por sí mismo, ya una metáfora con la que evocamos la realidad y la expresamos, la pensamos o la penetramos. Lo cual indicaría que el ejercicio metafórico es el origen de nuestra comunicación actual. Aunque terminaríamos retorciéndonos el mostacho como él, lamentando el olvido de este lúdico juego de significados como origen poéticamente creador de nuestro mundo.

Héctor Martínez

Anuncios

2 comentarios »

  1. Homepage said,

    … [Trackback]

    […] Read More here: retratoliterario.wordpress.com/2009/02/10/sobre-la-metafora/ […]

  2. I was suggested this website by my cousin. I am not sure
    whether this post is written by him as no one else know such detailed about my difficulty.
    You are wonderful! Thanks!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: