10/02/2009

UN HUECO A GLORIA FUERTES

Posted in Poesía tagged a 0:15 por retratoliterario

Gloria Fuertes

Gloria Fuertes

¿Podréis creerlo? No tengo en mi biblioteca ni un solo libro de Gloria ni, realmente, he sostenido ninguno en mis manos, y, sin embargo, no es poco lo que he leído de ella. De poema en poema suelto, conozco la obra poética de esta mujer, al menos la que llaman, sin reparos, “de adultos”, por contraposición con los ripios infantiles -de gran valor pedagógico, no me cabe duda. Y aquella ha pasado sin ser advertida, y la que llaman infantil, de los niños, es, principalmente, lo que más se ha conocido y juzgado por los adultos, aunque no se dirigía a ellos. Todos hemos reído las bromas y chanzas que a costa del personaje, y no de la persona, se hicieron por parte de dúos cómicos. Pero los mismos sirvieron para que el personaje ocultara a la persona, el camello cojito a Gloria Fuertes, cuyas peculiaridades se prestaban a ello. La imagen que queda invita a pensar que su poesía sólo fue infantil, amen de que ella misma se consagró al género con un cariño y honradez inusuales en la literatura. Quizás por lo inusual, es víctima su obra de un olvido que muy habitualmente la saca de las páginas de la historia literaria. Una obra que pasa, nunca mejor dicho, sin pena ni Gloria. Sin embargo, la poetisa -a pesar suyo, que era poeta para ella misma- supo defenderse líricamente con mucha antelación, ya en 1950:

Soy como esa isla que ignorada,

late acunada por árboles jugosos,

en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de nada,

(…)

A esta isla que soy, si alguien llega,

que se encuentre con algo es mi deseo;

-manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo-.

Un nombre que me sube por el alma

y no quiere que llore mis secretos;

y soy tierra feliz -que tengo el arte

de ser dichosa y pobre al mismo tiempo-.

Para mí es un placer ser ignorada,

isla ignorada del océano eterno.

Siendo la misma que multiplicaba en verso, el lector encuentra aquí la palabra grave, honda, de la poesía primera que brota del alma. Aunque se ha querido hacer, ella no formó grupo ni generación con tal o cual tendencia. Acaso los “versos con faldas”, aunque era más el recital por los cafés que la afinidad de estilo. La Generación del 50 escribía “para la mayoría” y se eliminaban a sí mismos en favor de la realidad social. Gloria se fija en la misma realidad, y sin embargo, no abandona su tono íntimo y subjetivo, rasgo que la aproxima más a la gente. Efectivamente, Gloria vivió sin rimarse con los demás poetas, isla ignorada, pero a-rrimándose entrañable y sincera al pueblo propio. Llegaba con la sencillez viva de las palabras, sin virtuosísmos complicados, dejando ver el mismo mundo de todos a través de sus ojos. Una poesía más hablada que escrita, más del uso corriente del lenguaje, más cercana:

Mi estilo (?) nació de la forma

en que empleo el lenguaje que uso,

hecho con las palabras

cotidianas y populares

que no rehúso.

Sus composiciones son intuiciones sentidas escritas al natural, tal como salían en el papel, sin cuentas ni remiendos:

Antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa

Contar lo que pasa… y lo que se siente. Preocupación, rabia, lamento, tristeza, mezcladas con hilos de alegría en medio de la soledad y la incomunicación de una isla en un océano. Ahora bien, no es ajena al metro clásico, culto o popular, y es posible encontrar sonetos que no pueden pasar desapercibidos dentro de su obra como aquel A veces quiero preguntarte:

A veces quiero preguntarte cosas,

y me intimidas tú con la mirada,

y retorno al silencio contagiada

del tímido perfume de tus rosas.

A veces quise no soñar contigo,

y cuanto más quería más soñaba,

por tus versos que yo saboreaba,

tú el rico de poemas, yo el mendigo.

Pero yo no adivino lo que invento,

y nunca inventaré lo que adivino

del nombre esclavo de mi pensamiento.

Adivino que no soy tu contento,

que a veces me recuerdas, imagino,

y al írtelo a decir mi voz no siento.

Si me atreviese a compararla con algún otro autor, me quedaría con Quevedo, tanto por el valor conceptista de sus obras -el juego y doble sentido de las palabras, por ejemplo- y la dicotomía entre un sentir hondo del tema humano, junto a una temática menos académicamente poética, pero de una importancia incalculable. Indudablemente, ambos tenían al diccionario por aliado. Del mismo modo, por la curiosidad suscitada en los personajes que han representado y la hilaridad generada en torno. Por último, los dos son conocidos por su obra más popular -burlesca o infantil, según el caso. Pero entiéndase un Quevedo no barroquista y exento de cuenta métrica. Un Quevedo en el s. XX.

Bebió de la poesía de Unamuno -o al menos no descontó el género de éste-, de Rubén Darío y las “greguerías” de Ramón Gómez de la Serna -que hasta existe el término y título Glorierías en homenaje. La influencia ramoniana es evidente en quien escribió “minipoemas”, y buscaba la brevedad de la frase corta y certera que pudiera contener todo el qué y todo el cómo. Así mismo, la musicalidad y la “infantilidad” -no se vea como algo peyorativo-modernistas, y la pensativa actitud vital del bilbaíno recorren las páginas de Gloria Fuertes sin esconderse. Por otro lado, el último surrealismo tiene presencia en los poemas, perceptible en versos como Algo sucede, aunque es una tendencia que va desapareciendo paulatinamente hasta quedar en un franco sentido del humor:

Algo me pasa que en mi pecho existe.

Vuelan hormigas y discurren peces.

Suena la sangre y el tambor convoca.

Hay un incendio cerca de mi pulso.

De nuevo el tigre lanza su mensaje.

Tiene mi cama sed de otra figura.

Vuelven las venas a cantar presagios.

Torna el insomnio con sus mil disfraces.

Lavo mis manos para hacerlas suyas,

peino el cabello, río a las vecinas.

Y cuanto miro se convierte en agua.

¡Esto es amor y lo demás miseria!

Elementos que aparecen de continuo en los poemas de Gloria son los naturales (montaña, río, agua…) -véase Lamento en la montaña– y tres a los que parece asignar un papel especial como son el viento -que ha de portar, “mensajero”, sus palabras como En mi jardín o debe hacer sonar sus poemas, “el gran músico viento”, en Isla ignorada-, las aves -en Los pájaros anidan en mis brazos, la paloma de Nací para muerto o para poeta o en El árbol de mi pecho– junto al concepto de nada que introduce por doquier la soledad o el dolor, el abandono y temas de la misma cuerda.

En general, Gloria Fuertes fue una autora que nació “para puta o payaso,” y de la cual “los hombres se creen que no soy nada”:

-Ahí va Gloria la vaga.

-Ahí va la loca de los versos, dicen,

la que nunca hace nada.

Es cierto que España la vio como payaso -y ella en el poema dice elegirlo para hacer reir “a los clientes deshausiados”-, rió las gracias, las exageró, y terminamos por convertirla en nada. Hoy parece como si no hubiera hecho nada, y, sin embargo, ella a escondidas lo hizo todo como única poeta de guardia. Ya es hora de que dejemos de ignorarla.

Por mi parte, traslado a este mi pequeño espacio literario el primer poema que leí de Gloria -suelo recordar los primeros versos de aquellos que por una razón u otra llamaron mi atención. Se trata de un poema titulado Labrador, del libro Todo asusta de 1958. De gran fuerza expresiva y conmovedora, transmite la unión de la naturaleza y el hombre a través de un labrador, siempre símbolo del trabajador sin descanso, esforzado y fatigadamente llegado a su vejez. El eufemismo de la muerte ronda el surco del arar sobre el que ha de echarse a descansar, aunque la imagen no sea de una muerte trágica, sino bellamente merecida por la vida dura. El ciclo de la vida ha de continuar en el relevo y esfuerzo del hijo. De lenguaje sencillo y pulcro corre sin accesorios estilísticos, salvo aliteraciones, diseminación de términos como “labrador” o “tierra”, anáforas -v. 2, 4 y 5- paralelismo -v.12 y 14-, elipsis -v. 10 y11-, la antítesis del comienzo entre “tierra” y “pueblo” -v. 2-, el sentido hiperbólico -p-ej: v. 3-, reificación del labrador a lo largo del poema y un recurso a la paronomasia típica del conceptismo -v. 23. En su mayor parte la combinación libre de versos endecasílabos melódicos y heptasílabos con ritmo suave y relajado, daría lugar a una silva, de no ser por el primero -trisílabo- y el cuarto -decasílabo- o la rima asonante.

Labrador,

ya eres más de la tierra que del pueblo.

Cuando pasas, tu espalda huele a campo.

Ya barruntas la lluvia y te esponjas,

ya eres casi de barro.

De tanto arar, ya tienes dos raíces

debajo de tus pies heridos y anchos.

Madrugas, labrador, y dejas tierra

de huella sobre el sitio de tu cama,

a tu mujer le duele la cintura

por la tierra que dejas derramada.

Labrador, tienes tierra en los oídos,

entre las uñas tierra, en las entrañas;

labrador, tienes chepa bajo el hombro,

y es tierra acumulada,

te vas hacia la tierra siendo tierra

los terrones te tiran de la barba.

Ya no quiere que siembres más semillas,

que quiere que te siembres y te vayas,

que el hijo te releve en la tarea;

ya estás mimetizado con la parva,

estás hecho ya polvo con el polvo

de la trilla y la tralla.

Te has ganado la tierra con la tierra,

no quiere verte viejo en la labranza,

te abre los brazos, bella por el surco,

échate en ella, labrador, descans

Héctor Martínez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: