18/02/2009

“ENTRE EL SILENCIO Y LA PALABRA”, ROF CARBALLO (II)

Posted in Ensayo tagged a 12:05 por retratoliterario

Rof Carballo
Rof Carballo

El poeta y el subconsciente conforma la parte central del libro que venimos comentando. En esta parte, lo primero y fundamental que cabe reseñar es la precaución de Rof Carballo, que ya mencionamos anteriormente, de evitar que se entienda su pretensión hacia el lado del psicoanálisis literario:

Lo digo (…)  para alejar de la mente de los que me leen la idea de que, con el pretexto del viaje de Rilke por el sur de España, vaya a hacer yo aquí una especie de patografía. La manera más segura de desconocer lo que es un hombre de genio es estudiarlo médicamente. (…) Cuanto desde el punto de vista médico o psiquiátrico se ha dicho sobre Rilke es tan bobo e infecundo como las mil tontería que los médico hemos solido decir sobre otras figuras de excepción.

Efectivamente, Rilke es un autor que se presta muy fácilmente a estudiosos buscadores de perfiles patológicos, desórdenes y desequilibrios. El autor de actitud extraña, de perfil raro, al que se le quieren encontrar perturbaciones bajo el mágico halo de la literatura y la poesía. Rof Carballo, sin embargo, une dos aspectos principales: el viaje a España de Rilke y su porqué:

Con sencillez, con modestia, Rilke se sintió en los últimos años de su vida (…) abrumado por la empresa de dar expresión a algo que existe en la naturaleza humana y que (…) podía alcanzar expresión verbal a través de él.

Tal y como en el anterior ensayo fue señalado, Rof Carballo ve en Rilke el escritor balbuceante. De hecho viene a centrarse en su viaje por España justo en el momento en que el poeta se encuentra en un “pozo seco”, falto de las palabras exactas para expresar lo infable. Precisamente por ello, Rilke pisará Toledo, Córdoba, Sevilla y Ronda. Como el Cela de Viaje a la Alcarria:

Rilke venía a España no a recoger impresiones de turista literario, ni siquiera (…) a buscar inspiración; venía (…) a resolver una dolorosa crisis que afectaba a lo más radical de su existencia (…) como hombre que no tiene más razón de vivir que la de responder con sutilísima vibración verbal al profundo eco que en él suscita este misterio que es el mundo en que nos encontramos y el hecho singular y extraño de que vivamos dentro de él.

El viaje de Rilke a España se emprende tras una sesión espiritista donde recibe el mensaje, la descripción que interpreta como Toledo. Para Rof Carballo, en aquella sesión Rilke está dialogando con su subconsciente, esto es, un rodeo ritual para, en realidad, escucharse a sí mismo y para abrirse a la erlebniss, contagiarse del mismo espíritu del mundo y la Naturaleza, a través de experiencias cuasi místicas de contemplación y trance:

 (…) el lenguaje es el mismo que los místicos emplean esforzándose en transmitir una experiencia suprasensible. Conmovido, (…) se da a sí mismo una respuesta que va a ser decisiva en la obra ulterior de Rilke: encuentra que ha pasado al otro lado de la Naturaleza. (…) Los objetos se le aparecen <<más alejados>> y al mismo tiempo, en cierto modo, también más verdaderos, lo que atribuye a que su mirada ya no se dirige hacia delante, sino que se diluye en un espacio virtual, del que luego se ha de hablar (…); en <<lo abierto>>.

Rof Carballo acerca el viaje silencioso de Rilke al silencio místico que funde al poeta con el mundo, y surte un cambio de actitud en el hombre: ya no se opone enfrentado a la realidad, sino que Rilke se descubre en el mundo, dentro y no enfrente. Es el descubrimiento que permite traspasar las puertas del misterio y, desde el silencio, buscar aquella expresión verbal de lo inefable:

De esta forma, el poeta llega a una vsión sobre el hombre que no se puede decir haya sido lograda con métrodos artificiales, con estupefacientes, como, por ejemplo, la mescalina; ni tampoco que es patológica, sino que se ha alcanzado por una rigurosa ascesis.

Lo que Rilke, según Rof Carballo que, a su vez, sigue a Guardini, ha alcanzado es una verdadera teoría del amor comparable a la platónica: late en el fondo del experimentar la erlebniss un encuentro con lo otro y, más aún, con el otro, el mundo y el prójimo. Y quien dice amor, dice también seducción, como vamos a poder comprobar con Zorrilla, Kierkegaard, Proust y Rilke, entrelazados en las distintas perspectivas que juega el papel del seductor.

El hilo conductor de El problema del seductor, título que da Rof Carballo al siguiente texto dentro de El poeta y el subconsciente es el contraponer la versión de Kierkegaard en Diario de un seductor y la versión de Zorilla en cuanto al mito del Don Juan o el seductor, intercalando la perspectiva del problema en Proust o Rilke. Así, mientras que el burlador de Zorrilla es un Don Juan al que importa la cantidad de conquistas, el juego y la apuesta, y no su trascendencia, el de Kierkegaard se basta con una sola conquista que deje huella eterna y durante la que quepa saborear el proceso de seducción. En Kierkegaard existe deleite frente al granuja, más hispánico por lo demás, de Zorilla:

Si el Don Juan trivial se nos presenta con el antifaz rosa del hombre que con garbosa facilidad conquista a las mujeres, el Don Juan trascendente se nos aparece, en cambio, con la negra máscara del hombre que las seduce, con el aspecto ambiguo, arlequinado de tinieblas y de luces, del seductor

Interesa más a Rof Carballo el Don Juan que seduce de forma trascendente, que lo paladea cual acto estético. A partir de aquí, dos notas van a ser importantes: el significado de “seducir” y su relación con lo estético y el arte.

Así, por un lado:

El seductor de Kierkegaard, es decir, el hombre que se-duce, que conduce por un camino extraviado, que tal cosa quiere decir etimológicamente seductor

Y por otro:

(…) el Don Juan de Kierkegaard, el seductor trascendente, es el mismo Don Juan de la ópera de Mozart. Don Juan es, según Kierkegaard, por esencia, absolutamente musical. Pero, al propio tiempo, absolutamente carnal.

Tales rasgos van a ser asimilados y relacionados con dos aspectos que vimos en el artículo anterior. Y es que, en un Don Juan musical como el de Mozart, es la música quien seduce, y no tanto con su sonido, sino con sus silencios:

¿Qué cosa es esta música del silencio? ¿Cómo puede ser posible que la esencia de la música consista en el silencio? (…) la máxima emoción de la música reside en ese momento expectante en que todo va a comenzar, en ese instante vacío de armonías, pero ya eterno, colmado de silencio.

Retornamos, con ello, a la teoría del silencio, pero esta vez, al psicoterapéutico. Un silencio que se-duce, aunque en muy otro sentido: no conduce por caminos extraviados, sino que busca enderezar el camino trazado:

De esta suerte el moderno psicoterapeuta (…) se ve involuntariamente enfrentado (…) con el problema de la seducción. Su técnica es (…) una técnica de seducción. (…) no de un llevar por caminos extraviados sino de un enderezamiento de la vida afectiva del enfermo.

¿Y Proust? ¿Y Rilke? En Marcel Proust identifica Rof Carballo una cuestión distinta a la de Kierkegaard: a Proust no le interesa el cómo de la seducción voluntaria, sino el porqué de la seducción involuntaria. Amado y amada se sustraen, huyen, se alejan, lo que provoca una reacción automática de seducción. Quien seduce, en Proust, realmente no lo hace con intención, sino a pesar de él:

(…) esta magia de la huida, de lo que se nos escapa, es quien enciende en el corazón humano la taumaturgia de luces embellecedoras en que, al fin de cuentas, consiste el amor.

En Proust el enamoramiento supone más una proyección, y por tanto, algo ilusorio, una fantasía erótica, cuyo carácter es, principalmente, insaciable. Rof Carballo describe la visión amorosa de Proust en la línea del placer en el sufrimiento, la espera continua de la traición y el engaño:

Por eso no ha de extrañar que en Proust la aventura amorosa se tiña inmediatamente de un nuevo carácter anómalo: la necesidad de sufrir y la satisfacción por el sufrimiento. El enamorado aguza por todos los medio posibles su capacidad para observar, en la mujer real, la impureza, el rasgo físico o psicológico qu defrauda, que le muestra al amante que es una ilusión

El Proust que ve Rof Carballo se alimenta de los celos, y con ellos se aviva el fuego apasionado dentro de la mera complacencia en el sufrir insaciable e insatisfecho.

Cuando Rof Carballo se centra en Rilke, descubre que al poeta no le interesa el seductor, ni el proceso, sino la huella indeleble y eterna en la seducida. Dicho con conceptos anteriores, el Otro es la entrada en lo Abierto. Es decir, la erlebniss de Rilke juega un papel central en lo que sería su teoría de la seducción o del amor.

La significación del Otro para Rilke sobrepasa (…) la de la simple relación personal o la relación de un yo con un tú. La máxima significación del Otro se pone de manifiesto en que sirve de pórtico a lo <>. (…) el acto amoroso no se detiene en el objeto amado, sino que lo traspasa, lo ilumina y encuentra en sí mismo su finalidad y su sentido. (…) por eso la Abandonada tiene más plenitud de amor que la Satisfcha

Podría sorprender la última aseveración de Rof Carballo, siempre justificado en el trabajo de Guardini. Ahora bien, estamos ante un amor trascendente, es decir, de algún modo irrealizable que, para Rilke, aproxima a la amada a una existencia superior. No es, por tanto, un amor que pueda resolverse en la cotidianeidad, sino que se le eleva por encima de ésta, de modo que la satisfacción amorosa quedaría en un nivel inferior:

Si Kierkegaard es fascinado por la imagen de Don Juan, Rilke lo es por la de la amante abandonada, ya para siempre fiel al seductor. (…) La grandeza del amor se inicia en el momento en que la enamorada no puede realizarlo de manera concreta; precisamente por no poder ser satisfecho en una persona real comienza a ser posible como trascendencia.

Rilke pone su acento, no en el seductor Don Juan, sino en la seducida y consumida por amor Doña Inés, la Regina Olsen de Kierkegaard. Las amantes, como amadas, son lo más alto dentro del capítulo amoroso.

Otro rasgo más que Rof Carballo aproxima al psicoanálisis acerca del mito donjuanesco, y en el que apenas podemos detenernos, es aquél que llama su atención hacia Edipo: En el Don Juan no existe madre; los personajes femeninos son, más bien las conquistas y seducciones, proceso durante el cual se va reduciendo y haciendo desaparecer la virtud femenina, las reservas, hasta quedar la “hembra”. Resulta, cuando menos, interesante, tocar las cuerdas de los complejos y ver en el Don Juan el intento de sustitución, o la búsqueda, de la madre inexistente, en las conquistas, y la humillación de la mujer, aunque al mismo tiempo se trate del intento de realización idealizada del paraíso infantil con los lazos del afecto maternal. Estos lazos, en la forma en que sean existentes en los autores vistos -ya de odio a la madre o de excesivo apego-, son aprovechados por Rof Carballo para asentar las teorías del seductor, de la seducción o del amor y el enamoramiento que han sido expuestas a tenor de Kierkegaard, Rilke y Proust, quienes en no pocas ocasiones dieron testimonio de su incapacidad para amar, siendo, como son, autores y hombres de la seducción.

Héctor Martínez

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