23/03/2009

“CUÉNTAME UN MITO”, CARLOS GOÑI ZUBIETA

Posted in Ensayo tagged , a 22:09 por retratoliterario

Portada "Cuéntame un mito"
Portada

El libro de Carlos Goñi Zubieta vuelve a acercanos al mundo del mito antiguo. Ante nosotros pasan la proclamación de Zeus frente a Crono como dios de dioses, el titán Prometeo, los conocidos mitos de Edipo, Narciso y Orfeo, la guerra de Troya con Paris, Helena y Aquiles, los grandes héroes Ulises, Hércules y Teseo. Pero no se trata simplemente de narrar lo ya narrado y archiconocido, sino de servir de canal que los transmita a la época correspondiente, al hombre actual y la visión de la realidad en la que aquél se halla inmerso:

(…) estas maravillosas historias necesitan de los mitógrafos, de alguien que las cuente una y otra vez. (…) Por eso, este libro no pretende sino contar mitos (…) Es más, el hombre de hoy necesita ensamblar el pequeño guión de su vida en un gran argumento, por eso necesita los mitos, que le enseñan que la biografía de cada hombre es un eslabón más de una enorme cadena.

Pero no se puede contar mitos sin dar una interpretación. La forma de contarlos indica ya una manera de ver la realidad, una cierta racionalización del mito.

Algo que no señala Goñi Zubieta, lo que añado yo, es que también la selección de los mitos a narrar e interpretar constituye, junto a la forma de narrarlos, una lente más en esa peculiar manera de ver la realidad a través del relato mítico. De este modo, el libro Cuéntame un mito ni atiende a toda la extensa experiencia mitológica, ni transcribe la literalidad del mito, pero traslada una imagen completa del género y acerca con gran temple la lectura al mundo actual. De este modo entiende, Goñi Zubieta, la existencia del mito como el continente intemporal de un origen y una esencial verdad nuestros:

Cada relato es como un anteojo -vemos a través de él- que nos acerca a un pasado inmemorial, a una época fuera de la historia, antes de todo, imposible de fechar. Gracias a ellos podemos contemplar el origen y, en ellos, mirarnos a nosotros mismos.

Los mitos son susurros de la divinidad, verdades musitadas a los oídos de los antiguos. (…) son esencialmente verdad justamente porque nos transmiten verdades esenciales. (…) certezas valederas en todo tiempo y lugar.

El único problema que presentan los mitos y su continua reactualización es ese estar escritos “fuera de la historia”, lo que conlleva el uso de un lenguaje y una simbología que es preciso interpretar desde el día de hoy. Por tanto, al proponerse esta labor, Goñi Zubieta asegura:

Se puede decir que con los mitógrafos “se terminan” los mitos y comienza la historia.

Al menos, termina la creación del mito antiguo, el inmemorial, con la entrada de la interpretación y adaptación de la verdad que contienen. Es decir, la labor de la que hablamos consiste en introducir estos relatos ahistóricos en la propia historia, parecido a una de las afirmaciones de nuestra María Zambrano: “la poesía unida a la realidad es la historia”. Precisamente, Carlos Goñi Zubieta está uniendo poesía y realidad en Cuéntame un mito, por lo que, efectivamente, acaba el mito, y empieza la historia. El mito queda como pasado fundante de ésta, y el presente como punta de lanza de la prolongación del tiempo anterior, pues, la historia es, al fin y al cabo, lo que el presente dice acerca del pasado, la memoria que hace posible el futuro. Así leemos en las sugerencias a la estancia de Ulises con los lotófagos:

Somos lo que somos por la memoria, si la perdemos, si sepultamos nuestro pasado, dejamos de ser, dejamos de tener una consistencia existencial. Un hombre sin pasado no es, porque el pasado es lo que nos constituye como personas. Sin pasado no hay futuro, no hay proyecto, no hay persona.

Un pasado que nos configura, pero del que también somos responsables directos, tal como apunta Goñi Zubieta al introducir el relato de Ulises En el país de los feacios:

Necesitamos de nuestro pasado como un animal precisa de su instinto. Nos guste o no, aunque daríamos cualquier cosa por poder cambiarlo, lo que hemos hecho es lo que somos.

Un pasado también que nos personaliza, nos identifica con el que somos cara, no sólo a nosotros mismos, sino a los demás, como señala el autor respecto de la cicatriz en la rodilla de Ulises que sirve para que su porquero Eumeo le reconozca:

Este hecho nos muestra la importancia que tienen las cicatrices: son las huellas que deja el tiempo en nuestra biografía. Sin ellas, nuestra identidad se disuelve en lo impersonal.

En cambio, el mito se nos manifiesta como algo, en muchos casos, incomprensible, y no pocas veces es calificado de irracional, de contrario a la razón, desde los desafortunados simplismos de aquel “paso del mito al logos”. Cuando entendemos mal la expresión, nos avocamos a pensar que el mito no pasa de ser un relato literario de dioses, hombres y héroes, que no conforma una representación de algo esencial, o que nunca ocultó en su seno nada de provecho.

(…) el mito no choca con la razón, sino que, más bien, es cierta concepción de la racionalidad, que vio su culminación en la Ilustración europea y que actualmente se encuentra en crisis, la que no puede comprender la lógica mítica. (…)

Cuando “despertó” la razón se durmió el mito.

Goñi Zubieta, partiendo del pensamiento de Lévi-Strauss, está desembocando en la corriente posmoderna al señalar el hundimiento de la racionalidad moderna e ilustrada, de la actitud de “miopía intelectual” que sólo logra ver los detalles y pierde, constantemente, por su pretendida autonomía, el pie que tiene sobre el pasado, que puede llevarle lejos, que puede hablarle al hombre de su propia naturaleza:

A fuerza de mirar de cerca, ha perdido la capacidad de ver de lejos. En el caso que nos ocupa, el objeto de esta miopía es el pensamiento mítico, que se presenta borroso en la lejanía o, simplemente, no se ve.

El problema no es que se mire el detalle, sino que sólo se mire el detalle como si fuera el todo o como si ese todo fuera reconstruible desde aquél. El problema es la “forma de mirar”:

Para volver a captar el sentido del mito debemos cambiar la forma de mirar, debemos abrir el objetivo de nuestra razón para que entre más luz, no sólo la que  nosotros mismos arrojamos.

La actitud de Goñi Zubieta no es dogmática. Necesariamente ha de ser así pues el mito no tiene la estructura lógico-racional que exija una conclusión determinada. Hace llegar el autor sus interpretaciones y adaptaciones de cada mito narrado en forma de “sugerencias”. El tono de cuanto señala no pasa de ser una posibilidad de posibilidades, dejando abierta la puerta para que sea el propio lector el que, tras el mito, o tras la “sugerencia”, o tras ambos, pueda hallar su interpretación y la cercanía de lo expresado por el mito a sus circunstancias más próximas; aporta, también, la invitación a otras obras y filósofos -sin duda, dos de los más nombrados son Lipovetsky y Nietzsche-, o estudios que pueden resultar interesantes al lector.

Aunque yo me haya fijado y centrado en los marcos de pensamiento que rodean al libro, no debe pensarse que se trate de una lectura difícil, sesuda, que exija preparación filosófica o de cualquier otro tipo. La gran mayoría de mitos presentados pertenecen a lo que llamamos “cultura general”, y tan siquiera haría falta ésta para seguir el texto. Obviamente, si se conocen, la lectura puede resultar más honda y menos interferida por las “sugerencias” del autor, es decir, mucho más abierta a la interpretación y contrastación personal. Por otro lado, tampoco el lenguaje empleado complica el acceso, sino que en todo momento parece adaptarse a ese “para todos los públicos” que no es otra cosa que “para el que lo quiera leer”. Entre otras cosas, ya el mito presenta sus propias complicaciones de oráculo como para enredarlo más aún en una red oscura de pensamiento, en una reflexión ardua y difícil. Ya decía Ortega y Gasset que no es labor del filósofo escribir mal, hacerse incomprensible para lograr gran talla intelectal. Goñi Zubieta también nos da su versión:

(…) el filósofo utiliza la razón, su medio de expresión es el lenguaje, no poético, sino sometido a las rígidas reglas lingüísticas.(…) está sujeto siempre a las leyes de la inteligibilidad.

Héctor Martínez

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2 comentarios »

  1. 🙂

  2. hola corazon estube leyendo un poco y me intereso mucho…
    hector te felicito realmente bueno te mando un kis,,


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