06/05/2009

LA “ESPRESSO BOOK MACHINE” DE CHARING CROSS ROAD

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , a 11:59 por retratoliterario

Espresso Book Machine

Espresso Book Machine

En el número 100 de la larga calle Charing Cross Road, en Londres, está una de las librerías Blackwell. Empezó siendo una librería de segunda mano en Oxford hasta convertirse en una de las mayores de Inglaterra. Estos días es noticia por un singular estreno en el local citado: la instalación de la Espresso Book Machine, una imprenta instantánea de libros en tiempo récord. Ya existían las máquinas dispensadoras de libros, como el que se sacaba un refresco. Ahora, la nueva máquina imprime y encuaderna títulos, como el que pide un café. El precio está en torno a las 9£ -que se sepa de momento- y ofrece, actualmente, obras cuyos derechos de autor hayan expirado.

En realidad, no es la primera instalada, sino que desde 2007 la Espresso Book Machine empezó su andadura en Estados Unidos, en la New York Public Library’s Science, Industry, and Business Library con obras de Mark Twain, Edwin Abbott, Anderson, Blake o Dickens. También en Washington, Nueva Orleans, Manchester, San Francisco y en las univesidades de  Michigan y Alberta, en Canada. La Biblioteca de Alejandría, en Egipto, tiene la suya propia. En Inglaterra, además de la Librería Blackwell, la máquina se instaló antes para la empresa Newsstand. Es decir, ya lleva dos años funcionando con inusitado éxito entre el público.

Las ventajas son evidentes. Se apuesta, por ejemplo, por la desaparición de las listas de libros descatalogados o agotados. Permite que pequeñas librerías, las de barrio, por ejemplo, puedan competir con los grandes almacenes y tiendas online sin necesidad de disponer del enorme espacio que implica un gran fondo librero, bajo el sistema POD –Print On Demand, “impresión bajo pedido/demanda”-. Facilita la autoedición y abarata los costes para editoriales pequeñas, o facilita el surgimiento de las mismas. La impresión de las Tesis Doctorales encuentra en el invento un gran aliado, sencillo, rápido y al gusto.

Las desventajas las notarán las grandes librerías y editoriales, las imprentas y gráficas. Como suele ocurrir, si lo puede hacer uno mismo apretando unos botones, ¿por qué acudir a una empresa para que lo haga? El impacto competitivo entre un modelo de edición y otro, en el que el consumidor y cliente accede al medio de producción, puede suponer pérdidas de empleo y cierre de negocios o transformaciones por las que se adapten a la nueva invención.

Sorprenderá, sin embargo, que en plena era digital, el invento esté dirigido a sacar un libro en papel y tinta, y no en otros soportes. Algo de sentimentalismo hay en ello si pensamos, como Juan Manuel de Prada (La tabarra del libro electrónico, ABC, 04/05/09):

(…) si los libros nos gustan es, precisamente, porque ocupan lugar, porque hacen de nuestra existencia un lugar, porque son el nido en el que se empolla nuestra vida. Si dejasen de ocupar lugar dejarían de interesarnos, pues habrían perdido su condición de «abrigo del espíritu». Porque en los libros que uno ha leído se refugian los hombres que hemos sido; y cuando llega el invierno, cuando la vida nos araña de secretas melancolías, la permanencia sigilosa de los libros nos vincula con el pasado y garantiza nuestro porvenir.
(…) Todo lector verdadero sabe a lo que me refiero: basta con que tomemos en nuestras manos un libro que en algún pasaje de nuestra existencia anterior nos cautivó, para que al contacto con sus páginas amarillentas, con sus lomos abrumados de arrugas, se abra, entre las ruinas de nuestra memoria, un pasadizo de claridad que nos conduce hasta el lugar exacto de nuestro pasado en el que hiberna aquella felicidad que ya creíamos irrecuperable, aquellas zozobras e inquietudes que en otro tiempo nos ensombrecieron o exaltaron, todo un mundo de delicadezas espirituales que creíamos asfixiado bajo paletadas de olvido y que, en realidad, estaba esperando su resurrección.

A pesar de las exageraciones líricas y literarias, Prada tiene razón. El libro es un objeto, y su disfrute empieza desde el momento en el que lo sostenemos y lo abrimos en las manos, desde el instante en que depositamos los ojos sobre el papel impreso, cuando, ante nosotros, deja de ser sólo un objeto. Algo así como el cuadro pintado, colgado en una pared, en una galería o en un museo. Tiene el valor de resultado efectivo que podemos llamar nuestro, que está personalizado aún siendo un ejemplar igual a los otros cientos de la misma edición, que nos ha acompañado una tarde, en un viaje, en una espera. Hay quien los anota, los comenta en los márgenes, los subraya. Se envuelven y regalan, como un cofre que encierra todo un mundo, con sus tapas ocultadoras sin cerrojo y que abrimos con curiosidad. Precisamente por ello, siguiendo la estela de Gutenberg, la Espresso Book Machine tiene la aureola de gran invento: porque no ha abandonado las cubiertas y las páginas, porque sigue rindiendo homenaje al libro tradicional, revolucionando su elaboración como objeto con la tecnología presente.

La de Charing Cross Road es la primera que llega a Europa además de su exhibición en la London Book Fair 2009. Junto al E-Book y la Blognovela, es una demostración más de que el mundo del libro, de su escritura y edición, se encuentra en plena revolución y cambio, sin que desaparezca ese impulso primitivo, originario, artístico, del escritor de toda la vida.

Héctor Martínez.

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2 comentarios »

  1. Elora said,

    ¡Vaya, vaya…! No había oído hablar nunca de estas máquinas, pero me parece una idea de lo más interesante, y creo que puede ayudar a muchas personas, y, como todo lo que ayude a la difusión de la cultura a mi me gusta, pues bienvenida a Europa, jejeje…
    Yo he sido muchas veces “víctima” de esas listas de descatalogados que habla el artículo, y lo he pasado mal para conseguir algunos de esos libros que deseaba leer y no tenía al alcance de la mano. Ojalá llegue pronto la maquinita por aquí, y podamos darle ese uso.
    Besos.

  2. Andrea said,

    ¡ Qué optimista te veo Hector !

    Para empezar tendremos que difundir este artículo por las pequeñas librerias para que sepan que esta máquina existe. Además es un poco grande… dudo de que mi librería de barrio tenga espacio para una máquina tan grande. Al final quien va a disponer del artilugio van a ser los grandes hipermercados, que se la pueden permitir… …


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