06/09/2009

EUGENE IONESCO Y LA TRAGEDIA DEL LENGUAJE

Posted in Teatro tagged , , , a 15:08 por retratoliterario

Eugéne Ionesco

Eugéne Ionesco

Invocar a Ionesco es llamar al absurdo. Y lo absurdo no es lo ridículo, sino lo falto de armonía, como bien nos enseñan varios manuales. Pero, ¿qué quiere decir “falto de armonía”? Falto de razón, o, más específicamente, de sentido. No, no es lo rídiculo, sino algo bastante más serio: revelar sobre un escenario la ficción armoniosa de leyes que tomamos por inexorables, en las que nos consolamos y bajo las que vivimos, creando un mundo dotado de sentido y significado sin que realmente lo tenga.

Ionesco se enfrenta al pretencioso Realismo dramatúrgico, donde, precisamente se representa esa falsedad racional del sentido. Le resulta grotesca la mezcla de realidad e irrealidad, exagerados los gestos de la representación, inverosímil la obra. No hay una pureza teatral. Sin embargo, el plan de Ionesco supera la crítica del teatro y las tablas y ahonda filosóficamente en la vida humana. Y todo ello, por accidente, o por un fracaso: aprender inglés con un manual de conversación.

Su primera obra, surgida de la casualidad, La cantante calva, no es sino la transcripción casi literal -plagio dice el propio Ionesco-, del manual y las conversaciones que sostienen distintos personajes en inglés. Las grandes verdades evidentes expresadas en ingles por los Smith y los Martin, puestas una detrás de otra y subidas a un escenario, se disolvían en un sinsentido que el manual no reflejaba. ¿Qué había ocurrido? Que aquellos diálogos se habían visto descontextualizados, extraídos de las páginas de un volumen con intención didáctica y cuyo absurdo nadie advertiría según se sumergiera en el aprendizaje. Las palabras perdían su contenido, y las escenas carecían de coherencia. Los personajes ni se comportaban ni hablaban como cabría esperar dentro de esa lógica social inventada que nos envuelve y que, inconscientemente, aplicamos. El absurdo está aquí provocado por el impacto sobre el público, por no contar con su colaboración para lo verosímil en el desarrollo de la obra que, ya desde su título, La cantante calva, empiza a reflejar el sinsentido, pues no aparece ninguna “cantante calva”. Lo cual es lo primero que se preguntará cualquier espectador tras salir de la sala: ¿por qué se titula así si yo no he visto ninguna cantante y menos calva?

Ionesco asegura haber escrito “la tragedia del lenguaje”, principal herramienta del entramado lógico-racional. Esto conlleva la tragedia humana y del mundo. No es una tragedia amorosa, o una jugarreta del destino, sino la esencial tragedia y el principal drama humano: falsear de continuo la realidad que vivimos, sujeta más al azar que a la causalidad. No hay aspecto más teatral que éste y acontece en el patio de butacas en cada expresión desaprobadora y enarcado de cejas ante la representación.

Comprobaremos el mismo núcleo en La lección, donde un profesor particular se transforma en una especie de asesino en serie de alumnas ignorantes, vivaces, que acaban en la sumisión por efecto de la metamorfosis del maestro. Hay un gran poso de incomunicación en el contexto de una clase, lo cual resulta incomprensible pues, ¿dónde sino ha de primar la comunicación si no es en una lección, en una relación profesor-alumno? El apogeo de la tensión, por cierto, sexual -dominación/sumisión- surge justo cuando la clase toca el punto de la filología: la alumna ya se encuentra abotargada y ha perdido toda su energía. La lección sobre lengua es el punto y final de un completo absurdo comunicativo que tan sólo busca reflejar que el lenguaje es herramienta de poder, de violencia criminal. Nada más y nada menos que cuarenta alumnas perecen en sus manos, y todavía llega otra más al final del texto.

Tanto La cantante calva como La lección se hilan alrededor de la crítica, no sólo al realismo, sino, sobre todo, a su intención moral y didáctica y el lenguaje como elemento fundamental de una obra literaria, y más aún, en el teatro, donde el diálogo es el portador de lo que ocurre -aunque no haya realmente una acción, tal y como la concebimos, en el teatro de Ionesco-. Las dos nacen de una situación de enseñanza-aprendizaje: bien un manual de idiomas, bien una clase particular. En las dos la enseñanza fundamental es la lengua, bien iniciática en un idioma extranjero, bien una profundización filológica. La imposibilidad de comunicación deja a los personajes en una clara posición individual frente a la réplica o en una soledad entre el gentío.

Se trata de rasgos nada inocentes. Su siguiente gran obra, Las sillas, sigue la línea. Dos ancianos celebran una gran reunión de personajes invisibles para el espectador. Sólo ellos los ven, y sólo ellos los oyen. La única señal de la presencia de los invisibles son las innumerables sillas que se sacan al escenario para ofrecer asiento. Para el público, los ancianos están en soledad entre una muchedumbre de sillas vacías, encerrados en una torre dentro de un isla. Aún así, Ionesco logra por efecto de la técnica del mimo que el público crea que hay más personajes sobre el escenario. Persigue, por tanto, la colaboración de los espectadores, entre otras cosas, porque son ellos los invitados, comprendiendo antes gestos que palabras. El final trágico, que es el suicidio de los ancianos, cede en importancia a otro hecho que será el trágico: la reunión tiene el objetivo de que un Orador comunique el gran secreto para la humanidad, secreto descubierto por los ancianos. Paradójicamente, el Orador es sordomudo y únicamente puede emitir sonidos sin sentido; también analfabeto, pues no logra escribir el mensaje sobre una pizarra. La incomunicación vuelve a ser protagonista en una escena en la que simplemente queda sobre las tablas un sordomudo y un montón de sillas. Los verdaderos receptores de ese mensaje es el público de la sala, quienes, a su vez, han comprobado la sordera al no poder escuchar en ningún momento a los invitados, sino exclusivamente intuir sus diálogos por las reacciones, gestos y respuestas de los ancianos-mimos. Se pone punto y final a la obra con una representación sonora y extensa de la salida de los invitados, que no es sino la escenificación de la salida de los espectadores.

En el teatro de Ionesco caen, ante nosotros, principios que hemos tomado por verdaderos: la idea de que es posible entendernos mediante el lenguaje; la creencia de que el mundo es exactamente como lo vemos y lo expresamos; el prejuicio del sentido de la existencia como un todo armonioso y equilibrado donde todo tiene explicación racional. Al contrario, nos encontramos ante un vacío, una inexpresión y una inacción, ante una incomprensión y soledad… en definitiva, una tragedia mayor que las vicisitudes humanas de la cotidianeidad, y, sin embargo, la mayor tragedia de todas sobre la esencia del mundo del hombre: la que ejerce sobre nosotros la traidora racionalidad lingüística.

Héctor Martínez

Anuncios

3 comentarios »

  1. Marife said,

    Como dice Elora, es un excelente artículo y comunica mucho de lo que representa Ionesco. ¡Qué verdad encierra el que a veces nos queramos comunicar mediante el lenguaje y empeoremos las cosas! Pero que no decaiga y algún día lo conseguiremos.
    Muchas gracias y hasta siempre.
    Marifé

  2. deelfino gunzalez said,

    gracias y saludos

  3. Elora said,

    Un gran escritor, y un gran artículo el que nos dejas, desmenuzando a la perfección los aspectos que más nos podrían interesar.
    Siempre es un placer pasarse por aquí, y siempre me voy habiendo aprendido muchas cosas valiosas.
    Gracias por compartirlas.
    Besos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: