09/10/2009

“LA AVENTURA”, P.F.A. MARTÍNEZ MARTÍNEZ

Posted in Prosa tagged , a 11:51 por retratoliterario

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Si yo le hablo al lector de un hombre que lo deja todo, toma su lenta y frágil montura, se pone un casco ridículo en la cabeza y se dispone a recorrer varios pueblos y tierras de España a la busca de aventuras, pensará que se trata del famoso hidalgo metido a caballero andante, aquel medio cuerdo y medio loco que frisaba los cincuenta con el seso sorbido por las singulares hazañas de palmerines y amadises. Ahora bien, si el rocín flaco es una endeble motocicleta, el yelmo de Mambrino una chichonera, el hidalgo un matemático, y el camino no transcurre por La Mancha sino hacia Compostela, tendremos a un viajero de cuyo nombre nuestro autor no quiere acordarse, lanzado a la aventura sin plan, aunque con el camino definido. Estaremos ante la novela La Aventura (2002), escrito por P.F.A. Martínez Martínez, familiar mío algo lejano en lo genealógico y en lo físico, primo de mi fallecido padre y residente allá por tierras holandesas. Tuve, años atrás, su dirección y teléfono de Holanda, cuando por primera vez salí a Europa y la preocupación paterna me lo apuntó en un papel por si me viera en algún aprieto. Estrechaba su mano un año después de la edición de la novela, en el funeral en memoria de mi padre, con pleno desconocimiento de la existencia del texto. Hoy me encuentro con la novela en las manos, recién leída y hablando de ella.

Efectivamente, tiene evidentes rasgos quijotescos:

Sí, atrevimiento porque ahora, la víspera de su salida, caía en la cuenta de que iba a empezar una aventura quijotesca, sólo que casi cuatrocientos años después de la verdadera, de la famosa. Y no se trataba de proteger doncellas, enderezar entuertos, o de patear las veredas de La Mancha, sino de recorrer caminos interiores y responder a preguntas no formuladas. Ahora comprendía mejor el aliento, los arrestos de Don Quijote al cambiar el cobijo y la comodidad de su casa, la vida ordenada y la compañía que le ofrecían el ama y su sobrina, por la soledad de la estepa desierta bajo un sol de justicia, el frío de la noche, el hambre, la risa conmiserativa y las humillaciones.

Pedro Martinez

Pedro Martinez

Es un viaje, una aventura, interior y exterior. Se recorren las geografías de la tierra y del alma, se atraviesan los senderos que en Compostela atracan como caminos que llevan hacia un horizonte más inmaterial. También cierto tino noventayochista, a caballo entre la crónica y la ficción, los problemas de España, la reflexión filosófica y la que suelo llamar “metafísica” de la vida cotidiana, es decir, el misterio de las tan normales relaciones humanas. Es lógico todo ello al estar ante una obra inserta en la literatura del viaje y la aventura, eco moderno de los relatos homéricos.

No es una novelita cualquiera, de las que sirven para pasar el rato. Lo advertimos desde las primeras páginas, donde Pedro Martínez toma la iniciativa de marcar el rumbo, la directriz del tema, con una lírica y honda definición de “Aventura” que subraya y engloba las intenciones de la obra:

La aventura… punto focal donde el presente se condensa, crisol donde los futuros posibles se transforman en un solo pasado concreto. Halo de luz que ilumina lo nuevo, lo inesperado, lo no sometido al desgaste de la rutina diaria.

Estos son los arrestos de Don Quijote, su verdadera locura: enfrentarse a lo nuevo e inesperado, abandonar su tranquila y rutinaria hacienda, contando sólo con el desnudo de sí mismo, su soledad frente al entorno -al menos en la primera salida-. Es el sentido de vivir una aventura el renunciar a vivir con un futuro proyectado e indefectible, salir del seguro refugio donde todo es esperable, el sentir a flor de piel el presente que nos cruza, que de punto pasa a extenderse con sorpresas en cada rincón. Éste es el trayecto del anónimo viajero sobre su motocicleta, termine o no en Compostela.

¿Serían suficientes las tres semanas de vacaciones que tenía reservadas? Si todo salía a pedir de boca, sí. Pero entonces apenas quedaba tiempo para las ciudades, para la aventura. ¿Es que llegar a Compostela seguía siendo lo principal? El viajero no lo sabía. En realidad, ¿qué es Compostela? ¿Es solamente una ciudad de granito gris, allá en la brumosa Galicia o es un ideal que el iniciado puede encontrar en cualquier colina, en cualquier recodo del camino? Compostela lejana, ¿es que llegaré a ver alguna vez la silueta de tus torres?

La “metafísica” de la vida cotidiana se escenifica, sobre todo, con las vacaciones de una pareja de matrimonios belgas como segunda acción que, a su vez, se divide en otras dos acciones más -una por pareja-. Riñas, feminidad, engaños e incluso una buena dosis de erotismo y sexualidad, de infidelidad concertada, bien llevados y trabados, aderezan la novela alternando con la historia del anónimo y peregrino viajante, con sus peligrosas vicisitudes y reflexiones. El contraste moral creado, entre virutd y vicio, por efecto de la suspensión de la vida cotidiana mediante la aventura, consiente que el lector juzgue las actitudes e incluso se mire en el espejo. Dicho con más llaneza, ¿por qué estando de vacaciones, en tantas ocasiones cambiamos nuestro comportamiento o nos desinhibimos de quienes somos o lo que habitualmente hacemos? ¿Por qué al abandonar temporalente la rutina y el espacio en el que solemos vivir, abandonamos también los criterios de entonces por otros? Ello sin entrar en el debate maniqueo del bien y el mal, sino, más bien, en la liberación de los grilletes que con la cotidianeidad nos imponemos. Advirtamos también que el anónimo viajero, el peregrino quijotesco, de igual modo se ve inmerso en actos de los que no valora su corrección, sino su novedad, verdadero beneficio que recibe a cambio de participar en ellos.

En tercera persona, la novela mantiene un ritmo narrativo regular, sin excesivos altibajos que la aceleren o refrenen -exceptuando algunas partes de acción, más rápidas-, dentro de una combinación de registros culto y coloquial, técnico en ocasiones, relajado y más próximo al intercambio oral en otras, especialmente en los diálogos, con gran riqueza de vocabulario. En el caso de los matrimonios belgas, llama la atención que el autor empleé el error gramatical para reflejar que se trata de personas que no conocen bien la lengua española. Abunda la descripción, en planos generales la mayoría de las veces, sobre todo paisajes naturales, focalizando detalles concretos que quieren ser resaltados, por ejemplo, al tratar cada uno de los templos que en el Camino de Santiago vamos recorriendo. Junto a ello, son de subrayar las introspecciones, el detenimiento en pensamientos, varios al modo de monólogos interiores, que en todo momento sostienen la coherencia de las reacciones y de las relaciones de los personajes, y por lo que nos mantenemos informados en todo momento del mundo psicológico de cada uno. Introspecciones que también realiza el narrador con digresiones reflexivas y opinativas sobre acontecimientos y temas de muy diversa índole, vitales y existenciales, sociológicos y antropológicos, ahondados en la última parte del libro:

El problema de cumplir un programa es que, cumplido, hay que encontrar otro o inventarse otro porque, si no, nos quedamos con las manos vacías y la vida parece inútil (pero… entonces, ¿es que la vida consiste solamente en “hacer”…? ¿Dónde quedó la alegría de existir por existir, la alegría de estar vivo? ¿Esa alegría básica, elemental, tan visible en los animales, en las sociedades humanas que viven en mucho peores condiciones económicas que nosotros?)

Es posible que el lector tenga la tentación de querer más libros de Pedro Martínez. Será una tentación sana, a la que quiero aconsejar: tenga cuidado para que no le ocurra como en la anécdota le pasó a aquella reina que leyó la Alicia de Lewis Carroll y pidió todas las obras del autor recibiendo acto seguido un Compendio de Geometría. Y es que Pedro Martínez es médico y lo mismo se sorprende el lector al encontrarse con un Tratado sobre Anatomía del Sistema Nervioso –Neuroanatomie (1983)-, sin duda otra gran aventura, para la que no todos estaríamos preparados.

Héctor Martínez

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1 comentario »

  1. Yareah magazine/noviembre: Don Quijote cabalga de nuevo…

    Héctor Martínez Sanz nos habla del libro “La Aventura” de P.F.A. Martínez Martínez: “Si yo le hablo al lector de un hombre que lo deja todo, toma su lenta y frágil montura, se pone un casco ridículo en la cabeza y se dispone a recorre…


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