21/12/2009

GIORGIO COLLI: FILOSOFÍA COMO LITERATURA (II PARTE)

Posted in Ensayo tagged , , , , , a 20:03 por retratoliterario

G. Colli

Al comienzo, Giorgio Colli se preguntaba cómo era posible que hubiera sucedido tal degradación de la dialéctica. Ahora ya sabemos a qué se refería: al fracaso del logos, de la razón, convertida en el sistematismo falto de seriedad, en escritura y literatura, que supone arbitrariedad y tiranía. Sin embargo, Giorgio Colli no sanciona en general el logos. Entiende que se trata de una desviación teorética, de una mala elección del camino del conocimiento. ¿Cómo sucede esta desviación?

Giorgio Colli nos habla de la Grecia arcaica, la de los sabios, como aquélla en la que el conocimiento era cuestión de vida o muerte. Delfos y el Oráculo, la Esfinge de Tebas, son ejemplos de cómo la expresión exacta de un obstáculo era el “enigma” y cómo su enfrentamiento puede llegar a ser tema mortal. Colli encuentra en ello la carga de crueldad y hostilidad propia de los dioses griegos, y en especial de Apolo. El conocimiento, en cierta manera, a través del enigma se ve impulsado por el reto divino a resolverlo. Igualmente, el conocimiento al acudir a consultar al Oráculo nunca es claro, sino expresado en mensajes herméticos y oscuros que exigen de una interpretación y un esfuerzo nada comunes.

La dialéctica nace en el terreno del agonismo. Cuando el fondo religioso se ha alejado y el impulso cognoscitivo ya no necesita el estímulo de un desafío del dios, cuando una porfía entre hombres ya no requiere que estos sean adivinos, entonces hace su aparición un agonismo exclusivamente humano. Un hombre desafía a otro hombre a que le responda con relación a un contenido cognoscitivo cualquiera: discutiendo sobre esa respuesta se verá cuál de los dos hombres posee un conocimiento más fuerte.

El nacimiento de la filosofía

Eliminada la interferencia de los dioses, de los que Platón aseguraba que no filosofan porque son sabios, el único ante el que un hombre puede medir sus fuerzas cognoscitivas es otro hombre. Aquí la dialéctica, el diálogo oral o arte de discutir, instaura el ejercicio del logos como razón general que sigue los principios de la lógica deductiva. Ahora bien, aunque en un combate dialéctico, el interrogado no se juega la vida como lo haría ante el enigma del dios, enigma y dialéctica guardan una estrecha relación de forma y contenido. Por un lado, Colli muestra que el mismo término “problema” sirvió para designar el enigma y, posteriormente, la formulación de una investigación en la dialéctica, es decir, la proposición de una interrogación. Por otro, la enunciación del antiguo enigma portaba en su seno la contradicción, tal y como la pregunta dialéctica inicial ofrece los dos extremos de una contradicción. En un tercer aspecto, aunque en la lucha dialéctica el interrogado tiene la opción de elegir su tesis e incluso defenderla respondiendo al interrogador, frente al enigma que era cuestión de resolverlo o callar –vida- y fallar –muerte-, en ambos casos el interrogado tiene pocas posibilidades de éxito.

El interrogante, que representa la parte del dios, de Apolo burlón y maligno, dirigiendo la discusión, no hace más que retrasar y posponer la victoria (…) La dialéctica es un rito: al final quien responde sucumbe, está destinado a sucumbir, como una víctima.

Después de Nietzsche

El objetivo del interrogador no es sino refutar la tesis que elija el interrogado en la pregunta inicial, sea cual sea de las dos opciones contradictorias. Sólo podrá resultar vencedor el interrogado por defecto mismo del interrogador, por error y falta de pericia dialéctica. En otras palabras, esta dialéctica griega no se usaba para construir un conocimiento, sino para destruir cualquier tesis. Por último, si bien es cierto que enfrentando el enigma se ponía la vida en juego y que la batalla dialéctica no es tan trágicamente decisiva, sí es de señalar que la derrota dentro de una discusión, por lo general con un público escogido, humillaba al vencido de forma insufrible.

Con esta descripción, Giorgio Colli logra dos objetivos: interconectar la era de los sabios, mística y religiosa, caracterizada por el enigma, con la dialéctica, desmontando el tópico filosófico que las opone y sucede una a otra bruscamente; y el segundo objetivo, resaltar el carácter destructivo de una razón configurada por la dialéctica. Ni es cierto que la era del logos dialéctico se contrapone a la época arcaica del mythos y la tragedia, sino, en todo caso, descendiente del antiguo enigma, ni puede mirarse a la dialéctica griega como un sistema de universales que configuran y construyen el conocimiento. En cuanto a ese “paso del mythos al logos” Aristóteles mismo nos retrotrae hasta Zenón de Elea como inventor del método dialéctico, de donde Colli desprende la posibilidad de aceptar a Parménides como primer dialéctico en tanto que maestro de aquél, o incluso trasladar el origen más atrás en el tiempo. De este modo, mythos y logos, enigma y dialéctica, abismo e investigación habrían convivido entre los sabios. Y, bien mirado, aunque la lucha dialéctica animara la elevación abstracta de los universales y se rigiera por la lógica deductiva, no es posible asimilarla al ejercicio dialéctico moderno de los grandes sistemas filosóficos. La dialéctica griega no creaba un conocimiento y un cuerpo doctrinal, sino que era la simple lid de la razón humana en movimiento, viva en la discusión.

Las consecuencias de este mecanismo son devastadoras. Cualquier juicio, en cuya verdad crea el hombre, puede refutarse. (…) toda la dialéctica considera indiscutible el principio de tercero excluso (…) Tal imposibilidad significa que ni una ni otra proposición indican algo real, ni siquiera un objeto pensable. Y, dado que ningún juicio y ningún objeto escapan a la esfera dialéctica, de ello se sigue que cualquier doctrina, cualquier proposición científica, perteneciente a una ciencia pura o una ciencia experimental, estará igualmente expuesta a la destrucción.

El nacimiento de la filosofía

También leemos en Filosofía de la expresión:

Un fenómeno este multiforme y prolongado de ejercitación con los universales, las palabras, los discursos, las objeciones, las argumentaciones, hasta la nivelación de posiciones –mediante el enfrentamiento vio de hombres que discuten-, la sublimación de las categorías, el aniquilamiento, en la disputa, de todo tipo de tesis y pruebas, mediante un paso de la constricción a al dominación –todo esto ha sido hecho en Grecia y ha recibido el nombre de dialéctica.

Según Giorgio Colli, Parménides y Zenón de Elea son los últimos dialécticos sabios ante la aparición del último sabio, ya no dialéctico, sino retórico: Gorgias. Parménides obligaba a seguir la senda del ser y prohibía la entrada al reino del no-ser; Zenón de Elea, discípulo desobediente, transitó ese otro reino mostrando la ilusión y apariencia del mundo que ven los hombres, su mero reflejo del mundo de los dioses. Todavía la dialéctica era trasunto de elegidos, de grupos reducidos, y del discurrir dialógico y conversacional. Abandonado el logos que expresaba el impulso religioso, pasó a entenderse el logos como el discurso autónomo e independiente, destructivo, que nada real señalaba. Con Gorgias, el salto a la plaza pública, la supresión del diálogo por el par orador-público y la introducción del factor de la persuasión, que hace indispensable el voto y la aclamación de la concurrencia que escucha, terminan por darle la vuelta al logos. Compradas, dialéctica y retórica:

La retórica es también un fenómeno esencialmente oral, si bien en ella ya no hay una colectividad que discute, sino uno solo que se adelanta a hablar, mientras que los otros escuchan. La retórica es igualmente agonística, pero de forma más indirecta (…) en el discurso retórico el orador lucha para subyugar a la masa de sus oyentes. (…) En la dialéctica se luchaba por la sabiduría; en la retórica se lucha por una sabiduría dirigida al poder. (…) el contenido de la dialéctica, que en su período más refinado se había volatilizado gradualmente hasta las categorías más abstractas (…) ahora con la retórica regresa a la esfera individual, corpórea, de las pasiones humanas, de los intereses políticos.

El nacimiento de la filosofía

La retórica desvirtúa lo esencial de la dialéctica: nos devuelve a lo particular e individual, al cuerpo y la materia sensible, invirtiendo las elevaciones de universales anteriores a descensos aproximativos que ejerzan el poder persuasivo sobre el público. Aquí ya no hay verdad y se radicaliza la inefabilidad, incognoscibilidad y la inexistencia de todo lo real y de todo lo divino. Si en la dialéctica se podía destruir la tesis elegida de dos contrapuestas, en la retórica, aunque se pueda, ni siquiera es necesario: no hace falta vencer al adversario en combate directo, sino convencer al público que media en la lucha con la lógica deductiva, aunque las más de las veces sea por la persuasión. Como sostiene Giorgio Colli, el nacimiento de la retórica no acontece sino con la vulgarización del lenguaje dialéctico.

Ahora bien, hay un hecho sobre el que especialmente quiere Colli que nos fijemos: la escritura, precisamente, asociada al fenómeno retórico. Sobre todo en la retórica, la escritura se convierte en una gran aliada, aunque mantiene su rango de herramienta, de útil, pues el discurso sigue siendo oral. Aún no tiene el sentido literario que le atribuirá Platón. La escritura sirve como medio mnemotécnico para el retórico, de entrenamiento: se escribe el discurso y se aprende de memoria evitando cualquier lugar a la improvisación.

Por regla general es un simple medio mnemotécnico, sin que le afecte una consideración intrínseca. Eso es aplicable también a la retórica, que hasta podría parecer ligada a la escritura desde el principio. (…) Los oradores escribían sus discursos y después los aprendían de memoria, una vez que los habían transformado en expresión plástica. (…) no podía confiarse en la improvisación, si se quería alcanzar la excelencia del arte y se deseaba predisponer del modo más eficaz a la excitación de la emoción del público.

El nacimiento de la filosofía

¿Qué impide que esta herramienta mnemotécnica cobre más valor y autonomía y termine por sustituir a la oralidad? Nada en absoluto. Es más, la unión de escritura y retórica, a pesar de ser una unión incidental, resulta crucial para el nacimiento del género literario de la filosofía. Con ello, hemos trazado el camino desde el viejo enigma cruel y mortal de la Esfinge, pasando por la dialéctica y la retórica, hasta la literatura filosófica.

La “filosofía” surge de una disposición retórica acompañada de un adiestramiento dialéctico, de un estímulo agonístico incierto sobre la dirección que tomar, de la primera aparición de una fractura interior en el hombre de pensamiento, en que se insinúa la ambición veleidosa al poder mundano, y, por último, de un talento artístico de alto nivel, que se descarga desviándose, tumultuoso y arrogante, hacia la invención de un nuevo género literario.

El nacimiento de la filosofía

¿Cuál es el talento artístico del pensador moderno, del filósofo que escribe? La dramaturgia: debe ser capaz de recrear sobre el papel el escenario y acciones propias de la dialéctica sacándolo todo de la imaginación. Es comprensible que Colli piense más en el teatro al estar éste constituido, como la dialéctica-retórica, por gesto y diálogo casi en exclusividad. De este modo:

Dado que carece de interlocutores, deberá construírselos. Le es indispensable, pues, poseer también cierto talento artístico, ser un creador dramático, capaz de inventarse los personajes que le puedan rebatir, y un autor auténtico, capaz de ensimismarse en las voces que le contradigan.

Después de Nietzsche

Héctor Martínez

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