28/12/2009

GIORGIO COLLI: FILOSOFÍA COMO LITERATURA (III/FIN PARTE)

Posted in Ensayo tagged , , , , , a 21:47 por retratoliterario

El filósofo está degradado frente a la Sabio, la filosofía frente a la Sabiduría. La posterior perversión de la dialéctica en literatura supone la separación total del filósofo de la experiencia viviente, la cual se ve magníficamente sustituida por la experiencia libresca. Ahí busca el filósofo reenganchar con una tradición sobre la que poder elevarse como punto culminante, máximo. Y si no la encuentra, se la inventa.

Tras los tapices raídos y los espejos vetustos de la sutileza, los males de la filosofía no tienen remedio. (…) se trata únicamente de llamar la atención sobre un lazareto contaminado de horribles morbos, donde ya es imposible practicar curas, sólo queda evacuarlo y quemarlo. (…) ¿Cuál es el destino de un filósofo hoy, como ayer, como hace muchos siglos? (…) tiene que renunciar a la experiencia viviente (…); acepta una “moral provisional”, vive de oídas, cree que la vida es lo que está escrito en los libros. (…) Pero el filósofo es arrogante, y si a través de los libros que lee no descubre una tradición (…), pues se inventa una.

El nacimiento de la filosofía

La originalidad, la polémica sofística son los tesoros del filósofo al construir su sistema. Ignora la historia aunque dice venerarla, porque no quiere ser visto como otra cosa que el único, buscando su propia diferencia y distinción respecto de todo lo demás.

Fuera de su círculo canónico, no se preocupa en absoluto de comprender a los demás, próximos o lejanos; por otra parte, no es agradecido hacia sus llamados predecesores, como tampoco se preocupará, una vez afirmado, de hallar discípulos que le comprendan. Se arroja con gran placer en las polémicas más mezquinas, combatiendo las palabras de los demás, que en cambio no las habían entendido como él. (…) Precisamente los que se esfuerzan por encima de todo en empezar desde el principio, y en no tener nada en común con los demás filósofos, o al menos en procurar que lo parezca, son los que proclaman la veneración de la historia. (…) El desorden racional es completo: los que construyen sistemas filosóficos no se preocupan en establecer los cimientos.

El nacimiento de la filosofía

La principal aliada en formar la mediocridad del sistematismo filosófico es la razón. Con ella, y con la palabra escrita en los libros es posible obrar el milagro de congelar el ritmo de la realidad y reconstruirla de página en página aprovechando el recurso racional de la necesidad causal que establecemos entre los objetos de la realidad. Nada más paradójico entonces que estar ante una falsa creación que se toma por verdad, construida por aquellos que más desprecian la realidad al sentirse impotentes ante ella y su movimiento. Los filósofos sistemáticos y más amantes del concepto que de la sabiduría emplean la razón, no para comprender, sino para alzarse sobre su descripción sólida de la realidad.

La razón es una tendencia plástica que tiende a inmovilizar la realidad, a detenerla, a construir algo sólido e inmutable, a modelar y configurar lo magmático.

El nacimiento de la filosofía

Para Giorgio Colli es imprescindible la expulsión de la necesidad causal, a la que llega a calificar de espectro, buitre y sanguijuela, y en la que encuentra una fuerte oposición al hecho mismo de la vida. Es en la Necesidad donde los filósofos se han extraviado. Primero es la detención de la realidad, su inmovilización, por medio del Universal. Después, la detención del Universal por medio de la palabra. Por último, Universal y Palabra se convierten en los objetos propios de la Necesidad con la se constriñe absolutamente todo.

Es lo necesario lo que restringe a los universales, los traba entre sí, y las palabras se unen en el discurso bajo la disciplina de la necesidad: éste es el esclarecimiento abstracto y expresivo de la violencia que reside en lo inmediato. Lo necesario unido a sus objetos, los universales y las palabras, es el “logos”, el discurso y la razón, la constricción en carne y hueso.

Filosofía de la expresión

Lo que surge de la necesidad causal es el esfuerzo por unir la expresión lingüística de los Universales, las Palabras, y conformar discursos, construcciones, sistemas. No existe un verdadero intento de recuperar la inmediatez, lo oculto e inefable del contacto. El filósofo ha desembocado en la mediocridad sistemática, que sólo busca los vínculos y las leyes que le permitan ir enlazando las abstracciones creadas, las expresiones de otras expresiones, frente a un “sabio” –en el sentido platónico antes visto- como Heráclito:

Heráclito ha descarnado y afinado él solo sus universales: la ley de sus vínculos no le interesa, no forma parte de su “logos”. La demostración no forma parte de él, su “discurso” está hecho de relámpagos, que no precisan ser relacionados. Su intento es recuperar la inmediatez (…) Él se aleja tanto como puede de la inmediatez, volviéndose hacia el extremo opuesto, hacia las abstracciones más desnudas, y por medio de ellas, anudadas entre sí por un juego expresivo oracular, recupera de un salto la profundidad de la que había partido. Su “discurso” adopta por tanto la forma de los enigmas.

Filosofía de la expresión

Heráclito ignora la Necesidad. Y la filosofía debería expulsarla también. Tal expulsión es todavía una esperanza siempre y cuando se pueda terminar definitivamente con la pretensión ingenua e ilustrada de una razón todopoderosa, capaz de explicar cuanto acontece y sucede a través de la necesidad. Es el error del filósofo, es su miseria, persistir atado y encadenado a las sutilezas racionales de la causalidad, a su mágico y falso poder especulativo con el que interconecta la totalidad de la forma arbitraria que vimos antes, interrumpiendo el flujo mismo de la vida.

Expulsar de nuestro cielo las nubes de la necesidad: ésta es una esperanza que perdura. La fe en la realidad del tiempo, en la supremacía de la razón, ha devastado nuestra vida, pero tiempo y razón tienen una matriz común: la necesidad. (…) La necesidad no puede dominar impunemente; su triunfo, caso de ser posible, sofocaría la propia vida.

Después de Nietzsche

Cuando el encadenamiento causal provocado por la Necesidad llega a la escritura, a la arbitrariedad sistemática y escrita, la falsificación que supone, da el paso culminante hacia la falsificación literaria. Recogiendo el sentido platónico que vimos al comienzo:

La literatura, a través del instrumento de la palabra escrita, es la ficción de decir algo a alguien que no escucha, que no existe. Todo el mundo de los libros se resiente de esta mentira. El texto de un filósofo no puede contener la verdad: el filósofo finge únicamente decirla, pero ni una sola vez resuena, ni un solo oído oye, ni una sola mirada recibe la vida.

Después de Nietzsche

En el infructuoso intento por atrapar lo inmediato, esto es, lo efímero, por tratar de mantener un “contacto” con la realidad que “ama ocultarse” y, por ello mismo, que se vuelve sólo expresable por medio del enigma, la palabra se muestra como algo absolutamente impropio. Pero, aún más impropio resulta la palabra escrita como red de pescador que haga duradero lo efímero e inmediato del contacto inefable. La palabra escrita por medio de la cual surge la literatura filosófica no trae nuevas dimensiones al mero sonido de la palabra hablada del orador, o de la anterior disputa dialéctica. Pasa de mero recurso mnemotécnico de los retóricos a ser herramienta del logos, expresión lingüística gráfica del mismo, un sustituto, sucedáneo defectuoso de aquél. Paso del sonido a la escritura sin que surja una mejora, un salto cualitativo, sino una continuación de la degradación del logos. Un último paso en toda esta decadencia consistirá en ver como el propio logos es eliminado en la tradición literaria creada: la inmersión total en la ficción dramática. Dicho de otro modo, la filosofía como literatura no puede pretender la verdad si se fundamenta sobre la ficción. La miseria del filósofo metamorfosea en la miseria del homo scribens, declaración fatal para la filosofía, aunque puerta abierta para el retorno a la época de los “Sophos”.

Mientras para el arte, que es igualmente mentira, no comporta ningún perjuicio, para la filosofía en cambio este conocimiento es devastador. (…) lo que estaba en lugar de la filosofía, antes de que intervinieran la retórica y la literatura, no era mentirosa. Pero la filosofía es escritura, y toda escritura es falsificación. (…) La filosofía está desenmascarada para siempre, y el arma más terrible, la indiferencia, se alzará contra los falsarios que se aventuren a proseguirla. Pero la muerte de la filosofía, precisamente en cuanto se hace evidente su naturaleza mendaz y la causa de dicha naturaleza, deja el camino abierto a la sabiduría.

Después de Nietzsche

Héctor Martínez

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