04/12/2010

ENTRE ERAN EISEN Y NOSOTROS

Posted in Poesía tagged , , , a 14:13 por retratoliterario

En el año 2000 apareció el poemario “Entre nosotros”, escrito por Eran Eisen, un ensayo biográfico en verso sobre la experiencia amorosa. Leí varios de los poemas en la Revista Niram Art (núm. 15-16), nueve años después de su publicación. Más que nunca encontré en él una precisión en la expresión y en el uso del lenguaje, tras años de lecturas. Eran Eisen ejemplifica con su poesía la perenne batalla del poeta con la palabra, la riña entre emoción y razón. Y no es casual. Verán por qué.

Eisen es un verdadero estratega de la escritura. En “Present You” encontré un texto titulado “Business writting” en el que, pedagógicamente, nos instruye sobre el uso de la expresión y el lenguaje para la consecución de nuestros objetivos. Allí se comprende que la escritura puede ser una herramienta eficaz cuando se domina.

Consecuencia de la capacidad de escribir es el expresar al cien por ciento el sentido real de la voluntad.

Efectivamente, la voluntad no es más que el impulso y la intención, y es necesario saber explicitar su sentido por medio del lenguaje. La voluntad es el “querer algo”, pero, como acostumbro a decir, esto no implica “poder” simplemente por quererlo. Debemos poner de nuestra parte cuanto haga falta. Al caso, para presentarnos, el lenguaje se vuelve esencial –más aún cuando esta presentación se hace por escrito-. Pero, ¿cómo se expresa ese sentido de la voluntad?

Debemos “sentir” las palabras escritas a través de sus tres valores “dirección”, “fuerza” y “sentido”, y colocarlos en el orden correcto.

No sirve cualquier palabra, porque cada una tiene su peculiaridad. También es importante su orden, pues podemos alterar lo que nuestra voluntad alberga. Es fundamental que en nuestra escritura, los valores de las palabras se complementen y no se anulen, que “dirección”, “fuerza” y “sentido” se apoyen unos en otros de vocablo en vocablo. La “dirección” permite expandirnos o contraernos en las palabras a través de cargas positivas o negativas; la “fuerza” es la potencia de la palabra, potencia que tenemos que saber equilibrar y moderar para no descompensar el texto y no entorpecer nuestra expansión por resultar, quizás, demasiado agresivos; por último, “el sentido” o significado es la identidad de la palabra con su lexema, con su raíz y su origen, el cual es crucial conocer para estar seguros de que el mensaje se transmite con éxito y no hay lugar a malentendidos, teniendo en cuenta que el orden de las palabras altera el resultado. Por ejemplo, no es lo mismo un adjetivo antepuesto que pospuesto, en el conocido caso de “pobre hombre” y “hombre pobre”.

Cuando existe este equilibrio en el escrito, lo estamos dotando de precisión, claridad, legibilidad y brevedad. No interesa escribir vagamente, ni difuminarnos en la palabra, no queremos que sea difícil la lectura o prolongarla más de la cuenta. Nos adecuamos a nuestro receptor. Estamos proporcionando una información sobre nosotros, y esta debe llegar directa y sencillamente, sin interferencias semánticas, sintácticas ni morfológicas, sin incorrecciones ni dificultades. Nuestro fin es la objetividad.

Pues bien, tomé los consejos prácticos de “Business writting” (que como profesor de lengua conocía) y los coloqué como lente con la que mirar aquellos poemas de “Entre nosotros”, donde un yo-poético se presentaba ante mí. El resultado del experimento fue clarificador del estilo con que Eran Eisen versificaba.

El primer aspecto llamativo era la ausencia de adjetivación y la fuerte presencia de verbos y pronombres. Quienes conozcan los manifiestos futuristas – entre ellos, el Manifiesto para la literatura- sabrán que, precisamente de este modo, desarrollaban su estética destructiva de la sintaxis. En los poemas de Eisen la sintaxis desaparece porque es la palabra la que lleva en sí misma esa dirección, fuerza y sentido. Así ocurre con los verbos que son los indicadores de la acción, el estado y el proceso. Lo vemos, por ejemplo, en Despertando: “Cuando partí / Estabas durmiendo / Cuando paseaba / Estabas soñando / Cuando volví a casa / Te despertaste / Dentro de mí.”. Aunque es muchísimo más notorio en el poema Pasión: “Torcer / Aplastar / Romper / Morder / Controlar / Tú das”. Del mismo modo, encontrarnos iguales rasgos en los poemas Porteros y San Francisco. Sin embargo, en los poemas dedicados a Nueva York –New York y Noche de New York-, lo ausente son, al contrario, los verbos. En estos poemas toda la carga recae, principalmente, sobre los sustantivos que entretejen la imagen como núcleos que rellenan por sí solos el verso.

Por otro lado, junto a la precisión y claridad conseguida con el protagonismo de unas u otras categorías gramaticales, descubrimos la brevedad del verso y del poema. Se vuelven dardos directos, sin curva, sin escarceos por donde perdernos.

Si miramos por separado cada poema, aparecen ante nosotros otras características que pasan desapercibidas al lector. Estoy refiriéndome al cuidado del ritmo por medio de paralelismos y recurrencias, como podemos observar en Despertando –ya citado anteriormente-. También destacan continuas contraposiciones paradójicas, certeras en su conjunción. Miremos el poema San Francisco –“sentado / furioso”-, el poema Mensajes –“Madrugada… / casi mediodía”, donde los puntos suspensivos y la contraposición suprimen y dan a entender el paso del tiempo entre dos versos y tres simples palabras-, el poema Dónde estás –“Llamándote / no hay ninguna respuesta / Gritando tu nombre / Silencio”, manteniendo la tensión en armonía y equilibrio para terminar con preguntas sin respuesta-, en Porteros –“Ellos abren / cierran- o por último, Nueva York –“Anda… no andes…”-.

Especialmente curiosos me han parecido los poemas New York y Noche en New York. En el primero, junto a la contraposición de términos comentada, nos encontramos ante una ambigüedad interpretativa. Veámoslo completo:

Inquietante lluvia
El amarillo controla el tráfico
Anda…No andes…
Segunda Avenida
En el centro de la ciudad un café
En un rincón
Personas en movimiento
Con un paraguas.

Las preguntas de todo lector: ¿quién está en el centro de la ciudad y quién en un rincón? ¿El café o las personas en movimiento? En este caso observamos que el orden de las palabras es fundamental: rápidamente entendemos que las “personas en movimiento” están en el centro de la ciudad, y que el café se toma “en un rincón”, donde es imposible el movimiento. Ahora bien, el café y las personas en movimiento, el centro de la ciudad y el rincón, han de ser simultáneos, y esta simultaneidad está magníficamente expresada sin palabras, sino exclusivamente alterando el orden de las presentes, justas y necesarias.

Basta, del mismo modo, en Noche en New York, la disposición de elementos para darnos la sensación de descenso a través de una línea lógica:

Este
y
Oeste
Quince pisos
La Quinta Avenida
Noche
Madrugada
Cepillo de dientes
Sol
Taxi amarillo
Hacia la primera
Avenida.

Descendemos del quinto piso a la calle, de la Quinta a la Primera Avenida, vamos del Este al Oeste, pasamos de la Noche a la Madrugada, descendemos del Sol hasta el Taxi con el color amarillo tan típico. Percibimos acción y movimiento sin verbos, sólo hay un adjetivo y además, en Nueva York, es epíteto. Todo lo demás, nombres. Sin embargo, reconstruimos la historia de un hombre que vive en un quinto piso de la Quinta Avenida de Nueva York, que ha pasado la noche en vela y que en la madrugada, se arregla, se ducha, se lava los dientes mientras el sol ya sale por el horizonte, momento en el que toma un taxi para dirigirse a la Primera Avenida. ¿Acaso no se muestra Eisen preciso y exacto? ¿Es asunto de magia que entendamos esto sin leer ningún verbo? Basta la palabra “Noche” para saber que no ha dormido, porque la nombra. Nadie que duerma bien, nombra a la noche. Quizás no se ha dormido por otras razones, pero al poeta no le interesa que las conozcamos. El tema es cotidiano. El mensaje es directo, preciso, claro, breve… y a todos llega… de forma lírica.

No es la poesía un “Business Writting” -¿o sí?- pero el poeta se retrata. Y si bien Ortega y Gasset defendía que no es oficio del filósofo escribir mal, para que no se le entienda, podríamos decir que tampoco es labor del poeta hacerse incomprensible. Eran Eisen quiere ser entendido. El poeta no debe poner trabas por excesos barrocos de decoración, de horror vacui, exageraciones por esteticismo. Lo que prima es comunicarse, porque la lengua, oral o escrita, para Eisen es comunicación con el otro. La valentía es mostrarse, el valor literario es enseñarse y no ocultarse en enrevesados usos de la lengua. Eran Eisen, está entre nosotros con su palabra.

Héctor Martínez

Anuncios

1 comentario »

  1. […] Publication in “Retrato Literario” here […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: