10/05/2013

“MISIÓN 109, LA TRAGEDIA DEL LADY BE GOOD” POR HÉCTOR MARTÍNEZ SANZ

Posted in Prosa tagged , , , , , , , a 15:49 por retratoliterario

«El desierto es en realidad un espacio sin tiempo, un lugar eterno donde las cosas perseveran en su ser menos la vida, que es tiempo; nada dentro es más viejo que el inmenso reloj de arena al que nadie da la vuelta»

“Misión 109, La Tragedia del LBG” (2013 / KINDLE 2015), escrita por el madrileño Héctor Martínez Sanz, es desde una perspectiva amplia, un tratado sobre el hombre, perdido, desorientado, vital y moralmente, frente a la cara más severa de la naturaleza, el desierto, y sus creencias más íntimas, la religión. La historia es real, y sobre ella, el novelista ha superpuesto un análisis filosófico extremo.

El bombardero Lady Be Good desapareció en 1943, mientras realizaba la Misión 109, un ataque al puerto de Nápoles desde las bases del Norte de África. Se dio por desaparecida y por muerta en combate a su tripulación sin haber hallado ningún rastro de ellos o del avión. No se volvió a saber nada hasta que, por casualidad, geólogos británicos dieron con la aguja en el vasto pajar del desierto. Aunque tarde, se iniciaron nuevas labores de búsqueda e investigación sobre lo sucedido, revelando una trágica historia que hubo de conmover al mundo entero.

El tiempo es un elemento fundamental en “Misión 109”, estructuralmente pensado como desde el punto de vista del argumento. El autor simultanea la semana de los tripulantes en el desierto, descrita día a día de mañana a noche, con los años del hallazgo e investigación. Contrasta el lento sucederse de la semana con la rapidez con que pasan los meses y años entre 1958 y 1960. Primeramente intercalados en capítulos como épocas diferentes, ambos tiempos convergen en un único punto atemporal, como si el transcurrir se detuviese. El pasado dialoga con su futuro a través de los diarios de la tripulación, los restos del Lady Be Good y los objetos que inertes han quedado a la espera de otros hombres como cápsulas del tiempo.

Por su parte, el espacio es único: el desierto. Aprovecha en este aspecto el novelista toda la carga psicológica, simbólica y mística que un lugar así ofrece. Desde la Biblia hasta la literatura, la novela va extrayendo el valor alegórico del inhóspito lugar como escenario de la lucha vital y esfera de la conciencia existencial, y a través del cual nos introducimos en las interioridades de los personajes, donde realmente se desarrolla toda acción. Es habitual oír decir que el desierto invita a mirarse a uno mismo. Además, es el desierto la puerta de entrada del demonio, príncipe del de ese lugar, su reino. También aquí desarrolla el autor una simetría convergente, una paulatina identificación entre el Sáhara y la tripulación por medio de los singulares “Hombres de Arena”—que toma desde la versión de E.T.A. Hoffman— cuya presencia se advierte desde el comienzo y es anunciadora del conocido final.

De esta manera, la dimensión espacio-temporal cobra un significado menos terrenal y se convierte en un medio de elevar la historia al nivel de tragedia en su sentido griego, sin sustraer ni jugar con el lector acerca de la conclusión.

Entre los personajes, destacan sobre todo dos: el Teniente William J. Hatton y el Capitán Myron C. Fuller. El primero parece ser el centro de los acontecimientos: su inicial frustración por no entrar en guerra, su resolución y disciplina movida por cierto complejo frente a su co-piloto, al que considera más capaz de capitanear el avión, la carga de responsabilidad sobre sus hombres, su esposa y su familia, que se echa a las espaldas ante el trágico destino que les acecha en el desierto…, Hatton es la cara existencial. Fuller, evoluciona como conciencia, como el hombre que recibe y transmite la advertencia, desde una primera actitud de rutina frente a la investigación hasta una absoluta inmersión en el padecimiento de la tripulación.

Más allá de los dos mencionados, hay que subrayar las presencias divina y diabólica como fuerzas enfrentadas que superan al hombre, y cuya acción, tan enigmática como calculada, es definitiva para el desenlace. La continua labor del demonio a lo largo de la historia se contrarresta con una única aparición de la palabra de Dios como salvación. No obstante, percibimos que el autor toma distancia respecto de la acción salvadora, aislándola del argumento.

El narrador omnisciente, el llamado “ojo de Dios” en la literatura, encaja en una novela en la que lo humano y lo divino guardan una estrecha relación. Desde él se interconectan los apartes reflexivos, las descripciones psicológicas, la simultaneidad de sucesos, las descripciones líricas, observando desde lo alto los hechos y padecimientos. Sin embargo, este “ojo de Dios” se nos descubre en una sorpresa final como narrador en primera persona que justifica la existencia de la novela misma. El giro inesperado e inteligente anuda todo el relato con el presente más inmediato del propio escritor con apenas el uso de un único pronombre.

Consigue Héctor Martínez transmitir la angustia y desesperación de los tripulantes ante su fatídica circunstancia e hilvana con una intuición muy clarividente los breves apuntes de los diarios, únicos testigos de lo vivido, con la imaginación de esos últimos momentos. También es de destacar cómo transforma el papel de los medios de comunicación de la época en una suerte de novela por entregas para los ciudadanos y cómo intersecta hechos paralelos en el tiempo al margen del argumento principal, cuya función es envolver un minúsculo punto en el desierto y acentuar el drama por todo el planeta. Además, también llamará nuestra atención el aspecto metaliterario que entrecruza la obra, mediada por referencias a la biografía y obra de Saint-Exupéry, o el citado E.T.A. Hoffman, entre otros.

Acompaña a la obra un “Archivo fotográfico” por el que el lector se enfrentará tras la lectura a la realidad de lo narrado y podrá poner rostro y forma, lo cual es un magnífico colofón que impacta al público superando la mera verosimilitud, y un generoso homenaje a los verdaderos protagonistas de la historia.

“Misión 109, La Tragedia del LBG” es, en suma, una excelente opción para el lector con inquietudes, como para aquél que disfrute de la construcción y técnica literarias. Una novela fascinante sobre el hombre y su condición, con la que el autor rinde respetos a sendos aniversarios de El Principito de Saint-Exupéry y  los nueve hombres del Lady Be Good.

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2 comentarios »

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