26/03/2015

JOSÉ LUÍS PEIXOTO Y LA NUEVA NARRATIVA

Posted in Prosa tagged , , , , , , , , , , , a 12:59 por retratoliterario

jos_lu1Fue en Lisboa, hará cuatro años. Ya sabía de él gracias a la Red. Lo conocía como poeta, porque eso era lo que había leído de su obra. Y aproveché que viajaba a Lisboa para hacerme con un botín de sus libros en la Bertrand. Obra poética, libros CD y novelas, en portugués. Porque, si puedo, leo en la lengua original. La mujer que me atendió creyó al principio que estaba decidiendo cuál llevarme, creyó que le pedía recomendación. Yo lo que le solicitaba era que sacara todas las obras de José Luís Peixoto que tuvieran. Si se emocionó cuando creyó que le pedía consejo, pues se veía en ella cierta devoción, nada digo cuando vio que mi tarjeta iba a echar humo, como vendedora y como lectora.

Desde entonces he estado leyendo, escuchando, esa voz narrativa lusa. Organizamos un acto sobre su poesía y una vídeo presentación bajo el título Peixoto, poeta. También escribí un texto a colación, titulado José Luís Peixoto: la palabra como problema, fundamentado en su Arte Poética  y las cuestiones surgidas entre palabra, poesía y mundo, temas de interés personal y tratado en libros como Pentágono y Comentarios a Unamuno. Descubría en Peixoto demasiados puntos en común al respecto.

6816890Después tomé en mis manos la prosa, las novelas por un lado Nenhum Olhar  y Cemitério de Pianos, los cuentos de Antídoto y Hoje não, por otro. También el particular y clave Morreste-me, con el que se diera a conocer. Quedan aún en mi estanteria Uma casa na esçuridao, Abraço y Livro (y los publicados con posterioridad y que en España no encontraré)

Ese texto que he mencionado en medio, ese pequeño canto elegíaco que es Morreste-me, supone una llave, una puerta de entrada a una forma de narrar que cala en el lector. Porque es la experiencia individual que sigue siendo la suya aun siendo de todos, de todos los que hayamos perdido un padre en el hospital, asistiendo a ese marchar definitivo:

E oiço o eco da tua voz, da tua voz que nunca mais poderei ouvir. A tua voz calada para sempre. E, como se adormecesses, vejo-te fechar as pálpebras sobre os olhos que nunca mais abrirás. Os teus olhos fechados para sempre. E, de uma vez, deixas de respirar. Para sempre. Para nunca mais. Pai. Tudo o que te sobreviveu me agride. Pai. Nunca esquecerei. (Morreste-me, J. L. Peixoto)

Y Morreste-me extiéndese a partir de estas líneas a la obra de Peixoto, porque es él mismo, Peixoto, y es él mismo, el lector. Continuamente estaremos ante la muerte de un padre en un hospital, su ausencia, y la orfandad del hijo a colación como eje vertical estructurador de la historia.

Los personajes de las novelas se describen no tanto en sí mismos sino en relación familiar. Son padres, abuelos, madres, hijos, tíos,  nietos, y esto los define. Y la muerte se vuelve un elemento ritual-figurativo, mientras se muestra el camino que hacia ella lleva sin levantar sospechas, en la cotidianeidad del pasar los días. Todo es una costumbre que permite universalizar el porqué humano de los sucesos y las conversaciones, y transparenta los pensamientos internos de cada personaje, cómo se interpretan los unos a los otros, y cómo todo el futuro está anclado en lo pasado, cómo se repiten los mismos actos de generación en generación. El tiempo se fragmenta en la multiplicidad narrativa, saltando de aquí para allá, según sea una voz generacional quien recoge el testigo para seguir contando, mientras el espacio asume un valor simbólico que a una misma vez enmarca y aporta la interpretación. La narración se atraviesa de un lirismo que delata un alma principalmente poética en Peixoto, la metáfora gobierna la descripción y el volumen, las reiteraciones casi obsesivas el ritmo y la profundidad, depositados sobre un lenguaje natural, alejado de la suciedad que creen aporta realismo. Peixoto, en este aspecto, es el argumento en contra de quienes piensan que la brutalidad léxica tiene como resultado en nuestro siglo un nítido reflejo del mundo. Él opta por la variante de un realismo mágico en el que el demonio puede oficiar misa y servir copas en la Taberna de Judas, o una nieta de muy corta edad puede charlar con su abuelo muerto al frente de un piano roto. Es la rudeza rural que nada tiene de simpleza humana, y que necesita de un lenguaje envolvente pero sencillo, y no sólo llano y directo. Frente a la supresión de la emotividad, frente al realce de lo racional, o frente a la acentuación de la sensiblería fácil o la provocación descarada, Peixoto representa un punto equilibrado de lo humano, el sorprendente hombre privado oculto bajo el hombre público.

9789725648643Ese tipo de realismo mágico es palpable en Nenhum Olhar, la aldea sin nombre en la que nos encontramos con una galería de seres solitarios, referentes bíblicos, mitología popular y rural portuguesa, sujetos impotentes a la tragedia inevitable, repetida, a una descomposición que casi es su propia naturaleza. La correspondencia con el Testamento eleva de inmediato el tema, pero no en la dirección de una esperanza ciega, sino hacia una vida de tintes sombríos, fracasos y derrotas. El paisaje de la villa no ofrece un horizonte de utopía, sino un desasimiento despeñado a un destino lúgubre. Es difícil no pensar en Saramago, desde luego, pero se desborda sin permitir comparaciones limitantes. Un narrador en tercera, con un fondo de múltiples ecos que toman por momentos la labor de contarnos en primera, como una coral griega, sin protagonistas claros más allá de José padre, en torno al que gira la primera parte, y José hijo, que es el eje de la segunda, sin que haya grandes diferencias entre ellos. El demonio que tienta y que ríe al verlos luchar y rendirse. La ausencia irónica del Dios en este negro paraíso.

Pero Nenhum Olhar es una novela que aún se debe a la herencia que recibe, y en ella percibimos más el hecho maravilloso que el real. Cosa distinta ocurre en Cemitério de Pianos. En ésta el espacio simbólico gana terreno a lo mágico realista hasta hacerse personaje, lo lírico y lo narrativo se alternan sin confundirse y tenemos una base histórica subyacente y una geografía existente como marco.

Peixoto toma como punto de apoyo al destacado atleta luso Francisco Lázaro, quien falleció en mitad de una maratón en los JJ.OO de Estocolmo de 1912. La obra se concibe, por tanto, desde un punto de vista trágico con un primer paralelismo entre la vida y la maratón. Cada kilómetro es un recuerdo, un suceso, un hecho familiar. Vivir es un esfuerzo de resistencia, no una prueba de velocidad. Y es un esfuerzo con otros y contra otros, en un espacio que atravesamos. Por un lado, tanto vida como carrera son un acto de coexistencia y convivencia, con sus golpes bajos, codazos y traiciones. Por otro lado, no olvida Peixoto destacar los edificios, el público, la calle y sus elementos. La ciudad surge con entidad propia. Es, de hecho, más urbano y cosmopolita que en Nenhum Olhar. Así ocurre tanto en la vida en Lisboa,  Benfica, como durante la prueba olímpica en Estocolmo.

Pero, sin duda, un lugar se convierte en protagonista y alegoría vital. Ese taller de carpintera donde un espacio está reservado para los pianos rotos e irreparables, pianos de los que se extraen las piezas para reparar otros pianos. Ese cementerio de pianos muertos que sirven para dar vida a otros pianos, de pianos ya mudos que dan voz a otros. Bajo esta metáfora entendemos el inicio y final de la novela: la familia en torno al teléfono esperando una noticia, la muerte del atleta o el nacimiento de su nieto, Hermes. Una vida que se va y otra nueva que llega en el mismo momento. Igualmente, el momento mágico del encuentro entre la nieta de tres años y el abuelo muerto sentados ante uno de los pianos muertos. Vida nueva y vida ida en ese espacio que posibilita la renovación. El propio nombre de Francisco Lázaro nos retrotrae al Lázaro bíblico que vence a la muerte a pesar de morir.

Es esto lo que permite entender que el tiempo es, no sólo un aspecto, sino el tema fundamental. Ya desde el punto de vista circular-eterno por hermanar inicio y fin de la novela, vida y muerte; ya desde el punto de vista fragmentado-narrador, en continuos saltos temporales; ya desde el punto de vista cronológico, el tiempo que reconstruye el lector en su mente; ya desde el punto de vista atlético, el cual es relativo a la carrera y a los otros corredores, convertido, en verdad, en kilómetros -treinta para ser exactos-. El tiempo no es objetivo, se disuelve en la eternidad del ciclo que metaforiza el cementerio de pianos. Casi diríamos que no hay tiempo, en realidad, sino sucesos de vidas anónimas tan relevantes por ser experiencias de todos como relevante es un único suceso: la muerte del atleta en los JJ.OO. Maltratos, engaños, discusiones, buenos y malos momentos cotidianos privados que son trasfondo capital de cada vida y cada acontecimiento público. No existe un hilo narrativo, sino biografías.

9789725648230El doble narrador generacional, Francisco padre y Francisco hijo, usado también en Nenhum Olhar, su desarrollo familiar existenciario en torno a un lugar simbólico, el cementerio de pianos, y las circunstancias de vida en Benfica y la Lisboa de finales del s. XIX y principios del s.XX, el tiempo circular y la falta de expectativa y cambio vital, me hacía recordar la línea literaria de un Buero Vallejo y su Historia de una Escalera, hasta el punto de que ambos titulan con el lugar simbólico. No es, como decía, el realismo mágico, sino que en Cemitério de Pianos se juega en el terreno del realismo social y costumbrista. Igual que Buero, Peixoto emplea un lenguaje realista y simbólico para reflejar la condición humana, sus problemas y su tragedia. Y señalo especificamente el caso de Historia de una Escalera por no ofrecer abiertamente la esperanza de mejoría, sino inducirnos a la repetición desde el desenlace abierto pues el hombre no puede dejar de ser hombre. No es pesimismo. No lo es en Buero. No lo es en Peixoto.

Seis años separan amba novelas, siendo, por el momento las dos novelas más destacadas del autor. Detrás, la misma mano, aunque escribe distinto. Son, con toda probabilidad, dos puntos de un trayecto literario intenso que destaca por su personalidad frente al panorama de las estanterías. Es cierto, como dicen, que el lenguaje literario de Peixoto suena más hispanoamericano que Ibérico y que en sus fondos se reconocen Faulkner, Lobo Antunes o Rulfo, Saramago y Pessoa. Sin embargo, esto es más de interés académico frente al interés del lector al que una obra como la de Peixoto le toca de lleno en sus vivencias personales, lo que nos permite sumergirnos y saborear significados de frases y párrafos de tono revelador como:

Os homens são uma parte pequena do mundo, e eu não compreendo os homens. Sei o que fazem e as razões imediatas do que fazem, mas saber isso é saber o que está à vista, é não saber nada. Penso: talvez os homens existam e sejam, e talvez para isso não haja qualquer explicação; talvez os homens sejam pedaços de caos sobre a desordem que encerram, e talvez seja isso que os explique (Nenhum Olhar, J. L. Peixoto).

Peixoto pertenece a una nueva narrativa, viva, flexible, plástica y orgánica, que busca una autenticidad humana en el motivo más cotidiano y anodino, precisamente en lo que a cada uno nos importa en un momento determinado sin ser algo verdaderamente importante en perspectiva. En el porqué de una discusión que carece de relevancia para el día siguiente y, sin embargo, en ese instante nos enciende como si nos fuese la vida en ello. En un gesto, en una comida como tantas otras. Pues ahí se desenvuelve la vida auténticamente y ahí merece la pena excavar e indagar la profundidad con la pala lírica. Al modo en que justificaba Tzevan Todorov, en abril de 2013 en el Instituto francés de Madrid, el valor de lo cotidiano con motivo de la edición de su Elogio de lo cotidiano por Galaxia Gutenberg:

En nuestro mundo actual hemos perdido el sentido de cada gesto, hemos organizado mecánicamente todas nuestras rutinas diarias tal como se planteaban en el taylorismo. El actor Charles Chaplin hace una referencia a esta idea con los magníficos gestos mecánicos que utilizaba en la película Tiempos Modernos. Estos gestos los tenemos de alguna manera formateados en el cerebro, como recursos de gestión. Tenemos tan estructuradas nuestras funciones que hemos llegado a perder el sentido de nuestros propios movimientos. En aquella época, en el siglo XVII, tenía sentido hasta pelar una manzana. Son estos gestos, esta exigencia elemental de la belleza y de la esencia los que tenemos que recuperar para nuestras vidas (Acto de presentación de Elogio de lo cotidiano de Tzevan Todorov).

José Luís Peixoto es un valedor más del sentido de cada gesto y movimiento, de su belleza y esencia vital encerrada. Tendría sentido decir, siguiendo a Todorov, que Peixoto es el Vermeer literario del s. XXI.

Héctor Martínez

ESCUCHA LA RECITACIÓN DE

“ARTE POÉTICA” DE JOSÉ LUÍS PEIXOTO

EN EL CANAL DE IVOOX HÉCTOR M. S.

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