07/10/2015

“CARTAS DE AMOR”, DE PABLO NERUDA (A CARGO DEL PROFESOR G. MORELLI)

Posted in Prosa tagged , , , , , , , , , , , , , , , , a 11:39 por retratoliterario

Portada Cartas de Amor (Cátedra)

Portada Cartas de Amor (Cátedra)

Hacía ya tiempo que no acudía a la presentación de un libro, ese particular ritual en el que un autor o investigador es agasajado en un remolino de plácemes y parabienes por su labor y contribución, y en el que el público ajeno a los ponentes o al responsable del libro acude para escuchar la historia de la gestación y parto feliz de la obra y una rápida revisión, análisis y repaso del contenido junto a sus ramificaciones.

Fue el 28 de septiembre, lunes, y a las 19h. Se presentaba la obra Cartas de amor de Pablo Neruda, como compilación de la correspondencia amorosa del gran chileno realizada por el hispanista Gabriele Morelli y publicada por Cátedra. El lugar, el conocido Palacio de Linares, sede actual de la Casa América, en la Sala Cervantes.

Entrar al Palacio de Linares y esperar ver fantasmas o escuchar a Raimundita, o la grabación tenebrosa de una actriz, es todo uno. Máxime si se acude a hablar de relaciones amorosas de los fallecidos, como era el caso. Sin embargo, Raimundita defraudó, o quizás reconoció que la voz de otro espíritu, el de Neftalí Reyes o Pablo Neruda, debía ser la protagonista en aquel momento.

La presentación corrió como debía correr, y todos conocimos una trepidante narración de amores de un poeta a través de cartas además de las experiencias personales con el poeta, contando como se contaba con Jorge Edwards (autor de Adiós, poeta) entre nosotros, el público, además del propio profesor Morelli que venía a hablarnos de la figura planetaria.

El profesor Morelli narraba que conoció (aunque no frecuentó) a Neruda en Milán, cuando preparaba una tesis sobre otro poeta, Miguel Hernández o cara de patata recién sacada de la tierra, como le llamara Neruda al retratarlo. Contaba peculiaridades como la existencia de ese niño caprichoso que habitaba a Neruda o su pasión por el pescado en la comida. Pero, sobre todo, hizo el repaso por el epistolario reunido que incluye a Koneca (Laura, la hermana del poeta, con veinte cartas), y a Mamadre (Trinidad Candia, la madrastra) y sigue un largo recorrido con primeras estaciones en Marisol y Marisombra, o en otras palabras, en Terusa (con veinte cartas) y en Mocosa (o Chiquilla, Netocha…, Albertina, con ciento cuatro cartas), Hormiguita (Delia del Carril, con seis cartas) y la Chascona (Matilde, con cuarenta y siete cartas). Aunque no las únicas, pues añade Morelli otra parada amorosa y epistolar en la odontóloga Olga Margarita Burgos (tres cartas). Otros amores o mujeres no cuentan con espistolario como Maruca (con quien se casara), la bohemia y modelo de Man Ray Nancy Cunard, María Poredi, Josie Bliss o Laura Arrué.

Pablo Neruda y Matilde Urrutia

Pablo Neruda y Matilde Urrutia

Una cuestión que en torno a Cartas de amor se plantea es el que surgió a colación de la presentación, y que es ya un lugar común de reflexión de los epistolarios. ¿Hasta qué punto es lícito dar a publicación la intimidad postal de los individuos? Porque una cosa es la carta en la que se discuten asuntos literarios, científicos, políticos, o la correspondencia ya pensada como texto a editar, y otra muy distinta la carta personal, privada en la que se discuten o manifiestan los asuntos de uno mismo.

La primera respuesta, y es la que de inmediato surge con Neruda, es el hecho de que se trate de un escritor, de un poeta incluso. La carta es un medio escrito en el que el poeta también se deposita como tal, y al margen del idilio y la intimidad, se disfruta de su forma literaria y lírica. Es tan difícil intentar separar al poeta que escribe versos de amor y al hombre que escribe cartas a su amada con humor y erotismo lírico, que sustraernos a una misiva de Neruda en este sentido es casi pecado.

Así le escribe a Albertina:

Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco, a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.

He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tú estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.

Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (…) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.

Y así a Matilde,

Hoy es el sábado 28 y he amanecido sin tus pies.

Fue así.

Me desperté y toqué al fin de la cama una cosa durita que resultó ser la almohada, pero después de muchas ilusiones mías.

El hijo de nuestra tía se portó indiferente, me esperaba un auto (del impresor) y marché raudo.

Tu hijo será gordo y maravilloso, tendrá 180 páginas.

Y tendrá dibujitos en la frente y trasero.

Bueno, parece que mi tía no quiere que vuelva a Italia y debes preparar tu viaje, pero con calma, como cuando comemos.

Hasta ahora es así. No sé si en el día se cambiarán las cosas. Esta mañana me llevaron a un sitio con una tina blanca, no comprendí al principio, pero me metí, con miedo de disolverme.

Había una gran toalla, qué pérdida de trapo, en S. Angelo se hubiera cortado en 12 y hubiera servido hasta junio 1953.

Cuando me levanté y abrí a la camarera vi que me faltaba una parte de pyjama que según me dicen se llama pantalón.

Es así: [dibujo de un pantalón.]

Patoja mía estoy contento, soy como un soldado con su retaguardia segura.

No me importa el fuego.

No sé si estoy aun con mar o agua de Patoja, todo mi cuerpo está saturado de tí.

Eres parte de mí, como la pirinola de su cane, sólo que tengo pirinolas tuyas hasta en el alma.

Recién me llaman, esta tarde te escribiré de nuevo, acumularé todo el día besos para todo tu cuerpo que es interminable para mí, aunque la vida me la pasare besándolo no lo terminaré de besar.

Desperté a las 6 ½ y a las 8 estaba vestido, son las 9 salgo a los tickets. Hay algo más importante que tu y que yo, somos tu y yo.

Juntos somos lo que la pobre gente no alcanza jamás, el cielo en la tierra.

Te aprieto a mi corazón, amor mío, con cuerpo, alma y amor.

Tuyo Tu capitán.

En general, puede la correspondencia aportar algún detalle biográfico clave para algún verso críptico o alguna explicación de las formas compositivas. Sería el caso de la siguiente carta a Matilde, para la visión de los Cien sonetos de amor, esos sonetos que no suenan a los sonetos que estamos acostumbrados:

Señora mía muy amada, gran padecimiento tuve al escribirte estos mal llamados sonetos y harto me dolieron y costaron, pero la alegría de ofrecértelos es mayor que una pradera.

Al proponérmelo bien sabía que al costado de cada uno, por afición electiva y elegancia, los poetas de todo tiempo dispusieron rimas que sonaron como platería, cristal o cañonazo.

Yo, con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia y así deben llegar a tus oídos.

Tu y yo caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie.

De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto.

Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste la vida.

Además, la correspondencia es una comunicación única e irrepetible, en la que se ofrece una perspectiva más humana (menos laureada) del remitente. También en el caso de Neruda se alude al hecho de que los implicados en el texto ya no pueden verse perjudicados en persona al haber fallecido. Por esta razón no se ha incluido la relación de Pablo Neruda con Alicia, sobrina de Matilde Urrutia, pues sigue con nosotros en este mundo.

Pablo Neruda

Pablo Neruda

Aún así, esto no evita el carácter morboso, sensacionalista, amarillista, marujil si se prefiere, que puede adquirir esa quiebra de la intimidad. Tampoco el hecho de que, aunque no estén vivos, sí pueda afectar a su memoria personal y literaria el cómo vengan a interpretarse los párrafos. Tal y como están de sensibles las conciencias en nuestros tiempos con la violencia, habría quien al leer a un Neruda colérico, celoso y posesivo, podría acusar de lo que no es al poeta-planeta. Por ejemplo, cuando vive el amor con Matilde en secreto, mientras está con Delia:

Adorada, no sabes qué furia tuve cuando el mismo día que llegamos te llamo y no contestas. Era tarde y me desaté contra ti con tales cosas que D. se ofendió. Le dije, estoy cansado de traiciones, esta es la verdadera M. que se ha paseado con su amiguito por la Costa Azul y que nos olvida. He pasado desesperado estos dos días, nervioso y colérico, tanto que hablé a Ivette para que fuera a París y averiguara todo.

Los tiempos cambian y la forma de entender con ellos, y lo que jamás fue escrito de un modo, en cambio puede leerse en ese tono después. Pasa con los libros. También puede suceder con las cartas.

E incluso cabría devolver la pregunta: ¿acaso el epistolario íntimo va a añadir algo a los poemas de Neruda? Por ejemplo, saber que a María Poredi está dedicado el poema 19 de Veinte poemas de amor…, o que nos desvelen que el poema 1 y el poema 15 son para Albertina, o que los Cien sonetos de amor tienen por musa a Matilde, que Residencia en la tierra no hubiese sido el mismo libro sin Olga, ¿nos hace disfrutarlos o entenderlos mejor? ¿No bastaba con suponer mujeres a las que el poeta amaba y extrapolar nuestra experiencia de cuando hemos amado? Al final se trata de eso, de un universal. Tal y como lo concebía el mismo Neruda.

El profesor Morelli nos ha dado ya en años recientes otros epistolarios como el que sostuvieron Dario Puccini y Josefina Manresa (viuda de Miguel Hernández) o el de Huidobro con Gerardo Diego, Juan Larrea o Guillermo de la Torre. Pero ambos son muy distintos del material de Cartas de amor, desde luego. Y el debate volvió a abrirse, como siempre, al partirse el melón por el mismo sitio.

Piense, por ejemplo, el lector, que dichas cartas son, al fin y al cabo, nuestros sms, e-mail, redes sociales o chat (las comunicaciones en las que vertemos hoy nuestro yo más personal). Así podemos comprender el debate: piense alguien si le gustaría que pudiesen ser leídos por cualquiera los correos electrónicos que envió, el historial de navegación, la conversación de chat en el teléfono, el sms. Quizás sí, quizás no. Hay quien deja abiertas sus redes y habla en grupos; hay quien reserva sus redes y sus conversaciones digitales las mantiene privadas.

Gabriele Morelli (durante el acto en Casa América)

Gabriele Morelli (durante el acto en Casa América)

Supongo, al menos así hago yo, que en el caso del que tratamos habrá que confiar precisamente en el estudioso y recopilador, el que hará la criba, el que juzgará la pertinencia de la carta, el valor literario, social, político, biográfico y humano que añade a la obra, el interés del público y la perspectiva con que la época lo verá, se cuidará de los implicados (mencionados o no), construirá la narrativa cronológica que va de misiva en misiva (de hecho Cartas de amor es un epistolario comentado por el profesor), y así el largo etcétera del trabajo que asume. En este caso, ese es el trabajo del profesor Morelli, hispanista y académico de punta en blanco, quien comprende la carta privada como una fuente documental más sobre el autor y sobre el mundo en el que vivió, y no va a perderse en el sinsentido del simple trapo sucio, el voyeurismo, el cotilleo malsano.

Ésa es su importante labor y su aportación a la literatura española como hispanista, ese médium que tiene un pie en cada extremo, uno al lado del poeta y otro en nuestro lado, y pone voz y cuerpo a aquél para nosotros, y transmite el mensaje de la forma mejor y más apropiada. Y en él debemos depositar nuestra certidumbre.

Mesa del acto (de izq.a drcha): Ruiz Amezcua, María Ángeles Osorio, Gabriele Morelli, Iñigo de Palacio España, Daniella González Maldini

Mesa del acto (de izq.a drcha): Manuel Ruiz Amezcua, María Ángeles Osorio, Gabriele Morelli, Iñigo de Palacio España, Daniella González Maldini

por Héctor Martínez

PRESENTACIÓN “CARTAS DE AMOR” DE PABLO NERUDA (ED. A CARGO DE GABRIELE MORELLI)

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1 comentario »

  1. juliocanadas said,

    Reblogueó esto en / LITERATURA PARA HOY / [reseñas y entrevistas].


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