17/12/2019

MENOS LOBOS, LUCÍA ETXEBARRÍA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , , , a 19:10 por Retratoliterario

Lucía Etxebarría firma en Sant Jordi y Día del Libro, Barcelona 2005 / Fuente: Wikipedia

Hace un tiempo escribí un artículo sobre el caso de una AMPA que se había dedicado a expurgar de libros machistas —los juzgaban desde la totalitaria «perspectiva de género»— la biblioteca del colegio de sus hijos. Saltaron casos sangrantes con los cuentos populares, sobre todo con la pequeña Caperucita roja. Resulta que la historia es sexista porque el leñador constituye un símbolo heteropatriarcal inadmisible. Por entonces critiqué la majadería que suponía esta purga censora quemalibros, incluso el peligro totalitario que muestra y que ya se ha vivido anteriormente. Pero también señalé que en «los relatos originales tampoco había lobo y la cosa era bastante más fuerte, con crímenes y desnudos incluidos». Es decir, los relatos, en plural, en los que no había leñadores malvados, o cazadores, y en los que la cosa se tornaba bastante más cruel. Esta parte no la tenían en cuenta ni la AMPA ni los que echaron espuma por la boca con aquella noticia.

Pues bien, apenas unos días hace que Lucía Etxebarría hurgó en la herida. Lucía, como Pérez Reverte, tiene un don: saltar con los dos pies juntos sobre todos y cada uno de los charcos que pueda. A veces, resulta divertido, pero a veces el charco salpica. Eso sí, en cualquier caso ambos acaban con barro hasta en el pelo. Etxebarría soltaba en la televisión: «Caperucita roja es la historia de un violador; los cuentos fueron escritos en el siglo XVII». Obviamente, las fallas populares liberaron su energía sísmica en twits, muros, artículos, comentarios, videoblogs etc. Y la pregunta es: ¿es cierto o es una barrabasada más simplemente para estar en la pomada feminista? En mi opinión es tanto lo uno como lo otro. Hay una media verdad que Lucía usa para sentar cátedra feminista y quedarse tan pancha, ignorando la otra media verdad.

Es verdad que existen versiones anteriores a Perrault. Pero no una, sino varias. En plural, he dicho hace un momento. No hay una única versión original, sobre todo porque pertenece, tanto este cuento como otros, a una tradición popular y oral, folklore, difícil de rastrear sus múltiples variaciones, orígenes, pretensiones y símbolos. Del mismo modo existen diversas interpretaciones posteriores a Perrault o a los Grim, que incluso entran en el terreno político. Este es el problema de lo que dice Etxebarría: ella totaliza una sola interpretación de una sola versión de una determinada época y nos lo suelta como una verdad absoluta, universal y atemporal, como si fuese la fuente original, primigenia, como si no hubiese otras fuentes, versiones y pretensiones anteriores o posteriores.

En efecto, existen versiones de la ribera del Loira, como subraya Etxebarría. Existe, sí, una historia de Caperucita en la que la abuela es descuartizada y desangrada, y Caperucita come y bebe de la carne y la sangre de la abuelita, y luego es obligada por el lobo a desnudarse, quemar su ropa y meterse en la cama con él. Sí, buena parte del feminismo lee Caperucita desde la interpretación de Jack Zipes, quien afirma: «Mi teoría es que Perrault transformó una historia oral esperanzadora sobre la iniciación de una jovencita en un relato trágico de violencia en el cual a la niña se le culpa de su propia violación» (Traducción mía, Zipes, 1983, p.7). Se trata de los testimonios literarios orales recopilados y estudiados en 1885 por Delarue —es la versión que se menciona en Wikipedia—. Pero también hay versiones del norte de Italia ofrecidas por Italo Calvino. Incluso tenemos un estudio que retrotrae el cuento a una historia medieval del siglo XI, aportación de Ziolkowski (todo ello reflejado por Susana González Marín, 2005). Contamos también con el trabajo del antropólogo Jamie Tehrani, quien rastrea las fuentes de Perrault a un poema de origen belga y logra identificar hasta dos mil cuentos entre trescientas culturas. Otros defienden sus relaciones con cuentos antiguos asiáticos y chinos. Por si fuera poco, también se ha estudiado su relación y parentesco con el cuento de Los siete cabritillos, del que habría derivado en torno al siglo I de nuestra era. En Irán, es un niño; en otros lugares, no hay lobo, sino zorro o tigre, o un monstruo. En muchos, no es el lobo el que se disfraza, sino que es un familiar que se transforma. Y varían tanto unas versiones de otras, como varían las versiones de Perrault (Caperucita muere devorada) y los Grim (con leñador y Caperucita se salva… también la abuela, de la que nadie, ni el feminismo, se acuerda), o incluso más: en cuanto a personajes, símbolos, personificaciones, finales… pero sobre todo en lo que a la presencia de violación se refiere. En la historia a la que se remite Etxebarría, la del canibalismo y la violación, hay versión en que se salva Caperucita

Hoy, tan polarizados nos tienen, que sin darnos cuenta estamos encauzados a la interpretación de Zipes sobre sexualidad y violación. Nada de nuestro panorama actual nos haría pensar en revolucionarios franceses y jacobinos, tal y como Hans-Wolf Jäger (curiosidad al canto: traducido es Juan-Lobo Cazador) interpreta la simbología de la adaptación teatral de Ludwig Tieck que conocieron y usaron los Grim para su lectura del cuento. Cosas de la vida, durante el franquismo lo preocupante era el adjetivo roja. Hoy, parece ser que interesa solo mirar la violación, ni siquiera el canibalismo, que también se da en la versión a que se refiere Etxebarría, donde Lobo y Caperucita comen la carne y beben la sangre de la abuela. Es como si no hubiese existido más versión, anterior o posterior, ni más interpretación, interesada o no, ni más utilización política del cuento.

Etxebarría quiere subirse al carro del Violador eres tú a costa de Caperucita. Esta es la parte en que lo de Etxebarría es puro desbarre, porque pone la literatura al servicio del interés ideológico y dogmático de turno y anima a un revisionismo totalitario de las letras pasadas, siendo ella misma escritora, es decir, que sabe o debería saber cómo funciona todo esto. Esto lo agrava: es pura prevaricación literaria el asumir dogmáticamente una única interpretación e intención y una sola versión como fuente original y primigenia. Está escupiendo sobre la propia creación y la propia historia de la literatura.

¿Tiene un origen el cuento? Sin duda lo tendrá, pero aún se nos oculta y quién sabe si lo descubriremos. Lo que no se nos oculta es que su propósito ha variado con cada versión en cada época, por lo que achacarle hoy uno y solo uno de los propósitos, y además del pasado, en lugar de adjudicarle el signo de nuestro tiempo, es un disparate. Es estar poseídos y dominados por una actitud regresiva, que, sin embargo, nos colorean de progresismo. Es vivir y querer vivir instalados en el marco del pasado para que nuestro discurso triunfe pero sobre el firme suelo del presente, donde hay menos peligro. Es un absurdo y locura este continuo revertir el aurea aetas, este regresar mentalmente a un pasado anterior peor para combatirlo desde el presente y sentirnos muy a gusto con nosotros mismos en una época dorada presente. Es de psiquiatra.

A fin de cuentas, ¿acaso la finalidad, sea la versión que sea, con o sin violación, con o sin leñador, con o sin canibalismo, con lobo o sin lobo, belga o de la Conchinchina, no es advertir a los pequeños de que no deben fiarse ni de los desconocidos ni de los que pueden parecer conocidos? No le veo yo problema al cuento. Que si tiene un origen perverso… pues claro, si avisa de que hay gente mala que te miente para hacerte daño, ya sea robar, violar o matarte. Por cierto, ¿qué tal si nos subimos al carro del animalismo: qué es esto de que los lobos tengan que ser los malos por sistema? ¿No es esto especismo? En fin, cosas de la vida moderna que no ha entendido todavía aquella historia del médico ignorante de Esopo… mi moraleja: ¡Cuidado niños con quién os cuenta el cuento! No vaya a ser otro lobo.

Héctor Martínez

Bibliografía

Italo Calvino (1956) Cuentos populares italianos

Susana González Marín (2005) ¿Existía Caperucita Roja antes de Perrault? Ediciones Universidad de Salamanca.

Hans-Wolf Jäger (1989) “Is Little Red Riding Hood Wearing a Liberty Cap.On presumable Connotations in Tieck and  in Grim”, en A. Dundes, Little Red Riding Hood. A casebokk, Wisconsin: Univ. of Wisconsin Press, 89-120.

Jack Zipes (1983) Fairy Tales and the Art of SubversionThe Classical Genre for Children and the Process of Civilization. Heinemann.

 

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