07/02/2020

MONOMARENTAL NO ES CORRECTO (PARTE II)

Posted in Unas noticias y otros a 19:14 por Retratoliterario

(VIENE DE)

Leo un artículo de hace un año de Violeta Assiego, abogada aunque profesionalmente se dedica a «análisis, investigación y comunicación de temas relacionados con la discriminación y los derechos humanos de los colectivos más vulnerables» —cito de su linkedin— en eldiario.es:

«Nadie discute la inexactitud lingüística del término monomarental puesto que este pasa por alto el significado estricto de “parental” (tipo de relación) para resignificarlo con “marentalidad” (quien ejerce la relación paretal). Sin embargo, apropiarse de las palabras ha sido siempre -y lo seguirá siendo- una forma de transformar realidades y conquistar derechos, así que no se asusten los que estén a favor de la equidad».

No, Violeta, no es una inexactitud lingüística. Es ignorancia lingüística. Los que os enmendamos la plana no hablamos de inexactitud, sino de burrada. Ya me dirás de dónde sale la raíz marens —a menos que estemos arreglando también el latín— como para indicar madre falsamente análogo a parens, que nunca refiere al progenitor varón, ni siquiera exclusivamente a los padre y madre, sino de forma extensa refiere también a los parientes (hermanos, abuelos, tíos, primos…).

No, Violeta, no. No se puede ser tan indecente y soltar que «apropiarse de las palabras ha sido siempre —y lo seguirá siendo— una forma de transformar realidades y conquistar derechos, así que no se asusten los que estén a favor de la equidad». Primero, porque las palabras representan simbólica y convencionalmente la realidad, pero no son la realidad. Son las ideologías las que trabajan con ideas, conceptos y palabras para hacer tragar una realidad al gusto. Cambiar, quitar o crear nuevas palabras para cambiar el mundo es de la mayor ingenuidad intelectual, y, peor, es la puerta de entrada de la manipulación que ha sido —y seguirá siendo— una forma de adoctrinar y transformar conciencias para conquistar el poder desde los totalitarismos. Traigo aquí una cita de La ideología alemana, que expresa la columna vertebral del pensamiento de Marx y lo que sostengo: «no es la conciencia la que determina la vida; es la vida la que determina la conciencia», es decir, no son las palabras las que determinan la vida, es la vida la que determina las palabras. Pensarlo al revés es alimentarse de ideología. No es primero el nombre y luego la cosa, es primera la cosa que después se nombra. Esto tiene bastante más sentido, la verdad. —y apostillo: lamentablemente, Marx ha sido explotado por sus groupies como idealista y nunca se ha entendido bien eso del materialismo—.

La única relación directa entre palabra y realidad está, mi querida amiga, en la Biblia: allí el Verbo (Dios) dice sea y surge el mundo. Solo en el caso de Dios, primero es la palabra, o sea, Dios, y luego es el mundo que surge de la palabra que expresa su voluntad. Nosotros somos más como el tonto de Adán, que solo podía nombrar, no crear: Adán no es verbo, es sustantivo. Así que, a menos que sostengas una visión religiosa de la vida y consideres que somos como el Dios de la Biblia, mucho me temo que de las palabras que expresan la voluntad no surge la realidad en la que queremos vivir. Te lo diré más a la española… del dicho al hecho, hay trecho.

Hay distintas formas de referir la misma realidad, y esta, la realidad, no se transforma por decir falleció mejor que la espichó; no estoy transformando la realidad al usar una u otra, que es que alguien ha muerto, sino que estoy dando a entender e interpretando esa realidad. Por mucho que diga casa, esta no aparece ni se construye sola. Es ejemplar la absurda escena en que los Monty Python —descanse en paz Terry Jones— lo parodiaban en La vida de Brian, discutiendo cómo nombrar las cosas, cómo escribirlas, sin estar haciendo nada por que la realidad social cambie… pero eso sí, se sienten muy orgullosos de sí mismos y su implicación y compromiso en cambiar el mundo desde el Frente Popular de Judea… ¿o era el Frente Judaico Popular?

En segundo lugar, está graciosa tu ironía de llamarnos «defensores de la equidad». Te la devuelvo: o sea, que en efecto no es por equidad o igualdad, sino por pura discriminación y venganza por tu parte. Anotado.

A continuación juntas las siguientes letras:

«Usar políticamente el término “monomarental” es en sí una reivindicación política para visibilizar al millón y medio de familias en las que la figura que se hace cargo de la crianza y educación de los menores es una mujer».

Te pregunto, Violeta, ¿dónde está la invisibilización? Tan invisibilizado está el varón como la mujer, tanto el padre como la madre, porque se recoge a ambos en la descripción monoparental. No termino de entender qué visibilización se reivindica, y, más aun, cuando el adjetivo, de hecho, hace mayor hincapié en una relación progenitor-hijos, descendencia-ascendencia, y no da protagonismo al sexo del progenitor. Y esto se debe a que es un adjetivo, no un nombre, a ver si captamos la diferencia de una vez: no invisibiliza o visibiliza nada porque es un adjetivo que indica relación, y no nombra realidades.

Además, esto es un consejo, deberías releer los párrafos que hayas escrito antes de continuar con el siguiente, porque ya me dirás si no te contradices:

«Al invisibilizar a estas familias no caemos en la cuenta de cómo consciente e inconscientemente se las encasilla y discrimina, se niega una igualdad a sus miembros por el solo hecho de ser parte de una unidad familiar que no es biparental. La RAE y sus fans no deben sentirse amenazados por el hecho de que se reivindique igualdad».

¡Mira tú! Ahora resulta que a las familias monoparentales se oponen las biparentales… ¡Atención, pregunta! Violeta, ¿qué quieres decir al escribir biparental? Estoy seguro de que no te referirás a dos progenitores varones, o a dos progenitores mujeres, a pesar de que en monoparental hayas dicho que se invisibiliza a la mujer. ¿Acaso en biparental no se invisibiliza a alguien? Que yo sepa, entre monoparental y biparental, solo has cambiado el prefijo, de mono- a bi-, y no el lexema de la palabra. Sin embargo, monoparental no te gusta y hay que escribir monomarental, mientras que luego te quedas tan pancha escribiendo biparental y no bimarental, o en un salto mortal hacia delante con doble tirabuzón: biparenmarental ¿Te das cuenta de cómo te traicionas a ti misma? No es cosa de «la RAE y sus fans» sino que lo que intentas defender carece de todo sentido y es pura ideología.

Y prosigues:

«frente al uso del término monomarentalidad hay quienes prefieren parapetarse únicamente, sin pararse a reflexionar, en la rigidez de las reglas y de esa forma obtener la legitimidad de censurar no tanto una palabra como una realidad».

¡Qué dolor es tener la viga en el ojo! No se trata de la rigidez de las normas, ni se trata de censurar realidades —¡¿Qué?!, ¿Se puede censurar la realidad? ¡Toma ya!—, se trata de que no es justificable el razonamiento: la palabra monoparental ni significa lo que dices ni invisibiliza a nadie, insisto; es más, ahora que estamos tan inclusivos y mucho inclusivos, es un adjetivo que no distingue, que incluye, y que visibiliza al mismo nivel a ambos progenitores en relación con sus hijos.

Y ahora vamos al siguiente nivel:

«A mi juicio, este tipo de integrismo dentro de la Lengua no deja de ser un síntoma del machismo que todavía pervive entre quienes tienen miedo a que si la igualdad impregna el lenguaje y la RAE se vea forzada a la paridad en ese abecedario que son los sillones que ocupan los ilustres académicos» [sic].

Debiste revisar la redacción, que esto es un estilo demasiado Rajoy para mi nivel, y, de paso, también la ortografía en un párrafo en el que te pones a enmendarle la plana a la RAE. Que ya ves, empezamos por monomarental y acabamos usando mayúsculas donde no se debe o caemos en la incoherencia sintáctica que impide entender tu mensaje. Para eso son las rígidas reglas —que no lo son tanto, porque si no ya me estás explicando los siglos y siglos de literatura—: para que te pueda entender cuando te expresas porque usamos el mismo código bajo unas mismas convenciones.

Obviando esto, ya te esperaba yo y ya estabas tardando tú en sacudirle a la RAE, cliché donde los haya, destino común para todos los artículos que hablando de la lengua se enfocan en cosas del feminismo y del machismo: al final la RAE siempre recibe ad hominem. Juraría que la cosa iba sobre usar monomarental, mal justificado en una mala comprensión semántica y etimológica de monoparental… y hemos acabado en los asientos machistas de la RAE: ¿Acaso que haya más mujeres en la RAE hará que monoparental cambie su significado inclusivo de ambos sexos y su etimología? Estoy de acuerdo en que entren más mujeres en la RAE, pero no sé qué tiene que ver eso con tu artículo sobre el legítimo uso de la monomarentalidad. Churras y merinas… para la coherencia de un texto es bueno tener presente las diferencias del ganado ovino. A esto se le denomina falacia. De hecho ya van varias.

Por otro lado, cuando en un texto empiezan a aparecer las palabras terminadas en -ismo, suelo preocuparme. ¿Integrismo? ¿Machismo? ¡Buf! Recuerdo que dijiste que nadie discute la inexactitud lingüística. Pues un consejo, no la discutas —porque la discutes—, pero tampoco insultes. Y sí, la discutes, tanto en esas líneas como casi al final de tu artículo, cuando dices: «Resistirse a usar una expresión como “monomarental” por motivos únicamente lingüísticos es buscar una excusa para no hablar de una realidad familiar en términos de derechos». Es decir, que no cabe discutir lingüísticamente el uso de monomarental… ergo, la inexactitud lingüística sí se discute, hasta la anulas… lo haces desde el minuto uno.

Violeta, si tú escribes un artículo defendiendo que vas a usar monomarentalidad porque te sale de la mismísima marentalidad, créeme, yo sería el primero en aplaudirte. Que si quieres inventarte palabras, olé por ti y ¡viva la creatividad! Por eso, como tú misma afirmas —aunque me da la impresión de que intentas retorcerlo a tu favor—:

«la Fundeu [sic] ha reconocido su existencia como neologismo para aconsejar en su lugar expresiones alternativas como ‘familia monoparental materna/de madre/de mujer’, expresiones que apenas se manejan entre quienes quieren enfatizar el trato desigual que sufren las familias mayoritariamente encabezadas por una mujer».

No es nada extraño eso de que Fundéu lo reconozca como neologismo… toda palabra inventada y usada en un ámbito es un neologismo. Eso no significa que haya seguido una formación correcta o, por lo menos, haya observado el cuidado idiomático. Te apostillo al margen: Fundéu, por cierto, va con tilde, que es palabra aguda acabada en vocal, como la propia Fundéu reconoce y caso que la Ortografía recoge y usa de ejemplo.

No tengas duda: si quieres decir monomarental, estupendo, dilo, tú verás. Yo me siento obligado, al menos, a decirte que el término no es correcto ni está justificado desde un punto de vista gramatical e idiomático. Tú solita te has metido en el ámbito lingüístico y no puedes pretender que los que aquí habitamos no digamos está boca es mía cuando vienes a darnos lecciones. Inventa la palabra que quieras y úsala como te dé la real gana. Y si me gusta, a lo mejor te la copio. Pero, lo que no voy a aplaudirte, no puedo, es tu insistente e insultante intento de convencernos de la superioridad moral de tu posición y, lo que es más, casi prohibirnos seguir refiriéndonos con monoparental a la familia con un progenitor, sea padre o madre, en relación a su descendencia —básicamente nos pones verdes por hacerlo—. Es decir, invéntate la palabra que más te guste, todas las que te salgan de las narices, pero no nos sueltes la soflama ideológica que constituye su making-of moralista. Fíjate que, al final, la que solo era una inexactitud lingüística, según tú, ha acabado en tu artículo envuelta de una épica social frente al villano y malvado lingüista y la horrible RAE, que tienen la osadía de hablar y explicar aquello que han estudiado y de lo que saben. La integrista, en todo caso, eres tú, Violeta: integrista de la ignorancia, aupando entre falacias el desconocimiento de la lengua mientras tu bota hunde en el fango del machismo la cabeza del lingüista, que se supone que en cuestiones de lengua algo más que tú sabrá. Lee tu artículo, pero en voz alta, y te darás cuenta de que no estás defendiendo el uso de monomarentalidad sino menospreciando e insultando a quienes, con sobradas razones y conocimiento, prefieren no seguirte en este uso de la lengua —incluida la RAE, claro—. Casi más parece que esto de monomarentalidad es para ti una excusa para arrearle a todo aquel que no sea de tu cuerda. Que la palabra te da igual, vamos. Y eso, en efecto, no es una discusión lingüística. Eso es estar matando fantasmas y supurar por todos los poros. Eso sí, debo decirte que mientras leía tu artículo, en esto de los insultos y la bilis, eché de menos el apelativo fascista… cuando tengas un momento, ya si eso… solo es por cerrar el círculo.

Pero, como siempre, lo mejor se reserva para el final. Tu artículo, Violeta, es el vivo ejemplo de quien escribe a la carrera, con el calentón, cuando aún tiene el espumarajo de rabia en la comisura, y va dándolo todo entre incoherencias e insultos, para luego acabar corrigiéndose, desdiciéndose y hasta dando la razón a los que ha insultado reiteradamente. Atentos a estas líneas de oro, mis queridos lectores. Violeta, tú también léelo y en alto, para que el ego lo oiga:

«Es de ignorantes negar que en la España de hoy lo importante no es si hay un progenitor o dos, o si estos son del mismo o distinto sexo, lo importante y la prioridad debe ser que todas las familias tengan derechos al margen de lo que diga la lengua o mande una religión, porque avanzar en igualdad es saber nombrar y en eso la política siempre debe ayudar» [El resaltado es mío].

Así, así me he quedado yo, sí, de piedra, boquiabierto, ojiplático y pielgallináceo. O sea, que al final, lo que se concluye de este complejo artículo de silogística aristotélica es que no importa si es uno o dos progenitores, o que si es madre o padre… es decir, que usar monoparental es lo más correcto, porque a este adjetivo, desde el principio, le importó tres el sexo del progenitor. En efecto, lo dices muy bien: «avanzar en igualdad es saber nombrar»… por lo tanto, aprende a nombrar, Violeta: monomarentalidad no nombra nada porque el lexema –marens– no existe, no nombra ni lo que tú quieres ni nada otro. En cambio, monoparentalidad —digo ya de paso que el sustantivo no existe como tal, pero no es incorrecta su formación derivada del adjetivo(1)—, sí nombra, y justamente nombra a las familias de un solo progenitor, sea este padre o madre, y los hijos. Eres tú misma quien dice que:

el lenguaje no tiene un único dueño y que es propiedad de todos, que el español (al igual que otros idiomas) se va armando por el uso de la gente y es cuando la gente lo usa de determinada manera cuando a la Academia no le quedará más remedio que dar su permiso.

Y tienes razón, la lengua —que no el lenguaje— es de todos. Por eso mismo debes cuidarlo, por eso mismo debes respetarlo y usarlo según la convención y evolucionarlo según la convención, no según te convenga —que es muy distinto—, y no debes destrozarlo desde la ignorancia, creyendo que tienes toda la razón del mundo —algo decía Sócrates de eso de «creerse sabios sin serlo»—. Pero te equivocas: no es la RAE la que da su permiso. Te vuelvo a repetir: puedes inventar y usar la palabra que te dé la gana. La RAE, simplemente, no la va a incluir en el diccionario porque ni está bien formada ni está justificada. La RAE no es un tribunal ni la Gramática, la Ortografía y los diferentes diccionarios un código penal. ¡Deja de hacerte la víctima! No necesitas el permiso de la RAE. ¡Úsala! Lo que la RAE, lo que otros lingüistas, lo que yo, te estamos diciendo, es que tu justificación lingüística es incorrecta y denota un claro desconocimiento de la lengua, del significado de las palabras, de la etimología o de la formación de las voces. Insisto: tú solita te has metido a justificar lingüísticamente una voz incorrecta, luego no te quejes de que vengan quienes se ocupan de los asuntos lingüísticos a decirte que no es verdad lo que dices y que es incorrecto, lingüísticamente, tu argumento. No la hagas, no la temas. Habla de lo que sepas y no te metas en camisa de once varas.

Con todo, en consonancia con lo que tú pretendes a lo largo y ancho de todo tu artículo, te repito: decir bien la palabra, o decir otra creada al gusto, no sirve para que la realidad cambie. Por eso es también fantástico este diálogo de La vida de Brian, que ya que la he mencionado, para qué voy a buscar otro ejemplo:

FRANCIS.- Es el derecho inalienable de todo hombre…

STAN.- O mujer…

FRANCIS.-… ser liberado…

STAN.- O liberada.

FRANCIS.- O liberada. Gracias hermano.

STAN.-O hermana.

FRANCIS.-¿Por dónde iba?

REG.- Ya habías terminado. Además, es derecho inalienable de todo hombre…

STAN.- O mujer.

REG.- ¿Se puede saber qué fijación tienes con las mujeres, Stan? Nos estás distrayendo.

STAN.- Quiero ser una mujer.

FRANCIS.- ¿Qué?

STAN.- Quiero ser una mujer. Desde ahora quiero que me llaméis Loretta.

JUDITH.- ¿Por qué quieres ser Loretta?

STAN.- Es que yo quiero ser madre.

REG.- Tú no puedes parir.

STAN.- ¡No me oprimas!

REG.-No es que te oprima, Stan. Es que no tienes matriz. ¿Dónde vas a gestar el feto, en un baúl?

JUDITH.- Tengo una idea. es verdad que él no puede parir, lo que no es culpa de nadie, ni siquiera de los romanos, pero sí puede tener derecho a parir. Aunque no tenga matriz, tiene derecho a ser madre.

FRANCIS.- Nosotros tenemos que reivindicar ese derecho. Es un símbolo de nuestra lucha contra la opresión.

REG.- Es un símbolo de tu lucha contra la realidad.

Entonces, Violeta, si en tu artículo acabas concluyendo que no importa el número o el sexo de los progenitores, dime a qué toda esa diatriba sobre visibilizaciones y madres, y la RAE, y lo patriarcal y el integrismo machista y Cristo que lo fundó… Te doy un nuevo consejo: antes de escribir una opinión, haz un esquema de ideas para ver cómo vas del punto A al punto B sin terminar en contradicciones, recapacita el orden en que vas a presentar argumentos y ejemplos, observa cuándo sacas los pies fuera del tiesto y ten clara la tesis… en fin, organízalo antes de escribir, léelo en alto y corrígelo antes de enviarlo, porque al final esto es lo que queda publicado. Para concluir lo que concluyes, Violeta, sobra todo el artículo…

Ahora acúsame de mansplaining —otra cosa no, pero palabritas…—, la coartada perfecta para cuando un varón te lee la cartilla. Lo que no sé es si tu artículo hay que tomarlo como womansplaining o una clase magistral o doctrina desde un púlpito ideológico. ¡Please, try again!

 

Héctor Martínez

 

(1) Lo explico: a un adjetivo puede añadirse la sufijación –dad (y los alomorfos –idad/-edad/-ilidad) para formar el sustantivo abstracto correspondiente. Así, de banal formamos banalidad; de real formamos realidad y de efectivo formamos efectividad; o formamos de terco el sustantivo terquedad y de responsable obtenemos responsabilidad. Podemos también tomar lexemas cultos como bon– (de bueno, en latín bonus, bona, bonum) y formar bondad. De este modo, tomado como referencia el proceso de formación, de parental (de lat. parens, is) podría formarse parentalidad. Cosa distinta es que la palabra figure en el diccionario porque sea de uso común y mayoritaria entre los hablantes, o pueda estar restringida como neologismo y tecnicismo a las áreas de estudio y conocimiento pertinente.

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