«HIPNOSIS-LA COLONIA» O LA VIDA CONTRA LA CAVERNA

Dicen que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Pero me parece un dicho demasiado utópico. Al contrario, el que ve, el tuerto, suele ser el reo condenado, el castigado, el loco, el ejecutado. De esto trata Hipnosis (Ed. Antígona 2012), obra de teatro escrita por David Fernández Rivera, cuya inspiración se ha apuntado en la caverna platónica, aunque yo la sitúo, no tanto en los prisioneros contemplando sombras, sino en la amenaza de muerte sobre el prisionero liberado que desciende de nuevo a abrir los ojos de los demás. Concretamente del siguiente fragmento del Libro de la República: «Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol? (…)  Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado, y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?».

Bruno de la Vega, auténtico protagonista de Hipnosis, es el liberado que retornó y se expuso al ridículo y a la muerte de sus congéneres. Ve las máscaras, reconoce la falsedad de las sombras, descubre los límites de un mundo reducido —La Colonia— y su opresión: «Por primera vez en mucho tiempo, puedo ver cómo los viandantes proyectan la fachada de los edificios a través de la amnesia de sus ojos. Nada de lo que pueden ver existe», afirma Bruno, y continúa: «nunca me he sentido tan solo como desde el día que prometí abandonar la colonia. Aquí no hay nadie, pero tampoco podría volver a un lugar que solo es visible en el momento que niegas la vida para luego buscarle un sentido».

La obra, como se ve, no es platónica. Existe una contraposición entre vida y sentido, que Platón jamás llegó a plantearse y que ha supuesto el drama de la conciencia occidental durante siglos, como denunciara Nietzsche. Efectivamente, desde la vieja alegoría griega una suerte de antivitalismo, de sustitución de la vida por su fundamento, se generó toda una amalgama de monstruos de la razón, de hombres con máscaras de gas. Aquel olvido, la amnesia producida por la caída en la caverna, es, para el mundo, su único opio: «todo lo que ya no puedes ver se olvida demasiado pronto. (…) Cuando aprendes a olvidar, es mucho más sencillo convivir con el dolor». Solo Bruno ve las máscaras que todos portan, solo Bruno percibe que en La Colonia: «el único futuro está en todo lo que hemos olvidado dentro de nosotros mismos».

Bruno de la Vega es un espécimen único dentro de la humanidad, una rareza digna de estudio para la Asociación Antropológica —que representa el personaje Julia Estévez en connivencia con la hermana de Bruno—, una cobaya con camisa de fuerza y en silla de ruedas dentro de un psiquiátrico. Inmóvil, secuestrado, por su sociedad. Una sociedad que camina ciegamente a su destrucción cuando cree avanzar en dirección contraria, como señala Ángel Padilla en el prólogo: «Toda la obra representa a seres que creen hacer una cosa cuando en realidad están haciendo otra muy distinta, que creen ser algo cuando son lo contrario». En este sentido, la caverna es, en sí misma, una amenaza invisible que, por ignorancia, se toma por el mundo perfecto.

David Fernández Rivera con su disco Ecos de la noche y el libro Hipnosis-La Colonia / Ricardo Grobas. Fuente: Faro de Vigo 6-7-2012

Aunque concebida como obra de teatro, y por ende, como obra de representación, se trata de un texto que marca claramente la diferencia entre ser espectador o ser lector. Para el lector, la obra reserva una lectura progresiva y lírica, propia de quien es poeta, en la que las palabras van paulatinamente descubriendo el velo inicial. La lectura resulta constructiva según van apareciendo palabras clave como Colonia, fuego, camisa de fuerza, trastorno… a lo que cabe añadir el lirismo y disposición tipográfica de las acotaciones, como una voz narrativa en prosa que poco a poco se desenvuelve en verso. Sin embargo, el espectador encontrará una escenografía inusual lumínica y audiovisual que en la mera lectura se pierde. El efecto resultante ofrece dos textos distintos o, mejor dicho, dos perspectivas literarias complementarias entre la letra escrita y la letra escenificada. El propio David Rivera sintetiza la trama de Hipnosis con sus palabras: «Yo podría resumirla en un monólogo de una persona que a sus casi cuarenta años, es consciente de que ha entregado su vida a un sistema productivo feroz y en el que solo son explicables las barbaridades más grandes por la escisión de la sociedad del sistema natural. El conflicto llega cuando pretende salir de esta encerrona».

Galardonada por Visión libros con la Estrella de Plata y el Collar Estrella de Oro, Hipnosis (Ed. Antígona 2012), crítica de nuestro tiempo y renovación de la escena española, es la última obra dramática publicada por el prolífico escritor vigués, autor de Alambradas (2010) y Rojo sobre negro (2003) junto a una consolidada obra poética y musical.

Héctor Martínez

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