22/02/2021

¿UN CÉZANNE POETA?, “EL BESO DE LA MUSA”

Posted in Poesía tagged , , , , , a 11:09 por Retratoliterario

Voy a intentar responder a la pregunta que me han formulado en los últimos días, y que dice así: ¿cómo terminé por publicar un libro de poesía de Cézanne? Hay cierta estupefacción por ver el nombre de Cézanne en la cubierta de un libro de poesía, y lo comprendo porque yo mismo la sentí cuando en mi cabeza lo visualicé. Incluso diría que ahora, con el libro ya publicado, aún lo veo como una pequeña locura, una trastada que me dio por hacer.

A Cézanne lo tengo como referencia de una posición, diría, epistemológica, por su pretensión de ver las cosas como realmente las vemos. Pero no es una posición subjetivista o psicologista, sino una perspectiva fisiológica y objetiva: visualizar la cosa misma tal cual la vemos que es. En el cuadro se representa no solo a la cosa sino que se pinta su visualización fisiológica, la realización de la mirada. Por ello que Cézanne sea para mí el más realista de los pintores, pues no pretende una copia fiel de la cosa sino ser fiel al modo en que los ojos ven la cosa como cosa; es decir, busca pintar la visualización ontológica de la realidad. No aspira a ser copia, ni aspira a ser espejo de la realidad: aspira a ser la realidad.

Esto quiere decir que Cézanne no es para mí lo que para el común, esto es, un pintor postimpresionista y catalizador del arte del siglo XX. No solo es esto, mejor dicho. Es ejemplo pictórico de una posición intelectual que comparto.

Bajo este foco he contemplado su obra, he leído monográficos —de los que he traducido el escrito por Gustave Coquiot—, los testimonios de Vollard o de Joachim Gasquet, he seguido su impronta en poetas… y en eso estaba cuando, un día, topé con algunos versos, dos, muy tontos, surgidos de la mano de Cézanne, que tenían que ver con su padre Louise, y recuerdo la sorpresa que me llevé. Lo contaba Ambroise Vollard: cuando su padre se hizo banquero y arrastró a Paul con él, este dejó por escrito en uno de los libros de contabilidad un pareado:

Mon père le banquier ne voit pas sans frémir,

Au fond de son comptoir naître un peintre à venir.

[Mi padre, el banquero, no puede ver sin estremecerse,

Que al fondo de su mostrador hay un pintor por venir]

La campana de la curiosidad sonó tras tanto que había leído del Cézanne obsesionado con Sainte-Victorie, y me pregunté, ¿qué clase de poemas podría escribir alguien como Cézanne? Además de que la pregunta era absolutamente legítima, natural, también era algo que abría un horizonte completamente nuevo. Otro aliciente: no se trataba del Cézanne adulto, del que yo conocía, del que todos conocemos, desde luego, sino de un joven provenzal llamado Paul, casi veinteañero, hijo de un sombrerero que se hizo banquero, un chico que no había salido de Aix, que apenas había garabateado y acaso estudiaba en la Escuela de Diseño, y para quien era doloroso ver que sus amigos, en especial uno llamado Emile (Zola), se marchaban a París. No, no era Cézanne, sino una versión previa, un protocezanne en el que, sin embargo, reconocemos una gran cantidad de rasgos del Cézanne posterior. El germen, el poso magmático e inestable en las profundidades del volcán… usen la metáfora que quieran. Eran los poemas de ese protocezanne, que ni siquiera pensó que pudieran terminar saliendo a luz pública cuando los mandaba por carta a París. Romántico, poseído por la altanería del genio que le desborda y no controla, todavía más lleno de sueños y triunfos que de realizaciones, amigo fiel y personalidad disonante, que tan pronto lo ve todo de color de rosa como preconiza su muerte joven.

Tal y como me lo planteé, un cierto aroma de autenticidad rodeaba el asunto. Esa versión de Cézanne, joven, desconocido, habitante de Aix, escribe sus cartas sin la sospecha siquiera de que algún día podrán interesarle a alguien más (por ejemplo, a mí) que a su destinatario, un amigo y punto. No las escribe, por tanto, guardando formas para ser juzgado por la posteridad. Todo lo contrario. Hasta el propio Emile le reconocerá a Paul que los versos de este último son más vivos, más sinceros, más auténticos que los suyos. Aunque, seamos justos, se lo decía en una carta en la que pretendía animarlo, porque andaba Paul algo decaído, y no encontró nada otro que ensalzar de él en aquel momento. Y yo quise encontrarme con esa autenticidad, sin saber realmente con qué iba a dar, pero con la sensación parecida a hallar los dibujos, los versos, los textos que los escolares realizan en las últimas hojas de sus cuadernos de clase (bueno, poco a poco van dejando de usar cuadernos), hojas a cuyo secreto silencio se confían. Esa era la sensación cuando empecé a buscar y recopilar los versos en la correspondencia privada de Cézanne.

No he publicado el libro porque Cézanne fuera un maestro lírico, desde luego. No estaba destinado a ser el nuevo Baudelaire, al que tanto admirara. Pero tampoco le faltaban conocimiento e instinto: conocimiento de las formas poéticas e instinto al usarlas en los variados tonos en que lo hace. En su mayor parte son alejandrinos pareados, muy francés, sí, aunque también tira por el metro corto. Los asuntos van desde el clasicismo latino y las pastorelas francesas, pasando por los desahogos personales, las confesiones, la desbordada pasión sexual, erotismo y bohemia (cantos a la botella y al vino, para que nos entendamos), el humorismo, los juegos de palabras, las adivinanzas… e incluso hay composiciones muy del gusto simbolista y decadente (o gótico si lo queremos llamar así), como aquella Historia terrible llena de duendes, diablos, satanes, cadáveres, todo ello en un sueño muy tenebroso y psicológico.

Escogí publicarlo en versión bilingüe por una sola razón: no soy traductor profesional y menos del francés: puede ser que el lector encuentre algo en el original que yo me perdiera. En mi caso, quería leerlos, entenderlos, y para ello tuve que traducírmelos (autosuficiente que es uno) echando mano de la intuición por hablar y conocer una lengua romance que enseño, ayudado por diccionarios y aquellos otros diccionarios contextuales, diversos traductores, además de contar con la versión inglesa de Alex Danchev, o la de Rewald y alguna de Theodore Reff, Gerstle Mack y Jack Lindsay, como apoyo para captar, alguna que otra vez, en qué sentido podría entenderse una expresión, una palabra o todo un verso. La versión francesa la recopilé de la correspondencia publicada por la Société Paul Cezanne comparándola con la publicada en el volumen de Rewald en francés. Entre las varias fuentes, no todas coinciden en la fecha de envío de una carta o de otra, amén de que existe algún poema sin fechar, para cuyas dataciones seguí, mayormente a la Société Paul Cézanne, aunque en algún caso Danchev ofrecía mejores razones. Pero en general, me guie por propio criterio contextual.

Explicaré el título. Porque, claro, este es un libro que no existía, y había que bautizarlo. Y para ello vino al caso que, por aquellos días en que Cézanne escribía versos y estudiaba en la Escuela de Diseño de Aix, copiara un cuadrito que Félix Nicolas Frillié había presentado unos años antes para el Salón de París y que se titulaba El beso de la musa (o El sueño del poeta). Ya puestos a ir a por lo extraño, por qué no usar esta pintura como portada. Era una copia de 1860, justo los años de los poemas cezannescos en los que no pocas veces invoca a la musa o se queja de falta de inspiración; era también un motivo lírico esto de la musa besando al poeta carente de inspiración; y evocaba desde la pintura la poesía o viceversa; era un cuadro que se había presentado y se había aceptado en el Salón de París, el mismo que luego rechazaría a Cézanne una vez, y otra y otra… estaba, desde luego, lleno de resonancias que comunicaban la portada del libro con el ansia pictórica de Cézanne, su temporal devoción poética, sus primeros pasos en la pintura estudiando a Frillié, y su futuro pegarse de cabezazos contra la pared de la oficialidad artística parisina (menos mal que Cézanne era, sobre todo, la definición de la terquedad encarnada). Ah, y era un cuadro este de El beso de la musa que le encantaba a la madre de Cézanne, la muchas veces olvidada Anne-Elisabeth Honorine Aubert, quien fue en el seno de la familia frente al pater familias la primera valedora, junto a su hermana mediana Marie (que tiene poema dedicado en el libro), del futuro maestro pintor. La madre también fue el fuelle del espíritu vital que impulsaría a Paul Cézanne. Me gustó también esta evocación.

Creo que ha resultado un libro curioso, muy en la línea editorial de Retrato Literario. Sí, ya saben los lectores, sacar a la luz lo insólito del autor conocido, traer el autor ya viejo pero inédito y desconocido en nuestro idioma… caminar los márgenes de las librerías recogiendo lo raruno (o sea, la rara avis en un corpus ya manoseado, para los cultos… a ver si nos aceptan ya el palabro de marras): de un reconocido poeta, sus desconocidos cuentos y novelas; de un cuentista, sus desconocidos ensayos… y, por supuesto, de un pintor, no podía ser otra cosa que sus poemas.

Héctor Martínez

24/01/2021

VIDA “DESPUÉS DEL COLEGIO”, SEGÚN FLÓBERT ZAPATA

Posted in Poesía tagged , , , a 2:13 por Retratoliterario

¿Se le puede perdonar a un colegio que procure aburrimiento? La educación es buena y el aburrimiento es malo pero la mayoría de los maestros obligan a los alumnos a aceptar que lo bueno es aburrido, con lo que pueden llegar incluso a concluir que la educación es mala y el aburrimiento es bueno.

Flóbert Zapata, La Carolita, 21/11/2012

Flóbert Zpata

El Colegio es una experiencia fundamental en la vida. Tan fundamental como única, la «estación memorable», como la califica el poeta. Sólo después, acumulando años, podemos darnos cuenta y valorar lo que tanto tiempo antes ni siquiera percibimos porque lo estábamos viviendo. Pero en ese después, el Colegio nos parece la estrella fugaz de unos pocos momentos, unas pocas caras, horas y anécdotas. Un amor, un suspenso, una pelea, lo intenso que se perpetúa casi como lección académica. Y sin embargo, de adultos, reducimos el mundo escolar de los críos a asistir a clase y estudiar la materia. Todo lo demás que ocurre, o lo eliminamos o pensamos que no debería ocurrir. Y aun así, sucede para el estudiante. Acontece lo que es más importante para él que el conjugar tiempos verbales: «Si te digo Te quiero / el verbo está conjugado / en tiempo presente / Sin ti a mi lado / todos los verbos / todo el estudio / todas las cosas / son tiempo perdido», o el resolver ecuaciones de dos incógnitas: «¿Te cambiaste de colegio / para olvidarme? / Es una incógnita / que jamás podré despejar».

El amor y el deseo, la relación social, son varias de esas experiencias intensas, nos dice Flóbert Zapata. Quizás no nos demos cuenta, pero es esto lo que provoca que se quiera o no ir al colegio. No es la clase de matemáticas, no es el profesor de química, no es el patio de recreo. Es el querer estar cerca de quien se ama, quizás con las emociones a flor de piel y confundidas, y el formar un grupo con otros distintos de la familia lo que arrastra al alumno hasta el aula. Sin esa aprobación social, con el desengaño amoroso, con el vituperio de los demás, inmediatamente se rehúsa asistir, nacen los traumas y los conflictos, que bien puede comenzar por el simple lloro cuando «me dijiste que termináramos / y al preguntarte la razón / me entregaste una respuesta digna / dolorosa e inapelable: / —No te dejo por otro / simplemente ya no te quiero». ¡Qué dura lección puede aprenderse de algo que es tan simplemente! Perder algo que quisimos para siempre, pues «Aspiro a que en la próxima / convalecencia / estés a mi lado / cuando despierte / me beses en la boca / reseca agrietada / y me digas por fin / que tanto sacrificio / merece recompensa».

Pero lo colegial no es sólo una etapa. Lo colegial no se extingue, se perpetúa generación tras generación. La inocencia, la pureza, el desarrollo físico, el mismo uniforme, tienen significados muy distintos según quien los contemple. El poeta nos pone en una situación controvertida para una estudiante: un golpe de viento levanta su falda. De inmediato tres reacciones distintas, la de un obrero para quien es motivo de alegría por la belleza joven y «seguramente su almuerzo tendrá mejor sabor / los muertos del noticiero / llegarán menos tristes / el trabajo de la tarde más liviano / el pequeño salario menos punzante», un almacenero casado que «guardará la imagen para la noche / cuando su mujer sea una víctima agradecida» subrayando los estragos del tiempo que no afectan al deseo, y, sobre todo, la reacción de «un chico más o menos de su edad / se ha puesto pálido / y desde un lugar estratégico / espera que el viento repita la fechoría», es decir, el muchacho que ha hecho un primer descubrimiento de lo que obrero y almacenero ya conocen. La estudiante, por el contrario, «se irá a su casa / serena / sin nada que contar», ignorando que en su vuelta al hogar tras las clases, por ella tres vidas han cambiado en un momento y algo alegre ha repartido por casualidad. Se trata, sin duda, de la misma chica que al acudir al colegio encara «el destino / del resto de mujeres / de la ciudad / del universo», lo que resalta lo momentáneo anterior y, en cambio, la promesa de futuro que la envuelve. No es crucial su pureza colegial, sino su gesta en el mundo, porque es gesta todo lo que sea luchar contra destinos que nos han prefijado.

Son los ojos de ella, de la estudiante, los que aprovecha el poeta para reflejar capas de la sociedad: indigencia, droga, desplazados, justicia… El poemario, de hecho, establece un continuo contraste entre el mundo y el prototipo idealizado de la colegiala, tal y como se ha idealizado de siempre el objeto de amor hasta hacerlo símbolo luminoso del bien y de una visión salvífica: «el paraíso / nos sorprende / en una buseta / de las siete de la mañana / llena de muchachas / con uniformes y libros / con las lecciones oscilando en la memoria / recién bañadas / esplendorosas / adheridas a la fascinación / como un tatuaje / que bien puede durar / el resto del día / o de la vida». También se establece este contraste con el resultado final que, se supone, concederá el status social del mañana. El problema de Álgebra que no se sabe resolver se coloca a la altura de resolver «los problemas feroces / que la vida le tiene reservados / a los duros caminos del mundo», así como «los que acarician / la grandeza simple de graduarse / convertirse en obreros», a la vez que el alumno brillante y graduado con honores «me parece verlo / una tarde de tantas / gritando a los obreros a su cargo / censurando su torpeza / y maldiciendo a quienes pidan / un aumento de salario».

No es oro, sin embargo, todo lo que reluce. Por un lado, la habitual tiranía del docente, de la norma, la jerarquía, la voz de mandato, un mal, quizás necesario, pues «un profesor es ese mal amigo que llevas muy adentro» y que tan pocas veces predica con el ejemplo, —«antiejemplo / que / terminamos / imitando»— que duerme en clase o llega borracho, pues incluso en él los instintos son más fuertes, el profesor que envejece frente a la eterna juventud de los alumnos que se suceden delante de él. Por otro, a pesar de la idealización, el estudiante vive en un mundo que lo controla, que lo seduce y tiende sus cadenas, un mundo del consumo que le dice qué debe hacer, qué música escuchar, qué leer, tecnología orquestada que provoca el lamento parental: «nunca existió camino más corto al infierno». Son otros deberes, inconscientes, que el estudiante asume, además de los académicos. Son imposiciones que manipulan al joven, para el que sólo cabe la esperanza de que «un día de estos / harás alguna cosa distinta / al cumplimiento estricto / de los deberes / a obedecer maquinalmente / voces que te gobiernan / desde todos los lados», prohibiciones que repiten con eco «Cierra los ojos / cierra la boca / cierra la libertad / obedece obedece obedece obedece obed…», leyes no escritas, horarios de sesenta minutos, organización fría, racional, contra los instintos, las pasiones, los apetitos, las emociones y ansias de la vida en movimiento, «en aquellos tiempos / en los que la educación / iba por un lado / y la vida por el otro».

En su tercera parte, el poemario desarrolla un inteligente e ingenioso juego lingüístico a través de lo que llama Variaciones. La cita celebre de los grandes del conocimiento, las artes y las ciencias, se metamorfosean en la mentalidad del colegial: Descartes, Arquímedes, Shakespeare, Monterroso, Lancaster, Bienaventuranzas, refranes… Se trata de dardos dirigidos, breves disparos dialécticos y acrósticos casi deletreados, algunos tan dramáticos como «cero / no / ser… / he / aquí / el / problema» y otros tan líricos como «●UNBESOESLADISTANCIAMÁSCORTAENTREDOSSUEÑOS●», aproximado al juego aforístico o a la greguería ramoniana, con su chispazo de metáfora y humor, con su poso reflexivo y trágico.

Después del Colegio es, ciertamente, un único poema narrativo en seis partes, con espacio, tiempo, personajes, acción y narrador. Espacios como el aula y el colegio, representación a escala del mundo; Tiempos como el eterno presente del estudiante, el futuro que apenas percibe y el pasado melancólico del adulto; Acciones, en el despertar, acudir a clase, equivocarse, amar, mandar, castigar, y trabajar; Personajes, todo el elenco de hombres y mujeres que empezaron o terminaron en el colegio, proyectados desde allí a una vida miserable. Y el Narrador, el cual el poeta decide desdoblar en los personajes desde la primera persona del estudiante, tanto masculina, femenina, y del profesor, hasta el narrador omnisciente, de modo que se alternan en un coro a distintas voces, una íntima y otra externa, pasando el lector de una visión interna a un punto de vista objetivo.

Imposible no recordar, no asistir en nuestra memoria a los tiempos de cuando fuimos colegiales al leer el libro de Flóbert Zapata. Éste es el verdadero significado de Después del colegio: tanto el instante inmediato en que los estudiantes abandonan las aulas como el mañana adulto bregando con la realidad mundana.

Héctor Martínez

El poemario se encuentra disponible para libre lectura por el autor aquí.

24/10/2020

“EMBLEMAS NEURORRADIOLÓGICOS”, JOSÉ HIERRO

Posted in Poesía tagged , , , , , , , , a 12:28 por Retratoliterario

En ocasiones, Hierro publicó sus poemas como pies de texto de litografías, grabados y por el estilo. En una de esas ocasiones unió su poesía con el radiodiagnóstico, en un volumen titulado Emblemas neurorradiológicos, que vio la luz en 1990 con la imprenta Koragrafík y se reeditó en 1995 por Endymion. La edición de Endymión, además de contar con la presentación del propio poeta, trae como guinda del pastel un pequeño y hermoso prólogo de Laín Entralgo, a la sazón médico y ensayista, voz perfectamente autorizada para abrirnos las puertas de este libro.

El librito de Emblemas neurorradiológicos surgió, contaba Hierro en una entrevista con Sergio Macías para Previsión sanitaria nacional (núm. 79, diciembre 1992), de uno de sus yernos, Jesús Muñoz:

La historia es muy sencilla. En esa carpeta los dibujos, muy minuciosos, están hechos por uno de mis yernos [JesúsMuñoz], que es médico neurólogo y los presentó, no sé por qué razones, a un congreso internacional. Parece ser que tuvo mucho éxito y le dijeron que viera la posibilidad de editarlos; entonces, a otro de mis yernos que escribe poesía en sus ratos libres le pidieron que hiciera algunas ilustraciones poéticas, pero alguien le dijo: “hombre, díselo a tu suegro, a Pepe”. Luego yo lo hice teniendo un poco en cuenta las imágenes, esto es, primero las imágenes las veo yo, y, segundo, la interpretación de ellas no. El autor de los dibujos me explicó en qué consistían aquellas deformaciones, malformaciones; luego todo ya fue puramente…oficio.

Es una declaración que reitera en la presentación, donde añade que aquellos dibujos eran caricaturas, un complemento humorístico de la ponencia que realizaron los doctores M. P Romero, A. Pérez Huigueras, M. Pérez Álvarez y B. P. Villacastín. Y ahí tenemos los dos elementos cruciales: los dibujos actuaban como caricaturas de una ponencia médica y los poemas son el pie de aquellas caricaturas. Explicaba Hierro:

Jesús Muñoz concibió la idea de convertir las caricaturas en emblemas, es decir, en jeroglíficos o empresas cuyo enigmático sentido se explica (con la necesaria e inevitable oscuridad) al pie del dibujo. (…) aquí entran los versos que escribí accediendo, encantado y divertido.

Se trata, por tanto, de poemas que son caricatura poética de una caricatura, o como también podemos definirlo, divertimentos burlescos, los cuales nacen del oficio poético:

El texto no tiene relación alguna con la poesía. Es lisa y llanamente, versificación, ejercicio lúdico (…) Son versos que se originan fuera. Versos fabricados, fríamente elaborados, ejercicios retóricos, bromas entre amiguetes.

La importancia de estas afirmaciones radica en el hecho de que Hierro trace una división dentro de su obra poética en este texto, una confesión sobre las vertientes de su poesía, distinguiendo entre el oficio y la inspiración, entre el poema que

me sé antes de escribirlo y el que voy descubriendo al escribirlo. En el primer caso, yo sé más que el poema. En el segundo, él sabe más que yo, es él quien me guía; pero ¡ojo!, a la manera que el perro lazarillo guía al verso, pero a condición de que antes haya sido adiestrado.

Hierro conoce bien el oficio poético, y es este un conocimiento que le permite elegir y adecuar métricamente la octava real y los eneasílabos blancos como estructuras para corresponder a los dibujos según los temas:

Elegí la pomposa y desmesurada octava real para los temas más jocosamente tratados por el doctor-pintor, y las series de eneasílabos blancos para las malformaciones infantiles, vistas por Jesús con piedad y ternura.

De modo que, al decir de Hierro, en este librito vamos a encontrar poemas burlescos escritos como ejercicio del oficio de la versificación. ¿No se percibe cierta intención de rebajar con modestia el verso? Algo hay, desde luego. Hierro responde bien a aquella definición machadiana de ser «en el buen sentido de la palabra, bueno». En todo momento cede la primacía a los dibujos, ya que fueron primeros, desde luego; no pierde ocasión de señalar que «el verdadero protagonista es el conjunto de dibujos de Jesús Muñoz» de quien parten «primor, invención, humor, entretejido de alusiones culturalistas, citas de Mantegna o de Rembrandt», asumiendo él un papel secundario, de mero acompañamiento que, obviamente, reconoce con humor y humildad, precisó de algunas explicaciones para ponerse manos a la obra:

Si yo fuese médico, no hubiera necesitado que me explicasen el modelo original. Como no lo soy, Jesús tuvo que hacerlo (¿de qué, si no, iba yo a saber qué demonios es eso de la HOLOPROSENCEFALIA?).

Laín Entralgo, en el prólogo que ejecuta, resume a la perfección el resultado de este Emblemas neurorradiológicos:

Un diálogo entre un médico que reduce a imagen irónica y lúdica su utopía y un poeta que de esa utopía saber hacer lúdica e irónica palabra.

De muy hermosa manera, Laín Entralgo entrelaza ambas dimensiones a través de un punto común. La utopía médica, nos dice, siempre ha tratado de ver la enfermedad, tratar de representarla para entenderla, propósito al que responde el trabajo de Jesús Muñoz; pero propósito que no puede caer en el reduccionismo de lo visible, sino que alberga también un más allá de la enfermedad que cruza el umbral del misterio del dolor:

La enfermedad humana consiste no sólo en lo que se ve, también en lo que se oye, y a la postre más allá de lo que se ve y se oye, en ese insondable misterio que es la realización individual y morbosa del dolor no merecido (…) Hacia ese misterio apuntan, lúdicos e irónicos, los poemillas de José Hierro que dan contrapunto verbal a los dibujos de este libro.

En las palabras de Laín Entralgo los poemas de Hierro recuperan algo de lo que, como poesía y aunque ejercicio lúdico, tienen. Porque, si bien es cierto, que muchos reproducen jocosamente la caricatura de Jesús Muñoz, como los que reproducen el Cristo muerto de Mantegna sobre la camilla entrando en el donut para un TAC, o convierten el escáner en una derivación de la vieja guillotina e incluso recuerdan la Lección de anatomía de Rembrandt, que ahora puede hacerse mediante la máquina y el pigmento de contraste, lo que encaja en la línea culturalista desarrollada, varios poemas traspasan la mera línea de lo burlesco y se adentran en el territorio lírico de Hierro, ayudado, a su vez, por el lirismo de los dibujos de Jesús Muñoz. En concreto, son cuatro los que escapan a la mera caricatura y nos entregan un tono poético elevado.

Pienso, por ejemplo, en el quinto, titulado Chiari. II. Para los profanos como yo, —para esta reseña lo he tenido que mirar— la malformación de Chiari es una malformación del sistema nervioso central por la que, debido a un cráneo pequeño el cerebro (la parte de cerebelo y bulbo raquídeo) se ve empujado hacia abajo y se desliza por una apertura en la parte posterior hacia el canal espinal. En tanto que malformaciones, estas se desarrollan al nacer o durante el crecimiento de cráneo y cerebro y está asociadas a menudo con la hidrocefalia. La representación que Jesús Muñoz realizó en su caricatura, dibuja un cerebro en una taza-embudo con rasgos faciales infantiles, que es arrastrado por un peso hacia el canal estrecho del embudo del que sale formando unas raspas de pescado.

Es una taza rota: gota

a gota, el licor se derrama;

inventa esqueletos de peces,

se lleva pedazos de alma.

Aquellos ojos impasibles

no entendían lo que miraban:

vientos que mueven unos remos,

mares que entreabren sus pestañas.

Son versos que marcan un campo semántico claro (gota, licor, derramar, peces, mares) envuelto de metáforas (es una taza rota), contraposiciones en paralelismo (esqueletos de peces-pedazos de almas) y las personificaciones finales (vientos que mueven unos remos, mares que entreabren sus pestañas). Indudablemente que estos versos, empujado por el lirismo y la ternura, en palabras de Hierro, que impregna Jesús Muñoz con las malformaciones en niños, recrean una imagen mucho más poética que va más allá del humor culturalista de los previamente dedicados al escáner y la computarización. Sobre todo, es de señalar que aparezca el símbolo marino, símbolo muy personal y presente continuamente en la poesía de Hierro: para él es el paisaje de su infancia santanderina y de la eternidad, de un perpetuo nacer, o límite entre la vida y la muerte evocando a Manrique. Así se explicaba el propio poeta en una entrevista a El Cultural (21 marzo, 2001):

El mar es importante en mi poesía —y en mi vida— por dos razones. Es el paisaje de mi infancia: yo nací en Madrid, pero con dos años me llevan a Santander, así que aprendo las primeras palabras mientras oigo al fondo el rumor del mar. Soy un animal marino. Además, el mar es un símbolo, tal vez inconsciente, en mi poesía, de lo que no envejece; el mar no pierde el pelo, no se arruga… Como en el verso de Valéry: «La mer, la mer, toujours recommencé…» A mí me gusta traducirlo como «El mar, el mar, siempre reciennaciendo»… No es la traducción más exacta, claro, pero es la más cercana a mí.

Otra malformación, la de Dandy-Walker, es la glosada en dibujo y poema en sexto lugar. Una malformación, también congénita y también asociada a la hidrocefalia, que conlleva —de nuevo tuve que buscar información, claro— el ensanchamiento quístico del cuarto ventrículo en la parte posterior del cerebro que causa el cerramiento de orificios fundamentales para la circulación del líquido cefalorraquídeo de modo que se afecta el flujo al resto del cerebro. El diseño de Jesús Muñoz en este caso dibuja una cabeza de niño con un hueco en la parte posterior con forma de anillo. Y con esa imagen y nuevamente asociaciones con el mar infantil, con el paisaje de ese reciennacer y de vida, Hierro comienza su versión poética:

La mar ha elegido este anillo

para sus dedos invisibles;

va inundando la oscura bóveda,

tornando el rostro niño triste.

con frecuencia sonríe el niño

como si viese a los delfines

cabalgando sobre las olas,

ágiles criaturas felices.

El campo semántico de Chiari se amplía aquí (inundar, delfines, olas) entre nuevas metáforas (anillo, oscura bóveda) y personificaciones (la mar ha elegido…para sus dedos invisibles) y más contraposiciones (niño triste-sonríe el niño-criaturas felices).

Sin duda, si alguno de los poemas de este librillo destaca, si en alguno se reconoce al más puro Hierro, ese es el poema octavo, dedicado a la Agenesia de cuerpo calloso. Según pude descifrar, se trata de un defecto congénito que puede darse aisladamente o estar asociado a malformaciones anteriores como Chiari, Dandy-Walker, Holoprosencefalia… y es, literalmente, la ausencia del cuerpo calloso que une ambos hemisferios cerebrales. Esta afección complica la conexión y coordinación de los dos hemisferios. El dibujo de Jesús Muñoz representa un ave que escapa de una cabeza enjaulada y los versos de Hierro dicen:

No ha dejado más que silencio,

en lo que fue patria del canto.

Ha huido hacia la luz azul

y ha dejado sombras y estragos.

Ha huido rompiendo la jaula,

la jaula que fuera el palacio

de la ilusión. Se lleva el trino.

El silencio solo ha dejado.

José Hierro / Fuente: Centro Poético José Hierro

En estos versos la fuerza recae en las contraposiciones y repeticiones. Fijémonos que empieza como termina, en un flujo circular, alterando el orden de elementos en el último verso respecto del primero (no ha dejado más que silencio-el silencio solo ha dejado). El término silencio se destaca al abrir y cerrar el poema, mientras se contrapone con otras palabras que apelan al sonido como el canto o trino del ave que se marcha. Las estructuras sintácticas se repiten una y otra vez (no ha dejado más que silencio, ha dejado sombras y estragos, el silencio solo ha dejado; ha huido hacia la luz azul, ha huido rompiendo la jaula) incidiendo en la idea de la ausencia de algo. Por otro lado, universo metafórico es el más elevado del poemario, al trazar la cabeza del niño como patria del canto o palacio de la ilusión frente a la jaula que aprisiona y que encierra, y que se acentúa mediante anadiplosis (ha huido rompiendo la jaula / la jaula que fuera el palacio), sugiriendo una transformación de uno en otro, del palacio en una jaula, y quedando en el aire un tono de anhelo del tiempo ido, de lo que había y lo que hay: antes canto, trino, luz, palacio, ilusión; después sombras, estragos, jaula, silencio. El acento no está en la liberación, sino en el porqué de la huida del ave y en lo que queda: en las jaulas no hay canto, solo en palacios de la ilusión, y el canto lo es todo para el ave. Conviene recordar aquí el primer verso de aquel poema inédito titulado «Caleidoscopio y polaco», donde Hierro enunciaba, según la versión definitiva —las primeras hablaban de geografía y no de biografía—:

La biografía de un pájaro se resume en su canto.

Una última contraposición entre metáforas es la que enfrenta luz azul y sombras y estragos: comunican exterior, hacia el que huye el ave, e interior, de donde huye. La luz, en Hierro suele tener los valores de la inocencia, la alegría, la libertad o la verdad, con un indudable sentido positivo frente a la sombra y la oscuridad, lo negativo. No es difícil rastrear en Hierro este color aplicado al trueno, al relámpago, a la noche, a la mar, al cielo… y que podemos enlazar con la poética de Rubén Darío, quien afirmaba: «El azul es para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y fundamental».

El último de los cuatro poemas que destacan por encima del mero oficio es Hidranencefalia, que viene en décimo lugar. Esta consiste en la ausencia de los hemisferios cerebrales sustituidos por líquido cefaloraquídeo, el cual con el paso del tiempo se va acumulando generando hidrocefalia y una anormal aumento del tamaño de la cabeza en los bebés, en caso de que llegue a nacer vivo, al no tener aún formado del todo el cráneo. En el dibujo, la cabeza de un niño entristecido es una damajuana de cristal anegada hasta la mitad de líquido. Hierro convierte el rostro del niño en todo un pueblo inundado para formar un embalse, como se hizo habitual durante el franquismo, poblaciones que tuvieron que ser abandonadas y cuyos restos descansan bajo las aguas de pantanos. Escribe el poeta:

Pienso a veces en esos pueblos

anegados en un embalse.

Todo lo fue habitando el agua;

hay peces donde hubo aves.

Las aguas trajeron silencio

—aguas que diluyen y abaten—

y dejaron un sedimento

siempre nostálgico de aire.

Estas aguas, que repite hasta en tres ocasiones personificadas, no son las del mar de la infancia, sino que más negativamente son aguas que trajeron silencio, el mismo que quedaba al marcharse el canto del ave; son aguas que diluyen y abaten, arrasan con la vida no submarina, sustituyen aves por peces; son aguas que anegan y todo lo habitan, desplazado a cualquier otro habitante. De nuevo, como en el anterior poema, flota en el tono una sensación permanentemente nostálgica entre un pasado ido y un presente al que solo le queda el sedimento de lo que se ha perdido en el transcurso del tiempo. La sensación lúgubre se percibe en la imagen de la disolución de la vida que marcha desde pueblo hasta sedimento de aire como único resto del total desvanecimiento, el aire que queda sobre las aguas y que antes estaba sobre el pueblo.

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Las últimas composiciones, de la décimo primera a la décimo quinta, componen una serie dedicada al Tumor hipofisario (adenomas: tumoración no cancerosa) en todos sus grados, de 0 a 4. Los poemas recuperan la octava real y la raíz culturalista con que se abría el libro, con alusiones mitológicas (Dánae y Zeus, Palas Atenea, Venus, Judith y Holofernes, o la mención a Góngora) y el tono más lúdico y burlesco de las primeras páginas. La única duda que me asalta al respecto es por qué en esta sección el protagonismo en las caricaturas se lo lleva la figura femenina: según creo, pero soy lego en la materia, es porque Jesús Muñoz focaliza esta afección en un tipo concreto, el prolactinoma que afecta al crecimiento y la producción de leche de la mama de la mujer.

Tal parece que el libro hubiese sido pensado en tres actos que se reparten en la curva de tensión creciente y decreciente: el momento más intenso poéticamente, el clímax, corresponde con las malformaciones de los niños, flanqueado por versos más ligeros que permiten la graduación del tono, sin que ello rebaje la importancia del referente tanto de dibujos como de versos en cuanto a la prueba diagnóstica computarizada o el tumor hipofisario, del que habla en su manifestación mayoritariamente benigna o no cancerosa —aunque sí puede darse como carncinoma de hipófisis—.

Es una rareza poética, una curiosidad en el poeta de las alucinaciones, que recogió y nunca soltó la herencia de Machado o de Darío, de Juan Ramón Jiménez o de Gerardo Diego y Pedro Salinas, poetas tan dispares a los que supo encontrar un punto convergente en su vena, remozó con su propia pluma, y elaboró hasta esa irracionalidad tan íntima y tan auténtica. Una rareza en la que el poeta es reconocible, porque le sale por los intersticios de su humanidad el verso que él disfrazó de oficio en este librito.

Héctor Martínez

06/04/2020

POESÍA CONTRA EL COVID-19 (2): “Han bastado dos semanas” de García Guillermo

Posted in Poesía tagged , , , a 23:03 por Retratoliterario

Hace un par de semanas traje a la bitácora un mensaje, unos poemas motivacionales y otro más de mi cosecha, una arenga (que así de hecho lo titulé). Acababa de fallecer alguien importante para mí, víctima de la pandemia que nos asola, y prácticamente vinieron a mi cabeza aquellos versos anónimos, no te rindas, muy conocidos aunque no sean de Benedetti, o los versos del gran Almafuerte. Pude experimentar en carne propia el sentimiento de aquellos que pierden a alguien pero no pueden si quiera despedirse, ni abrazarse, ni salir de casa, ni velar al fallecido, ni enterrarlo. El sentimiento de aquellos que han tragado su pena de una sola y solitaria vez. Y no puedo imaginar el dolor de quienes hayan perdido aun a más de los suyos en estas mismas circunstancias.

Hoy que la nube de dolor, la de Bécquer, si no ha pasado, ha quedado en suspenso hasta  que salgamos de esta, me llegaron los sencillos octosílabos de García Guillermo desde la Línea de la Concepción, con un sabor popular y animoso. Unos octosílabos virales que recuerdan por su inicio al machadiano Anoche cuando dormía o al canto del antioqueño Fausto y aquel su bambuco andino en octonarios Soñando con el abuelo. Una manera distinta de valorar el confinamiento al que somos sometidos

HAN BASTADO DOS SEMANAS

Anoche estuve soñando,
Y ahora no recuerdo nada;
Si acaso que me abrazaban
Y que estaba paseando
Por la orilla de una playa,
Si acaso que estaba dando
Una tremenda importancia
A toda insignificancia,
Y que andaba custodiando
Tesoros sin relevancia
Mientras temblaba jugando
Con recuerdos de mi infancia,
Usura de cosas vanas
Que con esmero he guardado
Y ahora no tengo a mi lado
Aquellas que tengo ganas
Por estar aquí encerrado.
Añoro el tiempo pasado,
Añoro aquella rutina
Y a la vez la indisciplina
De moverme a cualquier lado
Sin más norma ni doctrina
Que las que yo me dictara.
Pero ahora, en este entierro,
En este triste destierro
Se ha convertido mi casa
En una celda de hierros.
Por eso cuando yo salga,
Aplicaré lo aprendido
Pues al verme sorprendido
Por esa noticia amarga,
Que yo era preso y cautivo,
Quise olvidar de repente
La razones, los motivos,
Los mensajes negativos
Que atormentaban mi mente,
Y dar gracias de estar vivo,
Y que esté viva mi gente,
Y además afortunado
Porque comparto este tiempo
Con mi esposa, y a su lado
Noto más afianzado
El calor del sentimiento;
Y agradeciendo a la vida
La ilusión que nos regala
A través de la ventana
Cuando luce presumida
La luz de cada mañana.
Es curioso pero ahora
Estoy deseando veros
Y de que llegue esa hora
de abrazaros compañeros,
mi familia protectora,
mis amigos consejeros,
y no distraer ni un hola
al vecino, al basurero,
al taxista, al peluquero,
al chiquillo, a la señora,
sean de aquí, sean extranjeros,
y a los médicos que luego,
con su savia salvadora,
están siendo por su obra
unos héroes verdaderos.
Y un continuo preguntando
Que cómo estarán mis niñas,
Y mi madre, mi familia,
Cómo lo estarán llevando,
Que siempre Dios les bendiga.
Han bastado dos semanas
Para caer en la cuenta
Que lo único que cuenta
Son las personas que amas,
Y las cosas cotidianas
Que no dabas importancia
Son las de más relevancia,
En apenas dos semanas.
Anoche estuve soñando
Y ahora no recuerdo nada,
Me vienen como revueltas
Imágenes sin sentido
De algún momento vivido
Pero son cosillas sueltas
Para el cajón del olvido;
Y de hablar, pocas palabras,
Los tequieros que no digo
Los acumulo conmigo
Y en cuanto por fin ya salga
Regalarlos, repartirlos,
Pregonarlos y escribirlos,
Para que quede constancia
De lo que tiene importancia,
Lo que siempre la ha tenido,
Siendo otras circunstancias,
Y quizá por un descuido,
Por timidez disfrazada,
O tal vez que no he sabido
Valorar como es debido
Sentirme persona amada.
Han bastado dos semanas
Para caer en la cuenta
Que lo único que cuenta
Son las personas que amas.
Anoche estuve soñando
Y ahora no recuerdo nada.
Recitado del poema Han bastado dos semanas de José Luis García Guillermo

18/03/2020

POESÍA CONTRA EL COVID-19

Posted in Poesía, Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , , , , , , , a 21:33 por Retratoliterario

Si eres paciente contagiado por el COVID-19, o estás aislado en la incertidumbre por saber si lo padeces, o si eres familiar o amigo o cercano a cualquiera que esté sufriendo por esta pandemia en carne y en alma, desde este pequeño rincón de Internet dedicado a la literatura quiero que sepáis que os siento dentro de mí como si fueseis mi propia familia y mi propio amigo, sin distinción, con todo el dolor, toda la rabia, pero también con todas las ganas y esperanzas por veros en pie plantando cara a la adversidad, de nuevo caminando por las calles de nuestra ciudad, veros aunque no os conozca otra vez junto a mí esperando un metro, un tren o un autobús, en un paso de cebra, comiendo juntos en el mismo restaurante aunque en distintas mesas, allí donde siempre nos encontramos sin saber quiénes somos, unos al lado de los otros. Quiero que volvamos a estar juntos en las plazas, en los parques y en sus bancos, ver juntos la siguiente película de estreno en la misma sala y en la misma sesión, sentados en butacas contiguas aunque no sepamos nuestros nombres. No quiero que vuestra butaca quede vacía la siguiente vez que vaya al teatro, quiero cederos el asiento la próxima ocasión que nos crucemos en algún transporte, o simplemente franquearos el paso ante una puerta y sostenerla para que paséis y os pueda contestar un no hay de qué y es un placer, porque lo será, a vuestro agradecimiento. Creedme, por nada del mundo quiero que nos arrebaten la oportunidad de algún día conocernos, quién sabe cómo ni cuándo, o incluso si nunca lo hacemos. Esa sola oportunidad es lo que me une a vosotros y sentir vuestro dolor como mi dolor, y querer que sintáis mi apoyo y recibáis mis mejores deseos.

Si eres, personal médico, de enfermería, auxiliar, celador, personal de limpieza o conserjería, funcionario policial, militar, personal de cocina, repartidor de comida, trabajador en un supermercado, trabajas en una lavandería, cuidas personas mayores o enfermos, desempeñas tu labor en una residencia de ancianos, eres voluntario, estás en un comedor social o en un albergue… y si en general el trabajo o voluntariado que realizas en nuestra sociedad tiene una relación directa con la lucha para paliar los padecimientos y estragos que el COVID-19 está provocando, aun a riesgo de estar expuesto a contagio y aun a riesgo de tu propia vida y la de los tuyos. ¡Gracias! ¡De corazón!

Sé que no sirve de mucho y que no es gran cosa que esta modesta bitácora literaria reconozca vuestra labor y situación, y sé que tampoco es mucho ofreceros los siguientes poemas para levantar el ánimo cada mañana, tarde o noche. Es lo que yo mejor conozco, la literatura. Quizás, siendo un pequeño grano de arena, pueda serviros para leerlos cada vez que sintáis que las fuerzas os fallan o que la emoción os puede, cada vez que la moral os haga bajar los brazos. Quisiera pensar, aunque sé que es ingenuo, que os ayudan a volver a la batalla con fuerzas renovadas. Porque os necesito, porque os necesitamos más que nunca, porque siempre fuisteis y ahora sois indispensables para todos nosotros. Sois nuestra primera línea, nuestro frente y nuestro ejemplo.

NO TE RINDAS*

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.

*(Este poema hasta la fecha es anónimo. Habitualmente se atribuye a Benedetti, pero la propia fundación del maestro uruguayo ha negado que la obra le pertenezca y no existe registro editorial, publicación o manuscrito que permita atribuirle estos versos).

AVANTI!

AlmaFuerte (Pedro Bonifacio Palacios)

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas…
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas

Obsesión casi asnal para ser fuerte,
nada mas necesita la criatura.
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte…

¡todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

*

PIÚ AVANTI!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora…
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
*
ARENGA

Héctor Martínez Sanz
De mi cosecha para todos vosotros

En pie, aunque en cama estemos postrados,
En pie, juntos hemos de dar batalla,
En pie, aunque solos nos creamos,
Porque solo en pie se vence y se gana.
En pie, tú conmigo, y yo a tu lado,
En pie, ¡es hora!, presentemos cara
En pie, la vista al frente, mano a mano,
En pie, luchemos con la cabeza alta.
En pie, amigo, aquí está mi brazo,
En pie, que aquí nadie sobra ni falta,
En pie, no hay lugar a ir cabizbajo
En pie, contra todas las amenazas.
En pie, tú y yo, todos ¡vamos, vamos!
En pie, hombro con hombro, alma con alma,
En pie, ¡diremos no! Nos rebelamos,
Porque tan solo en pie existe esperanza.

25/05/2018

ELEGÍA A ENRIQUE DE LA LLANA

Posted in Poesía tagged , , , , , , a 16:43 por Retratoliterario

Elegía escrita en recuerdo de Enrique de la Llana, grabador y director-fundador del Café Atelier de la Llana en el castizo barrio de Embajadores en Madrid, fallecido esta semana. Dedicado también a Ana Luisa López, a quien acompaño en el sentimiento. El Café Atelier de la Llana, fundado en septiembre de 2011 en Madrid por Enrique de la Llana y Ana Luisa López, es un espacio ecléctico de música, poesía y arte, alimentado por el espíritu creativo dadaísta.


a la memoria de Enrique de la Llana

enrique de la llana

Es muy triste saber que un hombre bueno

Se marcha sin apenas conocerlo,

No por no haber podido

Sino por no haberlo hecho;

Estrechar su mano, y no haber insistido

En abrazar toda su alma de hombre artístico,

No por no haber un momento

Sino por no poner ahínco;

Cazuelitas y tostas, tartas y versos,

Café con leche y galletas y conciertos,

Recitales, vino tinto,

Y libros, cuadros y sueños…

Formaban juntos tu atelier parisino

Y el café donde reunir a tus amigos

En un rincón madrileño

Embajador y castizo;

Guitarras y violines descompuestos

Lloran, huérfanos de luto, en silencio,

Porque no estás, te has ido,

¡Y ya te echan de menos!

Incluso los que apenas te conocimos

Rasgamos nuestras cuerdas en tu recuerdo.

Héctor Martínez

22/04/2018

LOS SONETOS DEL EMIGRANTE JAIRO COMPOSTELA

Posted in Poesía tagged , , , , , , , , a 15:33 por Retratoliterario

El martes 17 de abril, con motivo de las celebraciones del día del Libro se presentó Sonetos de un emigrante, el nuevo poemario de Jairo Compostela. El acto se llevó acabo en la Biblioteca municipal del Centro Cultural El Cerro en Moraleja de Enmedio, pueblo del que es oriundo el poeta. En el acto, junto a poeta, participamos Dña. Francisca Mora, concejala de cultura, D. Francisco Martínez, filólogo, Dña. Cristina Gómez Ávila, bibliotecaria del Centro Cultural, y yo mismo.

Crónica del acto:

http://es.globedia.com/jairo-compostela-sonetos-emigrante

Audio del evento:

http://www.ivoox.com/25547084


(Texto original de mi intervención)

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Como señalo en el estudio crítico que encontrarán en el poemario, yo conocí a Jairo hará cuatro años, cuando me pidieron presentar su anterior libro El nenúfar de las ninfas. De hecho, conocí antes su poesía que a él en persona, y quizás esto fue crucial en nuestro posterior intercambio.

Yo leí primero sus versos, y después estreché la mano que los escribió. Es decir, primero accedí a su mundo poético, sin que él lo supiera, y después al mundo personal en el que nos cruzamos.

La primera consecuencia de este hecho es que cuando me oigan decir que en Jairo tenemos un excelente poeta, sabrán que no lo estoy diciendo por un pacto no escrito de amistad que me obliga a ser condescendiente. Cuando me oigan decir que en Jairo tenemos un excelente poeta, no lo diré mintiéndoles.

Y también por esa misma razón, cuando me oigan decir que en su poesía tenemos una excelente persona, sabrán que no lo estoy diciendo por adular el oído del autor. Cuando me oigan decir que en sus versos, como decía Walt Whitman, vibra un hombre, sabrán que no es un simple decir.

Pues bien, en Jairo tenemos un excelente poeta y en su poesía vibra una excelente persona.

Nuestro madrileño (y moralejeño) por el mundo y pregonero de excepción —¡qué mejor cosa hay que un poeta será pregonero!— se nos fue a vivir a tierra germana, y nos trae un testimonio poético de su experiencia que ha titulado Sonetos de un emigrante.

Observemos que en el título dice emigrante y no inmigrante. En la elección por la palabra emigrante descubrimos el punto de vista que nos ayudará a leer el poemario: son versos que nos hablan desde la perspectiva del que se marcha; y nos hablan a los que nos quedamos.

Por ello afirma en el prefacio: «siempre me termina asaltando el pensamiento de que, aunque aquí suelo despertar afabilidad por mi procedencia y por un leve acento que tiende a causar interés, y a pesar de que puedo llegar a ser fácilmente un colega amable, un vecino conocido, un cliente habitual o un trabajador apreciado, a veces muy en el fondo y otras veces no tanto, simplemente soy un extranjero. Un extranjero, nada más que eso».

Y también por ello el soneto que sirve de prólogo al poemario es una declaración de intenciones de un poeta emigrante:

Emigrar supone nacer de nuevo

Involuntariamente, sentir cómo

Uno se encuentra a diario en los rincones

De sus prioridades contradicciones.

Es casi inevitable pasar lista

A tus principios, deshojar su esencia

Y aprender a tirar la basura

Todo lo tóxico, lo burdo, todo.

Así, por ejemplo, no va a faltar la nostalgia que echa la mirada hacia atrás, como en el Soneto XXIII, que nos retrotrae aquí, a Moraleja de Enemedio:

Fantasma del pasado, ¿en qué me he convertido?

¿Quién soy en este instante? ¿Qué hombre seré mañana?

¿De qué modo tratar la herida que no sana?

¿Dónde encontrar aquello que nunca ha existido?

Algo de mí fallece cada vez que olvido

los tiernos olores de mi patria lejana,

una palabra de la lengua castellana

o el pueblo donde fui feliz y conocido.

E incluso, hasta el punto de afirmar en el último verso del Soneto XVIII: «Mi única patria se llama Madrid» —que por cierto, es Soneto que me dedica y, como madrileño, me honra—. Otros se dedican al Café Populart, a la Extremadura materna, a la Biblioteca del CC. El Cerro, a España misma… denotando esa mirada hacia «la senda que nunca se ha de volver a pisar», que nos decía el caminante de Antonio Machado.

Se «nace de nuevo», escribe Jairo, de otra madre y se siente la morriña, similarmente a como escribiera Eduardo Anguita, quien también compuso sonetos  al ser destinado a México —algo tiene irse al extranjero y escribir sonetos para reflejarlo—: «miré a la madre de donde he venido / y era un recuerdo que se me olvidaba» a lo que añadía «que nos quiten la madre —¡madre mía!— / y nos den otra madre, forastera».

Y es que es esa misma perspectiva del emigrante la que nos presenta esa nueva «madre forastera», la tierra a la que se marcha, las sensaciones que le produce al poeta, las emociones que se despiertan en él. De ahí el subtítulo Papeles de Colonia, que, por cierto, aprovecha la dilogía de la palabra Colonia —como ‘ciudad’ y como ‘perfume’—, precisamente lo que introduce el topónimo alemán en nuestro léxico castellano a través de la agradable sensación del aroma.

En cuanto a la forma poética, estamos ante veinticinco sonetos. Esta elección es todo un riesgo y toda una revolución, si me permiten decirlo así. Hasta tal punto es así que Sonetos de un emigrante se convierte en todo un alegato formal. Lo de que el soneto sea una revolución en nuestros tiempos es un convencimiento que Jairo y yo nos traemos entre manos desde su primer poemario.

En El nenúfar de las ninfas Jairo usaba un soneto clásico como prólogo para un libro que era en su mayor parte versolibrismo, estilo imperante en nuestras letras, en nuestras calles y en nuestros bares literarios. El verso libre está impuesto a generaciones y generaciones que jamás han sabido qué era un soneto, y quienes copian al medio siglo, a los novísimos y siguientes —ignorando que quienes lo pusieran de moda fuesen Walt Whitman y, en España, Juan Ramón Jiménez—. Tal dictadura del verso libre hay que hoy día, cuando lo nuevo es lo antiguo, en los días del remake y el cover, en los días en que lo retro mola, en los días de lo vintage, escribir un poemario con lo que yo llamo «aperos de métrica, estrofa y rima», y más aun, emplear la consagrada forma del soneto, se vuelve una auténtica revolución poética. Ejemplo de la realidad de esta revolución es precisamente el auge y popularidad del rap y del hip-hop. Los versolibristas suenan a viejo; los metricistas sonamos a joven y a vanguardia.

Otro aspecto que descubro en este segundo libro, Sonetos de un emigrante, compuesto por, como digo, veinticinco sonetos, es que lleve por prólogo un soneto de verso blanco, esto es, la forma que fuese una de las primeras rebeliones contra los modelos clásicos al renunciar a la rima. Y este soneto de verso blanco sirve de antesala para diversas variaciones del poema estrófico: desde la clásica petrarquista y el modelo de dos rimas, pasando por el decasílabo, el dodecasílabo, el extraño tridecasílabo o el alejandrino. De ahí que haya afirmado que el poemario de Jairo es todo un alegato en favor del soneto y su libertad compositiva, todo un argumento frente a los prejuicios existentes, y toda una revolución y aire fresco frente al agotamiento del verso libre.

Esto es lo que los lectores vamos a encontrar en Sonetos de un emigrante (Papeles de Colonia), y es lo más que puedo decir sin hacer spoiler —aunque no sé cómo se hace spoiler con un libro de poesía—. Encontrarán mayor extensión en el estudio crítico que cierra el libro donde analizo con más profundidad los valores literarios de Sonetos de un emigrante.

Héctor Martínez

26/06/2017

GLORIA FUERTES, VÍCTIMA COLATERAL DE JAVIER MARÍAS

Posted in Poesía tagged , , , , , , , a 15:41 por Retratoliterario

Javier Marías mete la pata hasta el corvejón en su último texto de La zona fantasma. Y eso que tiene razón en la mayor parte del texto, pero al final, equivoca el objetivo. Muy probablemente le arreen por homófobo, o machista o por ambas o cualquier otra. Así está la cosa. Este es el nivel. Pero es probable que nadie alcance a vislumbrar el verdadero problema del último artículo de Marías.

Su artículo se titula Más daño que beneficio y refiere de forma concreta, y sin dar el salto al plano conceptual, a este criterio de selección moderno, patrón feminazista (que no feminista, me niego a llamarlo feminismo por respeto al feminismo), de exaltar lo que toda mujer haga, no por el valor de lo hecho, sino por ser mujer y punto final:

En la actualidad hay una corriente feminista que ha optado por decir que cuanto las mujeres hacen o hicieron es extraordinario, por decreto. Y claro, no siempre es así, porque no lo puede ser.

Y si bien en ello tiene razón, se le queda corto el tiro. Podría haber seguido ampliando el fenómeno a cada uno de los lobbys interesados, enjambres de asociaciones activistas y culturales, que se alimentan a golpe de subvención de la propia postergación de la injusticia o la invención de nuevas. Existe el mismo patrón en la homosexualidad y la transexualidad, vuelta la condición sexual criterio artístico, más allá de la obra creada. Podemos jugar la carta del inmigrado, del refugiado, y así sucesivamente, hasta darnos cuenta de que hemos retrocedido más que avanzado, porque hemos vuelto a la exaltación del yo, como genio incomprendido y oprimido por la sociedad habida, sea cual esta sea. De nuevo somos idealistas, románticos y decadentistas. Hemos sacado de nuevo la piel decimonónica. En nuestros tiempos desnortados solo queda eso: mirar al pasado y creyendo estar enmendándolo (algo verdaderamente imposible), en realidad solo estar repitiéndolo.

Acto seguido, en su artículo, Javier Marías dirige el dardo hacia la exaltación de Gloria Fuertes. Y nuevamente estoy de acuerdo en parte, pero sigue errando el tiro. Pues nos dice no poder suscribir la tesis por la que, de pronto, hemos redescubierto en esta España nuestra a Gloria como una grandísima poeta (y tiene la delicadeza de decir poeta, como Gloria Fuertes exigía, y a pesar de que lo correcto, incluso etimológicamente y con más razón, es poetisa). Hasta ahí, lo comparto. Yo tampoco puedo, por mandato feminazi, asumir como doctrina que Gloria es la gran tapada por el que llaman, con todo el boato posible, heteropatriarcado (otra cosa no, pero talento tienen para inventar palabros y definiciones teóricas para polémicas inútiles, en un diccionario de la neolengua orwelliana).

sostiene esa corriente que todas esas artistas geniales fueron deliberadamente silenciadas por la “conspiración patriarcal”. No se les reconoció el talento por pura misoginia. (…) Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio. Quizá yo sea el equivocado (a lo largo de mi ya larga vida), pero francamente, me resulta imposible suscribir tal mandato.

Tampoco yo puedo, y esto es lo que se le olvida a Javier Marías, suscribirlo por criterios literarios. Quiero decir, Gloria Fuertes está en la media de sus contemporáneos: creó composiciones de corte social y rural notabilísimas, o se echó en brazos del versolibrismo con talento, pero, a efectos técnicos y estilísticos, lo hizo sin aportar novedad para su tiempo. No inauguró una línea, no abrió nuevas fronteras, no descubrió formas expresivas, lo cual en modo alguno dice que fuese mala poeta (poetisa), sino, y simplemente, que no podemos elevarla en el pedestal cervantino, o en el de Lope, o en el valleinclanesco, por citar ejemplos que se entiendan bien. Y si se trata de centenarios, hablaría del silenciado Juan Rulfo. Javier Marías elude esto, y casi parece acabar diciendo que no puede suscribir la grandeza de Gloria Fuertes por mandato ideológico… y así deja la pregunta en el aire de si lo suscribiría por otras razones y en caso afirmativo, por cuáles. Lo siento, pero si se abre el melón, se debe abrir entero. ¿Quiere decir Javier Marías que con toda esta exaltación hiperbólica se daña la verdadera dimensión y perspectiva de la obra de Gloria Fuertes? Estoy de acuerdo: se provoca una expectativa mayor que la obra misma, cuyo resultado solo puede ser decepcionante después. O, ¿no estará queriendo decir Javier Marías que exaltando hiperbólicamente la obra de Gloria Fuertes se daña el arte hecho por mujeres? Aquí no puedo estar de acuerdo, básicamente porque no quiero caer en la trampa segregacionista por la que hay arte de varones y lo habrá de mujeres, y de gays, y de lesbianas… y así sucesivamente, otra vez. Se puede exaltar la obra de Gloria Fuertes, pero por su obra, y se puede discutir acerca de ello, a favor o en contra. Esto no dañara al arte, hecho por quién sea, porque esto ha ocurrido siempre (ya saben, sobre gustos, lo colores). No hay problema en este sentido exaltar a Gloria Fuertes como hay quien exalta a Panero. Es la subjetividad del gusto. Pero Javier Marías se detiene, tras haber subrayado el nombre de Gloria Fuertes y haberle arrebatado la razón sexual para exaltarla, y en mi opinión, debería rematar el argumento y asentar si la exaltaría o no con sus debidos porqués. Hecho como lo ha hecho, convierte a Gloria en daño colateral de su andanada contra el feminazismo contemporáneo.

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Gloria Fuertes, por Julio Santiago

Personalmente, me gustan varios poemas de nuestra centenaria autora. Igual que me gustan poemas de otros, a los que del mismo modo niego el pedestal literario, por criterios específicamente literarios (como debe ser en todo caso). Diré cuáles poemas para que no me acusen de decirlo por decir: Isla ignorada, Nací para poeta o para muerto…, el soneto A veces quiero preguntarte cosas… (sí, señoras y señores, Gloria escribió sonetos), Aunque nos muriéramos al morirnos, El corazón de la Tierra, Reo a muerte, Labrador… ¿Suficiente? Busquen estos, al menos, y léanlos: no podrán decir luego que Gloria Fuertes sea mala, todo lo contrario, es inmensamente buena; pero tampoco podrán decir que destaque por encima de sus coetáneos, si los leen.

Lo único que tiene Gloria Fuertes distinto a los demás es la especificidad de ser Gloria Fuertes, rasgo por el que solo podía escribir como Gloria Fuertes y como nadie más. Pero esa especificidad la tiene cada poeta consigo mismo, es lo que los hace únicos, aunque no especiales.

 

Nada de esto dice Javier Marías. Y sigo creyendo que en su artículo Gloria queda como víctima de un fuego cruzado absurdo y simplón.

Tampoco dice Javier Marías, a tenor de centenarios, que no es mérito el paso del tiempo y que otra cosa es lo que mediáticamente nos han metido por los ojos a partir de la corrección política e ideológica. Centenario fue el de los premio Nobel Echegaray (de muerte) y Cela (el de nacimiento) el año pasado y no hubo ninguna reivindicación, más bien pasaron completamente desapercibidos, más aún Echegaray; fue el de Rubén Darío (de muerte) y Buero Vallejo (de nacimiento); fue el de Roal Dahl (de nacimiento); y de los académicos Zamora Vicente (de nacimiento) y  Francisco Fernández de Béthencourt (de muerte); y este año, además de Gloria y Juan Rulfo, esta el nacimiento de José Luis Sampedro o Roa Bastos o de Gironella, García Yebra, Laiglesia… (hay más, aquí un listado)… silencio absoluto, y no porque tengan una obra literaria o intelectual inferior a Gloria Fuertes. Tan solo es que no son ni mujeres ni lesbianas, y por eso a nuestra sociedad, a nuestros medios, a la foto de nuestros políticos, a las asociaciones activistas y culturales, ni les va ni les viene. Es vergonzoso que el redescubrimiento de Gloria Fuertes (bienvenida sea la arqueología literaria para encontrar joyas por pequeñas que sean) no tenga que ver con su obra sino con su condición sexual por partida doble. Y España entera participa por ignorancia, por incultura y, sobre todo, por un sentimiento de culpabilidad artificialmente generado por una narrativa ideológica vacía.

Lo que vengo a decir, que Gloria Fuertes es usada encima de mascarada cultural para beneficio de un discurso construido a base de distorsión. Javier Marías tampoco menciona esto: que el daño ni lo advierten porque el beneficio ideológico les ciega. Para estos movimientos el beneficio es máximo y el daño inexistente. Pedirles verlo alrevés es pedirles poner en cuestión algo de lo que han hecho ya una forma de vida.

Por todo ello Javier Marías mete la pata. Hubiese sido deseable, ya que eliminas el criterio sexual, defender los verdaderos criterios para decidir la valía literaria objetiva de cualquiera de nuestros autores.

Al final, Gloria Fuertes sigue siendo vapuleada en medio de la inveterada estupidez humana. Y su obra sigue ignorada, por unos y por otros, y por las más variopintas exageraciones, como la propia autora en su isla.

Soy como esa isla que ignorada,

late acunada por árboles jugosos,

en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de nada,

-sola sólo-.

Héctor Martínez

20/11/2014

Canal en IVOOX con la poesía de Héctor Martínez Sanz

Posted in Poesía tagged , , , , , a 21:25 por Retratoliterario

A partir de este mes, puedes escuchar las composiciones poéticas

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Héctor Martínez Sanz

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