26/06/2017

GLORIA FUERTES, VÍCTIMA COLATERAL DE JAVIER MARÍAS

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Javier Marías mete la pata hasta el corvejón en su último texto de La zona fantasma. Y eso que tiene razón en la mayor parte del texto, pero al final, equivoca el objetivo. Muy probablemente le arreen por homófobo, o machista o por ambas o cualquier otra. Así está la cosa. Este es el nivel. Pero es probable que nadie alcance a vislumbrar el verdadero problema del último artículo de Marías.

Su artículo se titula Más daño que beneficio y refiere de forma concreta, y sin dar el salto al plano conceptual, a este criterio de selección moderno, patrón feminazista (que no feminista, me niego a llamarlo feminismo por respeto al feminismo), de exaltar lo que toda mujer haga, no por el valor de lo hecho, sino por ser mujer y punto final:

En la actualidad hay una corriente feminista que ha optado por decir que cuanto las mujeres hacen o hicieron es extraordinario, por decreto. Y claro, no siempre es así, porque no lo puede ser.

Y si bien en ello tiene razón, se le queda corto el tiro. Podría haber seguido ampliando el fenómeno a cada uno de los lobbys interesados, enjambres de asociaciones activistas y culturales, que se alimentan a golpe de subvención de la propia postergación de la injusticia o la invención de nuevas. Existe el mismo patrón en la homosexualidad y la transexualidad, vuelta la condición sexual criterio artístico, más allá de la obra creada. Podemos jugar la carta del inmigrado, del refugiado, y así sucesivamente, hasta darnos cuenta de que hemos retrocedido más que avanzado, porque hemos vuelto a la exaltación del yo, como genio incomprendido y oprimido por la sociedad habida, sea cual esta sea. De nuevo somos idealistas, románticos y decadentistas. Hemos sacado de nuevo la piel decimonónica. En nuestros tiempos desnortados solo queda eso: mirar al pasado y creyendo estar enmendándolo (algo verdaderamente imposible), en realidad solo estar repitiéndolo.

Acto seguido, en su artículo, Javier Marías dirige el dardo hacia la exaltación de Gloria Fuertes. Y nuevamente estoy de acuerdo en parte, pero sigue errando el tiro. Pues nos dice no poder suscribir la tesis por la que, de pronto, hemos redescubierto en esta España nuestra a Gloria como una grandísima poeta (y tiene la delicadeza de decir poeta, como Gloria Fuertes exigía, y a pesar de que lo correcto, incluso etimológicamente y con más razón, es poetisa). Hasta ahí, lo comparto. Yo tampoco puedo, por mandato feminazi, asumir como doctrina que Gloria es la gran tapada por el que llaman, con todo el boato posible, heteropatriarcado (otra cosa no, pero talento tienen para inventar palabros y definiciones teóricas para polémicas inútiles, en un diccionario de la neolengua orwelliana).

sostiene esa corriente que todas esas artistas geniales fueron deliberadamente silenciadas por la “conspiración patriarcal”. No se les reconoció el talento por pura misoginia. (…) Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio. Quizá yo sea el equivocado (a lo largo de mi ya larga vida), pero francamente, me resulta imposible suscribir tal mandato.

Tampoco yo puedo, y esto es lo que se le olvida a Javier Marías, suscribirlo por criterios literarios. Quiero decir, Gloria Fuertes está en la media de sus contemporáneos: creó composiciones de corte social y rural notabilísimas, o se echó en brazos del versolibrismo con talento, pero, a efectos técnicos y estilísticos, lo hizo sin aportar novedad para su tiempo. No inauguró una línea, no abrió nuevas fronteras, no descubrió formas expresivas, lo cual en modo alguno dice que fuese mala poeta (poetisa), sino, y simplemente, que no podemos elevarla en el pedestal cervantino, o en el de Lope, o en el valleinclanesco, por citar ejemplos que se entiendan bien. Y si se trata de centenarios, hablaría del silenciado Juan Rulfo. Javier Marías elude esto, y casi parece acabar diciendo que no puede suscribir la grandeza de Gloria Fuertes por mandato ideológico… y así deja la pregunta en el aire de si lo suscribiría por otras razones y en caso afirmativo, por cuáles. Lo siento, pero si se abre el melón, se debe abrir entero. ¿Quiere decir Javier Marías que con toda esta exaltación hiperbólica se daña la verdadera dimensión y perspectiva de la obra de Gloria Fuertes? Estoy de acuerdo: se provoca una expectativa mayor que la obra misma, cuyo resultado solo puede ser decepcionante después. O, ¿no estará queriendo decir Javier Marías que exaltando hiperbólicamente la obra de Gloria Fuertes se daña el arte hecho por mujeres? Aquí no puedo estar de acuerdo, básicamente porque no quiero caer en la trampa segregacionista por la que hay arte de varones y lo habrá de mujeres, y de gays, y de lesbianas… y así sucesivamente, otra vez. Se puede exaltar la obra de Gloria Fuertes, pero por su obra, y se puede discutir acerca de ello, a favor o en contra. Esto no dañara al arte, hecho por quién sea, porque esto ha ocurrido siempre (ya saben, sobre gustos, lo colores). No hay problema en este sentido exaltar a Gloria Fuertes como hay quien exalta a Panero. Es la subjetividad del gusto. Pero Javier Marías se detiene, tras haber subrayado el nombre de Gloria Fuertes y haberle arrebatado la razón sexual para exaltarla, y en mi opinión, debería rematar el argumento y asentar si la exaltaría o no con sus debidos porqués. Hecho como lo ha hecho, convierte a Gloria en daño colateral de su andanada contra el feminazismo contemporáneo.

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Gloria Fuertes, por Julio Santiago

Personalmente, me gustan varios poemas de nuestra centenaria autora. Igual que me gustan poemas de otros, a los que del mismo modo niego el pedestal literario, por criterios específicamente literarios (como debe ser en todo caso). Diré cuáles poemas para que no me acusen de decirlo por decir: Isla ignorada, Nací para poeta o para muerto…, el soneto A veces quiero preguntarte cosas… (sí, señoras y señores, Gloria escribió sonetos), Aunque nos muriéramos al morirnos, El corazón de la Tierra, Reo a muerte, Labrador… ¿Suficiente? Busquen estos, al menos, y léanlos: no podrán decir luego que Gloria Fuertes sea mala, todo lo contrario, es inmensamente buena; pero tampoco podrán decir que destaque por encima de sus coetáneos, si los leen.

Lo único que tiene Gloria Fuertes distinto a los demás es la especificidad de ser Gloria Fuertes, rasgo por el que solo podía escribir como Gloria Fuertes y como nadie más. Pero esa especificidad la tiene cada poeta consigo mismo, es lo que los hace únicos, aunque no especiales.

 

Nada de esto dice Javier Marías. Y sigo creyendo que en su artículo Gloria queda como víctima de un fuego cruzado absurdo y simplón.

Tampoco dice Javier Marías, a tenor de centenarios, que no es mérito el paso del tiempo y que otra cosa es lo que mediáticamente nos han metido por los ojos a partir de la corrección política e ideológica. Centenario fue el de los premio Nobel Echegaray (de muerte) y Cela (el de nacimiento) el año pasado y no hubo ninguna reivindicación, más bien pasaron completamente desapercibidos, más aún Echegaray; fue el de Rubén Darío (de muerte) y Buero Vallejo (de nacimiento); fue el de Roal Dahl (de nacimiento); y de los académicos Zamora Vicente (de nacimiento) y  Francisco Fernández de Béthencourt (de muerte); y este año, además de Gloria y Juan Rulfo, esta el nacimiento de José Luis Sampedro o Roa Bastos o de Gironella, García Yebra, Laiglesia… (hay más, aquí un listado)… silencio absoluto, y no porque tengan una obra literaria o intelectual inferior a Gloria Fuertes. Tan solo es que no son ni mujeres ni lesbianas, y por eso a nuestra sociedad, a nuestros medios, a la foto de nuestros políticos, a las asociaciones activistas y culturales, ni les va ni les viene. Es vergonzoso que el redescubrimiento de Gloria Fuertes (bienvenida sea la arqueología literaria para encontrar joyas por pequeñas que sean) no tenga que ver con su obra sino con su condición sexual por partida doble. Y España entera participa por ignorancia, por incultura y, sobre todo, por un sentimiento de culpabilidad artificialmente generado por una narrativa ideológica vacía.

Lo que vengo a decir, que Gloria Fuertes es usada encima de mascarada cultural para beneficio de un discurso construido a base de distorsión. Javier Marías tampoco menciona esto: que el daño ni lo advierten porque el beneficio ideológico les ciega. Para estos movimientos el beneficio es máximo y el daño inexistente. Pedirles verlo alrevés es pedirles poner en cuestión algo de lo que han hecho ya una forma de vida.

Por todo ello Javier Marías mete la pata. Hubiese sido deseable, ya que eliminas el criterio sexual, defender los verdaderos criterios para decidir la valía literaria objetiva de cualquiera de nuestros autores.

Al final, Gloria Fuertes sigue siendo vapuleada en medio de la inveterada estupidez humana. Y su obra sigue ignorada, por unos y por otros, y por las más variopintas exageraciones, como la propia autora en su isla.

Soy como esa isla que ignorada,

late acunada por árboles jugosos,

en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de nada,

-sola sólo-.

Héctor Martínez

20/11/2014

Canal en IVOOX con la poesía de Héctor Martínez Sanz

Posted in Poesía tagged , , , , , a 21:25 por retratoliterario

A partir de este mes, puedes escuchar las composiciones poéticas

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Héctor Martínez Sanz

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07/03/2014

PANE-GÍRICO (A Leopoldo María Panero)

Posted in Poesía tagged , , a 17:06 por retratoliterario

PANE-GÍRICO

A Leopoldo M. Panero

Huyendo de la muerte encontré el ciervo
de la locura
L. M. Panero

 

Otra voz se marcha con el verso futuro

silenciado, aún y ya siempre por escribir;

con el verso pasado resonante, eco mudo

parado, aún y ya siempre por maldecir.

Maldito que se lleva al maldito

que expulsó la vida de sus venas;

con amargos tragos del destino

¡cien veces maldito seas!,

cien y una por dejar que la heroína

fracasada de hazañas, en ti relumbrara

emperifollada, en traje de tu carne y en bisutería

de unos ojos que al mirar ya no miraban.

Dejas de ser nuevo para ser eterno,

la aguja fuera del reloj, y el reloj fuera de tu brazo

tan lentamente ido del tiempo

tan tranquilamente destruido, sin prisa, despacio.

Ya no bebes, ya no fumas, ya no…

muerto de pánico, paneroico de la propia cordura

enterrada en el cadáver que ¡destruyéndose! nos prestas,

ya no… guardada en la caja, entre papel de burbujas

por la fragilidad del juguete que dentro, muy dentro, alberga,

ya no… la locura, aquella,

…la tuya…

contigo, solo, será para el mundo una herencia

gravada a impuestos por ser única.

Bien lo saben psiquiatra

…celador…

…y enfermera…

Bien lo sienten ellos, palabra

…renglón…

…y poema…

H.M.S, marzo 2014

04/12/2010

ENTRE ERAN EISEN Y NOSOTROS

Posted in Poesía tagged , , , a 14:13 por retratoliterario

En el año 2000 apareció el poemario “Entre nosotros”, escrito por Eran Eisen, un ensayo biográfico en verso sobre la experiencia amorosa. Leí varios de los poemas en la Revista Niram Art (núm. 15-16), nueve años después de su publicación. Más que nunca encontré en él una precisión en la expresión y en el uso del lenguaje, tras años de lecturas. Eran Eisen ejemplifica con su poesía la perenne batalla del poeta con la palabra, la riña entre emoción y razón. Y no es casual. Verán por qué.

Eisen es un verdadero estratega de la escritura. En “Present You” encontré un texto titulado “Business writting” en el que, pedagógicamente, nos instruye sobre el uso de la expresión y el lenguaje para la consecución de nuestros objetivos. Allí se comprende que la escritura puede ser una herramienta eficaz cuando se domina.

Consecuencia de la capacidad de escribir es el expresar al cien por ciento el sentido real de la voluntad.

Efectivamente, la voluntad no es más que el impulso y la intención, y es necesario saber explicitar su sentido por medio del lenguaje. La voluntad es el “querer algo”, pero, como acostumbro a decir, esto no implica “poder” simplemente por quererlo. Debemos poner de nuestra parte cuanto haga falta. Al caso, para presentarnos, el lenguaje se vuelve esencial –más aún cuando esta presentación se hace por escrito-. Pero, ¿cómo se expresa ese sentido de la voluntad?

Debemos “sentir” las palabras escritas a través de sus tres valores “dirección”, “fuerza” y “sentido”, y colocarlos en el orden correcto.

No sirve cualquier palabra, porque cada una tiene su peculiaridad. También es importante su orden, pues podemos alterar lo que nuestra voluntad alberga. Es fundamental que en nuestra escritura, los valores de las palabras se complementen y no se anulen, que “dirección”, “fuerza” y “sentido” se apoyen unos en otros de vocablo en vocablo. La “dirección” permite expandirnos o contraernos en las palabras a través de cargas positivas o negativas; la “fuerza” es la potencia de la palabra, potencia que tenemos que saber equilibrar y moderar para no descompensar el texto y no entorpecer nuestra expansión por resultar, quizás, demasiado agresivos; por último, “el sentido” o significado es la identidad de la palabra con su lexema, con su raíz y su origen, el cual es crucial conocer para estar seguros de que el mensaje se transmite con éxito y no hay lugar a malentendidos, teniendo en cuenta que el orden de las palabras altera el resultado. Por ejemplo, no es lo mismo un adjetivo antepuesto que pospuesto, en el conocido caso de “pobre hombre” y “hombre pobre”.

Cuando existe este equilibrio en el escrito, lo estamos dotando de precisión, claridad, legibilidad y brevedad. No interesa escribir vagamente, ni difuminarnos en la palabra, no queremos que sea difícil la lectura o prolongarla más de la cuenta. Nos adecuamos a nuestro receptor. Estamos proporcionando una información sobre nosotros, y esta debe llegar directa y sencillamente, sin interferencias semánticas, sintácticas ni morfológicas, sin incorrecciones ni dificultades. Nuestro fin es la objetividad.

Pues bien, tomé los consejos prácticos de “Business writting” (que como profesor de lengua conocía) y los coloqué como lente con la que mirar aquellos poemas de “Entre nosotros”, donde un yo-poético se presentaba ante mí. El resultado del experimento fue clarificador del estilo con que Eran Eisen versificaba.

El primer aspecto llamativo era la ausencia de adjetivación y la fuerte presencia de verbos y pronombres. Quienes conozcan los manifiestos futuristas – entre ellos, el Manifiesto para la literatura- sabrán que, precisamente de este modo, desarrollaban su estética destructiva de la sintaxis. En los poemas de Eisen la sintaxis desaparece porque es la palabra la que lleva en sí misma esa dirección, fuerza y sentido. Así ocurre con los verbos que son los indicadores de la acción, el estado y el proceso. Lo vemos, por ejemplo, en Despertando: “Cuando partí / Estabas durmiendo / Cuando paseaba / Estabas soñando / Cuando volví a casa / Te despertaste / Dentro de mí.”. Aunque es muchísimo más notorio en el poema Pasión: “Torcer / Aplastar / Romper / Morder / Controlar / Tú das”. Del mismo modo, encontrarnos iguales rasgos en los poemas Porteros y San Francisco. Sin embargo, en los poemas dedicados a Nueva York –New York y Noche de New York-, lo ausente son, al contrario, los verbos. En estos poemas toda la carga recae, principalmente, sobre los sustantivos que entretejen la imagen como núcleos que rellenan por sí solos el verso.

Por otro lado, junto a la precisión y claridad conseguida con el protagonismo de unas u otras categorías gramaticales, descubrimos la brevedad del verso y del poema. Se vuelven dardos directos, sin curva, sin escarceos por donde perdernos.

Si miramos por separado cada poema, aparecen ante nosotros otras características que pasan desapercibidas al lector. Estoy refiriéndome al cuidado del ritmo por medio de paralelismos y recurrencias, como podemos observar en Despertando –ya citado anteriormente-. También destacan continuas contraposiciones paradójicas, certeras en su conjunción. Miremos el poema San Francisco –“sentado / furioso”-, el poema Mensajes –“Madrugada… / casi mediodía”, donde los puntos suspensivos y la contraposición suprimen y dan a entender el paso del tiempo entre dos versos y tres simples palabras-, el poema Dónde estás –“Llamándote / no hay ninguna respuesta / Gritando tu nombre / Silencio”, manteniendo la tensión en armonía y equilibrio para terminar con preguntas sin respuesta-, en Porteros –“Ellos abren / cierran- o por último, Nueva York –“Anda… no andes…”-.

Especialmente curiosos me han parecido los poemas New York y Noche en New York. En el primero, junto a la contraposición de términos comentada, nos encontramos ante una ambigüedad interpretativa. Veámoslo completo:

Inquietante lluvia
El amarillo controla el tráfico
Anda…No andes…
Segunda Avenida
En el centro de la ciudad un café
En un rincón
Personas en movimiento
Con un paraguas.

Las preguntas de todo lector: ¿quién está en el centro de la ciudad y quién en un rincón? ¿El café o las personas en movimiento? En este caso observamos que el orden de las palabras es fundamental: rápidamente entendemos que las “personas en movimiento” están en el centro de la ciudad, y que el café se toma “en un rincón”, donde es imposible el movimiento. Ahora bien, el café y las personas en movimiento, el centro de la ciudad y el rincón, han de ser simultáneos, y esta simultaneidad está magníficamente expresada sin palabras, sino exclusivamente alterando el orden de las presentes, justas y necesarias.

Basta, del mismo modo, en Noche en New York, la disposición de elementos para darnos la sensación de descenso a través de una línea lógica:

Este
y
Oeste
Quince pisos
La Quinta Avenida
Noche
Madrugada
Cepillo de dientes
Sol
Taxi amarillo
Hacia la primera
Avenida.

Descendemos del quinto piso a la calle, de la Quinta a la Primera Avenida, vamos del Este al Oeste, pasamos de la Noche a la Madrugada, descendemos del Sol hasta el Taxi con el color amarillo tan típico. Percibimos acción y movimiento sin verbos, sólo hay un adjetivo y además, en Nueva York, es epíteto. Todo lo demás, nombres. Sin embargo, reconstruimos la historia de un hombre que vive en un quinto piso de la Quinta Avenida de Nueva York, que ha pasado la noche en vela y que en la madrugada, se arregla, se ducha, se lava los dientes mientras el sol ya sale por el horizonte, momento en el que toma un taxi para dirigirse a la Primera Avenida. ¿Acaso no se muestra Eisen preciso y exacto? ¿Es asunto de magia que entendamos esto sin leer ningún verbo? Basta la palabra “Noche” para saber que no ha dormido, porque la nombra. Nadie que duerma bien, nombra a la noche. Quizás no se ha dormido por otras razones, pero al poeta no le interesa que las conozcamos. El tema es cotidiano. El mensaje es directo, preciso, claro, breve… y a todos llega… de forma lírica.

No es la poesía un “Business Writting” -¿o sí?- pero el poeta se retrata. Y si bien Ortega y Gasset defendía que no es oficio del filósofo escribir mal, para que no se le entienda, podríamos decir que tampoco es labor del poeta hacerse incomprensible. Eran Eisen quiere ser entendido. El poeta no debe poner trabas por excesos barrocos de decoración, de horror vacui, exageraciones por esteticismo. Lo que prima es comunicarse, porque la lengua, oral o escrita, para Eisen es comunicación con el otro. La valentía es mostrarse, el valor literario es enseñarse y no ocultarse en enrevesados usos de la lengua. Eran Eisen, está entre nosotros con su palabra.

Héctor Martínez

01/06/2010

PETER WESSEL, EL JUGLAR DE LAVAPIÉS

Posted in Poesía tagged , , , a 21:03 por retratoliterario

Artículo original publicado en Revista de Arte y Ensayo Madrid en Marco

Peter Wessel

Era jueves, tarde o noche, o bien se hizo la noche desde la tarde, en una nueva librería “Enclavada” en el “Enclave” de Lavapiés, calle del oficio de relatar[1], mientras dos hombres y un clarinete me hablaban en dos, tres, cuatro idiomas distintos. ¿Distintos? ¿No era el mismo? Hace tiempo que se intentó sugerir aquel surrealista esperanto a toda la comunidad humana, un solo idioma de todos los habidos y por haber, sin éxito. Nunca supe si se trataba de retomar la construcción de Babel y contradecir a los dioses que dividieron nuestras lenguas terrenales desde sus cielos. Ahora bien, siempre pensé que era mejor así, cada uno con su lengua. ¿Por qué? Sencillo, aunque suene extraño: un mismo idioma para todos nos haría indiferentes los unos a los otros, y lenguas distintas nos causan la sana curiosidad por los demás, ya sea saber si hablan de nosotros, ya sea por saber qué dicen o escriben. Cuántas veces no habré pasado por alto un artículo o libro escrito en mi lengua, o lo habré rechazado con una (h)ojeada, y, sin embargo, cuántas veces me habré interesado en textos similares en otra lengua, desconocida o aprendida a medias. Baste la demostración poco matemática, pero cierta, de que diferentes idiomas nos obligan a interesarnos por lo ajeno. El clarinete suena y una voz recita, dos, tres, cuatro idiomas, ¿distintos? –decía líneas atrás-. No son distintos, son uno y el mismo: el de la poesía, o mejor dicho, el del poeta que habla y siempre hablará en su idioma, el propio labrado con años y más años de hablarlo.

Salvador Vidal

El clarinete se llama Salvador, y la voz se llama Peter –Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, dijo alguien una vez-. Encontrarme juntas ambas palabras, Salvador y Pedro –nombres propios que vienen de palabras-, es un hecho magnífico, inusual –sólo una vez antes los vi unidos en un extenso libro-, pero no religioso. Del mismo modo, descubrir a Salvador y a Peter hablando diferentes lenguas y que todos los presentes les entiendan en las propias y las extrañas, no ocurre todos los días. Acaso únicamente el quincuagésimo contando desde la Pascua -long long time ago. Glosolalia, poliglotismo, heteroglotismo… POLYFONIA. Ese jueves del que hablo, entendí un milagro que siempre me habían relatado a fuerza de un santo espíritu y que a mí me resultaba posible entre los hombres sin recurrir a la santidad. Ese jueves, mes de febrero, escuché mi primera POLYFONIA.

Yo estaba sentado, atrás del todo, enterrado entre el público. Casi no veía a los protagonistas, pero a un recital no se acude a mirar, sino a escuchar.

Dentro de mí
Viven cuatro personas, each
With their own voice,
Su propia lengua,
Sa propre langue.
Hver med sit eget srpog
Og sin egen stemme.

He leído que una POLYFONIA no puede ser traducida –en realidad como toda poesía-. Yo diría más: no puede leerse, hay que oírla de labios de un polyfómano[2], es decir, de la voz que siendo una, son cuatro -¿existirá la tetranidad?-, porque es él, al caso Peter, quien sabe el acento justo a cada palabra en cada idioma. Not only se trata de poner one word in differents languages, como acabo de hacer, sino de ser capaz de escribir un poema con cada lengua en cada verso, como si el anterior o el siguiente estuvieran escritos en el mismo idioma. Algunas veces, una palabra francesa es mejor que una española o inglesa, o una danesa cubre el hueco vacío de su inexistencia en otros idiomas. Y no sólo por su significado. Las palabras, además de semántica, tienen su morfología y su fonética, su forma y su sonido. Una en español puede sonar mejor que su correspondencia en inglés, o la francesa tener menos monemas, o la posibilidad de contraerse frente a la de la otra lengua. Un verso puede ser más breve, más suave, más lento o más acentuado que su correcta traducción. En ello radicó una pequeña disertación sobre los quesos –fantástica, por cierto- y el marketing sonoro de la palabra, suave en Cheese, nuestra limpia Queso, la diplomática Fromage, y la ruda Ost. Desde mi silla y ante la primera POLYFONIA o ante los quesos, comprendía lo fundamental de un diccionario junto a su insuficiencia ante un poema.

The Word, le mot, la
Palabra.
Ordet.

Al fin y al cabo, se escriba el poema en la lengua que se escriba, éste no hablará nunca esa lengua cotidiana que tan fácilmente comprendemos de primeras en nuestras conversaciones diarias, porque la poesía es un idioma en sí misma al que todavía nadie le ha dedicado un diccionario decente –si es que se pudiera hacer tal cosa. Y digo yo, si hay poesía en tantos idiomas, por qué no ha de haber, efectivamente, tantos idiomas en una poesía.

Seguía sentado en mi silla. La POLYFONIA sonaba con su quinto idioma, la música, a veces en un solo de clarinete, otras con percusión. Ya no sabía si estaba en un recital o en un concierto de, quizás, Jazz –tan grato a Peter-, si en el s. XXI o frente al nómada juglar medieval –Dinamarca, Estados Unidos, Francia, España…- en su espectáculo poetico-musical reinventando el latín en las variadas formas de las lenguas romance mientras suena la zanfoña o la viola de arco. Presenciar el arte de juglaría era una de mis locuras en caso de que me ofrecieran viajar en el tiempo con alguna mágica máquina. Fue jueves, ese jueves de febrero del que hablo, veinticinco para ser exactos, el día que no me hizo falta una máquina del tiempo y cumplí con mi extraño sueño; no tan extraño si digo que a lo que quería asistir era a uno de los múltiples orígenes de la poética -la poesía, la nuestra, no es sólo letra escrita, sino que, de hecho, nació de la palabra hablada, cantada, rítmica y musical, en un humilde escenario y por un plato de comida, un chorro de vino y ropa usada.

Peter, juglar de Lavapiés –donde también hay barberillos que parodian óperas italianas-, nos hizo, momentáneamente, nietos suyos. ¿Cómo? Peter nos trajo en sus versos, a mitad del recital-concierto, a su nieta francesa Salomé, la cual, sólo conoce una palabra danesa con la que identifica a Peter: Bedstefar (abuelo):

Ma petite fille,
Salomé, mit barnebarn,
Mi nieta,
Para ti soy “Bedstefar”,
Tu única palabra en danés.
(…)
Salomé, nieta mía,
Para ti soy todavía poco más
Que una palabra, but a Word which,
Ahí dedans,
Contains,
Esconde,
Gemmer et løfte, a
Meaning and promise
That we both must explore:
Din “Bedstefar”,
Le meilleur père
De ta mère.

Al igual que Salomé, muchos de los presentes aprendimos nuestra primera palabra danesa (si excluimos Ost), única palabra, de momento. Toda la sala se hizo Salomé aprendiendo su primera y solitaria palabra, y todos repetimos para los adentros de nuestra memoria “Bedstefar-abuelo” para retener el tesoro que Peter nos legaba, envuelto en su idioma natal. Poco después, 1, 2, 3, ¡despierta!, y volvíamos del trance hipnótico de la POLYFONIA para ser nosotros otra vez, sobre nuestras sillas en un jueves veinticinco de febrero, más una nueva palabra -¡qué más da ya el idioma!- en nuestro interior. Como todo juglar, Peter no solamente canta y se recuesta en el colchón musical, sino que hace malabares con las palabras, prestidigitaciones, danza con ellas, juega y contorsiona las sílabas y hace números de equilibrista sobre finas cuerdas de letras, de palabras, words, mots… ord. Es lo que hacía el juglar, es lo que hace el poeta, para el que, siguiendo a Nietzsche, la simple palabra de todo idioma es ya una metáfora en movimiento de la realidad que evoca, metáforas que hemos olvidado que lo son, excepto Peter Wessel.

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[1]Librería Enclave Libros en la calle Relatores.

[2]Fantástico neologismo de Peter Wessel: adicto al múltiple sonido.

13/01/2010

EL LUCEAFARUL DE EMINESCU EN DARÍO Y ESPRONCEDA

Posted in Poesía tagged , , , , , , , a 2:10 por retratoliterario

M.Eminescu

A raíz de las celebraciones del aniversario de Mihai Eminescu inicié en Retrato Literario una serie de artículos sobre Eminescu y nuestra literatura española a través de Mihai Eminescu y su “Romancero español”. Con la intención de seguir celebrando el próximo aniversario y continuar acercándolo al público español, hoy escribiré acerca de la composición más celebrada del poeta nacional rumano, Luceafărul, y el eco que este motivo literario universal tiene en las letras hispanas en A una estrella de José de Espronceda y en A Margarita Debayle de Rubén Darío.

El español medio suele pensar que no se identificará con la poesía extranjera. Quizás por eso sólo leen novelas y van al teatro. La poesía que se lee es poca, y menos aún de fuera. También el español medio tiende a creer que la proximidad europea de Rumanía es reciente, ignorando la cantidad de nombres que desde el pueblo rumano han salido, coincidido y dado tanto o más que los grandes epígonos europeos. Así ocurre con Miahi Eminescu, poeta tan tardoromántico como nuestro Bécquer o nuestra Rosalía que por el 1883 daba por finalizadas el casi centenar de estrofas del Luceafărul, consideradas la cima de su creación. En ellas, el lucero del alba o vespertino -según se quiera mirar desde el poeta-, como inmortal divinidad o genio elevado y solitario sufre la desdicha del amor imposible con una joven princesa humana y mortal, Catalin. He aquí el problema, ¿descender y sacrificar su naturaleza inmortal por amor o permanecer en su perfecto pero solitario estado? Él ignora que se trate de un precio excesivo por lo efímero de la vida mortal, tal y como trata de enseñarle su Padre, el Demiurgo. Mientras tanto, un joven mortal, paje y bastardo, consigue a Catalina. Al final, el Lucero debe renunciar a su descenso a lo terrenal, a su apasionamiento por Catalina, quedando, con esos versos fundamentales, “inmortal y frío” en su esfera.

El poema se ha comparado con el Hyperion de Hölderlin o los versos de Keats con el mismo motivo. De la misma forma, William Blake o Edgar Allan Poe escribieron poemas al Lucero. No es un motivo poéticamente extraño, y menos en el romanticismo. Interpretaciones ha habido muchas a lo largo del más de siglo y medio que nos separa de su composición: poema de amor, poema social, poema filosófico, sufrimiento del elevado y aislado genio creativo por su separación de la sociedad donde no tiene hueco pero de la que anhela el contacto, la insignificancia y volubilidad de la vida y el mundo humano sometidos a la bota de la temporalidad y la muerte, inserción del folklore rumano… sea como fuere enlaza con la línea del romanticismo europeo y el romanticismo tardío español. No es, en modo alguno, simplemente un poema nacional sin relación con las líneas maestras de creación entre los grandes vecinos alemanes, franceses o ingleses. Tampoco es ajeno al oído español. Pensemos en Espronceda y su poema A una estrella:

¿Quién eres tú, lucero misterioso,
Tímido y triste entre luceros mil,
Que cuando miro tu esplendor dudoso,
Turbado siento el corazón latir?
¿Es acaso tu luz recuerdo triste
De otro antiguo perdido resplandor,
Cuando engañado como yo creíste
Eterna tu ventura que pasó?

¿Está Espronceda respondiendo a Eminescu? A no ser que admitamos el juego eminesciano que vimos en su Romancero español, imposible, pues Espronceda publicaba estos versos en 1840, diez años antes de la venida al mundo del poeta rum. El Lucero inspira a ambos ante una misma situación: la separación de la amada, Espronceda de Teresa, Eminescu de Veronica. Ahora bien, a través del tema del amor imposible o traicionado, Espronceda también llega a cuestionarse la vida humana como vano pasar del tiempo:

Una mujer adoré
Que imaginara yo un cielo;
Mi gloria en ella cifré,
Y de un luminoso velo
En mi ilusión la adorné.
Y tú fuiste la aureola
Que iluminaba su frente,
Cual los aires arrebola
El fúlgido sol naciente,
Y el puro azul tornasola.
(…)
Tantas dulces alegrías,
tantos mágicos ensueños,
¿Dónde fueron?
Tan alegres fantasías,
Deleites tan halagüeños,
¿Qué se hicieron?
Huyeron con mi ilusión
Para nunca más tornar,
Y pasaron,
Y sólo en mi corazón
Recuerdos, llanto y pesar
¡Ay! dejaron.

Espronceda se identifica con el Lucero por su luz, se eleva como Eminescu: brillante cuando el amor existía y de fulgor tenue, perdido, tras la desdicha:

¡Ah lucero! tú perdiste
También tu puro fulgor,
Y lloraste;
También como yo sufriste,
Y el crudo arpón del dolor
¡Ay! probaste.
(…)
Pero tú conmigo lloras,
Que eres el ángel caído
Del dolor,
Y piedad llorando imploras,
Y recuerdas tu perdido
Resplandor.

Y si el Lucero eminesciano terminaba:

En vuestro mundo terrenal,
La suerte os impera,
Mientras yo, frío e inmortal,
Me siento en mi esfera.

Espronceda acaba:

Yo indiferente sigo mi camino
A merced de los vientos y la mar,
Y entregado en los brazos del destino,
Ni me importa salvarme o zozobrar.

Los dos poetas, rumano y español, gesticulan la falsa indiferencia, verdadero dolor, del solitario genio enamorado. Practicamente, ambos poetas dan el mismo final a sus largos poemas. Uno queda en su esfera, inmortal y frío; el otro sigue su camino indiferente. Ambos desdeñan por el dolor y el desengaño el contacto con lo terreno, uno arrojado al universo, el otro dejado en manos del destino.

El caso de Rubén Darío y A Margarita Debayle también es próximo a Eminescu. El poeta rumano presenta su Luceafărul con la fórmula “Érase una vez, como en un cuento” y el maestro nicaragüense nos dice “Margarita, te voy a contar un cuento”. ¿Qué cuento? El de una princesa, la que nos faltaba en Espronceda, que roba una brillante estrella del cielo que le hace suspirar para engalanar su prendedor:

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

La princesa de Rubén Darío sale de noche “bajo el cielo y sobre el mar”, padre y madre del Lucero de Eminescu:

De mi esfera, a tu llamar,
A duras penas vuelo,
Mi madre es la profunda mar
Y padre – el alto cielo.

Al igual que en Eminescu el Lucero pertenece a un mundo divino e inmortal frente a lo terrenal, la princesa de Darío es reprendida por el rey, su padre, no ya sólo por haber salido de noche “sin permiso de papá”, sino por robar del cielo del Señor la estrella que, ahora, ha de devolver:

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!…
El Señor se va a enojar».
(…)
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

Rubén Darío posee la influencia de simbolistas y parnasianos, y, a su vez, del romanticismo tardío, elementos con los que juega creando un cuento de ritmo infantil recargado de exotismo. Sin embargo, Darío rehuyé el triste final de Eminescu y Espronceda, y hace descender al buen Jesús para que atestigue que la estrella fue un regalo suyo para la princesa:

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

La similitud entre el Lucero de Eminescu visto en sueños por Catalina, y el Jesús divino pensado en sueños por las niñas a las que regala estrellas, es palpable. Junto a ello, como no podía ser de otro modo, luce la separación como telón de fondo, acabando Rubén Darío su poema:

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

¿Puede, después de estas sencillas y modestas lecturas, sonarle extraño a un oído hispano el Luceafărul de Eminescu? Si ese oído gusta de su propia literatura, gusta de leer a Darío y Espronceda, desde luego que no. Al contrario, en la coincidencia debería encontrar más que razones para identificar en ese poema, el Luceafărul venido de Rumanía, un mismo espíritu poético universal, sin nacionalidad (Nicaragua, España, Francia, Inglaterra, Alemania, Rumanía… y porque me paro). Era esto, lector, lo que hoy quería mostrarte de Eminescu, terminando, una vez más, con la pregunta conativa: ¿a qué esperamos para leer sus poemas?

Héctor Martínez

05/01/2010

MIHAI EMINESCU Y SU “ROMANCERO ESPAÑOL”

Posted in Poesía tagged , , a 19:09 por retratoliterario

M. Eminescu

Hace tiempo que estoy embarcado en la aventura cultural rumana, sorprendiendo a mucha gente cuando a través de mí descubren cuántos nombres ha dado la tierra de los Cárpatos. Uno de ellos es Mihai Eminescu, poeta y símbolo literario nacional. Próximos como estamos para celebrar el aniversario de su nacimiento, no quería perder la oportunidad de rendirle homenaje desde mi rincón.

Eminescu es romántico. Pero no sólo. Es romántico a la altura de Hölderlin, Novalis, Lord Byron, o de nuestros Espronceda y Bécquer -más este último. Treinta y nueve años de vida dieron para condensar en su obra el alma rumana y las formas literarias destiladas allende las fronteras de Rumanía, tanto del espacio como del tiempo. Y digo que no sólo es romántico, porque también es próximo a nuestro Quevedo y nuestro Calderón, es decir, al espíritu barroco. En modo alguno le es extraña la literatura española a Eminescu. Siendo, como fue, devoto lector de Schopenhauer, filósofo que bien puede hacer de hilo conductor entre los barrocos y los románticos, Eminescu pudo leer a Calderón de la Barca en alemán traducido por aquél y El Criticón de Baltasar Gracián. Del mismo modo, se tiene noticia de su estudio del español y nuestra literatura a través de los apuntes del poeta tomados en los cursos de lenguas románicas en Viena. Esta es la razón, lector, de que hoy vaya a acercarte a una de las curiosidades de Eminescu, aquel olvidadoRomancero español que escribió tan irónicamente contra I. Negruzzi.

Se trata de una composición que ya desde su introducción delata el humorismo español. La invención de nombres como Don López de Poeticales por parte de Eminecu es, precisamente, un rasgo de la comedia del Siglo de Oro español como recurso para la burla y degradación de los personajes. Aún más lo es la situación que narra, tan paradójica y absurda como imposible: un autor español del s. XVII ha plagiado a un autor rumano del s. XIX. Con ello, Eminescu acierta en la diana de la comedia burlesca a través del absurdo y la degradación. Un absurdo creado dando la vuelta a los hechos y su sentido lógico-temporal.

¡Qué historia más rara! ¡Los siglos se agarran de los cabellos y se tiran hacia atrás! El pasado es porvenir y el porvenir es pasado. – El año 15.. le ha hurtado al año 1870 de una manera horrible y con la cautela astutamente sonriente de que no se lo reconocerá. Una vez… en el año 1870 vivía en Rumanía un escritor que se ocupaba por principio y profesión del señor Cocovei, oscuro buho que anda por los tribunales de Rumanía, que en vez de graznar murmura entre dientes la palabra: ¡Considerando!…
Este autor de cosas dignas de la risa, o de mascaradas, empezó un buen día, o buena noche o un día cualquiera (pues dos días no necesitaba la genial Pala) a escribir en rumano una comedia: Astucia y amor, en tres jornadas, con bosques y secretos escondites, y en versos no versificados En el año 15.. post Cristum nato vive también un autor español, Moretto [sic], y escribe él también una comedia con el título Doña Diana, es decir.., ¡El ladrón! cambia a Elena del señor Cocovei en Diana y traslada la acción allá a España. ¡Diablura del diablo! Y después ni siquiera dice Señor Moretto que la tradujo del rumano al español.

La idea que transmite Eminescu con esta “rara historia” es justo la contraria: Cocovei, autor rumano del s. XIX -identificado con I. Negruzzi- tradujo del español al rumano la obra de Moreto, autor español del s. XVII, y la exhibió como obra suya. La “chanza” continúa al declarar Eminescu que ha escrito a Moreto a las “regiones celestes” -pues Moreto está muerto- recriminándole el no haber hecho constar que su obra era traducción del rumano al español.

Le he enviado un telegrama a Moretto en las regiones celestes para que la próxima vez cuando se atreva a copiar en el año tal una comedia escrita en rumano en el año 1870, que tenga al menos la precaución de decir: traducida del rumano al español en el año.., ¡pero no así como lo hizo!

En la composición, sin embargo, Eminescu dialoga y escucha los lamentos de la Diana de Moreto, y no los de la Elena de Cocovei. Con ello, devuelve en una nueva inversión, los acontecimientos a su curso lógico-temporal, desentrañando el secreto del absurdo y haciendo palpable el plagio.

¿Por qué lloras, Oh Doña Diana,
por qué hay lágrimas en tus ojos?
¿Acaso no eres santa y hermosa
como el teatro español?

Todo lo anteriormente reprochado en el absurdo a Moreto se dirige hacia Cocovei.

Lo que me hace llorar
es que Iacob Negruzzi
me haya traducido al rumano.
(…)
No lloraría, querido mío,
si sólo fuera por la traducción,
Mala o buena, no cambia
mi valor interno;
pero Negruzzi, querido mío,
ha escrito una comedia,
una comedia que dice original:
Astucia y amor.

Es el personaje de Diana, y no la voz del poeta, el empleado para criticar esos “versos sin versificar” de Cocovei, por medio de una imagen cómica: el ritmo de los versos de Cocovei suenan como el tambor que usan los gitanos con el oso -algo así como nuestro “show de la cabra” sobre el taburete o la escalera al son de una trompeta-.

Me veo forzada
a recitar malos versos
que suenan como el tambor
del oso gitano

Al final escuchamos la voz del poeta:

Si esto hizo Negruzzi
con la Madonna de Moreto,
¡Si que sois desgraciada
Doña Diana, Doña Diana!

Si bien la composición de Eminescu carece de la rima asonante de los versos pares, en cambio sí trabajó en ella la métrica octosilábica y el carácter narrativo-dialogado propio del romance español, junto a la expresión sencilla de su origen popular frente a los poemas estróficos de la lírica culta. Precisamente, el haber escogido el Romance tradicional nos permite deducir el marcado tono español que Eminescu quiere imprimirle a la obra, junto a Moreto, el humorismo y los recursos del absurdo y la degradación. A través de este pequeño ejemplo, resulta evidente que el gran poeta rumano conocía nuestra tradición poética, homenajeando nuestro romancero. Ahora bien, ¿conocemos nosotros, los españoles, la suya?… ¿Y a qué esperamos?

Héctor Martínez

Recurso

Influencias del pensamiento español barroco en dos de las poesías de contenido filosófico de Mihai Eminescu, el poeta nacional rumano, por Aurora Czeglédi

02/12/2009

“LOS ÁNGELES TAMBIÉN LLORAN”, MARIA TEODORA MICLEA

Posted in Poesía tagged , , , a 13:10 por retratoliterario

Maria Teodora Miclea

Conocer a Maria Teodora Miclea ha sido algo maravilloso. Maravilloso, por el modo, pues fue gracias a esas tecnologías que, a veces, como es el caso, enseñan su mejor cara. Durante un fin de semana completo, varios conocidos me hablaron de ella, de sus poesías, e incluso me enseñaron un ejemplar que pude hojear -y ojear-. Como después le pude decir a la propia Maria, me sentí identificado, reconocido, en sus jóvenes versos. Hice una especie de viaje al pasado al leerla, viéndome a mí, a su edad, con mis cuartillas emborronadas de rimas, de palabras, escritas, sobre todo, en las clases de literatura. Se trataba de un Héctor que ya había empezado a olvidar, y que reapareció en mi mente con cada uno de los poemas de ella. Pensé entonces en invitarla para hablar de sus poesías, para conocerla, quizás para reencontrarme a través de Maria. Escribí un mensaje en una página, como aquél que escribe mensajes en botellas, sin saber si recibirá respuesta. Pero la recibí, y, alegre como un naúfrago que se ve rescatado, comencé a pergueñar un pequeño evento, familiar, en el que homenajeáramos su talento, y yo, particularmente, esa magia que había creado en mí. El último domingo de noviembre, la conocí en persona, en Espacio Niram, para presentar sus poemas, junto a otros dos amigos: Horia Barna y Mihaela Petrache.

Portada "Los ángeles también lloran"

Cuando digo que me identifiqué, no sólo me refiero a la recuperación de un lejano recuerdo. También su forma de entender el poema es la misma que la mía fuera hace ya unos cuantos años -no muchos, pero sí “unos cuantos”-. La que fuera y la que es. Palabra breve, sencilla, llana, clara y precisa, sin extravagancias, sin decoros excesivos, para no entorpecer, para ayudar a sugerir. No era casualidad que mi yo joven adorase a Quevedo o Bécquer y que Maria me respondiese con los mismos nombres. Un conceptismo, bastante barroco el del primero, y bien depurado por el segundo, latía entre aquellos versos como vibrara en los míos. Sin embargo, la conjunción de tales palabras sencillas, a lo largo del poemario, demostraban una asombrosa capacidad para crear imágenes visuales, surrealistas y propias de un mundo onírico y fantástico, sólo que no de cualquier mundo, sino de un mundo interior, el de la propia Maria. Mundo interior en el que ahonda y descubre, en el que cava y desentierra temas, en cambio, universales, de todos. Cuando alguien como yo encuentra todos estos elementos juntos, unidos, entrelazados con tal naturalidad, únicamente puede hacer una cosa: gritar ¡poesía!, como cierto genio gritase ¡Eureka! Por ello que, para finalizar el acto, me decidiera a dedicarla una rima de nuestro querido amigo común -la número XXI-, para terminar mirándola al unísono que mi voz deslizaba ese “Poesía… eres tú”. Maria lo recitaba por lo bajo, devolviéndome la mirada.

Sus imágenes, tan precisas y evolventes como las palabras sencillas, tienen un gran valor sinestésico, sensorial. Sus poemas se pueden ver, oler, tocar, oír y saborear. Maria pone en juego los cinco sentidos por los que penetra en el lector de forma suave, ligera y tranquila, mientras lo rodea de luz, de su reflejo y de su brillantez. El color fundamental, el azul, el del cielo sin nubes, puro, trascendente, donde reside un sol iluminador, orientativo, donde viven los ángeles protectores, los mismos que a veces, “también” lloran. También hay oros y dorados, también fresas de rojo fresco, y rosa, y diamantes… Color y luz que nos abrigan; cálidos, que nos protegen. Mihaela, certera, le preguntó a Maria: ¿es el poeta un ángel?, y apostilló, ¿eres tú ángel y poeta? Yo, no sé si Maria se siente ángel, si quiera si ha llegado al fondo del ser del poeta, pero, de seguro que ha de ser ambas para el lector, aunque ella no lo sepa. Sin embargo, lo sabe. Ha pensado y escrito en este poemario sobre el ángel y sobre el poeta. Ha descubierto que el poeta es aquél que “agita en la mente palabras imposibles”, que vive entre “bailes de letras”, que “cabalga palabras escondidas”. Conoce la eterna lucha del poeta con su materia, la palabra, y ha comprendido que es mejor no pelear, sino, como hace tiempo digo yo, ex-presar su contenido, liberarlo, sin violentar el abecedario, sin retorcer las letras.

Evento Espacio Niram

Es amante pública del gran Eminescu, símbolo y belleza de la literatura rumana, o, mejor dicho, del panteón poético universal. No podía faltar el poeta en sus versos, unido a la “Dor” rumana, nuestra “morriña” gallega, la “saudade” portuguesa, sentimiento íntimo, único, de fidelidad, de añoranza, de ligadura con lo extrañado. “Ne e dor de tine Eminescu”, escribe, y no me siento capaz de traducirlo sin romper su fuerza. Sobre todo, porque no dice “yo”, sino “nosotros”, colectividad de la que Maria se vuelve voz.

De Maria Teodora se alaba el talento desplegado tan joven. Sin embargo, yo no creo que la edad sea mérito, sino simplemente el talento, que emerge más tarde o más temprano. Pareciera extraño, fuera de lo común, que alguien con su edad escriba estos versos. Es cierto que no se ve todos los días, pero quizás el problema sea de vista. Acaso sea mayor virtud la valentía de sacarlos adelante, de mostrarlos y recitarlos, con orgullo y sin miedo, sin ocultarlos, reverenciando el don que la Musa otorga. La confianza en los versos que escribe, antes que la precocidad del escribir, la decisión de confiarlos a otras manos y otros lectores u oyentes, es el punto de inflexión donde encontramos a un verdadero o verdadera poeta –poetisa, dicen otros-.

El último esfuerzo del poemario se encuentra en la cuestión de las lenguas. Maria Teodora escribe sus poemas tanto en rumano como en español, e intenta después traducir del uno al otro y del otro al uno. Digo intenta, porque bien es sabido que soy de la opinión de que la poesía es intraducible. El idioma poético queda sujeto a la lengua en que viene a ser escrito por primera vez, con su ritmo y melodía. Ahora bien, el hecho de intentar verter en ambos idiomas el mismo poema, de nuevo subraya la valentía que decíamos antes. Maria Teodora no quiere un lector rumano sólo, o sólo hispanohablante. Quiere que los dos puedan leer sus poemas. Y me apresuraría a decir que, incluso, si fuera posible, no estaríamos únicamente ante un volumen bilingüe, sino trilingüe o tetra… o, mejor aún, una sola lengua que comprendiera y llegara a todo hombre. ¡Qué tesoro perdimos en Babel!

En el evento del domingo, dejé que fuera Bécquer quien cantara, a través de mí, la verdad que sobre Maria todos los presentes pensábamos –aquél “poesía… eres tú”-, pero no quise dejar pasar la oportunidad de dar una respuesta poética a sus versos. Por ello, antes de Bécquer y su rima –indudablemente mejor acabados-, recité unas líneas dedicadas a Maria, y que ella lleva manuscritas en el ejemplar de mis Con versos que, a cambio de sus Ángeles, le regalé. Aquí, en Retrato Literario, merecen ser el final del homenaje.

DONDE VAN LOS VERSOS
(silva becqueriana quebrada)

A Maria Teodora Miclea

Dime por qué camino van tus versos
Para que los míos les acompañen:
Si es por el azul cielo
Volarán, surcarán hasta tocarte;
Si por el azul del mar
Serán las estelas, serán los remos,
Serán las velas, y serán los vientos,
Las olas y la sal;
Si van al Universo,
A las lunas y estrellas,
Serán astros, luceros,
Serán la redondez de los planetas
O la cola de tu estrella fugaz,
Serán el sol, serán eclipse luego,
Serán constelaciones de los sueños
Que parpadeen al verte pasar.
Di, tus versos…
                                            … los míos…
                                                                                       … ¿sabes tú dónde van?

Héctor Martínez

AUDIOVISUAL

Maria Teodora Miclea entrevistada en RTVE

29/09/2009

“EVADARE DIN SPATIUL VIRTUAL”, BY GEORGE ROCA (NIRAM EVENT)

Posted in Poesía, Unas noticias y otros tagged , , , a 22:11 por retratoliterario


Download/Descarga: Spanish version/versión española

Cover and Back

Cover and Back

It was a real pleasure for me to have had the opportunity to meet George Roca. We launched his book Evadare din spatiul virtual in Madrid (Spain) at Espacio Niram on Saturday, the 26th. The book is divided into seven parts and George Roca read his poems one by one during the event, while Fabianni Belemuski translated them directly to the Spanish audience. Indeed, the night before the event, Mr. Roca and I could exchange views, having a very pleasant talk about different things like the difficulty that exists to learn other languages in countries like Spain or the impossibility to translate poetic words when the author is the only person who knows the authentic meaning, the real feeling of the poem. Why did we talk about this? Because I knew then that today I would be writing about him and his poems and I would come across these two problems that I mentioned a couple of lines above. Anyway, the same night, we talked about poetry, too. Mihai Eminescu was an important point in our conversation, but at the same time the philosophy of Emil M. Cioran or Mircea Eliade and Brancusi’s works were an important part of our reflections. Why? Firstly, because George Roca was born in Romania and currently lives in Australia, but he carries in his heart the homeland in which he saw the daylight for the first time. Secondly, Eminescu is a very important poet in Romania and the three other personalities mentioned above have gained international relevance together with Eugene Ionesco or Tristan Tzara.

In fact, Eminescu and several other big names in sports, music, art, which Romania gave to the world, all have a dedicated poem in the fourth part of book entitled Amintiri. The poem is called Eminescu, and George Roca is singing to a new dawn of Romania in it. This new dawn is because of the fact that…:

Într-o dimineaţa
Dumnezeu
s-a sculat vesel şi binedispus!
A închis vântul în cămară,
a alungat norii
a scos din priză fulgerele,
a oprit cutremurele şi valurile
şi a stins focul su cazanele vulcanilor!.

(One morning,/God woke up happy and good-humoured/He locked the wind up in the storeroom,/chased away the clouds,/unplugged the lightnings,/put a stop to the earthquakes and the waves/And he put out the fire of the volcanic caldrons!)

Romania is present across all the pages and the verses from Evadare din spatiul virtual , but it has a reserved space in the second part of book called Antipozi whose content has strong feelings of nostalgia.

G. Roca

G. Roca

George Roca considers himself a journalist rather than a poet. But on Saturday, we enjoyed his facet as a poet, a very chromatic and vital poet with a great sense of humour and great sensitivity. It’s possible to see this colourful vision in the third part of the book called Cromatică australiană and in poems like Galben, which was born as a result of Roca’s son challenging him to write about a yellow cat. Other verses are crossed by the green, red, but especially blue, colours. The blue colour is very significant: it refers, for example, to the depth of the oceans, to the sky above us, or to the special blue similar to Lapiz Lazuli which only exists in a Monastery of Moldavia. This colour connects us with an infinite thought. For this reason, it is not by accident that the stars and the universe appear in other lines, like an elevation path from the sky to the outer space. When can we see the stars? At night. When can we imagine the Universe? At night, too. The night and the sky become magical and special: the diurnal blue sky demonstrates to us that we are alive and we should be happy about it, as in Mă bucur, in the fourth part of book:

În fiecare dimineată
când mă trezesc, mă bucur
mă bucur că e soare
mă bucur că e înnorat
mă bucur că trăiesc

(Every morning/When I wake up, I’m happy!/I’m happy that it’s sunny,/I’m happy that it’s cloudy,/I’m happy that I’m alive!)

With the nocturnal black sky we understand that we are part of a larger whole, or that we can dream. But, where can we find the stars? Not in the sky, but in the grass, George Roca answers in one of my favourite poems called Micul Univers:

Seara
căutam prin iarbă
stele căzătoare!

(At night,/we searched the grass/for falling stars!)

The stars fall down from the Universe into our human world and into our quotidian lives. In Micul Univers we discover kids playing football with planets as a ball, or riding comets, because George Roca is inviting us to remember our childhood Universe using surrealistic elements.

The sense of humour appears in various poems –especially in the last part of book entitled Fabule şi parodii-, but I like one poem in particular, called Poemul. Poetry is defined as an unfaithful wife who comes to us when we are sleeping, or, if we are awake, when we don’t have pen and paper at her arrival. Poetry is viewed as a woman playing with us as if we were lovers. Thus, poetry is described in terms of an unexpected difficult love, which is not controlled by us because we are its tools.

The previous paragraph helps me point out that there is another important theme within the book: the theme of love, above all in one poem, Sărutul, in which I found a personal symbol which impressed me a lot. Please, read it:

Când am început să te sărut
gura ta avea gustul fructului pasiunii
Totul era atât de activ şi real
De parcă doi îngeri
făceau dragoste pe limba mea.

(When I began to kiss you/your mouth tastes like the fruits of passion./Everything was so lively, so real,/as if two angels/were making love on my tongue.)

After reading it, I would want to feel these “two angels making love on my tongue”. It’s not the feeling of a kiss; it’s the feeling of a kiss of love given by a man who is in love. There are many differences between these two kinds of kiss and I think that only a great poet, like George Roca, can express the differences of intensity with these few poetic words.

George Roca’s poetry shows a positive message: we must live in harmony with ourselves and everything around us, in order to get to know who we are and to win the fight against the irreversible time in which we live and to love each other. He is proposing us to escape and to live, to be free from the chains that we have created for ourselves. I have not seen poetry like this in years, encouraging us to discover life as a gift and not as an obligation and a punishment.

Héctor Martínez

Texto revisado y corregido: Eva Defeses


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