24/12/2020

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , a 3:21 por Retratoliterario

16/11/2020

AL CUIDADO DE LA LENGUA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , a 13:29 por Retratoliterario

A pesar de que la lengua española sea uno de los tesoros culturales que poseemos de mayor proyección e historia, lengua literaria, lengua planetaria (si me permiten la hipérbole) como segunda lengua del mundo por hablantes nativos, y cuarta en hablantes, o dicho en cifras, unos seiscientos millones de hablantes de una población total de siete mil seiscientos millones —un 8%—, hemos dado con una generación de orwellianos ortodoxos —es decir, quienes ven en las obras de Orwell puros manuales y no críticas de ficción distópica— decididos a destrozar el español y a pisotearlo en pos de sus intereses demagógicos e ideológicos. Se han ido acumulando las noticias al respecto en los últimos días y el vaso ya se ha llenado como para escribir una nueva entrada en esta bitácora.

La primera es de gran calado. A partir de la necesidad de apoyo para sacar adelante la enésima ley educativa que se suma a un largo historial caótico para nuestra enseñanza, se ha incluido, para más inri, una enmienda por parte del independentismo catalán para que se suprima en la enseñanza la lengua española como lengua vehicular, e incluso como lengua oficial del Estado. Si ya, en clara desobediencia a tribunales y de forma inconstitucional, se ha venido negando el español en la escuela catalana a muchos estudiantes, ahora será legal eliminarlo. Una vez más, nuestra Constitución se convierte en papel mojado, pues ya me dirán ustedes qué significa esto de que «El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla» (CE art. 3.1); una vez más, contraviniendo la pirámide y jerarquía normativa, desarrollamos una ley orgánica que contradice de facto artículos de la Constitución; una vez más, pisoteamos de nuestra cultura lo que desde fuera más se valora… y todo desde un Gobierno secuestrado —que se deja secuestrar— y que juega al trilerismo con derechos y deberes de los ciudadanos.

Recuerdo que Unamuno, aparentemente el recuperado como héroe nacional en los últimos tiempos, ya defendía durante la República la necesidad de establecer en la Constitución, no ya la enseñanza del castellano, sino la enseñanza en castellano, al ser la lengua oficial de la República. Le resultaba vergonzoso tener que exigir y reclamar algo así en el congreso. Esta pelea es vieja, muy vieja. Y seguimos en las mismas.

Por otro lado, la eminente alta política que se enseñorea por los territorios agitando a más no poder el regionalismo que les otorga votos para construir su cortijo, va y retira la oficialidad del topónimo Villajoyosa y deja únicamente el valenciano Vila Joiosa. Claro, una vez que aceptamos eliminar la oficialidad del español, ya podemos empezar a desbaratar el idioma dentro del propio país en que nació. ¿El argumento? Un despropósito de ignorancia supina: que la palabra Joyosa en español nada tiene que ver con joiosa en valenciano, sino que nombra la espada de Carlomagno. La estupidez es supina al caer en un error homográfico: una cosa es el nombre propio para la espada de Carlomagno, y que como nombre común nombra la espada, y otra muy distinta la castellanización fonética del nombre propio de un lugar. Coinciden en su escritura, como sucede con otras muchas palabras, mas no guardan relación. La ignorancia provoca este tipo de errores. Pero, además, es que sí se ha llegado a utilizar la palabra Joyosa con el mismo sentido de Joiosa: Vicent. W. Querol, por ejemplo, en los juegos florales de Barcelona de 1872 escribía su Patria. Fe. Amor que sería el emblema poético para los Juegos Florales de la Ciudad y Reino de Valencia y la Renaixença a partir de 1878. Y, en efecto, he encontrado dos versiones de la siguiente estrofa donde joyosa/joiosa se emplean a partir del original:

Fill só de la joyosa vila que al sol escampa,

tot temps de fresques roses brodat, son mantell vert;

la coronada ab pámpols y fruyts que la llum dora,

la que la seda fila, la que remembra y plora

l’alarb en lo desert.

[Esta es la reproducción publicada en 1872: Jochs Florals de Barcelona en MDCCLXXII. Any XIV de llur restauració, Barcelona: Estampa catalana de Llogari obradors y Pau Sulé, 1872, ps. 129-134; también aparece así en la edición bilingüe de Rimas 1891 con prólogo de Teodoro Llorente]

Luego, tampoco es del todo cierto que no pertenezca al uso de la lengua valenciana el término, cuando lo encontramos usado por uno de sus grandes poetas decimonónicos. ¿O será que el magno poeta, de tan magno que estaba hablando de la espada del otro magno? ¡Qué ofensa más grande habrá sido para los de Compromís descubrir esto! Dudo que lo sepan, siquiera.

El último asunto respecto del idioma que quiero referir hoy es el preocupante aumento en nuestra prensa nacional del uso del término feminicidio para los crímenes donde la víctima es una mujer, entendiendo que siempre la matan por ser mujer. El uso viene de Hispanoamérica y es un término al que ya me oponía, incluso cuando la RAE lo aceptó. Dado que en español se puede entender varón en la voz hombre, hemos empezado a creer muy estúpidamente que la palabra homicidio tiene que ver con una imposición heteropatriarnosequé de los varones heterosexuales y que invisibiliza que el crimen sea sobre una mujer y por ser mujer… Nada más lejos de la verdad: el sentido primordial, principal y primero de hombre (del lat. homo, homninis) es la especie humana, el ser humano, en todas sus variedades. Por tanto, no tiene ningún sentido diferenciar entre el crimen contra una mujer y contra un varón, sean las razones por las que se cometa las que sean, con dos palabras distintas, como no lo tendría hablar de homosexualicidio, ni de gordicidio o de discapaticidio etc. (suena a broma, pero en los tiempos que estamos, este sendero está más que abierto para ser transitado). Aún así, topé con un periódico que hablaba de un execrable asesinato cometido contra una persona transexual y lo refería como transfeminicidio. Será porque era una persona trans que sería mujer, digo yo, aunque me surge la duda de si los criminales mataron a esta persona por ser transexual o por ser mujer; y esto hace que me pregunte a su vez: la transexualidad hacia el varón, ¿cómo deberíamos llamarlo: transvaronicidio? Y mientras jugamos con las palabras, el mundo sigue igual, se sigue asesinando por muchos motivos… solo nos importa cómo llamarlo.

Así venimos, así vamos y así continuamos, con la ignorancia por bandera desfaciendo entuertos y haciendo el ridículo con toda la altanería del mundo y poniendo al resto en solfa. Sigan así vuesas mercedes.

25/09/2020

PAULINE HARMANGE O EL BLANQUEAMIENTO DE LA MISANDRIA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , a 17:27 por Retratoliterario

Si contara las veces que he pedido parar el mundo para bajarme, hace tiempo que nuestro sistema solar sería ptolemaico. No podría estar más quietecita la Tierra para una emigración espacial de gente harta de tanta tontería. Para mi pesar, sin embargo, nadie ha parado nunca los motores de este Titanic que es la especie humana con rumbo a su desintegración.

En Francia ─y por qué no me sorprende─ una mujer de apenas veinticinco años publica una soflama misándrica, toda orgullosa, y le aplauden la gracia. Dice que es feminista y que comprende la misandria, que la cree necesaria, que está justificada, que debe servir para reducir todo contacto de las mujeres con los varones y todo por mor de una hermandad de mujeres más sólida. En el libro se contempla la misandria como  mecanismo de defensa. En estos términos, el racismo o la misoginia también son un mecanismo de defensa, digo yo. A bote pronto, entonces, no hay problema con los machistas ni con los misóginos, sino que lo que se reclama es el hembrismo y la misandria. Mismo odio en sentido contrario y aplaudirlo como éxito editorial.

Ya solo el título iría contra los tan mentados DDHH, pero en los tiempos en que vivimos, y me temo que en los anteriores también era así, esto solo se tiene en cuenta según con quien te los saltes. El título: Moi les hommes, je les détestes [Odio a los hombres]. Simplemente piensen en la hoguera a lo Torquemada que se levantaría junto al Arco del Triunfo parisino si se publicara un libro con títulos que cambiasen la palabra hombres, por palabras como negro, judío, mujer, gitano, inmigrante… Y no solo que el título fuese así, sino que el ensayo escrito enalteciese el racismo, el antisemitismo, la misoginia… Sé que la respuesta inmediata sería que en el pasado eso ya ha ocurrido. Ya he dicho que en tiempos anteriores también ocurría el libre albedrío de saltarse los DDHH según con quien. Simplemente hay que esperar a que se abra la veda.

Es cierto, libros de tono racista o misógino han existido y no pocos; sí, en el pasado los hubo y se hicieron cosas vergonzosas. Conozco bien, por ejemplo, a Quevedo o a Schopenhauer y las barbaridades que llegaron a escribir por diversión, despecho o por convencimiento. Pero mucho me temo que eso no da carta blanca a que en nuestros tiempos se haga igual en sentido contrario. El pasado no justifica que persistamos en el error, emulando a Schopenhauer pero en sentido contrario. Hasta en la termodinámica la reacción es inmediata, no pasados unos años o siglos.

Es más, ¿acaso avalar la misandria no sería estar avalando el odio por razón de sexo? Quiero decir, ¿qué argumento habría, entonces, para anular la misoginia? La discusión solo giraría en torno a quién es más malo y a quién hay que ejecutar. Se darían razones para odiar a las mujeres y para odiar a los hombres, y eso sería todo el universo del razonamiento: odio. Pero es algo que, sin embargo, ya estamos haciendo con toda otra forma de discriminación: se ha impuesto la falsa creencia de que puede existir una discriminación positiva sin que exista una discriminación negativa. Oigan, que al discriminar negativamente a las mujeres, los machistas y misóginos lo que hacen es discriminación positiva del varón; o cuando se discrimina negativamente al negro por considerarlo inferior, los racistas blancos lo que hacen es discriminar positivamente a lo que demonios llamen blanco. ¿No se han dado cuenta? Digo yo que sí, porque precisamente es de eso de lo que se quejan. Luego, si se discrimina positivamente a la mujer, o al negro, o al homosexual… lo que se hace es discriminar negativamente al varón, blanco, hetero… es decir, se siguen perpetuando modelos discriminatorios y segregacionistas, que, encima, avalan que se pueda dar la vuelta a la tortilla. No cambia la forma de hacer, solo se cambia la justificación. Y a la tortilla se le pueden dar todas las vueltas que se le quieran dar, hasta quemarla por ambos lados. Ya puse el ejemplo en otro lugar: según estas innovadoras ideas, en los autobuses de los EEUU de los 50s, estaba muy bien que los negros se sentasen atrás y los blancos delante; lo que no estaba bien eran las razones: no se hace porque se proteja al blanco del negro, sino porque se protege al negro del blanco. Este es el grotesco e inútil resultado de estos discursos, darle la vuelta a la moneda de dos caras, para pagar con la misma moneda. ¡Y lo llamamos justicia social!

Ese es el argumento: como los varones lo hicieron en el pasado, ahora lo hacemos nosotras en el presente. ¿Qué contestaremos cuando un varón diga: como lo hacéis vosotras, ahora lo haré yo recuperando viejas tradiciones de mi sexo? Si pretenden que todas las mujeres lo aplaudan ahora, ¿qué esperar si después los varones en su mayor parte aplauden el machismo? Así, a lo pendular. Y me parece a mí que la caterva de animales del pasado que andan criando malvas tiempo ha, les da completamente lo mismo lo que usted diga o haga hoy día. Pero lo que es a mí, varón, blanco y hetero del presente, pues como que no me da igual. Lo curioso es, sin duda, que usted, que defiende algo así, pertenece también al mismo presente y no ha vivido ese horrible pasado. ¿Por qué se empeña en contestar al pasado, en legislarlo, en lanzar diatribas contra el tiempo ido? El único tiempo que nos es dado cambiar es el presente: aunque, desde luego, escribir ensayos misándricos no creo que sea el modo de sobrellevar nuestro tiempo y hacernos cargo de nuestro momento histórico.

Que hay cenutrios, bobos, salvajes entre los de mi sexo todavía… los hay, no tengo la menor duda de ello. Pero dudo que esa sea una razón válida para escribir un ensayo en el que se considere al varón majete como una anomalía, una excepción. ¿Es un gesto de magnanimidad desde la poltrona de la discriminación? Lo he oído antes, sí, pero con mujeres, gitanos, negros… Sí, el machismo y el racismo también aceptaban que pudieran darse excepciones, anomalías de la matrix ─la verdad es que prefiero excepción a anomalía: aunque puedan ser sinónimos, el segundo también tiene una carga semántica que refiere a algo que no debería darse, a un malfuncionamiento o una malformación─. A lo mejor hay que aplaudir que, por lo menos, al aceptar excepciones, por pocas que sean, admite que es malo generalizar ¿no? En esto se basa el argumento contra la falacia inductiva. Solo ha cambiado el objetivo del odio. Sin embargo, cambiar el objetivo del odio a conveniencia no puede hacer buena la discriminación: solo la transforma al gusto de uno. De hecho, lo que la autora dice es que hay excepciones, no habla de todos, pero sí de casi todos, sí de la mayor parte. Lo de hablar de excepción y anomalía es pura retórica del discurso, nada que acepte en la realidad.

Hay un elemento con el que publicitan el ensayo que me ha resultado hasta gracioso. Considera la autora, por cierto Pauline Harmange se llama, que a las mujeres heterosexuales se las anima a que les gusten los varones y que tienen derecho y se les debe permitir que no les gusten. Me hago cruces con esto: ¿un heterosexual necesita que le animen a que le guste el sexo opuesto? Puedo entender que un homosexual proteste y denuncie a quienes pretenden que les gusten los de sexo opuesto y que encima montan clínicas donde se considera la homosexualidad una enfermedad. Pero, al igual que dudo que un homosexual precise de ánimo para que le gusten los de su mismo sexo, tampoco creo que a los heterosexuales les hagan falta ánimos de ese tipo. Me parece a mí que va en la propia definición de la palabra. Lo que esté ensayo hace es suponer una coacción a las mujeres hetero para que les gusten los varones y así colar un imperativo para que no les gusten los varones. Dicho de otro modo, si alguien está forzando la maquinaria es la propia autora, acercando el ascua a su sardina.

Por otro lado, no existen los derechos o los permisos sobre los gustos: mucho me temo que aquí la autora confunde los gustos y los colores, o mejor dicho, los gustos y los odios. Usted puede perfectamente hacer una vida al margen de los varones si le place y sin necesidad de que se le dé permiso ─simpático que pida permiso para odiar, ¿a quién se lo pide, a los hombres?─; tampoco es necesario que se legislen derechos en ese sentido. Lo que usted no puede hacer es enaltecer y animar a odiar. Porque eso no está permitido y está legislado: no puede usted incitar a odiar.

La verdadera pregunta que me asalta y me remueve es cómo una joven de 25 años escribe un ensayo misándrico. Podría pensar que muy malas experiencias (violaciones, agresiones…) habrían alimentado el odio, y podría entenderlo, aunque no lo excusaran ni lo justificaran. Sin embargo, si esto fuese cierto, lo habría dicho: una vez que publicas un libro así, no tiene sentido guardarse el catalizador. En ningún medio ni de su propia boca he escuchado nada parecido. Esto me lleva a pensar si tendrán que ver en esto las campañas y mensajes que en los últimos años han imperado e impregnado el universo mediático, cultural y estudiantil: no es difícil encontrar la deriva misándrica a la que se ha llegado desde unas primigenias posiciones legítimas, es decir, cómo se ha pasado de denunciar la violencia en la pareja y las conductas vejatorias en público a la criminalización por generalización de todo el sexo masculino (salvo anomalías, nos dice la autora). Esto último se ha imbuido como una verdad incontestable apoyado en unas cifras que se manejan como el discurso quiere. Por ejemplo, sostienen que un porcentaje muy alto de agresiones sexuales las cometen varones; sin embargo, nunca establecen qué porcentaje de varones respecto del total de la población de varones es el que ha cometido ese tipo de actos. El resultado es que adolescentes de 16 van con un miedo atroz por las calles creyendo que todo varón con el que se crucen las va a agredir y cuando cumplen los 25 años escriben libros misándricos. ¿Qué estamos haciendo con las mujeres en nuestras sociedades? ¿Qué les estamos metiendo en la cabeza? ¿Por qué infundir terror y dependencia?

Pauline Harmange /Fuente imagen: La Repubblica

Daré un par de pasajes puntuales del libro de marras en torno a esta cuestión (teniendo en cuenta que son apenas noventa páginas y los pasajes que he podido leer, traducción mía mediante, son los más señeros, puedo hacerme una idea del libro):

… la acusación de misandria es un mecanismo de silencio: una forma de silenciar la ira, a veces violenta pero siempre legítima, de los oprimidos hacia sus opresores. Ofenderse por la misandria, convertirla en una forma de sexismo como cualquier otra e igual de reprensible (como si se condenara el sexismo…), es barrer bajo la alfombra con malicia los mecanismos que hacen de la opresión sexista un fenómeno sistémico apoyado por la historia, la cultura y las autoridades.

[La misandria es] «un sentimiento negativo con respecto a la género masculino en su conjunto (…), representado en forma de un espectro que va desde la simple desconfianza hasta la hostilidad, que la mayoría de las veces, se manifiesta como impaciencia con los hombres y un rechazo a su presencia en los círculos de mujeres. Y cuando digo «hacia el género masculino», incluyo en este término a todos los hombres cisgénero que han sido socializados como tales y que disfrutan de sus privilegios masculinos sin cuestionarlos, o muy poco».

En general observo lo que viene siendo habitual en el escenario de los malabares lingüísticos: un juego de palabras para resignificar al antojo de uno el término que le venga en gana y embelesar el oído del lector con dialécticas decimonónicas de opresores y oprimidos; pero el término nunca pierde del todo su significado y poco a poco se va dejando que cale en la mente hasta que se acepte por completo. Lo artificioso del caso puede comprobarse en la última frase: literalmente dice englobar en género masculino a todos los hombres cisgénero, socializados como tales y que disfrutan de sus privilegios masculinos sin cuestionarlos. A ver, que yo me entere: no incluye gays, ni hombres cisgénero no socializados como tales, o sí socializados como tales pero que no disfruten de sus privilegios masculinos, o también socializados o no, pero que los cuestionen… podría seguir, pero no tiene sentido… El intento por identificar claramente al objetivo que odiar y, sobre todo, evitar cualquier ofensa que pueda considerase fuego amigo (gays, trans…) conlleva este tipo de retorcimientos. La cosa es tan absurda que, al final, una crítica que he leído de un fan de este libro decía que era una pena que no incluyese a los no binarios. Al final, siempre se falla, hagas lo que hagas.

En este caso, Pauline Harmange, con la conclusión ya tomada de que la misandria está bien, simplemente busca la forma de justificarla y separarla de la misóginia, del sexismo, y de todo lo malo de lo que el feminismo en que milita ha hecho bandera. Trunca un poco el término, le da la vuelta, lo restringe al gusto, lo relaciona con la lucha de oprimidos-opresores y nos lo devuelve con un lacito, en todo su esplendor moral. En uno de los pasajes llega a decir, distinguiendo misoginia y misandria: «estos dos conceptos no son iguales, ya sea en términos de peligrosidad para sus destinatarios o en los medios utilizados para expresarse. (Debe recordarse que los misóginos usan armas que van desde el acoso en línea hasta los ataques terroristas, como el de la École polytechnique de Montréal en 1994, del cual hasta la fecha no existe un equivalente misándrico)». Es decir, que la diferencia entre dos términos no lo es por su significado, no es por la actitud que describen, sino por el número de muertos causado o las estrategias que se llevan a cabo. Como no ha habido un asesinato en masa misándrico, la misandria no es el sinónimo opuesto de misoginia. Pero yo juraría que la misoginia existía mucho antes de ataques terroristas, no se acuñó ahí el término, sino que existe mucho antes de las redes y el acoso digital…

Pues vaya una clase de lingüística: la palabra misoginia nombraba en griego a  los varones que no experimentaban disfrute sexual con las mujeres. También era el título de alguna comedia y se empleaba para hacer bromas. Es decir, que era de ámbito cómico y o bien se refería a los gatillazos, a la impotencia o bien a la homosexualidad tal como la entendemos nosotros. Incluso llegaba a ser considerada enfermedad. Dado este significado originario en griego, donde no hay atisbo de odio como tal en el sentido que es usado en nuestros días, podría perfectamente yo resignificarlo y decir que en ningún caso la misoginia es sexista sino un mecanismo para hacer comedia y que nada tiene que ver con la misandria ni con delitos de odio. Ahora bien, esto sería tergiversar el término, su sentido, su origen y amoldarlo a mis propósitos y mi discurso, al mismo tiempo que intento convencer a los varones de que no vayan con mujeres, manteniendo sottovoce el sentido que abiertamente digo negar. En ocasiones me da por especular cuánto tiempo falta para oír por primera vez «a ver, yo no odio a los varones, tengo un amigo que es varón y es hetero, pero…». La primera parte de esa frase está en el título de este breviario feminista ─si el feminismo está dispuesto a aporijarlo, claro; yo lo digo porque la autora se declara feminista─. El resto… tic tac…

Esto, a la vez, me recuerda las veces que he encontrado en autores humanistas, que defendían la igualdad de los seres humanos y la empatía, pasajes racistas y sexistas que se les colaban. Hace bien poco se mencionó al respecto al empático David Hume, por citar un caso que el lector pueda haber conocido recientemente. Ahora bien, a estos se les colaban los pasajes por la atmósfera de su época, y lo que para ellos era normal, los constituye en racistas inconscientes a la luz de nuestros días; sin embargo, Pauline Harmange lo está haciendo con plena conciencia y toda intención.

He estado leyendo comentarios de lectores en Goodreads. Espanta leer cosas como:

Demuestra que hay muchas razones para sentirse incómodo con los hombres, para temerlos e incluso para odiarlos. La misandria no es lo opuesto a la misoginia, es el resultado de las opresiones sufridas por las mujeres durante siglos.

Un ensayo suave, íntimo y contundente sobre la misandria, como mecanismo de defensa, como principio de precaución.

Este libro es una oda a la misandria que abraza nuestras contradicciones y nuestra ira con un solo gesto. Para mí, que mantiene la mirada a menudo atascada en trabajos materialistas o al menos teóricos, Pauline ha abierto una ventana. El horizonte es claro: el género de los hombres nos explota, nos viola, nos mata, odiarlos categóricamente no surge de una sola observación sino que también da forma a otras sociabilidades, da perspectivas sobre otras mujeres y sobre nosotros. Es precioso y lleno de esperanza.

Es un verdadero placer leer en un libro lo que llevo pensando en un susurro desde hace unos años.

Son los comentarios que primero he encontrado, pero que en general no bajan de 4 o 5 estrellas. Abiertamente reconocen que se da alas a la misandria, la justifican y les llega a parecer precioso, esperanzador y un horizonte digno de alcanzar. Valga aquí un reductio ad hitlerum: es como leer las críticas positivas de 5 estrellas del Mein Kampf, el cual también era esperanzador, precioso, era un susurro dentro de cada antisemita y daba razones para sentirse incómodos con los judíos, temerlos e incluso odiarlos. No digo que se trate de un Mein Kampf ni de un renace de Hitler, sino que comparo cómo cada uno avala sus propios prejuicios por sesgo de confirmación y por embelesamiento, y difunde y defiende lo que no es sino odio, a la vez que sin el menor sonrojo exhibe su adhesión al discurso.

Para rizar el rizo, después de defender la misandria, y de que incluso los lectores que más apoyan al libro reconozcan abiertamente que se defiende y justifica la misandria, cuando Ralph Zurmély, consejero del Ministerio de Igualdad francés, acusa  a la autora de delito de odio por su libro misándrico, la autora del libro asevera, en línea con su obra, que eso es un intento de silenciarla. Es lo que tiene que tú cambies motu proprio el significado de una palabra para edulcorar tu mensaje, pero en el código penal la palabra sigue nombrando el mismo delito según es definido por el diccionario que recoge el habla de todos los francófonos. ¡Apaga y vámonos átomos!

Un último apunte al respecto de esta polémica. Se discute en Francia si el libro puede ser censurado, si puede prohibirse. Aquí a lo mejor me gano un positivo para la autora: no estoy de acuerdo en que se censure el libro, ni este ni otros como Schopenhauer o Quevedo, ya que los mencioné. Insistiré una vez más en que no es problema que existan libros que defiendan tal o cual idea, sino no haber educado a la población en un mínimo sentido crítico y comprensión lectora, en unos ciertos valores cívicos y de convivencia, que los vuelvan capaces de identificar panfletos de odio frente a libros provechosos. Se tiende a creer que porque algo este publicado como libro, gana autoridad. Pues no, perfectamente puede seguir siendo la misma estupidez que si se dice por la boquita. En esta materia, el juez no ha de ser el Estado, sino cada lector. Yo he dictado mi sentencia. Dicten cada uno de ustedes la suya.

Héctor Martínez

27/08/2020

SAQUEN SUS SUCIAS MANOS DE LA TUMBA DEL POETA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , a 17:10 por Retratoliterario

Tengo un gran amor a España y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente.

Antonio Machado

Baeza, 1913

Puigdemont y Torra frente a la tumba de Antonio Machado en Colliure (Francia) / Fuente: Twitter

De entre las muchas noticias que me han dejado perplejo estos días respecto del mundo del libro, la literatura, la cultura y demás, ha habido una para la que la palabra perplejo se queda muy muy corta. Sobre todo, más que la noticia en sí, fue la imagen que la ilustraba. Se hablaba en ella del encuentro entre el presidente de la Generalidad de Cataluña, el señor Torra, y el expresidente de la Generalidad de Cataluña y fugado de la justicia española, el señor Puigdemont. Así dicho, no tiene nada de raro que ambos señores se encuentren en algún lugar en el que no teman por que pueda actuar algún cuerpo policial. ¿Dónde? En Colliure, comuna de Francia, aunque ambos señores vengan subrayando que se han encontrado en casa y por tierras catalanas. Allá los sueños húmedos que quieran tener, y mientras tanto tal tierra seguirá siendo francesa.

Pero no es tanto que Torra y Puigdemont confundan Francia con Cataluña sino que, además, y, sobre todo, se fotografíen juntos y en tan asombroso como pintoresco gesto respetuoso ante la tumba de Antonio Machado.

Es el signo de los tiempos la ignorancia galopante que ha convertido al del patio de Sevilla y el huerto claro con limonero en símbolo de república y exilio a la medida. Y quizás por ahí, Puigdemont ha considerado que era buena idea la foto de marras para intentar trazar algún tipo de paralelismo con el poeta de los campos de Castilla. Y, hombre, hay mucha, pero que mucha distancia entre Machado y Puigdemont. Además de que aquel era sevillano y los presidente y expresidente han escupido todo lo que han podido y más sobre las tierras andaluzas; además de que aquel escribía en castellano, lengua que los presidente y expresidente han repudiado cuanto han podido; además de haber sido versionado por Serrat, al que los grupos de independentistas han atacado por cantar en castellano al poeta de Sevilla; además de que no hace mucho el independentismo quería quitarle el nombre de Antonio Machado al callejero hecho al gusto nacionalista por considerarlo un símbolo españolista, un anticatalanista y un hostil a la lengua, la cultura y nación catalanas; a pesar de llamar fascistas a los miembros de la Fundación Antonio Machado que fueron el año pasado a la misma tumba de Machado en Colliure junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para celebrar el 80º Aniversario del poeta; a pesar de que este mismo 2020, en marzo, no se le ocurrió otra cosa a Puigdemont que visitar la tumba con los suyos y colocar esteladas sobre la lápida estando por allí la asociación Juan de Mairena, y claro, bronca que te crio, con gritos de fascistas de fondo, de Antonio Francisco Ordóñez a Puigdemont sobre quién es Antonio Machado y lo inapropiado de intentar identificarse con él… pero como el que oye llover. Según Puigdemont, el episodio fue fruto de que algunos quieren «nacionalizar la cultura, que es universal», ¡Jeta tiene, desde luego! Señalemos que Antonio Francisco Ordóñez es militante de la Asamblea Social de la Izquierda de Catalunya, o sea, que muy facha tal y como hoy se señala al que no es de izquierdas… no parece, no; y Puigdemont representa la derecha burguesa catalana… ¡Cómo se confunden aquí las cosas, ¿no?!—.

No han reparado todavía Torra y Puigdemont (será porque no quieren leer en español o directamente porque viven en otro mundo virtual) que Antonio Machado fue abiertamente contrario al Estatuto de Nuria del 32, se alineó con otros intelectuales tan dispares como Unamuno y Ortega y Gasset en cuanto a Cataluña, y que defendió una República sí, una República española, la República de un país, España. Machado era opuesto al nacionalismo identitarista, al regionalismo, al independentismo y a lo que llamaba republicanismo, que es justo lo que vienen haciendo y defendiendo estos señores que ahora se fotografían ante su tumba en un extravagante postureo ideológico.

El independentismo se llena la boca de haber sido ellos los que proclamaron la República, pero era la República de España la que se proclamaba, no la catalana: «Qué bien nos entendemos en lenguas maternas diferentes, cuantos decimos, de este lado del Ebro, bajo un diluvio de iniquidades: ‘¡Nosotros no hemos vendido nuestra España!’, y el que esto se diga en catalán o en castellano en nada amengua ni acrecienta su verdad», escribía en 1938 en Barcelona. Y ahora quieren convertir y confundir la proclamación de la República y lo que hizo Macià días antes, que se fue por los cerros de Úbeda para luego volver como un corderito, todo ello como un símbolo independentista donde parece caberles ahora Antonio Machado. Y precisamente en esto, Machado tenía muy claro el papel catalán respecto de la República traída, como dejaba caer en privado por misivas —téngase en cuenta que es una carta personal, no una declaración pública—: «Los catalanes no nos han ayudado a la República, pero ellos serán los que se la lleven. Y, en efecto, contra esta República, donde no faltan hombres de buena fe, milita Cataluña (…) Creo, sin embargo, que todavía cabe una reacción a favor de España, que no conceda a Cataluña sino lo justo: una moderada autonomía, y nada más». Y luego habría que discutir a qué República fidelizó su espíritu Antonio Machado, que tuvo sus reticencias ante una degeneración rápida del sueño que se esperaba realidad.

También en boca de su Juan de Mairena censuraba los regionalismos y dejaba claro que «de aquellos que se dicen gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos etc., antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes, de quienes nada grande puede esperarse» porque, aseguraba, «cierto es, señores, que la mitad de nuestro corazón se queda en la patria chica; pero la otra mitad no puede contenerse en tan estrechos límites; con ella invadimos amorosamente la totalidad de nuestra gloriosa España. Y si dispusiéramos de una tercera mitad, la consagraríamos íntegramente al amor de la humanidad entera». Según lo cual, Torra y Puigdemont, así como el independentismo catalán serían medio españoles de patria chica, muy lejos de consagrar amor alguno a la humanidad, de los que hay que desconfiar y de quienes nada grande cabe esperar. Pues estos mismos, van y posan ante los restos de quien escribiera estas líneas. ¿Alguien me lo explica?

Todo lo que he contado aquí lo han recordado estos días periódicos y opinadores, y son los archiconocidos textos que siempre se han citado del poeta sevillano a cuenta de la cuestión de Cataluña. Y se cita ello, igual que se citan sus alabanzas a la ciudad Condal, a la lengua catalana y a los poetas catalanes, pues son dos cosas diferentes… Y siendo esto tan bien conocido, ¿a qué esta foto de Torra y Puigdemont junto a la tumba del hombre que era, en el buen sentido de la palabra, bueno? Ya estamos acostumbrados a que tomen de la historia lo que les interesa e ignoren el resto de hechos, pero no sé qué quieren tomar de Antonio Machado que pueda servir a sus intereses, más que manipular las palabras exilio y república: Machado era exiliado republicano liberal español en mitad de una guerra fratricida y Puigdemont es un sedicioso prófugo de la justicia española en mitad de tiempos democráticos. Como un huevo y una castaña, vamos.

Dudo de que si, en ese instante, el ligero de equipaje hubiese levantado la cabeza para encontrarse a estos dos cargados de maletas a los pies de su sepulcro, los hubiese abrazado y reconocido como hermanos por la causa. Para que me entiendan, como si los del PNV marchasen a Salamanca a homenajear la figura de Miguel de Unamuno. Permítanme dudar del gesto y ser escéptico, bastante, muy escéptico, sobre la foto de marras. Si estos señores creen que están haciendo algo parecido a lo que Machado soñaba; si estos señores creen que su republiqueta regionalista estaría avalada por Antonio Machado; si estos señores creen que pueden venir a manosear la figura del poeta, es que ellos siguen de charanga y pandereta. Y nuestros Torra y Puigdemont, al oír esto, bostezan (parafraseemos a Machado):

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor ¿tendrá[n] el estómago vacío?

El vacío es más bien en la cabeza.

Héctor Martínez

22/06/2020

PÉREZ REVERTE, EL NO ACADÉMICO DEL SILLÓN TE

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Pérez Reverte en una conferencia en la Fundación Cajasol, 2016

Bueno, pues hoy toca responder a un tal Pérez Reverte, el tuitero, no al Pérez Reverte escritor. Por si no lo han notado, hay dos, y no sé cuál de los dos es el negro: si el que tuitea o el que novela. Cuando han tenido razón, cualquiera de los dos, se la he dado. Así con el monstruoso lenguaje inclusivo, por citar ejemplos. Hoy, no. Hoy hay que tirarle de las orejas un buen rato. La cosa es como sigue: hace algo más de una semana Frédéric Hermel consultaba por la red social del pajarito azul si había hecho bien en exigir que el adverbio solo se escribiese con tilde en la traducción al español de un libro suyo. A lo que Pérez Reverte, el tuitero, contestaba, haciéndose el graciosillo, lo siguiente:

Lo dije no sólo una vez y no lo dije solo. Sólo uso la tilde cuando estoy solo, pero sólo para sentirme menos solo. Considere que el hombre solo habla con Dios y el acompañado sólo con quien lo acompaña. Ahora, escriba sin tildes esa chorrada que acabo de escribir. Y descifre.

Pues, señor Reverte, recojo el guante y ahí va mi solución, a ver qué le parece:

Lo dije no solamente una vez y no lo dije solo. Solamente uso la tilde cuando estoy solo, pero solamente para sentirme menos solo. Considere que el hombre solo habla con Dios y el acompañado solamente con quien lo acompaña. Ahora, escriba sin tildes esa chorrada que acabo de escribir. Y descifre.

¿Ha visto, su merced Pérez Reverte, el tuitero, qué fácil? Ni una tilde en solo.Y sí, no me cabe duda, es una chorrada. O sandez, si me lo permite, por retorcido. Es más, me pregunto yo por qué se ha agarrado al adverbio, y no ha intentado también ejemplificarlo con los demostrativos. Al fin y al cabo, la situación de ambas categorías es la misma. Me imagino que no estaba lo suficientemente ocurrente, o era más complejo aún buscar contextos con los demostrativos. Contextos naturales, espontáneos, no retorcidos —que este ya lo era—. Está muy bien, de verdad, que haya acudido a Machado y su «Quien habla solo espera hablar a Dios un día», pero ¿no cree que ya está muy manoseado el ejemplo?

Ahora vamos con la teoría, que parece que la tiene un poco oxidada. Solo, como adverbio, es el apócope de solamente. A ello debe su naturaleza adverbial. Y no, hasta 1925 y desde 1956 nunca fue norma tildar diacríticamente la forma apocopada del adverbio. Lo repito, nunca existió tal preceptiva en la ortografía española más actual. Solamente durante 25 años sí existió como norma, entre 1925 y 1956, y de aquellos barros estos lodos. Por lo tanto, que no tildemos el adverbio solo, no es algo nuevo de 2010. ¡Parece mentira que deba decirse a un académico! Leamos la Ortografía de 1999:

La palabra solo puede funcionar como adjetivo o como adverbio. Cuando quien escribe perciba riesgo de ambigüedad, llevará acento ortográfico en su uso adverbial.

Podemos ir aún más atrás en el tiempo: descubriremos qué hasta 1925 nunca fue preceptivo que el adverbio solo llevase tilde. Solamente, en 1917 se señalaba que llevaba tilde «por costumbre» cuando no es adjetivo o sustantivo —sí, resulta que puede ser sustantivo, que esto se olvida también, como el solo de guitarra, por ejemplo—. En 1956 se introdujo la variación de que meramente se tildase en caso de ambigüedad, retirándole los galones de tilde en toda regla. En estos tiempos fue cuando usted, señor Pérez Reverte, estudió en la escuela, y sus maestros, más viejos, se la colaron y le grabaron a fuego que el adverbio solo debía llevar tilde. Ellos lo estudiaron con tilde, sí. Algo que ha permanecido, como hemos visto, hasta la Ortografía de 1999 y que, ahora, en la de 2010 ya se desecha como norma, aunque se tolere porque nos metieron hasta el tuétano como obligatoria una tilde que no existía en la mayor parte de casos. Y fíjese si los maestros se actualizan, que incluso a mí me la enseñaron como obligatoria en todo caso —solo tuve un profesor, de nombre poético, Ángel González, que enunciaba la preceptiva de forma correcta, haciendo hincapié en la ambigüedad y el factor subjetivo que se introducía con ello—. A mí me lo enseñaron, ¡y eso que yo estudié en los 80s, un cuarto de siglo después de que se recomendase la tilde exclusivamente para la ambigüedad! Y lo han seguido enseñando mal. Insisten en hablar de la tradicional tilde de solo, cuando nunca fue tradicional para la Academia: lo tradicional era precisamente no tildar.

Cuando uno lee las diversas ortografías anteriores a 2010 —que nadie lo hace—, observa que, durante mucho más tiempo no fue preceptiva la tildecita de las narices, y que dicho uso diacrítico del adverbio solo cae en terreno subjetivo, el de quien escribe, o en el terreno de la mera costumbre, porque únicamente se reconocía para casos en que hubiese evidente ambigüedad. Claro que, dicha ambigüedad no es responsabilidad del adverbio, sino de quien escribe. Luego, hasta cierto punto, es más lógico exigirle a quien escribe que escriba bien y evite ambigüedades —¿no, señor Pérez Reverte, el escritor?—. Me parece a mí que alcanzar un nivel de uso escrito de la lengua española en el que no generemos ambigüedades con este adverbio o con los demostrativos, no es pedir demasiado a los escolares, ni a ningún español alfabetizado. Incluso, es exigible que, antes de colocarle una tilde que no debería llevar como palabra polisílaba llana y acabada en vocal, en caso de ambigüedad se le restituya el sufijo que sí le pertenece y que lo distingue claramente del adjetivo solo. Esta es la opción que he tomado yo para resolver su enigma, señor Pérez Reverte, el tuitero. Ya ve, ¡magia potagia!

Además de que solo como adverbio sea una palabra polisílaba llana y acabada en vocal, no estamos ante monosílabos homógrafos en los que sea preciso distinguir entre el uso tónico y átono de los mismos, objeto principal de la tilde diacrítica. Salvo los interrogativos y exclamativos polisílabos (cómo, [a]dónde, cuándo, cuántos, quiénes), que forman serie con los interrogativos y exclamativos monosílabos (qué, quién, cuál), la diacrítica es preceptiva en monosílabos tónicos frente a los átonos.

Pero podemos ahondar algo más. ¿Conoce el señor Pérez Reverte, tuitero, que los adverbios derivados de adjetivos mediante sufijación –mente únicamente llevan tilde si el adjetivo femenino previo la llevaba por las reglas generales de acentuación? Pues resulta que el adverbio solo, como ya he comentado líneas arriba, es apócope del adverbio solamente. Ahora, averigüe usted mismo, don Pérez Reverte, de qué adjetivo deriva el adverbio, y dígame si llevaba tilde dicho adjetivo. Es, desde luego, toda una sorpresa descubrir cuántas normas, imaginadas y reales, llega uno a saltarse a la torera, con la ciega ignorancia por bandera, ¿verdad?

Por si no le basta, le lanzo la siguiente pregunta: ¿qué convierte en especial al adverbio solo para que usted quiera calzarle la tilde que nunca llevó frente a tantas y tantas ambigüedades que podemos generar en la lengua con otras muchas palabras que no tildamos para diferenciarlas? ¿Acaso no observa usted problemas y ambigüedades entre determinados adverbios de cantidad y pronombres indefinidos? Cuando digo comí bastante, ¿qué significa? Porque el verbo comer es transitivo, exige un objeto directo para completar su significado, y bastante tiene admitido uso de pronombre indefinido  —el DLE usa este mismo ejemplo— y de adverbio de cantidad. ¡Ya lo tengo! Casquémosle una tilde al adverbio y así lo distinguiremos, y a demasiado, y a mucho, y a todo, y a poco, y a nada

Señores Pérez Reverte, tanto tuitero como escritor, ¿se dan cuenta de que su posición es mero romanticismo, pura nostalgia de la niñez? Así me lo enseñaron, así lo hago, porque yo lo valgo, porque me sale de ahí mismo, porque no voy a actualizarme, porque no quiero cambiar —y que si es esta su razón, de inmediato cierro la boca, y vaya usted con Dios, pero no se nos ponga entonces talibán—.

Y mientras esto discutimos, ¿qué tal se está en el sillón de la te? ¿Cómodo? ¿Mullido? Porque al que yo no veo por ningún lado es al Pérez Reverte académico, el que ocupa el asiento de la te, y que tiene voz y voto; no, solamente me cruzo al escritor o, peor, últimamente solo al tuitero: porque, que yo recuerde, al final se dio la opción de tildar o no, a gusto del personal, aunque la recomendación sea no tildar porque, como señalaba ya Casares en el 52, era algo contrario a la propia norma de la diacrítica, cuyo uso, repito, es distinguir usos tónicos y átonos, y no dos palabras tónicas. Es decir, Casares fue perspicaz, un tipo que cuidaba la coherencia del sistema lingüístico, y se pispó de que se estaba creando una excepción de la excepción, algo por completo insostenible. Seguro que Casares también estudió el adverbio solo con tilde, pero los recuerdos de mocedad no le impidieron estudiar el idioma y cuidar su consistencia. Aun así, le brota a usted la vena nostálgica este 2020, la misma de aquellos que en seguida te sueltan «pues yo siempre se la he puesto», la vena terca, la de «vamos a seguir tirando a la cabra desde el campanario porque se ha hecho así de toda la vida», la vena que le incapacita para entender la inconsistencia que supone esa tilde para un documento como la Ortografía, que debe mantener la coherencia con todo el edificio lingüístico. Como ocurría también con guion o con truhan, por ejemplo, monosílabos tónicos que, sin embargo, no dan lugar a confusión con ninguna otra forma átona que justifique su tilde.

Pruebe a explicar la ortografía a los chavalillos con semejantes incongruencias, y cruce los dedos para no tener algún listillo que se las haga notar en mitad de la lección, con el consiguiente sonrojo y la única salida de echarlo de clase cuando el chiquillo tiene razón —esto, por cierto, ya no se destila hoy— o encomendar su conocimiento a cursos superiores en los que otro profe que no sea usted, se lo explique con más detenimiento, si puede —que no podrá, por supuesto—. Esto es, pasar la patata al siguiente, que es lo que llevamos haciendo durante años, sin que nadie se plante.

Señores Reverte, a cuantos sean ustedes, la Ortografía no es una novela suya. Empiecen a pensar en los demás y no en su ombligo. Lo que ustedes hagan con la tilde de solo en sus textos me la trae al pairo; pero lo que usted diga como académico, asiento te, no tanto, porque su criterio cuenta a la hora de persistir en la inconsistencia o tratar de limpiar, fijar y dar esplendor. Parece mentira que luego se revuelva en el mismo asiento con las cosas del lenguaje inclusivo y demás parafernalia de la jauría humana y sus miserias. O que salga de su cueva para ponerse digno y bronco porque el ministro Illa —este pobre que no da pie con bola— se le escapó el verbo interlocutar*. ¡Hasta se pone hiperbólico y dice que chirrió [sic] los dientes y se saltó un empaste! Por cierto, ¿no será rechinar?, porque los dientes no chirrían, rechinan. El chirrido es, según el DLE, dicho de una cosa que hace un sonido agudo, continuado y desagradable al rozar con otra; y rechinar, aunque sigue siendo un sonido desagradable, ya no es ni agudo ni continuado. En el primer caso, se propone el ejemplo de los frenos de un coche; en el segundo, el rozar los dientes. ¿Qué dientes tiene usted, señor Reverte, que suenan como los frenos de un coche?

En fin, a lo que voy. Conste, para quienes luego me van catalogando de fascistoide derechista, que en la contienda con el ministro Illa, aquí me pongo de lado del señor ministro, y va de propina para este artículo.

La voz interlocutar no está registrada en el diccionario, es cierto, pero su formación no contraviene los procesos morfológicos de creación de léxico. Se lo explico: interlocutor se forma mediante el sufijo –or que puede emplearse para indicar un agente de la acción, como en conductor entendemos quien conduce. Por tanto, no es que haya derivado el verbo del sustantivo, sino que el verbo, inexistente en este caso, ha de ser previo al agente de la acción. No puede haber conductor si no se conduce, como no hay director si no se dirige, ni profesor si no se profesa. Por tanto, la deducción espontánea del ministro no es incorrecta: obviamente que no puede haber interlocutor si no se puede interlocutar*. Que la palabra no este registrada, no significa que esté mal formada.

Añadamos a ello que el verbo locutar sí existe, como sinónimo de hablar, y que quien locuta es el locutor. Y resulta que tenemos el prefijo inter– para indicar que algo sucede entre varios, y puede hacerse con verbos como en interactuar o en interponer.

Además, la palabra sí es de uso corriente en otros países de habla española, como en Colombia, Ecuador o Bolivia. Y tanto derecho tienen allí como aquí a usar y crear en esta lengua de todos, siempre que lo hagan cuidándola al mismo tiempo —y suelen cuidarla más que nosotros—. Si es que nos sale el nacionalismo lingüístico cuando menos lo esperamos.

¿Me puede el señor Reverte explicar qué le espanta de interlocutar* como neologismo para el español de España? Sin embargo, voy y me encuentro con que es usted un gran defensor de los neologismos, y ve en los niños unos geniales creadores de los mismos. Entonces, ¿qué motivó su mofa del ministro Illa? ¿Animadversión pura y nuda? ¿Por qué el señor Illa no puede y los niños sí? Aunque no me dé la razón, porque usted es de los de mantener el burro entre las piernas, espero que perciba la arbitrariedad de sus sentencias y la incongruencia de ocupar un asiento en la Academia para presumir y no actuar como académico.

Héctor Martínez

11/06/2020

AMAZON, COVID Y EL DOCTOR CALLEJA

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , a 21:29 por Retratoliterario

En Amazon hay una estafa de iPhones 6s de arcilla misterio… | Flickr

En la tournée de periódicos nacionales de hoy, y no me pregunten por qué insisto en perder mi tiempo, me encontraba con la siguiente noticia en El Confidencial: al doctor Manuel Calleja no le habían dejado publicar su libro en KDP. Conjeturé enseguida que el libro tuviese que ver con el coronavirus, y ¡diana!, el libro, literalmente, se titula La pandemia de Covid-19 en España. La gestión del Gobierno. El doctor, que no tiene abuela, montado a lomos de la cólera, denunció censura y aseguró que «prejuzgan que tú no sabes y estás diciendo tonterías sobre el virus, es una cosa increíble». No reparó en dos elementos imprescindibles en toda esta historia: uno, que el correo electrónico en el que le comunicaban que no publicaban su libro es un correo generado automáticamente; dos, que en Seattle no tienen ni repajolera idea de quién es o lo que sabe el doctor Calleja.

Por el primer elemento, es obvio que en Amazon han intentado poner puertas al campo con una censura preventiva, aunque no por las razones conspiranoides que el doctor Calleja o muchos otros puedan creer. El volumen de títulos sobre la pandemia, libros de gurús de todo tipo de terapias alternativas y aprovechados que solo hicieron copypaste de la prensa sin añadir un átomo de información, interpretación u opinión de su parte ha sido tal, y la falta de personal ha alcanzado tales cotas, que Amazon ha puesto un cortafuegos preventivo automático sobre todo el campo semántico que refiere al coronavirus directa o indirectamente. Pongamos algo de lógica empresarial: KDP y Amazon son responsables de lo que publican como sello editorial de autoedición en una situación de alarma internacional sanitaria por pandemia. Lo último que quieren es un chaparrón de demandas porque el doctorcillo de turno alternativo ha propuesto un remedio milagroso para superar la CoVID-19 sin problemas, o para no contagiar o vaya usted a saber qué otra loca idea, y venda a troche y moche su libro a un montón de (calificativo que el lector desee) que siguen sus consejos y terminan incluso peor.

Esto nos lleva al segundo elemento. En efecto, en Seattle, por muy importante que uno se crea, no saben si el doctor Calleja lleva la palabra doctor al comienzo porque se la ha puesto él o porque hay una práctica médica homologada detrás. No, no saben quién es usted, doctor, no lo saben por mucho que esto pueda sorprenderlo. Así que le aplican los mismos filtros automáticos que nos han aplicado a todos. Mismo contenido, mismo rasero.

Sí, yo también me encontré en esa circunstancia. Solo que, en mi caso, yo lo sabía antes de lanzarme a publicar, porque soy diligente y busco primero conocer cómo está el percal respecto de tal o cual tema, qué títulos existen, qué precios se manejan… un mero estudio de mercado, muy sencillote para un tipo como yo. Y una de las cosas que me encontré fueron quejas de autores sobre que los libros acerca de CoVID tenían muy severas limitaciones de publicación. Muchos de ellos mostraban el mail, igualito al del doctor Calleja y al que yo iba a recibir en una semana. Ahondé algo más, y descubrí que, sobre todo, eran libros de medicina los que mayores impedimentos encontraban. También vi que, aun así, había un notable número de libros que trataban sobre el coronavirus, incluso dirigidos a niños, o que estaba el siempre perenne Slavoj Zizek, con un fast-book,asunto que me interesó sobremanera, porque mi libro trataba de la gestión del gobierno español, sí, pero también y fundamentalmente del coronavirus y la filosofía. El libro de Zizek se vendía en todos los catálogos de librerías, incluido Amazon, aun cuando hacía clara referencia con Pandemic y CoVID-19 en su portada a la crisis sanitaria. Así pues, reconocido el terreno, fui con todo, titulando mi libro La Pandemia y el Pandemonio. Crónica del coronavirus en España y la filosofía, convencido de que no pasaría el primer filtro automático de KDP, y seguro de que recibiría el correo electrónico de bloqueo preventivo de mi libro. Tardó algo más de la cuenta, pero así fue como ocurrió. Lo detallé en Facebook. Me lo tomé como una rutina, algo por completo esperable.

Era necesaria una interlocución directa con una persona para que el caso fuese evaluado de forma concreta e individualizada. No puedo pretender que una máquina deje pasar mi libro por ser yo quien soy, bondad infinita, una vez que ya me ha dicho que no según su programa. Y no voy a jugar a ver quién es más terco o quién cortocircuita antes. De este modo, di el segundo paso: escribí un mail detallando las circunstancias y, sobre todo, mostrando que era consciente de la situación, de las políticas de publicación y los problemas que atravesaban a la hora de gestionar, para razonar, al final, que mi libro no suponía ninguna amenaza sanitaria porque no entraba en el terreno médico, sino que trataba de una crítica y análisis sociopolítico y filosófico. Añadí que no veía el problema de las referencias en la portada al coronavirus y la pandemia cuando exactamente igual lo refería Zizek en su libro, entre otros, el cual, si bien no editado por KDP, sí era vendido en la tienda de Amazon —sí, lo reconozco, estaba un poco subidito al poner mi nombre junto al de Zizek de forma tan tangencial—. Al día siguiente obtuve la confirmación de que mi libro estaría disponible en tienda.

No, no tenía que ver con que se criticara al gobierno de España o uno fuese el poseedor de la verdad única sobre la pandemia aquí y en Pernambuco. En Seattle creo que esto les da lo mismo. Como me temí desde el principio, se trataba de un filtro preventivo, porque de pronto somos muchos los que queremos dar nuestro punto de vista a lo grande desde los ámbitos más dispares, y Amazon, aun siendo un gigante, no da para tanto. Cuenta el mismo artículo en el que leía lo del doctor Calleja, que en EEUU, otro autor, Alex Berenson, pasaba por lo mismo y Elon Musk ponía el grito en el cielo —que hoy supone poner un tweet muy enfadado— e incluso explica lo que yo pude descubrir por mí propia mano: «para Amazon esto se ha convertido en un quebradero de cabeza. A principios de marzo Wired publicó que la parte editorial del gigante se vio obligado a apagar muchos fuegos en su área de auto-edición para Kindle. Libros como Todo sobre las mascarillas y el coronavirus estaban entre los más vendidos pese a que las críticas lo pisoteaban como un conglomerado de información engañosa y lo peor: fácilmente accesible en una búsqueda de Google» y continúa «Otros volúmenes eran más cuestionables aún e incluían teorías conspiratorias sobre si el coronavirus era en realidad un arma biológica creada por China o incluso un artefacto de Satán. En aquel momento, Amazon se defendió diciendo que estaba ofreciendo al público distintos puntos de vista, pero en algún momento tomó la decisión de prohibir cualquier libro auto-editado que tuviera que ver con el tema». Probablemente, el momento en que el departamento legal dio la voz de alarma sobre la boca del lobo en que se encontraban. Ahora bien, no existe una prohibición, yo he publicado mi libro.

La solución por la que ha optado Amazon es, me parece a mí, un sistema de doble filtro: automático y humano. Evitar que se publique cualquier cosa y se estafe a los lectores a la vez que supervisa cada libro individualmente para protegerse como editora. Al fin y al cabo actúa como casa editorial e, igual que las editoriales te dicen que no a ti y a tu libro setenta veces siete —más veces incluso de lo que lo ha hecho Amazon en esta ocasión—, puede decidir si publica algo o más bien nada. Claro, los autores nos pillamos el berrinche cuando nos dicen que no, más que cuando te lo decía tu madre para cualquier caprichito infantil. Y más si crees que en Amazon te van a poner la alfombra roja para todo by the face. No es una ONG literaria que recoge a los autores desamparados: ya sabemos que Amazon es una fábrica de dinero, como toda empresa —y además con su propia leyenda negra, como no podía ser de otro modo—.

¿Es la mejor solución? Personalmente, no me gustan las censuras, ni definitivas ni preventivas. Soy contrario al paternalismo que ha inundado absolutamente todos los órdenes de la vida, un paternalismo por el que antes de que podamos juzgar por nosotros mismos como individuos adultos con uso libre de razón, ya hay un algoritmo o una autoridad o un verificador o un lobby o una ley que te previene de peligros, amenazas y riesgos, que ya ha juzgado por ti y te ha protegido como padres histéricos con sus hijos, y te marca el camino de baldosas amarillas por el que transitar, el discurso que sostener, el libro que leer, la noticia que creer, el eslogan que repetir y las fuentes de que fiarte. Por mi parte, que cada cual publique lo que crea oportuno y cada cual compre, lea y se crea lo que considere. El problema no es que haya un Mein Kampf del coronavirus a la venta, sino que existan débiles mentales incapaces de leer un libro con la suficiente capacidad crítica. La cuestión no es que exista un Mein Kampf con poderes mágicos de volver malignos a los lectores, sino que no existen lectores en el sentido pleno de la palabra.

Ahora bien, no sería justo por mi parte creer que la cosa es tan fácil como hacer el bien y evitar el mal. Además que tal bien y tal mal no están muy claros, y lo que, sin embargo, sí está claro es el volumen de demandas porque un nutrido grupo de… descerebrados (esta vez pongo el adjetivo), decidieron hacer caso a un “doctor” que decía en su libro que te proteges contra el coronavirus haciendo vahos en un baño cerrado con una mezcla de amoniaco y lejía —es un ejemplo exagerado de ALGO QUE NO HAY QUE HACER, DESCEREBRADOS—. Yo, en ese caso, no soy el editor y no sé a lo que me expongo en este mundo judicializado para proteger a tanto bobo. Viéndolas venir y sabiendo el terreno que piso, me conformo con haber sabido gestionar, con bastante facilidad, la publicación de mi libro, en lugar de creer que yo lo valgo y gritar por Twitter que soy un genio incomprendido al que le han censurado los fascistas.

El artículo de El Confidencial concluye que el caso del doctor Calleja delata que el sistema de Amazon es arbitrario —a mí no me lo parece, paran todos los libros al respecto del mismo tema que es el candente— y que debes quitar las referencias o no escribir sobre el tema —lo cual es mentira, yo no las he quitado, sigue el título tal cual y el libro con todas sus comas y puntos—. Más bien, me parece a mí, que lo que se evidencia es que si alguien debe tomar medidas completamente estúpidas es porque el entorno es completamente estúpido.

Héctor Martínez

*El libro del doctor Manuel Calleja se encuentra actualmente a libre disposición de los lectores en formato PDF.

Actualmente, el archivo PDF que el doctor Manuel Calleja decidió compartir, no se encuentra ya disponible. Imagino que se debe a que hoy día sí está publicado por Samarcanda, con el título No se podía saber y disponible aquí.

14/05/2020

A LUIS MIGUEL MADRID

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , a 20:03 por Retratoliterario

Los que en algún momento hemos tenido
un palabras con la muerte
solemos perder la prisa
pero nos quedamos para siempre con el gesto
de quien recibe un traje de astronauta
para su papel de extra
en una peli del oeste

Cara de galgo
“El cine de las sábanas blancas” (2009)

No lo supe hasta ayer. Durante años me resistí a tirar de redes sociales, pero el confinamiento al que nos vemos sometidos prácticamente me ha arrojado a los brazos de aquellas. Hace pocos días que he dado mis primeros pasos en Facebook, y sin previo aviso, entre conocidos, descubro la noticia irreal de primeras, pero tan cierta de segundas: la pérdida de un amigo, de un artista de la vida, un pulidor de sonrisas, un virtuoso del gintonic, un poeta del humor sincero, generoso anfitrión del refugio de las Vistillas para el descanso del ajetreo de la urbe: Luismi Madrid, se nos fue el 18 de abril.

Ha sido enterarme y sentir al instante el hueco de silencio dejado, saber que habrá ya por siempre un taburete vacío en el Pandora y una gorra marinera jubilada sin su portador —como premonitoriamente ilustró la portada de Moscas tres—. El que habitaba el espacio intermedio de gorra y taburete ya no está, víctima de la pandemia. El que dirigía atardeceres (y amaneceres) frente a la Catedral, ha enmudecido para siempre. Ya no habrá más versos derrotados que paradójicamente exhiban una mueca de socarrón triunfo, de pírrica y modesta victoria.

No he sido un amigo del alma. Quizás para él un conocido simpático más de entre la clientela, uno que alguna vez fue participe de alguna fiesta improvisada a las tantas en la champañería. Si le pudiesen preguntar, casi seguro que ni me reconocería de primeras, a lo mejor al verme sí caería en la cuenta. Algo parecido cuenta Alvarado Tenorio en El Nacional. Pero lo que en otros podrías tomarlo a mal, con Luis Miguel era imposible: formaba parte de su ser, y si no, no sería él. He sido y he sabido ser un parroquiano, el lugar que me adjudicó Pandora, uno más que tuvo la suerte de compartir horas, charla y brindis con Luismi, viviendo el presente mismo. Un madrileño de tercera junto alcalde de las Vistillas. Un lujo.

Recuerdo noches hablando de Gabriel Miró, a cuyo nombre está la plaza y jardínes a que se abren las puertas del Pandora. Para Luis Miguel, de los mejores novelistas y muy olvidado. Recuerdo fiestas de la Paloma, con su alegría en la cara, y contemplar atardeceres recostado en un sofá frente a los ventanales abiertos en calurosas tardes de estío, con su buena charla. Esos momentos ya son pasado sin él presente.

De las últimas veces que lo vi, como suele contarse en estos casos, él lidiaba con una cascada de agua que caía del techo, desde alguna tubería rota; en otra, no sé si posterior, hablamos de Un gol en la frente y de los dibujos de Ras de Rashid, de quien había un libro que tomé a la entrada. Y también comentamos su último poemario, Moscas tres, que había visto la luz dos años atrás. Esas fueron parte de la última vez, (además de una juerga improvisada, que no voy a contar), y aunque sean días distintos, en mi mente se agolpan los momentos con fluida continuidad como si fuera el mismo día, como si fuese ayer. Dos años entonces, tres ya de aquel libro. ¡Madre mía! Sí que ha pasado el tiempo.

Hay algo que, sin embargo, no he olvidado. Le prometí que le regalaría un libro mío, y él lo aceptó encantado. Lo que él ignoraba era que ese parroquiano escribía un pequeño librito comentando su obra y que ese era el libro a regalar. Este punto él lo ignoró siempre. Cuando me preguntaba de qué trataba, le decía solo que de literatura, un comentario de un poeta que de seguro él lo conocía. Nada más. Imagino qué me respondería si hubiese sabido que se trataba de él: no, no me suena de nada; o, con su burlona humildad: los hay mejores. Una vez que me preguntó por el libro, porque ya llegaba tarde entonces, le dije que tenía erratas que debía subsanar, y él me respondió que se lo diera con erratas, que si así había salido ese era el libro, natural, con sus imperfecciones. Que eso es lo bello. Al final, por mi demora no he podido cumplir. Y tenía razón: lo bello hubiese sido dárselo con erratas. Era el momento. Ya no, llego ya tardísimo, fuera de su tiempo, y ya no podré dárselo en mano. Nunca sabrá que sus verso son el tema del libro, y él, el protagonista. Por ello no ha de quedar a medias. Mi compromiso es terminarlo y que salga, a ver si este otoño es posible, en su memoria. Ya no podré sonsacarle nada, al menos nada que no esté en sus líneas, en las que aún he de encontrar su compañía, su voz, su ser. Él se ha reunido con su Isidra, y yo quiero estar feliz de haberlo conocido. Al menos eso… ya que nos lo arrebataron.

ENTREVISTA DE PAZ MEDIAVILLA EN CROSSROADS RADIO: LUNES DE TEATRO #4 (feb. 2013)

 

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ENTREVISTA EDITA (2020):

*La imagen que acompaña este recuerdo pertenece al Facebook del propio Luis Miguel Madrid.

18/03/2020

POESÍA CONTRA EL COVID-19

Posted in Poesía, Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , , , , , , , , a 21:33 por Retratoliterario

Si eres paciente contagiado por el COVID-19, o estás aislado en la incertidumbre por saber si lo padeces, o si eres familiar o amigo o cercano a cualquiera que esté sufriendo por esta pandemia en carne y en alma, desde este pequeño rincón de Internet dedicado a la literatura quiero que sepáis que os siento dentro de mí como si fueseis mi propia familia y mi propio amigo, sin distinción, con todo el dolor, toda la rabia, pero también con todas las ganas y esperanzas por veros en pie plantando cara a la adversidad, de nuevo caminando por las calles de nuestra ciudad, veros aunque no os conozca otra vez junto a mí esperando un metro, un tren o un autobús, en un paso de cebra, comiendo juntos en el mismo restaurante aunque en distintas mesas, allí donde siempre nos encontramos sin saber quiénes somos, unos al lado de los otros. Quiero que volvamos a estar juntos en las plazas, en los parques y en sus bancos, ver juntos la siguiente película de estreno en la misma sala y en la misma sesión, sentados en butacas contiguas aunque no sepamos nuestros nombres. No quiero que vuestra butaca quede vacía la siguiente vez que vaya al teatro, quiero cederos el asiento la próxima ocasión que nos crucemos en algún transporte, o simplemente franquearos el paso ante una puerta y sostenerla para que paséis y os pueda contestar un no hay de qué y es un placer, porque lo será, a vuestro agradecimiento. Creedme, por nada del mundo quiero que nos arrebaten la oportunidad de algún día conocernos, quién sabe cómo ni cuándo, o incluso si nunca lo hacemos. Esa sola oportunidad es lo que me une a vosotros y sentir vuestro dolor como mi dolor, y querer que sintáis mi apoyo y recibáis mis mejores deseos.

Si eres, personal médico, de enfermería, auxiliar, celador, personal de limpieza o conserjería, funcionario policial, militar, personal de cocina, repartidor de comida, trabajador en un supermercado, trabajas en una lavandería, cuidas personas mayores o enfermos, desempeñas tu labor en una residencia de ancianos, eres voluntario, estás en un comedor social o en un albergue… y si en general el trabajo o voluntariado que realizas en nuestra sociedad tiene una relación directa con la lucha para paliar los padecimientos y estragos que el COVID-19 está provocando, aun a riesgo de estar expuesto a contagio y aun a riesgo de tu propia vida y la de los tuyos. ¡Gracias! ¡De corazón!

Sé que no sirve de mucho y que no es gran cosa que esta modesta bitácora literaria reconozca vuestra labor y situación, y sé que tampoco es mucho ofreceros los siguientes poemas para levantar el ánimo cada mañana, tarde o noche. Es lo que yo mejor conozco, la literatura. Quizás, siendo un pequeño grano de arena, pueda serviros para leerlos cada vez que sintáis que las fuerzas os fallan o que la emoción os puede, cada vez que la moral os haga bajar los brazos. Quisiera pensar, aunque sé que es ingenuo, que os ayudan a volver a la batalla con fuerzas renovadas. Porque os necesito, porque os necesitamos más que nunca, porque siempre fuisteis y ahora sois indispensables para todos nosotros. Sois nuestra primera línea, nuestro frente y nuestro ejemplo.

NO TE RINDAS*

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.

*(Este poema hasta la fecha es anónimo. Habitualmente se atribuye a Benedetti, pero la propia fundación del maestro uruguayo ha negado que la obra le pertenezca y no existe registro editorial, publicación o manuscrito que permita atribuirle estos versos).

AVANTI!

AlmaFuerte (Pedro Bonifacio Palacios)

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas…
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas

Obsesión casi asnal para ser fuerte,
nada mas necesita la criatura.
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte…

¡todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

*

PIÚ AVANTI!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora…
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
*
ARENGA

Héctor Martínez Sanz
De mi cosecha para todos vosotros

En pie, aunque en cama estemos postrados,
En pie, juntos hemos de dar batalla,
En pie, aunque solos nos creamos,
Porque solo en pie se vence y se gana.
En pie, tú conmigo, y yo a tu lado,
En pie, ¡es hora!, presentemos cara
En pie, la vista al frente, mano a mano,
En pie, luchemos con la cabeza alta.
En pie, amigo, aquí está mi brazo,
En pie, que aquí nadie sobra ni falta,
En pie, no hay lugar a ir cabizbajo
En pie, contra todas las amenazas.
En pie, tú y yo, todos ¡vamos, vamos!
En pie, hombro con hombro, alma con alma,
En pie, ¡diremos no! Nos rebelamos,
Porque tan solo en pie existe esperanza.

07/02/2020

MONOMARENTAL NO ES CORRECTO (PARTE II)

Posted in Unas noticias y otros a 19:14 por Retratoliterario

(VIENE DE)

Leo un artículo de hace un año de Violeta Assiego, abogada aunque profesionalmente se dedica a «análisis, investigación y comunicación de temas relacionados con la discriminación y los derechos humanos de los colectivos más vulnerables» —cito de su linkedin— en eldiario.es:

«Nadie discute la inexactitud lingüística del término monomarental puesto que este pasa por alto el significado estricto de “parental” (tipo de relación) para resignificarlo con “marentalidad” (quien ejerce la relación paretal). Sin embargo, apropiarse de las palabras ha sido siempre -y lo seguirá siendo- una forma de transformar realidades y conquistar derechos, así que no se asusten los que estén a favor de la equidad».

No, Violeta, no es una inexactitud lingüística. Es ignorancia lingüística. Los que os enmendamos la plana no hablamos de inexactitud, sino de burrada. Ya me dirás de dónde sale la raíz marens —a menos que estemos arreglando también el latín— como para indicar madre falsamente análogo a parens, que nunca refiere al progenitor varón, ni siquiera exclusivamente a los padre y madre, sino de forma extensa refiere también a los parientes (hermanos, abuelos, tíos, primos…).

No, Violeta, no. No se puede ser tan indecente y soltar que «apropiarse de las palabras ha sido siempre —y lo seguirá siendo— una forma de transformar realidades y conquistar derechos, así que no se asusten los que estén a favor de la equidad». Primero, porque las palabras representan simbólica y convencionalmente la realidad, pero no son la realidad. Son las ideologías las que trabajan con ideas, conceptos y palabras para hacer tragar una realidad al gusto. Cambiar, quitar o crear nuevas palabras para cambiar el mundo es de la mayor ingenuidad intelectual, y, peor, es la puerta de entrada de la manipulación que ha sido —y seguirá siendo— una forma de adoctrinar y transformar conciencias para conquistar el poder desde los totalitarismos. Traigo aquí una cita de La ideología alemana, que expresa la columna vertebral del pensamiento de Marx y lo que sostengo: «no es la conciencia la que determina la vida; es la vida la que determina la conciencia», es decir, no son las palabras las que determinan la vida, es la vida la que determina las palabras. Pensarlo al revés es alimentarse de ideología. No es primero el nombre y luego la cosa, es primera la cosa que después se nombra. Esto tiene bastante más sentido, la verdad. —y apostillo: lamentablemente, Marx ha sido explotado por sus groupies como idealista y nunca se ha entendido bien eso del materialismo—.

La única relación directa entre palabra y realidad está, mi querida amiga, en la Biblia: allí el Verbo (Dios) dice sea y surge el mundo. Solo en el caso de Dios, primero es la palabra, o sea, Dios, y luego es el mundo que surge de la palabra que expresa su voluntad. Nosotros somos más como el tonto de Adán, que solo podía nombrar, no crear: Adán no es verbo, es sustantivo. Así que, a menos que sostengas una visión religiosa de la vida y consideres que somos como el Dios de la Biblia, mucho me temo que de las palabras que expresan la voluntad no surge la realidad en la que queremos vivir. Te lo diré más a la española… del dicho al hecho, hay trecho.

Hay distintas formas de referir la misma realidad, y esta, la realidad, no se transforma por decir falleció mejor que la espichó; no estoy transformando la realidad al usar una u otra, que es que alguien ha muerto, sino que estoy dando a entender e interpretando esa realidad. Por mucho que diga casa, esta no aparece ni se construye sola. Es ejemplar la absurda escena en que los Monty Python —descanse en paz Terry Jones— lo parodiaban en La vida de Brian, discutiendo cómo nombrar las cosas, cómo escribirlas, sin estar haciendo nada por que la realidad social cambie… pero eso sí, se sienten muy orgullosos de sí mismos y su implicación y compromiso en cambiar el mundo desde el Frente Popular de Judea… ¿o era el Frente Judaico Popular?

En segundo lugar, está graciosa tu ironía de llamarnos «defensores de la equidad». Te la devuelvo: o sea, que en efecto no es por equidad o igualdad, sino por pura discriminación y venganza por tu parte. Anotado.

A continuación juntas las siguientes letras:

«Usar políticamente el término “monomarental” es en sí una reivindicación política para visibilizar al millón y medio de familias en las que la figura que se hace cargo de la crianza y educación de los menores es una mujer».

Te pregunto, Violeta, ¿dónde está la invisibilización? Tan invisibilizado está el varón como la mujer, tanto el padre como la madre, porque se recoge a ambos en la descripción monoparental. No termino de entender qué visibilización se reivindica, y, más aun, cuando el adjetivo, de hecho, hace mayor hincapié en una relación progenitor-hijos, descendencia-ascendencia, y no da protagonismo al sexo del progenitor. Y esto se debe a que es un adjetivo, no un nombre, a ver si captamos la diferencia de una vez: no invisibiliza o visibiliza nada porque es un adjetivo que indica relación, y no nombra realidades.

Además, esto es un consejo, deberías releer los párrafos que hayas escrito antes de continuar con el siguiente, porque ya me dirás si no te contradices:

«Al invisibilizar a estas familias no caemos en la cuenta de cómo consciente e inconscientemente se las encasilla y discrimina, se niega una igualdad a sus miembros por el solo hecho de ser parte de una unidad familiar que no es biparental. La RAE y sus fans no deben sentirse amenazados por el hecho de que se reivindique igualdad».

¡Mira tú! Ahora resulta que a las familias monoparentales se oponen las biparentales… ¡Atención, pregunta! Violeta, ¿qué quieres decir al escribir biparental? Estoy seguro de que no te referirás a dos progenitores varones, o a dos progenitores mujeres, a pesar de que en monoparental hayas dicho que se invisibiliza a la mujer. ¿Acaso en biparental no se invisibiliza a alguien? Que yo sepa, entre monoparental y biparental, solo has cambiado el prefijo, de mono- a bi-, y no el lexema de la palabra. Sin embargo, monoparental no te gusta y hay que escribir monomarental, mientras que luego te quedas tan pancha escribiendo biparental y no bimarental, o en un salto mortal hacia delante con doble tirabuzón: biparenmarental ¿Te das cuenta de cómo te traicionas a ti misma? No es cosa de «la RAE y sus fans» sino que lo que intentas defender carece de todo sentido y es pura ideología.

Y prosigues:

«frente al uso del término monomarentalidad hay quienes prefieren parapetarse únicamente, sin pararse a reflexionar, en la rigidez de las reglas y de esa forma obtener la legitimidad de censurar no tanto una palabra como una realidad».

¡Qué dolor es tener la viga en el ojo! No se trata de la rigidez de las normas, ni se trata de censurar realidades —¡¿Qué?!, ¿Se puede censurar la realidad? ¡Toma ya!—, se trata de que no es justificable el razonamiento: la palabra monoparental ni significa lo que dices ni invisibiliza a nadie, insisto; es más, ahora que estamos tan inclusivos y mucho inclusivos, es un adjetivo que no distingue, que incluye, y que visibiliza al mismo nivel a ambos progenitores en relación con sus hijos.

Y ahora vamos al siguiente nivel:

«A mi juicio, este tipo de integrismo dentro de la Lengua no deja de ser un síntoma del machismo que todavía pervive entre quienes tienen miedo a que si la igualdad impregna el lenguaje y la RAE se vea forzada a la paridad en ese abecedario que son los sillones que ocupan los ilustres académicos» [sic].

Debiste revisar la redacción, que esto es un estilo demasiado Rajoy para mi nivel, y, de paso, también la ortografía en un párrafo en el que te pones a enmendarle la plana a la RAE. Que ya ves, empezamos por monomarental y acabamos usando mayúsculas donde no se debe o caemos en la incoherencia sintáctica que impide entender tu mensaje. Para eso son las rígidas reglas —que no lo son tanto, porque si no ya me estás explicando los siglos y siglos de literatura—: para que te pueda entender cuando te expresas porque usamos el mismo código bajo unas mismas convenciones.

Obviando esto, ya te esperaba yo y ya estabas tardando tú en sacudirle a la RAE, cliché donde los haya, destino común para todos los artículos que hablando de la lengua se enfocan en cosas del feminismo y del machismo: al final la RAE siempre recibe ad hominem. Juraría que la cosa iba sobre usar monomarental, mal justificado en una mala comprensión semántica y etimológica de monoparental… y hemos acabado en los asientos machistas de la RAE: ¿Acaso que haya más mujeres en la RAE hará que monoparental cambie su significado inclusivo de ambos sexos y su etimología? Estoy de acuerdo en que entren más mujeres en la RAE, pero no sé qué tiene que ver eso con tu artículo sobre el legítimo uso de la monomarentalidad. Churras y merinas… para la coherencia de un texto es bueno tener presente las diferencias del ganado ovino. A esto se le denomina falacia. De hecho ya van varias.

Por otro lado, cuando en un texto empiezan a aparecer las palabras terminadas en -ismo, suelo preocuparme. ¿Integrismo? ¿Machismo? ¡Buf! Recuerdo que dijiste que nadie discute la inexactitud lingüística. Pues un consejo, no la discutas —porque la discutes—, pero tampoco insultes. Y sí, la discutes, tanto en esas líneas como casi al final de tu artículo, cuando dices: «Resistirse a usar una expresión como “monomarental” por motivos únicamente lingüísticos es buscar una excusa para no hablar de una realidad familiar en términos de derechos». Es decir, que no cabe discutir lingüísticamente el uso de monomarental… ergo, la inexactitud lingüística sí se discute, hasta la anulas… lo haces desde el minuto uno.

Violeta, si tú escribes un artículo defendiendo que vas a usar monomarentalidad porque te sale de la mismísima marentalidad, créeme, yo sería el primero en aplaudirte. Que si quieres inventarte palabras, olé por ti y ¡viva la creatividad! Por eso, como tú misma afirmas —aunque me da la impresión de que intentas retorcerlo a tu favor—:

«la Fundeu [sic] ha reconocido su existencia como neologismo para aconsejar en su lugar expresiones alternativas como ‘familia monoparental materna/de madre/de mujer’, expresiones que apenas se manejan entre quienes quieren enfatizar el trato desigual que sufren las familias mayoritariamente encabezadas por una mujer».

No es nada extraño eso de que Fundéu lo reconozca como neologismo… toda palabra inventada y usada en un ámbito es un neologismo. Eso no significa que haya seguido una formación correcta o, por lo menos, haya observado el cuidado idiomático. Te apostillo al margen: Fundéu, por cierto, va con tilde, que es palabra aguda acabada en vocal, como la propia Fundéu reconoce y caso que la Ortografía recoge y usa de ejemplo.

No tengas duda: si quieres decir monomarental, estupendo, dilo, tú verás. Yo me siento obligado, al menos, a decirte que el término no es correcto ni está justificado desde un punto de vista gramatical e idiomático. Tú solita te has metido en el ámbito lingüístico y no puedes pretender que los que aquí habitamos no digamos está boca es mía cuando vienes a darnos lecciones. Inventa la palabra que quieras y úsala como te dé la real gana. Y si me gusta, a lo mejor te la copio. Pero, lo que no voy a aplaudirte, no puedo, es tu insistente e insultante intento de convencernos de la superioridad moral de tu posición y, lo que es más, casi prohibirnos seguir refiriéndonos con monoparental a la familia con un progenitor, sea padre o madre, en relación a su descendencia —básicamente nos pones verdes por hacerlo—. Es decir, invéntate la palabra que más te guste, todas las que te salgan de las narices, pero no nos sueltes la soflama ideológica que constituye su making-of moralista. Fíjate que, al final, la que solo era una inexactitud lingüística, según tú, ha acabado en tu artículo envuelta de una épica social frente al villano y malvado lingüista y la horrible RAE, que tienen la osadía de hablar y explicar aquello que han estudiado y de lo que saben. La integrista, en todo caso, eres tú, Violeta: integrista de la ignorancia, aupando entre falacias el desconocimiento de la lengua mientras tu bota hunde en el fango del machismo la cabeza del lingüista, que se supone que en cuestiones de lengua algo más que tú sabrá. Lee tu artículo, pero en voz alta, y te darás cuenta de que no estás defendiendo el uso de monomarentalidad sino menospreciando e insultando a quienes, con sobradas razones y conocimiento, prefieren no seguirte en este uso de la lengua —incluida la RAE, claro—. Casi más parece que esto de monomarentalidad es para ti una excusa para arrearle a todo aquel que no sea de tu cuerda. Que la palabra te da igual, vamos. Y eso, en efecto, no es una discusión lingüística. Eso es estar matando fantasmas y supurar por todos los poros. Eso sí, debo decirte que mientras leía tu artículo, en esto de los insultos y la bilis, eché de menos el apelativo fascista… cuando tengas un momento, ya si eso… solo es por cerrar el círculo.

Pero, como siempre, lo mejor se reserva para el final. Tu artículo, Violeta, es el vivo ejemplo de quien escribe a la carrera, con el calentón, cuando aún tiene el espumarajo de rabia en la comisura, y va dándolo todo entre incoherencias e insultos, para luego acabar corrigiéndose, desdiciéndose y hasta dando la razón a los que ha insultado reiteradamente. Atentos a estas líneas de oro, mis queridos lectores. Violeta, tú también léelo y en alto, para que el ego lo oiga:

«Es de ignorantes negar que en la España de hoy lo importante no es si hay un progenitor o dos, o si estos son del mismo o distinto sexo, lo importante y la prioridad debe ser que todas las familias tengan derechos al margen de lo que diga la lengua o mande una religión, porque avanzar en igualdad es saber nombrar y en eso la política siempre debe ayudar» [El resaltado es mío].

Así, así me he quedado yo, sí, de piedra, boquiabierto, ojiplático y pielgallináceo. O sea, que al final, lo que se concluye de este complejo artículo de silogística aristotélica es que no importa si es uno o dos progenitores, o que si es madre o padre… es decir, que usar monoparental es lo más correcto, porque a este adjetivo, desde el principio, le importó tres el sexo del progenitor. En efecto, lo dices muy bien: «avanzar en igualdad es saber nombrar»… por lo tanto, aprende a nombrar, Violeta: monomarentalidad no nombra nada porque el lexema –marens– no existe, no nombra ni lo que tú quieres ni nada otro. En cambio, monoparentalidad —digo ya de paso que el sustantivo no existe como tal, pero no es incorrecta su formación derivada del adjetivo(1)—, sí nombra, y justamente nombra a las familias de un solo progenitor, sea este padre o madre, y los hijos. Eres tú misma quien dice que:

el lenguaje no tiene un único dueño y que es propiedad de todos, que el español (al igual que otros idiomas) se va armando por el uso de la gente y es cuando la gente lo usa de determinada manera cuando a la Academia no le quedará más remedio que dar su permiso.

Y tienes razón, la lengua —que no el lenguaje— es de todos. Por eso mismo debes cuidarlo, por eso mismo debes respetarlo y usarlo según la convención y evolucionarlo según la convención, no según te convenga —que es muy distinto—, y no debes destrozarlo desde la ignorancia, creyendo que tienes toda la razón del mundo —algo decía Sócrates de eso de «creerse sabios sin serlo»—. Pero te equivocas: no es la RAE la que da su permiso. Te vuelvo a repetir: puedes inventar y usar la palabra que te dé la gana. La RAE, simplemente, no la va a incluir en el diccionario porque ni está bien formada ni está justificada. La RAE no es un tribunal ni la Gramática, la Ortografía y los diferentes diccionarios un código penal. ¡Deja de hacerte la víctima! No necesitas el permiso de la RAE. ¡Úsala! Lo que la RAE, lo que otros lingüistas, lo que yo, te estamos diciendo, es que tu justificación lingüística es incorrecta y denota un claro desconocimiento de la lengua, del significado de las palabras, de la etimología o de la formación de las voces. Insisto: tú solita te has metido a justificar lingüísticamente una voz incorrecta, luego no te quejes de que vengan quienes se ocupan de los asuntos lingüísticos a decirte que no es verdad lo que dices y que es incorrecto, lingüísticamente, tu argumento. No la hagas, no la temas. Habla de lo que sepas y no te metas en camisa de once varas.

Con todo, en consonancia con lo que tú pretendes a lo largo y ancho de todo tu artículo, te repito: decir bien la palabra, o decir otra creada al gusto, no sirve para que la realidad cambie. Por eso es también fantástico este diálogo de La vida de Brian, que ya que la he mencionado, para qué voy a buscar otro ejemplo:

FRANCIS.- Es el derecho inalienable de todo hombre…

STAN.- O mujer…

FRANCIS.-… ser liberado…

STAN.- O liberada.

FRANCIS.- O liberada. Gracias hermano.

STAN.-O hermana.

FRANCIS.-¿Por dónde iba?

REG.- Ya habías terminado. Además, es derecho inalienable de todo hombre…

STAN.- O mujer.

REG.- ¿Se puede saber qué fijación tienes con las mujeres, Stan? Nos estás distrayendo.

STAN.- Quiero ser una mujer.

FRANCIS.- ¿Qué?

STAN.- Quiero ser una mujer. Desde ahora quiero que me llaméis Loretta.

JUDITH.- ¿Por qué quieres ser Loretta?

STAN.- Es que yo quiero ser madre.

REG.- Tú no puedes parir.

STAN.- ¡No me oprimas!

REG.-No es que te oprima, Stan. Es que no tienes matriz. ¿Dónde vas a gestar el feto, en un baúl?

JUDITH.- Tengo una idea. es verdad que él no puede parir, lo que no es culpa de nadie, ni siquiera de los romanos, pero sí puede tener derecho a parir. Aunque no tenga matriz, tiene derecho a ser madre.

FRANCIS.- Nosotros tenemos que reivindicar ese derecho. Es un símbolo de nuestra lucha contra la opresión.

REG.- Es un símbolo de tu lucha contra la realidad.

Entonces, Violeta, si en tu artículo acabas concluyendo que no importa el número o el sexo de los progenitores, dime a qué toda esa diatriba sobre visibilizaciones y madres, y la RAE, y lo patriarcal y el integrismo machista y Cristo que lo fundó… Te doy un nuevo consejo: antes de escribir una opinión, haz un esquema de ideas para ver cómo vas del punto A al punto B sin terminar en contradicciones, recapacita el orden en que vas a presentar argumentos y ejemplos, observa cuándo sacas los pies fuera del tiesto y ten clara la tesis… en fin, organízalo antes de escribir, léelo en alto y corrígelo antes de enviarlo, porque al final esto es lo que queda publicado. Para concluir lo que concluyes, Violeta, sobra todo el artículo…

Ahora acúsame de mansplaining —otra cosa no, pero palabritas…—, la coartada perfecta para cuando un varón te lee la cartilla. Lo que no sé es si tu artículo hay que tomarlo como womansplaining o una clase magistral o doctrina desde un púlpito ideológico. ¡Please, try again!

 

Héctor Martínez

 

(1) Lo explico: a un adjetivo puede añadirse la sufijación –dad (y los alomorfos –idad/-edad/-ilidad) para formar el sustantivo abstracto correspondiente. Así, de banal formamos banalidad; de real formamos realidad y de efectivo formamos efectividad; o formamos de terco el sustantivo terquedad y de responsable obtenemos responsabilidad. Podemos también tomar lexemas cultos como bon– (de bueno, en latín bonus, bona, bonum) y formar bondad. De este modo, tomado como referencia el proceso de formación, de parental (de lat. parens, is) podría formarse parentalidad. Cosa distinta es que la palabra figure en el diccionario porque sea de uso común y mayoritaria entre los hablantes, o pueda estar restringida como neologismo y tecnicismo a las áreas de estudio y conocimiento pertinente.

MONOMARENTAL NO ES CORRECTO (PARTE I)

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , , , , , a 19:12 por Retratoliterario

En la cultura de la ignorancia que vivimos sucede que la falsa democratización lleva a creer al ignorante que su opinión sobre determinado tema vale tanto como la opinión del que sabe sobre ese tema; e incluso, una vez rebatida la estupidez, el ignorante no se apea del burro y patalea como un chiquillo mientras te llama de todo como argumento para deslegitimarte. Claro ejemplo lo tenemos y seguimos teniendo con el uso ideológico de la lengua. Desde la vicepresidente que confunde la expresión dixit con unos simpáticos ratoncillos de nuestra infancia, Pixie y Dixie, y cree que la están insultando, al conjunto de políticos e intelectualoides que la han cogido con los desdobles de género en discursos surrealistas y palabros inimaginables, demostrando en cada ejemplo un desconocimiento completo de la lengua que hablan y su evolución, misma lengua sobre la que nos dan lecciones rectos y circunspectos. Es norma: aunque no la tengas, aunque seas consciente de estar diciendo una soplapollez, pon cara de tener razón y de saber de qué hablas, porque tu ideal de justicia social no merece que se descubra la ignorancia e incultura sobre la que se asienta.

Hoy le toca a algo verdaderamente antiguo: el uso de monomarental. Sale a colación del azote del género gramatical que es Irene Montero, a la sazón Ministra ya y su capacidad verborreica feminista que es un no parar de crear monstruosidades lingüísticas impropias en una licenciada casi doctora. Pero, seamos justos, la palabra ya se cayó de la boca de la Ministra Ribero, del gobierno del PSOE de Sánchez. Y esto viene de tiempos, incluso, en los que Irene Montero ni se veía donde ahora está. Ha llovido ya. No, en aquella época Irene terminaba sus estudios de Psicología y trabajaba honradamente —es decir, jornada entera por una mierda de sueldo, como han estado o están muchos— de cajera en un supermercado. Era 2011, y en aquel tiempo contábamos con otros igual de ilustres e ilustrados lidiando en una campaña electoral por el gobierno. Por entonces, el PSOE —nuevamente— de Zapatero empleaba el palabro monomarental para agradar el oído al feminismo y rebuscar a manos llenas en su nicho de votos. Luego, ese mismo feminismo rebuscaría a manos llenas en el nicho de las subvenciones, ¡claro!, lo dice la termodinámica. El aplauso a la ocurrencia no es gratis: solo se pasa por ignorante si viene de la mano con míster parné público.

Pero tampoco fue este año de 2011 el año en que el palabro se vino arriba. Encuentro que en el BOE del 19 de mayo de 2008, aparece definido el término. Hacía poco que Zapatero y su académico gabinete —con la salvedad de algún nombre— habían sido reinvestidos presidente y gobierno. Pero podemos ir más atrás: Mar Correa, en su El príncipe azul no vive aquí: la nueva mujer y las nuevas familias (2007), escribe: «El término ‘marental’ o ‘monomarental’ aún no ha sido reconocido, pero todo se andará. Aunque los tiempos se sacuden las sombras atávicas de un modelo social hegemónico — el del hombre como mentor, inspirador y propietario»—; Amparo Zacarés la define en su libro La violencia de género explicada a mi hijo (2005): «Es una forma familiar en la que el núcleo fundamental lo componen la madre y los hijos»; María Luisa Perosillo y Luis Gilsanz la colaron en Mujer y sociedad (2000): «Las familias constituidas por un solo progenitor son, en abrumadora mayoría, monomarentales, es decir, están constituidas con la madre como persona de referencia»; Carmen Alborch, ministra de cultura con el PSOE de Felipe González, la usaba en Solas: gozos y sombras de una manera de vivir (1999): «Vivir sola o ser cabeza de familia monomarental supone enfrentarnos necesariamente a nuestra propia economía, administrar recursos y establecer prioridades»; y como último ejemplo, en un texto para el Instituto de la Mujer titulado Mujeres, trabajos y políticas sociales (1997), Cristina Carrasco decía: «[‘Monoparental’ es la palabra] utilizada habitualmente; aunque nos parece que un nombre más adecuado, que refleje mejor la realidad, sería ‘monomarentales’, ya que la mayoría de estas familias están compuestas por madres con hijas y/o hijos».

Podríamos sacar factor común y veríamos como todos los contextos refieren a estudios en exclusividad sobre la mujer, escritos por mujeres, bajo gobiernos del PSOE, cuando más se alimentan determinados grupos sociales hambrientos de subvención. Hay demasiados intereses por medio, electorales y económicos, para creer que todo se debe a un altruista interés académico. No cuela. Las personas verdaderamente cultas saben lo que significa parental y que no implica ninguna referencia machista. Ahora lo explicaremos, a ver si se puede cultivar algo en un terreno tan baldío.

Ya vemos que el analfabetismo, tozudo y persistente, vive hasta en las altas instancias académicas; incluso teniéndolo delante no reconocen la estupidez que están soltando. Es cosa añeja, sí, en cuanto a la palabrita de marras. Irene Montero no es más que el eco —tan siquiera es original—, mero papagayo aunque con cosas así debamos preguntarnos cómo se alcanza una titulación superior en nuestras universidades públicas. No obstante, no podemos culparla por crear la abominación, sino solo de usarla con la típica altanería moral del ignorante.

Haré el esfuerzo de explicar, como si todos fuésemos tontos, por qué esto es un nuevo despropósito de la cultura a la ignorancia.

La palabra monoparental es un adjetivo flexivamente invariable en cuanto al género, es decir, que expresa cualidad o relación y no varía su forma para delimitar el género gramatical. Lo podemos usar para acompañar a un sustantivo masculino o a uno femenino sin que realicemos cambio en él. Y en tanto que adjetivo, su función no es nombrar, no refiere a realidades como el sustantivo, sino que expresa una relación de las realidades nombradas por el sustantivo. Puede sustantivarse, bien en abstracto con el artículo neutro (lo monoparental), bien por elipsis, asumiendo el valor del sustantivo eludido (Tipos de familias: la monoparental...), pero nunca irá solo y nunca referirá una realidad del mundo de por sí.

Es un adjetivo derivado, formado por la raíz -parent- (de parentālis, cuya raíz es parens, is: pariente) y los afijos mono- (uno) y -al (pertenencia o relación). En ningún caso la etimología de esta palabra refiere al varón, o invisibiliza a la mujer, sino que habla de ambos progenitores como parientes directos de la descendencia.

¿Dónde, creo yo, radica el patinazo ignorante? En creer que el latín parens es lo mismo que pater, que a su vez hace creer falsamente que la consonante inicial marca género y sexo: pater y  mater. Y aunque a la mente simple, que no da mucho más de sí y que ignora el fenómeno de la heteronimia, le resulten similares, y aunque estos cerebritos vírgenes se invente normas al respecto del género al observar que solo varía una letra,  ni el género gramatical se emplea como creen —curioso es observar cómo al hablar no tardan en contradecir espontáneamente sus creencias— ni parens y pater guardan relación.

Ya que lo sacaron a la palestra: no es lo mismo el manido pin parental (padre y madre) a decir pin paterno (padre) o pin materno (madre). Es, incluso, más grave, pues como han subrayado una y otra vez diversos lingüistas e instituciones, el latino parens es el participio presente de parire, es decir, del verbo parir y significa «quien pare» —hasta donde yo sé, esto no les corresponde a los varones, pongámonos como nos pongamos—; y de aquí surgen también parto y parturienta. Se trata de una raíz íntimamente próxima a lo materno más que a lo paterno. ¡Lo que aprenderían estudiando un poco! Al menos no harían el ridículo.

Hay un hecho cierto: monoparental por referir a parientes y en concreto a los progenitores, no determina a cuál de los dos, padre o madre, se refiere. Esto, sin embargo, no puede solucionarse inventándose las cosas. Antes bien, se puede acudir a procedimientos existentes y cuidar un poco, al menos nuestra lengua: actuar especificando más aún la relación establecida, en caso de que la diferenciación sexuada sea relevante, tirando de adyacentes, aposiciones o perífrasis, al igual que se hace, por ejemplo, con los sustantivos epicenos. Igual que en los casos de búho o águila que representan tanto al macho como a la hembra: si en el contexto fuese preciso marcar el género, se utilizarían tales adyacentes (búho macho/hembra, águila macho/hembra), pues se puede hablar de familia monoparental materna/paterna o de madre/padre… —y que cada uno decida la forma más elegante para su texto—. A veces es mucho más sencillo de lo que parece expresarse y respetar el idioma al mismo tiempo. Pero cuando el registro idiomático que uno posee está tan limitado, normalmente se desconoce la variedad de soluciones que el mismo idioma ofrece y se cree que el problema está en el idioma y no en uno mismo.

Usar esto de monomarental dentro de su lógica —y es un ejercicio difícil, porque carece de ella— nos llevaría a hablar de parientes y marientes, y las relaciones familiares serían relación de parentesco y marentesco. Y en cualquier caso, nos estaríamos sacando un lexema de la manga, pues no hay en latín un marens, is que refiera a madre sino mater, is. Existe marem, acusativo singular de mas, maris y que significa macho y masculino, curiosamente. También existe maritalis, pero creo que tampoco les va a gustar esta etimología: como adjetivo, marītus, marīta, marītum da lugar al casado(a) y a lo que se une o marida —sinónimo de casamiento, y también está en relación con el maridaje gastronómico—; como sustantivo es masculino, marītus, marītī y refiere al marido de la relación conyugal.

Me seguiré preguntando qué necesidad tiene el feminismo de verse representado por este analfabetismo incapaz de mirar un segundo, un solo y maldito segundo, el mismo diccionario sobre el que durante horas escupe. ¡Ábranlo! El de papel o su versión digital en la Red. Nos ahorraremos estas vergüenzas. A Irene Montero y a otros tantos —y tantas, sobre todo, tantas en la universidad— solo les sirve para desprestigiar sus estudios superiores y lograr el aplauso de los iletrados.

¡Qué oportunidad desperdiciada para el feminismo! ¡Ser ministra, y estar a estas chorradas! ¿Para cuándo algo de competencia, lucidez, mérito, trabajo…? —conste que hablo de Irene Montero, porque es la excusa, pero esto es extensible a la mayor parte del congreso, de los medios, de las universidades y academias y del universo cultural sin importar sus genitales ni sus preferencias—.

(CONTINÚA)

Héctor Martínez

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