16/07/2013

Mundi Book: Relatos de Terror V: Roca de mi sangre, por Miguel Arcaz

Posted in Prosa tagged , , , , a 11:30 por retratoliterario

circulomundibook

Antes de nada quisiera presentarme, sólo para aquellos que aún no me conozcan. Mi
nombre es Marcel Dupont, y ahora miradme bien. Fijaos en la oscura sombra bajo mis ojos que
denota el cansancio acumulado por dos meses sin poder visitar el reino de Morfeo.
Lo sé, muchos diréis que existen pastillas que te cierran los ojos de un plumazo, o me
recomendaréis otros remedios caseros de igual eficacia, y os agradezco humildemente vuestra
preocupación, pero debéis saber que mi insomnio es puramente voluntario.
Lo veo en vuestras caras. Os estáis preguntando por qué me niego a conciliar el sueño,
si se trata de alguna estúpida apuesta o es que simplemente soy un loco. Sí, podéis llamarme
loco si queréis, no seréis los primeros, y puede que tras relataros mi gran problema no dudéis
un solo segundo en llamar al hospital para enfermos mentales más cercano. Os comprendo
perfectamente, es…

Ver la entrada original 918 palabras más

Mundi Book:Relatos de Terror IV: Sombras, de Daniel García Domínguez

Posted in Prosa tagged , , , , a 11:14 por retratoliterario

circulomundibook

¿Cuánto tiempo puede llegar a pasar hasta poder luchar contra algo que temes?No sabría decirlo…Aquella noche de un domingo cualquiera, decidí simplemente, no hacer nada.

 

Encendí el televisor, escogí  “IT” un gran clásico de mi videoteca, prendí un cigarrillo y me serví un estupendo Jack Daniel’s mientras empezaba la película.La semana había sido muy larga y apenas había dormido la noche anterior, así que no sé exactamente en qué momento acabé cayendo en un profundo sueño.

 

De repente desperté de un sobresalto. Mi corazón latía a mil por hora mientras una sensación de desasosiego invadía cada rincón de mi cuerpo.Un escalofrío recorrió de abajo hacia arriba mi espina dorsal. ¿Conocéis esa sensación en la nuca? El bello, cada pelo erizándose mientras los nervios van in crescendo, la desesperación en aumento. Sabes que algo no va bien, sabes que alguien o algo te está observando, acechando.

 

Vuelves…

Ver la entrada original 670 palabras más

Relatos de Terror III: Nada, de Carmen Flores.

Posted in Prosa tagged , , , , a 11:14 por retratoliterario

circulomundibook

Carmen Flores lee su relato "Nada".

Empecé a notar el olor en Mayo, en esos días en que la primavera se pone graciosa y sube el termómetro hasta los 30ºC, pero no le dí mucha importancia. Tampoco mis compañeras parecían notarlo y bueno, no sé, igual soy un poco paranoica con el tema de los malos olores, tengo que reconocerlo.

De todas formas tampoco es tan extraño que un aseo viejo huela mal, ¿No?. El edificio tenía sus años, en una de las zonas más antiguas de la ciudad, y por mucho que el local comercial que ocupaba su parte baja diera el aspecto de una tienda super moderna, las que trabajábamos allí sabíamos que mucho mobiliario de diseño y muchos leds ultra modernos en la tienda y tal, pero el almacén no se habían molestado nada en acondicionarlo. Las paredes estaban desconchadas y  apenas sujetaban las estanterías metálicas. El techo se caía de goteras viejas…

Ver la entrada original 1.050 palabras más

Mundi Book: Relatos de terror II: El Pasillo, por Daniel García Domínguez

Posted in Prosa tagged , , , , a 11:13 por retratoliterario

circulomundibook

Daniel G. Domínguez, leyendo su relato en el Círculo Mundi Book

David volvía a casa tras una semana larga de trabajo. En lo único que pensaba era en volver con Laura, poder besarle, mirarle directamente a los ojos, decirle cuanto la quería, desnudarla poco a poco y hacerle el amor con tanta pasión que algún vecino se escandalizase al oírlo por el patio interior al que daba suapartamento. Su trabajo, su maldito trabajo, como él lo llamaba, le hacía pasar de vez en cuando semanas enteras fuera de su casa, viajando a otras Comunidades Autónomas. Pagaban bien al fin y al cabo, así que tenía que resignarse a esos viajes que a él le resultaban eternos…Esta vez consiguió terminar unas horas antes de lo previsto y así cambiar el billete de avión para volver a casa. Bendito puente aéreo, pensó…

Una vez en el Aeropuerto de Barajas, se limitó a buscar la máquina de ramos de flores que había visto a…

Ver la entrada original 924 palabras más

10/05/2013

“MISIÓN 109, LA TRAGEDIA DEL LADY BE GOOD” POR HÉCTOR MARTÍNEZ SANZ

Posted in Prosa tagged , , , , , , , a 15:49 por retratoliterario

«El desierto es en realidad un espacio sin tiempo, un lugar eterno donde las cosas perseveran en su ser menos la vida, que es tiempo; nada dentro es más viejo que el inmenso reloj de arena al que nadie da la vuelta»

“Misión 109, La Tragedia del LBG” (2013 / KINDLE 2015), escrita por el madrileño Héctor Martínez Sanz, es desde una perspectiva amplia, un tratado sobre el hombre, perdido, desorientado, vital y moralmente, frente a la cara más severa de la naturaleza, el desierto, y sus creencias más íntimas, la religión. La historia es real, y sobre ella, el novelista ha superpuesto un análisis filosófico extremo.

El bombardero Lady Be Good desapareció en 1943, mientras realizaba la Misión 109, un ataque al puerto de Nápoles desde las bases del Norte de África. Se dio por desaparecida y por muerta en combate a su tripulación sin haber hallado ningún rastro de ellos o del avión. No se volvió a saber nada hasta que, por casualidad, geólogos británicos dieron con la aguja en el vasto pajar del desierto. Aunque tarde, se iniciaron nuevas labores de búsqueda e investigación sobre lo sucedido, revelando una trágica historia que hubo de conmover al mundo entero.

El tiempo es un elemento fundamental en “Misión 109”, estructuralmente pensado como desde el punto de vista del argumento. El autor simultanea la semana de los tripulantes en el desierto, descrita día a día de mañana a noche, con los años del hallazgo e investigación. Contrasta el lento sucederse de la semana con la rapidez con que pasan los meses y años entre 1958 y 1960. Primeramente intercalados en capítulos como épocas diferentes, ambos tiempos convergen en un único punto atemporal, como si el transcurrir se detuviese. El pasado dialoga con su futuro a través de los diarios de la tripulación, los restos del Lady Be Good y los objetos que inertes han quedado a la espera de otros hombres como cápsulas del tiempo.

Por su parte, el espacio es único: el desierto. Aprovecha en este aspecto el novelista toda la carga psicológica, simbólica y mística que un lugar así ofrece. Desde la Biblia hasta la literatura, la novela va extrayendo el valor alegórico del inhóspito lugar como escenario de la lucha vital y esfera de la conciencia existencial, y a través del cual nos introducimos en las interioridades de los personajes, donde realmente se desarrolla toda acción. Es habitual oír decir que el desierto invita a mirarse a uno mismo. Además, es el desierto la puerta de entrada del demonio, príncipe del de ese lugar, su reino. También aquí desarrolla el autor una simetría convergente, una paulatina identificación entre el Sáhara y la tripulación por medio de los singulares “Hombres de Arena”—que toma desde la versión de E.T.A. Hoffman— cuya presencia se advierte desde el comienzo y es anunciadora del conocido final.

De esta manera, la dimensión espacio-temporal cobra un significado menos terrenal y se convierte en un medio de elevar la historia al nivel de tragedia en su sentido griego, sin sustraer ni jugar con el lector acerca de la conclusión.

Entre los personajes, destacan sobre todo dos: el Teniente William J. Hatton y el Capitán Myron C. Fuller. El primero parece ser el centro de los acontecimientos: su inicial frustración por no entrar en guerra, su resolución y disciplina movida por cierto complejo frente a su co-piloto, al que considera más capaz de capitanear el avión, la carga de responsabilidad sobre sus hombres, su esposa y su familia, que se echa a las espaldas ante el trágico destino que les acecha en el desierto…, Hatton es la cara existencial. Fuller, evoluciona como conciencia, como el hombre que recibe y transmite la advertencia, desde una primera actitud de rutina frente a la investigación hasta una absoluta inmersión en el padecimiento de la tripulación.

Más allá de los dos mencionados, hay que subrayar las presencias divina y diabólica como fuerzas enfrentadas que superan al hombre, y cuya acción, tan enigmática como calculada, es definitiva para el desenlace. La continua labor del demonio a lo largo de la historia se contrarresta con una única aparición de la palabra de Dios como salvación. No obstante, percibimos que el autor toma distancia respecto de la acción salvadora, aislándola del argumento.

El narrador omnisciente, el llamado “ojo de Dios” en la literatura, encaja en una novela en la que lo humano y lo divino guardan una estrecha relación. Desde él se interconectan los apartes reflexivos, las descripciones psicológicas, la simultaneidad de sucesos, las descripciones líricas, observando desde lo alto los hechos y padecimientos. Sin embargo, este “ojo de Dios” se nos descubre en una sorpresa final como narrador en primera persona que justifica la existencia de la novela misma. El giro inesperado e inteligente anuda todo el relato con el presente más inmediato del propio escritor con apenas el uso de un único pronombre.

Consigue Héctor Martínez transmitir la angustia y desesperación de los tripulantes ante su fatídica circunstancia e hilvana con una intuición muy clarividente los breves apuntes de los diarios, únicos testigos de lo vivido, con la imaginación de esos últimos momentos. También es de destacar cómo transforma el papel de los medios de comunicación de la época en una suerte de novela por entregas para los ciudadanos y cómo intersecta hechos paralelos en el tiempo al margen del argumento principal, cuya función es envolver un minúsculo punto en el desierto y acentuar el drama por todo el planeta. Además, también llamará nuestra atención el aspecto metaliterario que entrecruza la obra, mediada por referencias a la biografía y obra de Saint-Exupéry, o el citado E.T.A. Hoffman, entre otros.

Acompaña a la obra un “Archivo fotográfico” por el que el lector se enfrentará tras la lectura a la realidad de lo narrado y podrá poner rostro y forma, lo cual es un magnífico colofón que impacta al público superando la mera verosimilitud, y un generoso homenaje a los verdaderos protagonistas de la historia.

“Misión 109, La Tragedia del LBG” es, en suma, una excelente opción para el lector con inquietudes, como para aquél que disfrute de la construcción y técnica literarias. Una novela fascinante sobre el hombre y su condición, con la que el autor rinde respetos a sendos aniversarios de El Principito de Saint-Exupéry y  los nueve hombres del Lady Be Good.

07/12/2011

Ion Vianu y el dr. Vasiliu

Posted in Prosa tagged , a 15:01 por retratoliterario

Según iba leyendo Vasilíu, hojas sueltas me venía a la memoria aquella intención valleinclanesca del esperpento. Nuestro Valle escribía, o hacía decir a su inmortal personaje Max Estrella, en la archiconocida escena XII de “Luces de bohemia”:

Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada (…) España es una deformación grotesca de la civilización europea. (…)Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas. (…) deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

De alguna manera, me parecía a mí que todo el psiquiátrico de Rastoaca Melcilor, con su médico Vasiliú a la cabeza, se había trasladado también al callejón del gato para traducir la realidad con esa matemática perfecta del espejo cóncavo.

 La deformación continua de ideas, mentes, almas, cuerpos, gestos, la mezcla del humor y lo grotesco, lo banal y lo metafísico, el orden en el desorden… héroes clásicos enfrentados a la tragedia, al destino inevitable que aguarda línea tras línea, y que, sin embargo, parecen no querer impedir… un micro-cosmos saturado de irracionalidad que se enmascara con el disfraz de lo racional. Una novela donde el hado se encuentra asumido fuera y dentro de los personajes.
 
Un mundo entero reproducido a escala donde nadie parece sentir que encaja, pero donde existen nudos, hilos, asociaciones, grupos de muy diferentes individuos. Sus encuentros son ocasiones y determinados por las circunstancias. Los dos únicos solitarios a pesar del contacto, los dos únicos que pasan por la novela acompañándose a sí mismos y sumergidos en sus propios monólogos, y cuyo encuentro pasa a ser esencial, son los protagonistas: Vasilíu, el médico estalinista que guarda y oculta el retrato del Ser Superior en un cajón, denostado por los propios miembros del partido por las contradicciones con que ensalza al mismo Stalin, rechazado por sus pacientes, poco apoyado por sus colegas del psiquiátrico, poco agraciado y con paso arrastrado; y Labán, el paciente más enfrentado al doctor, que es el centro de las conspiraciones sin acercarse nunca al grupo conspirador del cercado, que en la distancia sabe tanto cuanto hay, núcleo auténtico de Rastoaca Melcilor a pesar de su aislamiento del resto. Ambos se mueven en un mundo de recelos, de envidias, de enfrentamientos, ambos se desafían, se retan, se responden como antagonistas que pierden el sentido sin el otro. Los dos, al igual que la gran mayoría de personajes, tocan en tensiones sexuales con las que, ya no sólo Freud –o Jung-, sino Vianu, hace los malabarismos literarios sobre la red de la psiquiatría y la psicoanalítica. Uno, el doctor Vasilíu, sustituyendo el vacío interior con “sistemáticas” de la locura –obra incompleta que siempre escribe- o poesía –última salida, única forma de rellenar el alma-; otro, Labán, el loco-cuerdo, pleno, satisfecho, capaz de anular el efecto de la presencia del doctor e impulso de toda resistencia.
 
La presentación de este mundo es bien sencilla: Dan Naidin busca información acerca de su padre, Labán. A través de este personaje-narrador, y testigo al mismo tiempo, descubrimos el perfil y figura de Vasilíu, quien, aunque converse con Naidin, en realidad parece monologar en solitario. Nos enteramos de su pasado, su traumatizada infancia, su historia. Pero Naidin se entrevista con otros y termina de dibujar el retrato del médico-loco. Serán los papeles, las hojas sueltas de Vasilíu donde Naidin encuentre, en el contra-reflejo de la prosa de Vasilíu, el reflejo de su padre Labán, la otra historia, la otra cara de la luna en la novela.
 
Reducir la obra a la dialéctica agresiva entre la revolución y la nostalgia de lo que se abandona, esto es, a la cuerda rota por ambos extremos ideológicos hasta la disolución del sistema conocido, no es posible. El esfuerzo que ha puesto Vianu en cada uno de los personajes-grotescos encerrados en el psiquiátrico-mundo, el relato de sus historias particulares dentro de la particular historia de Rastoaca Melcilor, no queda simplemente en una lucha de contrarios o una irónica “lucha de clases”. Al propio Vasilú se le censura:
 
¿Es usted judío? Como siempre anda con el materialismo y la dialéctica.
 
Más bien se centra en la paradoja continua y en los anhelos perennes de los hombres, cuerdos o locos, presos políticos o criminales, en sus facetas, en sus universos personales, como si nos invitaran a una exposición de retratos de los diferentes tipos humanos. Tipos humanos derrumbados, el que más y el que menos, en una sórdida descomposición en busca de vías de escape de la miseria, una autodestrucción latente que se evidencia cuanto más decae el propio sistema en el que se encuentran, del que forman parte, y que se autodestruye igualmente.
 
Segunda parte de la trilogía El archivo de la traición y de la cólera, que ya cuenta con Los cuadernos de Ozias como la primera parte, Vasilíu, hojas sueltas, es una obra de indudable referencia en el panorama literario.
 
Héctor Martínez
 

06/12/2011

“La mentira zurda. Cuentos de Joseph Landowski”, de Antonio Guerrero

Posted in Prosa tagged , , , a 21:53 por retratoliterario

null

La relación que tuvo Joseph Landowski con su editor supuso un acontecimiento trascendental para ambos. El manuscrito que le dejó sobre la mesa estaba impregnado de los seres extraños que habían pasado por su vida. Todos vivían en una realidad reinventada. La vida como autorrelato creado para el prójimo era la práctica inconsciente de quienes habitaban en los cuentos. Y en todos ellos se repetía la misma palabra: zurdo/a ¿Por qué? Al final de la lectura, el editor tuvo que forjar en su mente una teoría sobre el autor: tal vez aquel hombre le estaba engañando y lo citó.

Leer el resto de esta entrada »

“Historias pequeñas”, de Héctor Gomis

Posted in Prosa tagged , , a 21:38 por retratoliterario

null

El relato corto o “historia pequeña” tiene una larga tradición en nuestra literatura, aunque hoy se mire con cierto desdeño como un género marginal. Al contrario, es un género en toda regla y, más aún, es un género iniciático para muchos autores o un género culmen para otros. Desde los cuentos orientales del Medioevo, pasando por las novelas ejemplares de Cervantes, las fábulas, Clarín o Borges, la literatura está bien nutrida de “historias pequeñas”.

Y es precisamente éste el título del reciente libro de Héctor Gomis (Alicante, 1975), “Historias pequeñas” dentro de la colección “¿Y si fuese cierto…?” de la Editorial Ven y te lo cuento con sede en Barcelona. El libro fue presentado en el Forum Fnac Alicante en febrero y en la librería Bertrand de Barcelona en noviembre del año pasado.

Para que entendamos a qué nos enfrentamos, sería bueno atender el siguiente fragmento de Phillip K. Dick sobre la naturaleza de la novela y el relato corto:

La diferencia entre un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del criminal, y los hechos derivan de una estructura psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá descrito previamente. Por consiguiente, la diferencia entre un relato corto y una novela no es muy grande (…) En un relato, se conoce a los protagonistas por sus actos; en una novela sucede al revés.

Efectivamente, en las “Historias pequeñas” de Héctor Gomis conocemos a los protagonistas por sus actos, incluido el criminal. Son historias de actos, de sucesos, inspirados en la vida cotidiana, y elaborados en la imaginación del autor. Acaso la razón de ser de los mismos pueda fundarse en las siguientes líneas del relato “El trato”:

Hoy, en este instante, puedes darle un zarpazo a la vida y arrancarle todos sus tesoros de un golpe, de una vez para siempre. ¿Crees que es mucho lo que te pido? Puede que sí, ¿pero acaso no es a su vez enorme la recompensa?

Héctor Gomis asesta el zarpazo a la rutinaria vida y en sus manos aparecen entremezclados tesoros en forma de episodios de una máxima ternura con otros de máxima tensión y crudeza. Abierto por un efecto mariposa con “Un jarrón verde”, que me recordaba los tebeos del 13 Rue del Percebe de Ibáñez, seguido por la planificación racional de un genocidio a escala mundial en “El problema”, coincidencias criminales en “El último asalto” o en “El Zippo” e historias más sentimentales al modo de “La primera vez” y ”A veces las cosas pueden ser como uno quisiera que sean”. Asistimos a la combinación de microrrelatos como “Maria Graciela” –madre de la niña que quería ser un pulpo- y relatos de mayor extensión como “La cabeza”, en el que Gomis muestra gran versatilidad en la psicología de los personajes y el humor e intriga de la trama, y probablemente uno de los relatos más significativos junto a “A veces las cosas pueden ser como uno quisiera que sean”, aunque se trate de relatos de muy distinta índole y registro. Acaso, el texto más impactante sea “Cien golpes en la espalda”, historia en la que late un fondo freudiano en la pugna eros-thanatos –como en “La cabeza”-, cuya escalada secuenciada temporalmente desde la compasión al deseo la violencia y a la muerte se plasma de forma sintética y convincente, lógica.

De Un cuento a la semana –blog del que emanan las historias de Gomis- a veintitrés historias en un libro, fundiendo la publicación en línea con la publicación en papel, Héctor Gomis fotografía las pasiones y emociones humanas hasta grados que jamás creeríamos pero que, en sus letras, nos retratan irónicamente.

Sin duda, un acierto de Tucho Balado y la Editorial Ven y te lo cuento el haber alistado en sus filas a Héctor Gomis y contar en su catálogo con estas “Historias pequeñas”.

Héctor Martínez

——————————————————————————–

MÁS INFORMACIÓN
Ven y te lo cuento ediciones
Web Oficial del libro Historias pequeñas de Héctor Gomis

28/03/2011

“GÓMEZ DE LA SERNA ERA TROTSKISTA” DE DIEGO VADILLO LÓPEZ

Posted in Ensayo tagged , , a 22:07 por retratoliterario

Niram Art Editorial les invita al lanzamiento del libro “Gómez de la Serna era trotskista” escrito por Diego Vadillo López.

El acto tendrá lugar el jueves 31 de marzo de 2011 a partir de las 21h en Espacio Niram Madrid (c/Independencia, 2 Metro Ópera)

Lea el prólogo de la obra en

Azay Art Magazine Revista de Bellas Artes y Literatura

MÁS INFORMACIÓN

Niram Art Editorial

Dossier de Prensa “Gómez de la Serna era trotskista”

Invitación al lanzamiento de “Gómez de la Serna era trotskista”

25/02/2011

¡DéMOSLES MEMORIA A LOS ESPEJOS! (A PROPóSITO DE “EL LIBRO DE LOS SUSURROS”[1] DE VARUJAN VOSGANIAN)

Posted in Prosa tagged , , , , a 16:50 por retratoliterario

Mis padres me hablaron mucho de susurros y silencios. Mi madre mencionaba Radio Pirenaica, una emisión clandestina que funcionó desde 1941 hasta 1977, y que no convenía sintonizar a gran volumen, por quién pudiera estar escuchando detrás de las paredes. “Las paredes oyen” era y es una frase muy popular. No conversar de ciertos temas, no pisar demasiados sitios, hablar bajo… Radio Pirenaica, al parecer, emitía desde Moscú, pero a partir de 1955 lo hizo desde Bucarest (Rumania), con la Pasionaria a la cabeza. Hoy tengo en mis manos El libro de los susurros y leo lo que ocurría en esa Rumania con el comunismo instalado y con el pueblo armenio por todos lados mientras la Radio Pirenaica realizaba su retransmisión. Dos caras de la misma moneda: lo que aquí se escuchaba como liberación, no era tal donde se emitía: “En 1958 murió Petru Groza. Se le organizaron unos funerales fastuosos. Ion Gheroghe Maurer lo sucedió como presidente del Presidium de la Gran Asamblea Nacional. Mientras en el exterior Rumania firmaba todo tipo de tratados, en el interior la represión se recrudecía para que, de esta forma, los rusos viesen que el gobierno controlaba la situación y que el Ejército Rojo podía retirarse del territorio rumano sin ningún temor. De nuevo, la represión, como era lo que estaba más a mano, se dirigió sobre todo contra los intelectuales. Los jóvenes encartados por apoyar la revolución húngara fueron expulsados de las universidades. Constantin Noica, Arsavir Avterian y otros fueron enviados a presidio.” Un poco antes, en la mañana del 4 de diciembre de 1957, los acontecimientos de Vadu Roşca. ¿Contaban estas cosas en Radio Pirenaica? Varias veces, al leer El libro de los susurros en España, he tenido la sensación de estar leyendo la historia del revés, o al menos, desde una perspectiva muy poco habitual. El bolchevismo no era una solución al nazismo ni a las dictaduras nacional-católicas, frente a lo que podían pensar los que en mi país se rebelaban contra el poder instalado. Ellos no sabían lo que ocurría a manos del comunismo. Sin embargo, los armenios huérfanos de patria o los rumanos conocían bien el percal que llegaba de todos lados, ya fuera de Alemania, ya fuera desde Moscú, ya de los Turcos, durante todo el s. XX. Allí no, en Rumania se sintonizaban Radio Europa Libre, Radio Libertad o la BBC: “El aparato de radio se instaló en la alcoba de Sahag, debajo de un paño bordado que representaba al trovador Saiat-Nova. Conectar la radio al mundo libre era un auténtico ritual. (…) La búsqueda de la emisora se hacía siempre igual. Porque Sahag, cuando acababa de oír una, pasaba a la onda larga, donde se escuchaba Radio Bucarest. «¿Quién sabe? Ellos podrían están en todas partes, a ver si nos vamos a descubrir como unos idiotas» «¿Quiénes son ellos?», preguntaba la tía Armenuhi (…) «Ellos, o sea, los que no somos nosotros, contestaba el tío Sahag».”

El libro de los susurros se ha escrito también entre susurros y silencios, precauciones o temeridades, desilusiones y esperanzas nunca cumplidas, sueños desbaratados de la peor forma posible… con la muerte, el crimen y el asesinato, la represión y la opresión –que no son lo mismo-, la persecución o las repatriaciones a mundos idílicos que, después, no existen. Pero no es un libro de historia, sino “de estados de conciencia”, apunta Varujan Vosganian: “El libro de los susurros no es un libro de Historia, sino de estados de conciencia. Por eso se vuelve traslúcido y sus páginas son transparentes. Es cierto que en El libro de los susurros hay muchos datos concretos referentes al día, la hora y el lugar. La pluma va demasiado rápida pero, algunas veces, decide demorarse para esperarnos al lector y a mí, y entonces pormenoriza quizás más de lo necesario. Cada palabra de más aclara, pero, precisamente por ello, disminuye el sentido.
(…) Cosas como las que aquí se narran les han ocurrido siempre a gentes de todas partes”

No es un libro de historia “ya que en ese tipo de textos se habla sobre todo de los vencedores; es más bien una recopilación de salmos, pues habla por lo general de los vencidos”. Varujan Vosganian insiste varias veces en esta idea. Podríamos añadir que, además de hablar de los vencedores, en los textos de historia se habla de dos o tres nombres que por alguna razón se graban en las páginas. No es Historia, con mayúscula, este libro, sino que es, a mí parecer, lo que Unamuno llamaría Intrahistoria: todo aquello que ha ocurrido, pero que no se ha contado o que se ha ignorado, y que tiene por protagonistas a la persona anónima y su día a día mientras acontece la Historia: “Entre tantos personajes reales, algunos nombres los encontrarán también en los libro de historia, pero otros sólo los hallarán en El libro de los susurros”.

Sin embargo, el principio de la Historia de los vencedores no siempre es así cuando se trata de Intrahistoria. De hecho, El libro de los susurros lo invierte: “No te precipites. Pocas veces quien parece haber vencido es el auténtico vencedor. Y la Historia la han escrito los vencidos, no los vencedores. Vencer es, a fin de cuentas, una especie de salida de la Historia”, dice el abuelo Garabet.

Esta Intrahistoria no se enseña en una clase sino en el seno familiar, vecinal, entre los conocidos, que pueden contar lo que les sucedió, o en fotografías -“En el libro de los susurros, las fotografías sustituyen a menudo a las personas vivas (..) Los armenios de mi infancia vivían más entre fotografías que entre hombres”- y sellos de las cartas recibidas de todas las partes del mundo, o también entre papeles iguales a otros papeles que sólo se diferencian por el nombre que figura en ellos y que convierten a un ejecutado en persona distinta a otro ejecutado. No se habla de sociedad, de pueblo, sino de individuos que sufrieron lo que otros muchos y que ponen nombre y apellidos a lo que en la Historia son simplemente cifras, ciertamente horripilantes, pero cifras. Porque sigue habiendo a quien le parece más terrorífico matar a mil que a cien, por la cantidad, y no perciben lo horrendo mismo en los miles que en los cientos: “Nos han dado nombres nuevos, compuestos de cifras, que designan todo cuanto es menester de cada uno, o sea, las primeras cifras remiten al número del artículo del Código Penal, y las dos últimas al número de años de presidio. Así nos confundimos con nuestras penas y ya no somos nada más”. Exterminio y Genocidio en anonimato son palabras que superan con creces la cifra, por lo demás jamás exacta. Basta idearlos, basta que alguien los planifique aunque fracase, para sentir asco. O, acaso como en El libro de los susurros, donde exterminio y genocidio surgen improvisados por los criminales, en convoyes, campos, y un reguero de muertos y destrucción sin saber qué hacer después con los restos, almacenados en al borde de los caminos o flotando en las márgenes de los ríos. Con ello, la muerte se hace visible, se vuelve protagonista a lo largo de la novela, con agrio sabor benefactor para el moribundo y el sufriente, con indiferencia para el asesino y con el amargor infinito para el superviviente.

El libro de los susurros es lírico, trágico y sentido en su fluida narración y en las descripciones. Lo es en el modo en que también lo son su narrador, los hechos y los personajes. El lirismo sensorial de las primeras páginas, de las comparaciones que realiza con la naturaleza, el simbolismo de muchas de las escenas –más aún todo el capítulo décimo primero- envuelven sucesos dramáticos de la historia contemporánea, de ese fatal s. XX en el que lo bueno se hizo extremadamente bueno, pero, sobre todo, lo malo parece haber llegado a un límite jamás sospechado por el hombre.

Si Cervantes escribía su Quijote simulando no ser más que un escriba, un recopilador de los legajos encontrados en un mercado, y provocando así un juego de multiplicidad de narradores, Varujan Vosganian aparece ante nosotros como narrador, no como autor. Entiéndase que el autor de lo que se cuenta no es él en modo alguno, sino los hombres. Él narra, documenta, hila los hechos: “Hay un único personaje que puede parecer imaginario porque su existencia transforma este libro en una realidad escalonada que se multiplica por sí misma, como dos espejos colocados uno frente a otro. Escribo a menudo sobre el narrador de El libro de los susurros. En mi narración, el narrador narra sobre El libro de los susurros, y en este nuevo libro narrador vuelve a aparecer el narrador narrando. Narra cosas sobre el narrador y su narración. Si se invirtiese el orden y llegásemos al último narrador, el que no tiene la debilidad de describirse a sí mismo, y viniésemos desde él hasta mí, entonces tendríamos el sueño, luego el sueño del sueño y así sucesivamente. Pero al escribir sobre el que escribe y éste a su vez está inclinado sobre el manuscrito en que existe también un personaje llamado autor y que escribo, estamos como en un descenso escalonado, como esos juguetes de madera metidos unos dentro de otros, las matrioscas que el viejo Musaian se trajo de Siberia.” Varujan Vosganian no es el creador de El libro de los susurros, sino el narrador de lo que ha escuchado narrar, o de lo que le han narrado fotografías y sellos, olores, lugares, susurros y silencios. No es, en modo alguno, el autor de una historia que empezó a narrarse antes que el libro: “Esta historia que nosotros llamamos El libro de los susurros no es mi historia. Empezó mucho antes de los tiempos de mi infancia, cuando se hablaba en susurros. Empezó incluso mucho antes de que se convirtiera en libro.” Tal y como él se describe, Varujan Vosganian es una presencia casual: “En el libro de los susurros he guardado para mí el lugar que suele tener el narrador, el de ser una presencia casual. No soy un personaje del libro e, incluso sin mí, las cosas habrían acaecido exactamente igual. La única diferencia entre los lectores del libro y yo es que yo soy su primer lector, hipóstais que, como decía, sólo es casual”.

Más que el primer lector, el primer oyente y escrutador de cuanto otros hubieron de vivir y sufrir. Es el niño que corretea, que está debajo de la mesa, que oye cantar La grulla, que observa susurrar a los mayores: “«Echad a ese chiquillo de ahí» decía alguna de las exuberantes mujeres que olían a colonia, las tías Parantem o Armenuhi. «Dejadlo», replicaba el abuelo. «Siempre habrá alguien para contar. A lo mejor resulta ser él el narrador»”. ¡A lo mejor! Profecía que se convierte en destino por cumplir: ser el juglar que haga saber la intrahistoria de todos aquellos susurros-“«¿Qué estás susurrando?», preguntaba yo. «Estoy leyendo», contestaba el abuelo Garabet. «¿Cómo que leyendo? ¿Dónde está el libro?». «No es menester.Me lo sé de memoria.» «Bien, ¿y cómo se llama ese libro? ¿Quién lo ha escrito?» «Quizá tú, algún día.» Justo lo que, mira por dónde, estoy haciendo ahora. Y precisamente lo titulo así: El libro de los susurros”-, el que descorra un telón pesado y doloroso de una obra que, lejos de ser puro teatro, comparte con éste su género trágico, la fatalidad impuesta a sus protagonistas. Varujan Vosganian es el narrador adulto que no dejó de ser el niño que escuchaba, es el niño-anciano -“«Déjalo», respondía el abuelo Garabet. «No es un niño corriente. Es un niño anciano»”-.

Por otro lado, se muestra cervantino también en su ser “historia de historias”, aunque no “novela de novelas” como lo fuera El Quijote. Son las vidas descompuestas de sus personajes-reales, escritas en sucesivas escenas, saltando de uno a otro, saltando de un tiempo a otro, como la de Minas el Ciego, la del Mago de los Mapas o el Mago de las Frutas, la historia de Misak Torlakian, la de Esek –“el burro”-, la de Yusuf o Sahag Seitanian recorriendo los círculos de un infierno peor que el dantesco, la historia del mayor y más generoso testamento de Hartin Fringhian, el General Dro y la leyenda de sus armas, la del buen señor Quedateian… por ser cervantinos hay incluso un episodio de quema de libros, real, no hecha por curas y barberos, sino como se hace en toda dictadura que siente que, entre las palabras que se escriben y las que se susurran se alberga el juicio que la condenará. Y todas ellas son esa intrahistoria entreverada de acontecimientos, tan habituales entre los hombres como incomprensibles más allá de la lógica histórica.

De alguna manera el concepto de “novela” se desvanece en nuestras manos. No es Historia, el narrador no es el autor, los protagonistas no son ficción, los hechos son reales. El libro de los susurros no es una “novela”, ni en su sentido de ficción ni en su sentido histórico-biográfico. Es, como su propio nombre indica, un libro, único, que no se lee, sino que se escucha en la voz baja de sus protagonistas, que se fragmenta en múltiples perspectivas como un espejo fragmentado, el mismo espejo que es difícil fotografiar –narrar- evitándose a uno mismo: “¿Cómo fotografiar el espejo sin verse uno mismo reflejado en él? ¿Cómo comprender el mundo situándose fuera de él?”. El gran drama es que situados dentro lo entendemos aún menos, su sentido se escurre y escapa de nuestras manos… y nos abisma. Entonces, sólo queda una solución: “El arma más terrible contra los espejos es la memoria, conque démosles memoria a los espejos”. Así lo ha hecho Varujan Vosganian al narrar El libro de los susurros.

1 “Cartea Soaptelor”, Polirom 2009; “El libro de los susurros”, Pre-Textos 2010 Trad. Joaquín Garrigós.

Héctor Martínez

Fuente: Revista de Arte y Ensayo Madrid en Marco

Página anterior · Página siguiente