16/09/2013

EL AMANTE INCONMENSURABLE

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Los hombres creen escapar de la soledad amontonándose
G. A. Appignanesi

Portada-G.A.AppignanesiDesde que el hombre es hombre, percibe cómo cuanto le rodea se le escapa de las manos de continuo, se escurre como el agua por entre sus dedos y tan sólo le quedan unas pocas gotas que en poco secarán. Puede tocar el mundo, puede convivirlo, pero no puede aprehenderlo y quedárselo para sí en todo su esplendor, puede disfrutarlo pero no llevárselo a casa sin matarlo, puede sentirlo pero no atraparlo. Y lo que siente en ese proceso que llamamos vida cuando al mundo mira es inseguridad, miedo y amenaza, porque él no lo controla, no lo domina, se le desborda en su inconmensurabilidad. Desde el fuego y la rueda, el hombre no ha hecho sino tratar de imponerse a una naturaleza de la que forma parte y de la que, a fin de cuentas, depende. Al principio, divinizando esas fuerzas incomprensibles a las que dotó de voluntad para hacerlas más accesibles al chantaje de algún sacrificio, alguna dádiva, alguna oración y alguna zalamería mística. Después, elevándose a sí mismo desde sus facultades racionales como ariete para romper el velo de malla de lo inconmensurable. Al final, ante la resistencia pasiva del universo, bastó trasladar piedra a piedra un mundo entero al reino de la abstracción, donde la inmutabilidad del concepto, el reduccionismo de la definición, garantizaba un reino de seguridad totalmente gobernable por el ser humano. El precio, muy alto, fue perder el contacto con cada cosa, con cada ser, vivir como ausentes, en una huida sin destino, vivir perdidos entre mixtificaciones de nuestro propio miedo y ciegos completamente al espectáculo de la vida. Hemos dejado de mirar, o lo que es lo mismo, hemos dejado de vivir, y nos hemos arruinado al trocar lo inconmensurable por una artificiosa virtualidad que admite nuestra cinta métrica racional. Mal negocio que tomamos, sin embargo, como ganga, sin darnos cuenta que compramos humo.

El “reduccionismo” y lo “inconmensurable” son las dos facciones en liza en el ensayo Sobre la condición de amante y la libertad. Una mirada al mirar del doctor Gustavo A. Appignanesi, un ejercicio por advertir al «burdo albañil de sombras robadas a lo inasible» de su tan inútil como miope labor de reducir lo irreductible, de medir lo que carece de medida, para construirse una torpe choza que le libere de la intemperie del mundo, un castillo de naipes que se viene abajo con cada soplo de aire. No se entienda mal, pues la cuestión no es renegar de nuestras facultades intelectivas y racionales (viniendo de un profesor y renombrado galardonado en Física-química, sería, cuando menos sospechoso), sino que «el reduccionismo es operativamente necesario, el problema es su extrapolación». Es decir, el problema consiste en entregarle el bastón de mando y someternos a sus dictados, creer (estúpidamente) que cuánto más conozco vía reducción menos ignoro, siendo más verdad para todo anhelante de saber su contraria: cuánto más conozco más se amplían los horizontes de mi ignorancia. Sería por completo imposible la ciencia si ocurriese que lo ignorado es menor que lo conocido, dicho sea de paso, pues es la ignorancia, no una enfermedad, sino el impulso inicial de toda curiosidad por el mundo, lo que los griegos llamaron “admiración” (thaumadzein) como origen de la actitud filosófica (amor al saber). La admiración como un “mirar hacia…” aquello que nos maravilla, nos sorprende, y en su acontecer ante nosotros refleja nuestra ignorancia, nos hace dudar, y provoca la pregunta, nos lleva a desearlo, amarlo. No hay “admiración” en el recinto de la reducción, en esa pobre «traducción de lo inconmensurable», sino en el original inefable. Es por ello que, como para los antiguos, para Appignanesi se hace necesaria «una mirada pletórica de humildad, de libertad, de sensibilidad. En fin, se torna ineludible el convertirse en amante» y así abandonar «la soberbia de objetivar al mundo esclavizándolo en insípidas reducciones». En otras palabras, dejar de comprimir el mundo en tablas taxonómicas inventadas y revitalizar la actitud del “descubrimiento” o desnudamiento del mundo. Cuidadoso con esta actitud primigenia, Appignanesi nos previene que no se trata de una filosofía como resultado, sino de su inmediato paso anterior, esto es, «en vivir en verdadero contacto con el mundo en libertad». Siempre será más auténtico besar que recordar el beso.

Sin embargo, más que de la fuente socrático-platónica o de la aristotélica, podemos rastrear las premisas de Appignanesi en el vitalismo, el existencialismo y la fenomenología, tan fecundos como fueron durante el s. XX, con las pretensión de “fidelidad a la tierra”, de recuperar “la experiencia de la mirada” y de “volver a las cosas mismas” (Nietzsche, Sartre y Husserl, respectivamente), pues es éste y no la Grecia clásica, el contexto de su discurso, y más aún, el enfrentamiento del fenómeno globalizador cuyo resultado está siendo opuesto a sus supuestas promesas utópicas: «Lamentablemente, la globalización, tal como se entiende hoy día, se manifiesta en realidad como una tendencia a uniformar, a masificar groseramente (a universalizar las miserias y no las virtudes del hombre) y su secuela no puede ser otra que la instauración universal del reduccionismo». Es el planteamiento de una reacción contra una sociedad tan tecnificada que nos ha acostumbrado a actuar como las propias máquinas que fabricamos, a llamar vida simplemente al conjunto de operaciones pre-programadas fundamentadas en el código del reduccionismo del que bebemos y nos alimentamos, por el que damos la espalda al mundo y vivificamos su simulacro prefabricado. En este sentido son fundamentales las tres columnas que propone el autor: humildad, libertad y sensibilidad.

La humildad nace de forma necesaria de nuestro reconocimiento de la ignorancia, de nuestro maravillarnos ante el mundo. La libertad es intrínseca a la inconmensurabilidad de ese mundo que nos maravilla en toda su ilimitada amplitud. La sensibilidad es el contacto del mirar (o admirar) esa maravilla en su propia inconmensurabilidad. Y no son tres fases de un proceso, sino una conjugación simultánea de lo que podríamos considerar auténtica e íntima experiencia del mundo, lo que Appignanesi resume en el amor y en nuestra condición radical de amantes, pues «el amante habita lo amado» tal y como nosotros habitamos el mundo. Un amor que no objetiva, que no impone, pero que tampoco subjetiva, sino que transciende la división y funde lo amante y lo amado en uno solo. Un amor, un mirar, por lo inconmensurable del mundo que saca a relucir nuestra propia inconmensurabilidad.

Lo que Appignanesi exige desde las páginas de Sobre la condición de amante y la libertad. Una mirada al mirar es la nueva relación con el mundo que nos revela como amantes. Como empezamos diciendo, el mundo cabe ser disfrutado, pero no atrapado, o en palabras del autor «Uno no comprende la inconmensurabilidad. La sospecha, la intuye, la siente», contacta con ella, y así establece una perspectiva de aprendizaje, descubrimiento, donde el “cómo” prevalece sobre el “qué”, donde cobra relieve el dinamismo de los modos de la relación sobre el estatismo de la objetivación.

Esta forma de descubrimiento, el desplegarse y la apertura, implican de inmediato una nueva pedagogía: «Puesto que todo contacto con el mundo, todo hecho humano, es por naturaleza un hecho educativo. Cada instante de nuestra vida constituye una aventura educativa (…) De allí la importancia fundamental de la educación». El ensayo torna aquí hacia el punto originario de la educación, el quid que puede propiciar en nuestra sociedad el cambio evolutivo que favorezca una actitud abierta e incondicional frente al cerramiento categorial del reduccionismo, frente al dogmatismo direccionado, una educación «que ayude a desarrollar el fundamental arte de ver (…) que los inmunice contra la indiferencia y la apatía (…) que los ayude a aprender a vivir en el aprendizaje, en el contacto, en la atención, comunicados con el mundo». Y comprendo muy bien esta declaración de Appignanesi, cuando te quedas sin respuesta ante el estudiante que pregunta qué tiene que ver lo que le enseñas con el mundo, o cuando te ves forzado como profesor a corregir una y otra vez el dogma de un libro de texto porque está absolutamente dislocado respecto de lo que ante nuestros ojos se manifiesta a diario. Más de una vez he tenido la sensación de que el aula se volvía una isla aparte, desvinculada, del mundo que, sin embargo, deja entrever por sus ventanas. Nuestro autor rechaza absolutamente toda educación que se complazca en el manejo de las meras representaciones, siempre incompletas, y olvida el algo representado, y el todo que se conforma y del que arrancó todo, y más aún, que olvide el contacto mismo con aquello. En este sentido, propone el autor la experiencia estética como alegoría del hecho educativo, cómo las categorías artísticas no pueden dar razón de la provocación de la obra de arte a nuestra sensibilidad, cómo el acercamiento al arte depende en gran medida de nuestra actitud y disposición, pertrechados de grandes palabras o, “prescindiendo” de ellas y de todo prejuicio y condicionamiento (Appignanesi parece introducir la “prescindencia” con similar valor a la “epojé” husserliana), simplemente abiertos a la experiencia estética (y, añado, desde Nietzsche, no olvidar la fuerza que hizo surgir la metáfora, ni el hecho metafórico y la imperiosa necesidad de renovar la metáfora luchando contra su anquilosamiento).

Acaso sea por lo último que el ensayo acaba decantándose hacia lo literario (ya en su ejecución tiene cierta función poética y sus fuerzas expresiva y persuasiva), dos cuentos de su puño y letra cuya construcción descansa sobre la actitud descrita en las páginas reflexivas previas, y sobre el valor mismo de la metáfora borgiana como maneras descriptivas de aproximación a esa inconmensurabilidad que nos absorbe incluso cuando no queremos.

Héctor Martínez

17/07/2013

EDICIONES MUNDI BOOK Y LA CULTURA ACTIVA

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Logo2MundiBook

Logotipo Ediciones Mundi Book

A lo largo de los últimos años he podido conocer una gran cantidad de proyectos por la cultura activa volcados en sacar a la luz un arte y una literatura desoída, enterrada, invisible dentro de un mundo de multinacionales de la comunicación. Se oye decir en entrevistas y debates lo que se ha convertido en muletilla y tópico, la crisis del arte, la crisis de la poesía, la crisis de la literatura… Y muchos nos empeñamos en negarla una y otra vez, a golpe de exposición, de publicación de libros, de recital, de cuenta cuentos, de representación teatral, de conciertos, que nos vamos cruzando por cada esquina de la ciudad. Este blog mismo vio la luz y ha crecido dando a conocer muchas de esas obras tan excelentes como desatendidas que circulan por el mundo, incluso de autores clásicos. ¿Crisis? Más bien ignorancia, falta de interés, ceguera.

Una iniciativa editorial española, de la que vengo a hablar como ejemplo, sacaría los colores a varios grandes grupos mediáticos por el carácter emprendedor, la amplitud de miras y el abanico de propuestas que saca adelante al cabo del año. Me refiero a Ediciones Mundi Book, cuya concomitancia con los objetivos de este blog le hace ganarse un hueco entre sus post.

Para empezar, Ediciones Mundi Book, desde su nacimiento no se ha conformado sólo con el territorio nacional, sino que pronto ha pegado el salto al charco y ha entrado con fuerza en Hispanoamerica. A la nómina de novelas como Baúl de serpientes de Fernando Podadera Cobo, El Gen. Las ruinas de Magerit de Covadonga González-Pola o la colección de relatos Delicias amargas de Carmen Cuarzo, hay que añadir obras como La herencia del frío, salida del precoz talento de Andrea Fischer o Puentes inconexos de Anchía Vindas, entre otros. Su vocación pareciera ser abarcar la literatura en lengua española sin límites geográficos o ideológicos, tal y como la cultura tampoco los tiene o los derriba si los encuentra. El afán cosmopolita e internacional de Ediciones Mundi Book denota ya un empuje muy difícil de encontrar a día de hoy.

Invitación Universidad Autónoma de Centro América

Invitación Universidad Autónoma de Centro América para Lanzamiento “Puentes Inconexos” de Alexander Anchía Vindas

Es de destacar el notable e innovador trabajo que las portadas de sus libros exhiben. No son, desde luego, las habituales que vemos en las librerías. Se reconocen de lejos, en sus tonalidades crema, azul, degradados o la explosión de colores tipo neón, haciendo de cada libro una experiencia única, variopinta y diferente, a la vez que bien adecuadas al contenido del texto. Sobresalientes diseños del equipo gráfico sobre obras de artistas e ilustradores con los que cuenta Mundi Book para sacar sus ediciones.

Por otro lado, la atmósfera que crean alrededor de sus libros sigue los patrones de otro concepto muy distinto al tradicional. Las presentaciones no sólo acercan el libro hasta el público lector, sino que aproximan al autor con el que la gente puede departir sin cortapisas, durante y después del evento. Es algo que he visto gusta tanto a los escritores como a los lectores, contar con ese contacto directo en encuentros tan cercanos, de carne y hueso, intercambios sin barreras que facilitan la inmediatez de las relaciones culturales y las colaboraciones. Ediciones Mundi Book ha entendido bien que entre el público asistente siempre hay un vivo bullir de creadores y promotores cuyo papel es vital para los actos que realizan, pues se fomenta la cooperación cultural, siguiendo aquel consejo «aprende a sumar y multiplicar» en lugar de restar, limitar y dividir. Es lema de la propia editorial: «El trabajo de la Editorial con cada uno de sus libros no termina hasta presentarlos al público en actos y lanzamientos de las obras en las principales salas para promocionar los títulos de nuestros autores».

Para sorpresa del que escribe, resulta fascinante encontrar dentro de Ediciones Mundi Book el Círculo Literario Mundi Book, desde donde, casi cada fin de semana, se organizan talleres literarios totalmente gratuitos y de libre acceso, con escritores invitados, sean o no de la propia Editorial —es decir, que no es marketing—, tertulias, recitales y cuenta-cuentos abiertos a todos los participantes. Si no puedes acudir, como ha sido mi caso más de una vez… ¡se emiten a través de la Red! —sí, han leído bien, en directo—.

Momento de un acto del Círculo Literario Mundi Book

Momento de un taller del Círculo Literario Mundi Book

Seré viejo en estas cosas de la tecnología y la virtualidad, pero Mundi Book no parece serlo. Al contrario, aprovecha con acierto y profesionalidad recursos como éstos y los pone a disposición de quien quiera disfrutarlo. No sería tampoco la primera vez, ni la última por lo que he sabido, que un lanzamiento de libro de Ediciones Mundi Book haya contado con invitados por videoconferencia estrechando las márgenes de este mundo nuestro con el único objeto de difundir cultura, de traer las voces de doctores y profesores de Universidades extranjeras hasta nosotros, tendiendo puentes entre continentes que la naturaleza mantiene separados. Sin ir más lejos, la reciente presentación de la obra del escritor Anchía Vindas, titulada paradójica pero muy a propósito Puentes Inconexos, contó con la presencia virtual de doctores, profesores y académicos de la Universidad Autónoma de Centro América y de público pues se emitió en abierto también para el Auditorio de esta Universidad. Puedo asegurarles que fue un lanzamiento de libro de gran magnitud y muy diferente a la charla aburrida que uno se encuentra por doquier.

Éste es otro aspecto que me llamó mucho la atención de Ediciones Mundi Book, y es que han tendido una fluida relación con Instituciones académicas como la mencionada Universidad Autónoma de Centro América, así como con la Universidad Complutense o la Universidad de Salamanca y la Comunidad de Madrid, con el objeto de desarrollar eventos culturales abiertos. Precisamente, Ediciones Mundi Book fue invitado doblemente en la edición de 2013 de la Noche de los Libros, con sendos espacios en Madrid para la presentación de sus novedades editoriales en catálogo.

Cartel Noche de Los Libros 2013

Cartel Noche de Los Libros 2013

«Mundi Book es más que un sello editorial. Creemos en la cultura activa, y por esta razón Mundi Book es también un espacio cultura que cuenta con círculos literarios y talleres, organización de lecturas públicas, conferencias y tertulias, además de apoyar y colaborar en proyectos literarios y artísticos con otras instituciones públicas y privadas», así se presentan, resumiendo mis líneas. Yo cuento mi experiencia directa tras conocerlos. Son los libros, sí, pero como he podido comprobar, hay mucho más entre bambalinas. Es indudable que hay un enorme trabajo detrás de Mundi Book, una ilusión desbordante y también un gran entusiasmo para los tiempos que corren; y ése creo yo, es el mayor valor de iniciativas como la de Ediciones Mundi Book, un espíritu del que debemos aprender para nuestros propios proyectos.

Presentación Ediciones Mundi Book en Universidad de Salamanca

Presentación Ediciones Mundi Book en Universidad de Salamanca

16/07/2013

Mundi Book: Relatos de Terror V: Roca de mi sangre, por Miguel Arcaz

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Antes de nada quisiera presentarme, sólo para aquellos que aún no me conozcan. Mi
nombre es Marcel Dupont, y ahora miradme bien. Fijaos en la oscura sombra bajo mis ojos que
denota el cansancio acumulado por dos meses sin poder visitar el reino de Morfeo.
Lo sé, muchos diréis que existen pastillas que te cierran los ojos de un plumazo, o me
recomendaréis otros remedios caseros de igual eficacia, y os agradezco humildemente vuestra
preocupación, pero debéis saber que mi insomnio es puramente voluntario.
Lo veo en vuestras caras. Os estáis preguntando por qué me niego a conciliar el sueño,
si se trata de alguna estúpida apuesta o es que simplemente soy un loco. Sí, podéis llamarme
loco si queréis, no seréis los primeros, y puede que tras relataros mi gran problema no dudéis
un solo segundo en llamar al hospital para enfermos mentales más cercano. Os comprendo
perfectamente, es…

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Mundi Book:Relatos de Terror IV: Sombras, de Daniel García Domínguez

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¿Cuánto tiempo puede llegar a pasar hasta poder luchar contra algo que temes?No sabría decirlo…Aquella noche de un domingo cualquiera, decidí simplemente, no hacer nada.

 

Encendí el televisor, escogí  “IT” un gran clásico de mi videoteca, prendí un cigarrillo y me serví un estupendo Jack Daniel’s mientras empezaba la película.La semana había sido muy larga y apenas había dormido la noche anterior, así que no sé exactamente en qué momento acabé cayendo en un profundo sueño.

 

De repente desperté de un sobresalto. Mi corazón latía a mil por hora mientras una sensación de desasosiego invadía cada rincón de mi cuerpo.Un escalofrío recorrió de abajo hacia arriba mi espina dorsal. ¿Conocéis esa sensación en la nuca? El bello, cada pelo erizándose mientras los nervios van in crescendo, la desesperación en aumento. Sabes que algo no va bien, sabes que alguien o algo te está observando, acechando.

 

Vuelves…

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Relatos de Terror III: Nada, de Carmen Flores.

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Carmen Flores lee su relato "Nada".

Empecé a notar el olor en Mayo, en esos días en que la primavera se pone graciosa y sube el termómetro hasta los 30ºC, pero no le dí mucha importancia. Tampoco mis compañeras parecían notarlo y bueno, no sé, igual soy un poco paranoica con el tema de los malos olores, tengo que reconocerlo.

De todas formas tampoco es tan extraño que un aseo viejo huela mal, ¿No?. El edificio tenía sus años, en una de las zonas más antiguas de la ciudad, y por mucho que el local comercial que ocupaba su parte baja diera el aspecto de una tienda super moderna, las que trabajábamos allí sabíamos que mucho mobiliario de diseño y muchos leds ultra modernos en la tienda y tal, pero el almacén no se habían molestado nada en acondicionarlo. Las paredes estaban desconchadas y  apenas sujetaban las estanterías metálicas. El techo se caía de goteras viejas…

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Mundi Book: Relatos de terror II: El Pasillo, por Daniel García Domínguez

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Daniel G. Domínguez, leyendo su relato en el Círculo Mundi Book

David volvía a casa tras una semana larga de trabajo. En lo único que pensaba era en volver con Laura, poder besarle, mirarle directamente a los ojos, decirle cuanto la quería, desnudarla poco a poco y hacerle el amor con tanta pasión que algún vecino se escandalizase al oírlo por el patio interior al que daba suapartamento. Su trabajo, su maldito trabajo, como él lo llamaba, le hacía pasar de vez en cuando semanas enteras fuera de su casa, viajando a otras Comunidades Autónomas. Pagaban bien al fin y al cabo, así que tenía que resignarse a esos viajes que a él le resultaban eternos…Esta vez consiguió terminar unas horas antes de lo previsto y así cambiar el billete de avión para volver a casa. Bendito puente aéreo, pensó…

Una vez en el Aeropuerto de Barajas, se limitó a buscar la máquina de ramos de flores que había visto a…

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10/05/2013

“MISIÓN 109, LA TRAGEDIA DEL LADY BE GOOD” POR HÉCTOR MARTÍNEZ SANZ

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«El desierto es en realidad un espacio sin tiempo, un lugar eterno donde las cosas perseveran en su ser menos la vida, que es tiempo; nada dentro es más viejo que el inmenso reloj de arena al que nadie da la vuelta»

“Misión 109, La Tragedia del LBG” (2013 / KINDLE 2015), escrita por el madrileño Héctor Martínez Sanz, es desde una perspectiva amplia, un tratado sobre el hombre, perdido, desorientado, vital y moralmente, frente a la cara más severa de la naturaleza, el desierto, y sus creencias más íntimas, la religión. La historia es real, y sobre ella, el novelista ha superpuesto un análisis filosófico extremo.

El bombardero Lady Be Good desapareció en 1943, mientras realizaba la Misión 109, un ataque al puerto de Nápoles desde las bases del Norte de África. Se dio por desaparecida y por muerta en combate a su tripulación sin haber hallado ningún rastro de ellos o del avión. No se volvió a saber nada hasta que, por casualidad, geólogos británicos dieron con la aguja en el vasto pajar del desierto. Aunque tarde, se iniciaron nuevas labores de búsqueda e investigación sobre lo sucedido, revelando una trágica historia que hubo de conmover al mundo entero.

El tiempo es un elemento fundamental en “Misión 109”, estructuralmente pensado como desde el punto de vista del argumento. El autor simultanea la semana de los tripulantes en el desierto, descrita día a día de mañana a noche, con los años del hallazgo e investigación. Contrasta el lento sucederse de la semana con la rapidez con que pasan los meses y años entre 1958 y 1960. Primeramente intercalados en capítulos como épocas diferentes, ambos tiempos convergen en un único punto atemporal, como si el transcurrir se detuviese. El pasado dialoga con su futuro a través de los diarios de la tripulación, los restos del Lady Be Good y los objetos que inertes han quedado a la espera de otros hombres como cápsulas del tiempo.

Por su parte, el espacio es único: el desierto. Aprovecha en este aspecto el novelista toda la carga psicológica, simbólica y mística que un lugar así ofrece. Desde la Biblia hasta la literatura, la novela va extrayendo el valor alegórico del inhóspito lugar como escenario de la lucha vital y esfera de la conciencia existencial, y a través del cual nos introducimos en las interioridades de los personajes, donde realmente se desarrolla toda acción. Es habitual oír decir que el desierto invita a mirarse a uno mismo. Además, es el desierto la puerta de entrada del demonio, príncipe del de ese lugar, su reino. También aquí desarrolla el autor una simetría convergente, una paulatina identificación entre el Sáhara y la tripulación por medio de los singulares “Hombres de Arena”—que toma desde la versión de E.T.A. Hoffman— cuya presencia se advierte desde el comienzo y es anunciadora del conocido final.

De esta manera, la dimensión espacio-temporal cobra un significado menos terrenal y se convierte en un medio de elevar la historia al nivel de tragedia en su sentido griego, sin sustraer ni jugar con el lector acerca de la conclusión.

Entre los personajes, destacan sobre todo dos: el Teniente William J. Hatton y el Capitán Myron C. Fuller. El primero parece ser el centro de los acontecimientos: su inicial frustración por no entrar en guerra, su resolución y disciplina movida por cierto complejo frente a su co-piloto, al que considera más capaz de capitanear el avión, la carga de responsabilidad sobre sus hombres, su esposa y su familia, que se echa a las espaldas ante el trágico destino que les acecha en el desierto…, Hatton es la cara existencial. Fuller, evoluciona como conciencia, como el hombre que recibe y transmite la advertencia, desde una primera actitud de rutina frente a la investigación hasta una absoluta inmersión en el padecimiento de la tripulación.

Más allá de los dos mencionados, hay que subrayar las presencias divina y diabólica como fuerzas enfrentadas que superan al hombre, y cuya acción, tan enigmática como calculada, es definitiva para el desenlace. La continua labor del demonio a lo largo de la historia se contrarresta con una única aparición de la palabra de Dios como salvación. No obstante, percibimos que el autor toma distancia respecto de la acción salvadora, aislándola del argumento.

El narrador omnisciente, el llamado “ojo de Dios” en la literatura, encaja en una novela en la que lo humano y lo divino guardan una estrecha relación. Desde él se interconectan los apartes reflexivos, las descripciones psicológicas, la simultaneidad de sucesos, las descripciones líricas, observando desde lo alto los hechos y padecimientos. Sin embargo, este “ojo de Dios” se nos descubre en una sorpresa final como narrador en primera persona que justifica la existencia de la novela misma. El giro inesperado e inteligente anuda todo el relato con el presente más inmediato del propio escritor con apenas el uso de un único pronombre.

Consigue Héctor Martínez transmitir la angustia y desesperación de los tripulantes ante su fatídica circunstancia e hilvana con una intuición muy clarividente los breves apuntes de los diarios, únicos testigos de lo vivido, con la imaginación de esos últimos momentos. También es de destacar cómo transforma el papel de los medios de comunicación de la época en una suerte de novela por entregas para los ciudadanos y cómo intersecta hechos paralelos en el tiempo al margen del argumento principal, cuya función es envolver un minúsculo punto en el desierto y acentuar el drama por todo el planeta. Además, también llamará nuestra atención el aspecto metaliterario que entrecruza la obra, mediada por referencias a la biografía y obra de Saint-Exupéry, o el citado E.T.A. Hoffman, entre otros.

Acompaña a la obra un “Archivo fotográfico” por el que el lector se enfrentará tras la lectura a la realidad de lo narrado y podrá poner rostro y forma, lo cual es un magnífico colofón que impacta al público superando la mera verosimilitud, y un generoso homenaje a los verdaderos protagonistas de la historia.

“Misión 109, La Tragedia del LBG” es, en suma, una excelente opción para el lector con inquietudes, como para aquél que disfrute de la construcción y técnica literarias. Una novela fascinante sobre el hombre y su condición, con la que el autor rinde respetos a sendos aniversarios de El Principito de Saint-Exupéry y  los nueve hombres del Lady Be Good.

07/12/2011

Ion Vianu y el dr. Vasiliu

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Según iba leyendo Vasilíu, hojas sueltas me venía a la memoria aquella intención valleinclanesca del esperpento. Nuestro Valle escribía, o hacía decir a su inmortal personaje Max Estrella, en la archiconocida escena XII de “Luces de bohemia”:

Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada (…) España es una deformación grotesca de la civilización europea. (…)Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas. (…) deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

De alguna manera, me parecía a mí que todo el psiquiátrico de Rastoaca Melcilor, con su médico Vasiliú a la cabeza, se había trasladado también al callejón del gato para traducir la realidad con esa matemática perfecta del espejo cóncavo.

 La deformación continua de ideas, mentes, almas, cuerpos, gestos, la mezcla del humor y lo grotesco, lo banal y lo metafísico, el orden en el desorden… héroes clásicos enfrentados a la tragedia, al destino inevitable que aguarda línea tras línea, y que, sin embargo, parecen no querer impedir… un micro-cosmos saturado de irracionalidad que se enmascara con el disfraz de lo racional. Una novela donde el hado se encuentra asumido fuera y dentro de los personajes.
 
Un mundo entero reproducido a escala donde nadie parece sentir que encaja, pero donde existen nudos, hilos, asociaciones, grupos de muy diferentes individuos. Sus encuentros son ocasiones y determinados por las circunstancias. Los dos únicos solitarios a pesar del contacto, los dos únicos que pasan por la novela acompañándose a sí mismos y sumergidos en sus propios monólogos, y cuyo encuentro pasa a ser esencial, son los protagonistas: Vasilíu, el médico estalinista que guarda y oculta el retrato del Ser Superior en un cajón, denostado por los propios miembros del partido por las contradicciones con que ensalza al mismo Stalin, rechazado por sus pacientes, poco apoyado por sus colegas del psiquiátrico, poco agraciado y con paso arrastrado; y Labán, el paciente más enfrentado al doctor, que es el centro de las conspiraciones sin acercarse nunca al grupo conspirador del cercado, que en la distancia sabe tanto cuanto hay, núcleo auténtico de Rastoaca Melcilor a pesar de su aislamiento del resto. Ambos se mueven en un mundo de recelos, de envidias, de enfrentamientos, ambos se desafían, se retan, se responden como antagonistas que pierden el sentido sin el otro. Los dos, al igual que la gran mayoría de personajes, tocan en tensiones sexuales con las que, ya no sólo Freud –o Jung-, sino Vianu, hace los malabarismos literarios sobre la red de la psiquiatría y la psicoanalítica. Uno, el doctor Vasilíu, sustituyendo el vacío interior con “sistemáticas” de la locura –obra incompleta que siempre escribe- o poesía –última salida, única forma de rellenar el alma-; otro, Labán, el loco-cuerdo, pleno, satisfecho, capaz de anular el efecto de la presencia del doctor e impulso de toda resistencia.
 
La presentación de este mundo es bien sencilla: Dan Naidin busca información acerca de su padre, Labán. A través de este personaje-narrador, y testigo al mismo tiempo, descubrimos el perfil y figura de Vasilíu, quien, aunque converse con Naidin, en realidad parece monologar en solitario. Nos enteramos de su pasado, su traumatizada infancia, su historia. Pero Naidin se entrevista con otros y termina de dibujar el retrato del médico-loco. Serán los papeles, las hojas sueltas de Vasilíu donde Naidin encuentre, en el contra-reflejo de la prosa de Vasilíu, el reflejo de su padre Labán, la otra historia, la otra cara de la luna en la novela.
 
Reducir la obra a la dialéctica agresiva entre la revolución y la nostalgia de lo que se abandona, esto es, a la cuerda rota por ambos extremos ideológicos hasta la disolución del sistema conocido, no es posible. El esfuerzo que ha puesto Vianu en cada uno de los personajes-grotescos encerrados en el psiquiátrico-mundo, el relato de sus historias particulares dentro de la particular historia de Rastoaca Melcilor, no queda simplemente en una lucha de contrarios o una irónica “lucha de clases”. Al propio Vasilú se le censura:
 
¿Es usted judío? Como siempre anda con el materialismo y la dialéctica.
 
Más bien se centra en la paradoja continua y en los anhelos perennes de los hombres, cuerdos o locos, presos políticos o criminales, en sus facetas, en sus universos personales, como si nos invitaran a una exposición de retratos de los diferentes tipos humanos. Tipos humanos derrumbados, el que más y el que menos, en una sórdida descomposición en busca de vías de escape de la miseria, una autodestrucción latente que se evidencia cuanto más decae el propio sistema en el que se encuentran, del que forman parte, y que se autodestruye igualmente.
 
Segunda parte de la trilogía El archivo de la traición y de la cólera, que ya cuenta con Los cuadernos de Ozias como la primera parte, Vasilíu, hojas sueltas, es una obra de indudable referencia en el panorama literario.
 
Héctor Martínez
 

06/12/2011

“La mentira zurda. Cuentos de Joseph Landowski”, de Antonio Guerrero

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La relación que tuvo Joseph Landowski con su editor supuso un acontecimiento trascendental para ambos. El manuscrito que le dejó sobre la mesa estaba impregnado de los seres extraños que habían pasado por su vida. Todos vivían en una realidad reinventada. La vida como autorrelato creado para el prójimo era la práctica inconsciente de quienes habitaban en los cuentos. Y en todos ellos se repetía la misma palabra: zurdo/a ¿Por qué? Al final de la lectura, el editor tuvo que forjar en su mente una teoría sobre el autor: tal vez aquel hombre le estaba engañando y lo citó.

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“Historias pequeñas”, de Héctor Gomis

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El relato corto o “historia pequeña” tiene una larga tradición en nuestra literatura, aunque hoy se mire con cierto desdeño como un género marginal. Al contrario, es un género en toda regla y, más aún, es un género iniciático para muchos autores o un género culmen para otros. Desde los cuentos orientales del Medioevo, pasando por las novelas ejemplares de Cervantes, las fábulas, Clarín o Borges, la literatura está bien nutrida de “historias pequeñas”.

Y es precisamente éste el título del reciente libro de Héctor Gomis (Alicante, 1975), “Historias pequeñas” dentro de la colección “¿Y si fuese cierto…?” de la Editorial Ven y te lo cuento con sede en Barcelona. El libro fue presentado en el Forum Fnac Alicante en febrero y en la librería Bertrand de Barcelona en noviembre del año pasado.

Para que entendamos a qué nos enfrentamos, sería bueno atender el siguiente fragmento de Phillip K. Dick sobre la naturaleza de la novela y el relato corto:

La diferencia entre un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del criminal, y los hechos derivan de una estructura psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá descrito previamente. Por consiguiente, la diferencia entre un relato corto y una novela no es muy grande (…) En un relato, se conoce a los protagonistas por sus actos; en una novela sucede al revés.

Efectivamente, en las “Historias pequeñas” de Héctor Gomis conocemos a los protagonistas por sus actos, incluido el criminal. Son historias de actos, de sucesos, inspirados en la vida cotidiana, y elaborados en la imaginación del autor. Acaso la razón de ser de los mismos pueda fundarse en las siguientes líneas del relato “El trato”:

Hoy, en este instante, puedes darle un zarpazo a la vida y arrancarle todos sus tesoros de un golpe, de una vez para siempre. ¿Crees que es mucho lo que te pido? Puede que sí, ¿pero acaso no es a su vez enorme la recompensa?

Héctor Gomis asesta el zarpazo a la rutinaria vida y en sus manos aparecen entremezclados tesoros en forma de episodios de una máxima ternura con otros de máxima tensión y crudeza. Abierto por un efecto mariposa con “Un jarrón verde”, que me recordaba los tebeos del 13 Rue del Percebe de Ibáñez, seguido por la planificación racional de un genocidio a escala mundial en “El problema”, coincidencias criminales en “El último asalto” o en “El Zippo” e historias más sentimentales al modo de “La primera vez” y ”A veces las cosas pueden ser como uno quisiera que sean”. Asistimos a la combinación de microrrelatos como “Maria Graciela” –madre de la niña que quería ser un pulpo- y relatos de mayor extensión como “La cabeza”, en el que Gomis muestra gran versatilidad en la psicología de los personajes y el humor e intriga de la trama, y probablemente uno de los relatos más significativos junto a “A veces las cosas pueden ser como uno quisiera que sean”, aunque se trate de relatos de muy distinta índole y registro. Acaso, el texto más impactante sea “Cien golpes en la espalda”, historia en la que late un fondo freudiano en la pugna eros-thanatos –como en “La cabeza”-, cuya escalada secuenciada temporalmente desde la compasión al deseo la violencia y a la muerte se plasma de forma sintética y convincente, lógica.

De Un cuento a la semana –blog del que emanan las historias de Gomis- a veintitrés historias en un libro, fundiendo la publicación en línea con la publicación en papel, Héctor Gomis fotografía las pasiones y emociones humanas hasta grados que jamás creeríamos pero que, en sus letras, nos retratan irónicamente.

Sin duda, un acierto de Tucho Balado y la Editorial Ven y te lo cuento el haber alistado en sus filas a Héctor Gomis y contar en su catálogo con estas “Historias pequeñas”.

Héctor Martínez

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Web Oficial del libro Historias pequeñas de Héctor Gomis

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