28/12/2009

GIORGIO COLLI: FILOSOFÍA COMO LITERATURA (III/FIN PARTE)

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El filósofo está degradado frente a la Sabio, la filosofía frente a la Sabiduría. La posterior perversión de la dialéctica en literatura supone la separación total del filósofo de la experiencia viviente, la cual se ve magníficamente sustituida por la experiencia libresca. Ahí busca el filósofo reenganchar con una tradición sobre la que poder elevarse como punto culminante, máximo. Y si no la encuentra, se la inventa.

Tras los tapices raídos y los espejos vetustos de la sutileza, los males de la filosofía no tienen remedio. (…) se trata únicamente de llamar la atención sobre un lazareto contaminado de horribles morbos, donde ya es imposible practicar curas, sólo queda evacuarlo y quemarlo. (…) ¿Cuál es el destino de un filósofo hoy, como ayer, como hace muchos siglos? (…) tiene que renunciar a la experiencia viviente (…); acepta una “moral provisional”, vive de oídas, cree que la vida es lo que está escrito en los libros. (…) Pero el filósofo es arrogante, y si a través de los libros que lee no descubre una tradición (…), pues se inventa una.

El nacimiento de la filosofía

La originalidad, la polémica sofística son los tesoros del filósofo al construir su sistema. Ignora la historia aunque dice venerarla, porque no quiere ser visto como otra cosa que el único, buscando su propia diferencia y distinción respecto de todo lo demás.

Fuera de su círculo canónico, no se preocupa en absoluto de comprender a los demás, próximos o lejanos; por otra parte, no es agradecido hacia sus llamados predecesores, como tampoco se preocupará, una vez afirmado, de hallar discípulos que le comprendan. Se arroja con gran placer en las polémicas más mezquinas, combatiendo las palabras de los demás, que en cambio no las habían entendido como él. (…) Precisamente los que se esfuerzan por encima de todo en empezar desde el principio, y en no tener nada en común con los demás filósofos, o al menos en procurar que lo parezca, son los que proclaman la veneración de la historia. (…) El desorden racional es completo: los que construyen sistemas filosóficos no se preocupan en establecer los cimientos.

El nacimiento de la filosofía

La principal aliada en formar la mediocridad del sistematismo filosófico es la razón. Con ella, y con la palabra escrita en los libros es posible obrar el milagro de congelar el ritmo de la realidad y reconstruirla de página en página aprovechando el recurso racional de la necesidad causal que establecemos entre los objetos de la realidad. Nada más paradójico entonces que estar ante una falsa creación que se toma por verdad, construida por aquellos que más desprecian la realidad al sentirse impotentes ante ella y su movimiento. Los filósofos sistemáticos y más amantes del concepto que de la sabiduría emplean la razón, no para comprender, sino para alzarse sobre su descripción sólida de la realidad.

La razón es una tendencia plástica que tiende a inmovilizar la realidad, a detenerla, a construir algo sólido e inmutable, a modelar y configurar lo magmático.

El nacimiento de la filosofía

Para Giorgio Colli es imprescindible la expulsión de la necesidad causal, a la que llega a calificar de espectro, buitre y sanguijuela, y en la que encuentra una fuerte oposición al hecho mismo de la vida. Es en la Necesidad donde los filósofos se han extraviado. Primero es la detención de la realidad, su inmovilización, por medio del Universal. Después, la detención del Universal por medio de la palabra. Por último, Universal y Palabra se convierten en los objetos propios de la Necesidad con la se constriñe absolutamente todo.

Es lo necesario lo que restringe a los universales, los traba entre sí, y las palabras se unen en el discurso bajo la disciplina de la necesidad: éste es el esclarecimiento abstracto y expresivo de la violencia que reside en lo inmediato. Lo necesario unido a sus objetos, los universales y las palabras, es el “logos”, el discurso y la razón, la constricción en carne y hueso.

Filosofía de la expresión

Lo que surge de la necesidad causal es el esfuerzo por unir la expresión lingüística de los Universales, las Palabras, y conformar discursos, construcciones, sistemas. No existe un verdadero intento de recuperar la inmediatez, lo oculto e inefable del contacto. El filósofo ha desembocado en la mediocridad sistemática, que sólo busca los vínculos y las leyes que le permitan ir enlazando las abstracciones creadas, las expresiones de otras expresiones, frente a un “sabio” –en el sentido platónico antes visto- como Heráclito:

Heráclito ha descarnado y afinado él solo sus universales: la ley de sus vínculos no le interesa, no forma parte de su “logos”. La demostración no forma parte de él, su “discurso” está hecho de relámpagos, que no precisan ser relacionados. Su intento es recuperar la inmediatez (…) Él se aleja tanto como puede de la inmediatez, volviéndose hacia el extremo opuesto, hacia las abstracciones más desnudas, y por medio de ellas, anudadas entre sí por un juego expresivo oracular, recupera de un salto la profundidad de la que había partido. Su “discurso” adopta por tanto la forma de los enigmas.

Filosofía de la expresión

Heráclito ignora la Necesidad. Y la filosofía debería expulsarla también. Tal expulsión es todavía una esperanza siempre y cuando se pueda terminar definitivamente con la pretensión ingenua e ilustrada de una razón todopoderosa, capaz de explicar cuanto acontece y sucede a través de la necesidad. Es el error del filósofo, es su miseria, persistir atado y encadenado a las sutilezas racionales de la causalidad, a su mágico y falso poder especulativo con el que interconecta la totalidad de la forma arbitraria que vimos antes, interrumpiendo el flujo mismo de la vida.

Expulsar de nuestro cielo las nubes de la necesidad: ésta es una esperanza que perdura. La fe en la realidad del tiempo, en la supremacía de la razón, ha devastado nuestra vida, pero tiempo y razón tienen una matriz común: la necesidad. (…) La necesidad no puede dominar impunemente; su triunfo, caso de ser posible, sofocaría la propia vida.

Después de Nietzsche

Cuando el encadenamiento causal provocado por la Necesidad llega a la escritura, a la arbitrariedad sistemática y escrita, la falsificación que supone, da el paso culminante hacia la falsificación literaria. Recogiendo el sentido platónico que vimos al comienzo:

La literatura, a través del instrumento de la palabra escrita, es la ficción de decir algo a alguien que no escucha, que no existe. Todo el mundo de los libros se resiente de esta mentira. El texto de un filósofo no puede contener la verdad: el filósofo finge únicamente decirla, pero ni una sola vez resuena, ni un solo oído oye, ni una sola mirada recibe la vida.

Después de Nietzsche

En el infructuoso intento por atrapar lo inmediato, esto es, lo efímero, por tratar de mantener un “contacto” con la realidad que “ama ocultarse” y, por ello mismo, que se vuelve sólo expresable por medio del enigma, la palabra se muestra como algo absolutamente impropio. Pero, aún más impropio resulta la palabra escrita como red de pescador que haga duradero lo efímero e inmediato del contacto inefable. La palabra escrita por medio de la cual surge la literatura filosófica no trae nuevas dimensiones al mero sonido de la palabra hablada del orador, o de la anterior disputa dialéctica. Pasa de mero recurso mnemotécnico de los retóricos a ser herramienta del logos, expresión lingüística gráfica del mismo, un sustituto, sucedáneo defectuoso de aquél. Paso del sonido a la escritura sin que surja una mejora, un salto cualitativo, sino una continuación de la degradación del logos. Un último paso en toda esta decadencia consistirá en ver como el propio logos es eliminado en la tradición literaria creada: la inmersión total en la ficción dramática. Dicho de otro modo, la filosofía como literatura no puede pretender la verdad si se fundamenta sobre la ficción. La miseria del filósofo metamorfosea en la miseria del homo scribens, declaración fatal para la filosofía, aunque puerta abierta para el retorno a la época de los “Sophos”.

Mientras para el arte, que es igualmente mentira, no comporta ningún perjuicio, para la filosofía en cambio este conocimiento es devastador. (…) lo que estaba en lugar de la filosofía, antes de que intervinieran la retórica y la literatura, no era mentirosa. Pero la filosofía es escritura, y toda escritura es falsificación. (…) La filosofía está desenmascarada para siempre, y el arma más terrible, la indiferencia, se alzará contra los falsarios que se aventuren a proseguirla. Pero la muerte de la filosofía, precisamente en cuanto se hace evidente su naturaleza mendaz y la causa de dicha naturaleza, deja el camino abierto a la sabiduría.

Después de Nietzsche

Héctor Martínez

21/12/2009

GIORGIO COLLI: FILOSOFÍA COMO LITERATURA (II PARTE)

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G. Colli

Al comienzo, Giorgio Colli se preguntaba cómo era posible que hubiera sucedido tal degradación de la dialéctica. Ahora ya sabemos a qué se refería: al fracaso del logos, de la razón, convertida en el sistematismo falto de seriedad, en escritura y literatura, que supone arbitrariedad y tiranía. Sin embargo, Giorgio Colli no sanciona en general el logos. Entiende que se trata de una desviación teorética, de una mala elección del camino del conocimiento. ¿Cómo sucede esta desviación?

Giorgio Colli nos habla de la Grecia arcaica, la de los sabios, como aquélla en la que el conocimiento era cuestión de vida o muerte. Delfos y el Oráculo, la Esfinge de Tebas, son ejemplos de cómo la expresión exacta de un obstáculo era el “enigma” y cómo su enfrentamiento puede llegar a ser tema mortal. Colli encuentra en ello la carga de crueldad y hostilidad propia de los dioses griegos, y en especial de Apolo. El conocimiento, en cierta manera, a través del enigma se ve impulsado por el reto divino a resolverlo. Igualmente, el conocimiento al acudir a consultar al Oráculo nunca es claro, sino expresado en mensajes herméticos y oscuros que exigen de una interpretación y un esfuerzo nada comunes.

La dialéctica nace en el terreno del agonismo. Cuando el fondo religioso se ha alejado y el impulso cognoscitivo ya no necesita el estímulo de un desafío del dios, cuando una porfía entre hombres ya no requiere que estos sean adivinos, entonces hace su aparición un agonismo exclusivamente humano. Un hombre desafía a otro hombre a que le responda con relación a un contenido cognoscitivo cualquiera: discutiendo sobre esa respuesta se verá cuál de los dos hombres posee un conocimiento más fuerte.

El nacimiento de la filosofía

Eliminada la interferencia de los dioses, de los que Platón aseguraba que no filosofan porque son sabios, el único ante el que un hombre puede medir sus fuerzas cognoscitivas es otro hombre. Aquí la dialéctica, el diálogo oral o arte de discutir, instaura el ejercicio del logos como razón general que sigue los principios de la lógica deductiva. Ahora bien, aunque en un combate dialéctico, el interrogado no se juega la vida como lo haría ante el enigma del dios, enigma y dialéctica guardan una estrecha relación de forma y contenido. Por un lado, Colli muestra que el mismo término “problema” sirvió para designar el enigma y, posteriormente, la formulación de una investigación en la dialéctica, es decir, la proposición de una interrogación. Por otro, la enunciación del antiguo enigma portaba en su seno la contradicción, tal y como la pregunta dialéctica inicial ofrece los dos extremos de una contradicción. En un tercer aspecto, aunque en la lucha dialéctica el interrogado tiene la opción de elegir su tesis e incluso defenderla respondiendo al interrogador, frente al enigma que era cuestión de resolverlo o callar –vida- y fallar –muerte-, en ambos casos el interrogado tiene pocas posibilidades de éxito.

El interrogante, que representa la parte del dios, de Apolo burlón y maligno, dirigiendo la discusión, no hace más que retrasar y posponer la victoria (…) La dialéctica es un rito: al final quien responde sucumbe, está destinado a sucumbir, como una víctima.

Después de Nietzsche

El objetivo del interrogador no es sino refutar la tesis que elija el interrogado en la pregunta inicial, sea cual sea de las dos opciones contradictorias. Sólo podrá resultar vencedor el interrogado por defecto mismo del interrogador, por error y falta de pericia dialéctica. En otras palabras, esta dialéctica griega no se usaba para construir un conocimiento, sino para destruir cualquier tesis. Por último, si bien es cierto que enfrentando el enigma se ponía la vida en juego y que la batalla dialéctica no es tan trágicamente decisiva, sí es de señalar que la derrota dentro de una discusión, por lo general con un público escogido, humillaba al vencido de forma insufrible.

Con esta descripción, Giorgio Colli logra dos objetivos: interconectar la era de los sabios, mística y religiosa, caracterizada por el enigma, con la dialéctica, desmontando el tópico filosófico que las opone y sucede una a otra bruscamente; y el segundo objetivo, resaltar el carácter destructivo de una razón configurada por la dialéctica. Ni es cierto que la era del logos dialéctico se contrapone a la época arcaica del mythos y la tragedia, sino, en todo caso, descendiente del antiguo enigma, ni puede mirarse a la dialéctica griega como un sistema de universales que configuran y construyen el conocimiento. En cuanto a ese “paso del mythos al logos” Aristóteles mismo nos retrotrae hasta Zenón de Elea como inventor del método dialéctico, de donde Colli desprende la posibilidad de aceptar a Parménides como primer dialéctico en tanto que maestro de aquél, o incluso trasladar el origen más atrás en el tiempo. De este modo, mythos y logos, enigma y dialéctica, abismo e investigación habrían convivido entre los sabios. Y, bien mirado, aunque la lucha dialéctica animara la elevación abstracta de los universales y se rigiera por la lógica deductiva, no es posible asimilarla al ejercicio dialéctico moderno de los grandes sistemas filosóficos. La dialéctica griega no creaba un conocimiento y un cuerpo doctrinal, sino que era la simple lid de la razón humana en movimiento, viva en la discusión.

Las consecuencias de este mecanismo son devastadoras. Cualquier juicio, en cuya verdad crea el hombre, puede refutarse. (…) toda la dialéctica considera indiscutible el principio de tercero excluso (…) Tal imposibilidad significa que ni una ni otra proposición indican algo real, ni siquiera un objeto pensable. Y, dado que ningún juicio y ningún objeto escapan a la esfera dialéctica, de ello se sigue que cualquier doctrina, cualquier proposición científica, perteneciente a una ciencia pura o una ciencia experimental, estará igualmente expuesta a la destrucción.

El nacimiento de la filosofía

También leemos en Filosofía de la expresión:

Un fenómeno este multiforme y prolongado de ejercitación con los universales, las palabras, los discursos, las objeciones, las argumentaciones, hasta la nivelación de posiciones –mediante el enfrentamiento vio de hombres que discuten-, la sublimación de las categorías, el aniquilamiento, en la disputa, de todo tipo de tesis y pruebas, mediante un paso de la constricción a al dominación –todo esto ha sido hecho en Grecia y ha recibido el nombre de dialéctica.

Según Giorgio Colli, Parménides y Zenón de Elea son los últimos dialécticos sabios ante la aparición del último sabio, ya no dialéctico, sino retórico: Gorgias. Parménides obligaba a seguir la senda del ser y prohibía la entrada al reino del no-ser; Zenón de Elea, discípulo desobediente, transitó ese otro reino mostrando la ilusión y apariencia del mundo que ven los hombres, su mero reflejo del mundo de los dioses. Todavía la dialéctica era trasunto de elegidos, de grupos reducidos, y del discurrir dialógico y conversacional. Abandonado el logos que expresaba el impulso religioso, pasó a entenderse el logos como el discurso autónomo e independiente, destructivo, que nada real señalaba. Con Gorgias, el salto a la plaza pública, la supresión del diálogo por el par orador-público y la introducción del factor de la persuasión, que hace indispensable el voto y la aclamación de la concurrencia que escucha, terminan por darle la vuelta al logos. Compradas, dialéctica y retórica:

La retórica es también un fenómeno esencialmente oral, si bien en ella ya no hay una colectividad que discute, sino uno solo que se adelanta a hablar, mientras que los otros escuchan. La retórica es igualmente agonística, pero de forma más indirecta (…) en el discurso retórico el orador lucha para subyugar a la masa de sus oyentes. (…) En la dialéctica se luchaba por la sabiduría; en la retórica se lucha por una sabiduría dirigida al poder. (…) el contenido de la dialéctica, que en su período más refinado se había volatilizado gradualmente hasta las categorías más abstractas (…) ahora con la retórica regresa a la esfera individual, corpórea, de las pasiones humanas, de los intereses políticos.

El nacimiento de la filosofía

La retórica desvirtúa lo esencial de la dialéctica: nos devuelve a lo particular e individual, al cuerpo y la materia sensible, invirtiendo las elevaciones de universales anteriores a descensos aproximativos que ejerzan el poder persuasivo sobre el público. Aquí ya no hay verdad y se radicaliza la inefabilidad, incognoscibilidad y la inexistencia de todo lo real y de todo lo divino. Si en la dialéctica se podía destruir la tesis elegida de dos contrapuestas, en la retórica, aunque se pueda, ni siquiera es necesario: no hace falta vencer al adversario en combate directo, sino convencer al público que media en la lucha con la lógica deductiva, aunque las más de las veces sea por la persuasión. Como sostiene Giorgio Colli, el nacimiento de la retórica no acontece sino con la vulgarización del lenguaje dialéctico.

Ahora bien, hay un hecho sobre el que especialmente quiere Colli que nos fijemos: la escritura, precisamente, asociada al fenómeno retórico. Sobre todo en la retórica, la escritura se convierte en una gran aliada, aunque mantiene su rango de herramienta, de útil, pues el discurso sigue siendo oral. Aún no tiene el sentido literario que le atribuirá Platón. La escritura sirve como medio mnemotécnico para el retórico, de entrenamiento: se escribe el discurso y se aprende de memoria evitando cualquier lugar a la improvisación.

Por regla general es un simple medio mnemotécnico, sin que le afecte una consideración intrínseca. Eso es aplicable también a la retórica, que hasta podría parecer ligada a la escritura desde el principio. (…) Los oradores escribían sus discursos y después los aprendían de memoria, una vez que los habían transformado en expresión plástica. (…) no podía confiarse en la improvisación, si se quería alcanzar la excelencia del arte y se deseaba predisponer del modo más eficaz a la excitación de la emoción del público.

El nacimiento de la filosofía

¿Qué impide que esta herramienta mnemotécnica cobre más valor y autonomía y termine por sustituir a la oralidad? Nada en absoluto. Es más, la unión de escritura y retórica, a pesar de ser una unión incidental, resulta crucial para el nacimiento del género literario de la filosofía. Con ello, hemos trazado el camino desde el viejo enigma cruel y mortal de la Esfinge, pasando por la dialéctica y la retórica, hasta la literatura filosófica.

La “filosofía” surge de una disposición retórica acompañada de un adiestramiento dialéctico, de un estímulo agonístico incierto sobre la dirección que tomar, de la primera aparición de una fractura interior en el hombre de pensamiento, en que se insinúa la ambición veleidosa al poder mundano, y, por último, de un talento artístico de alto nivel, que se descarga desviándose, tumultuoso y arrogante, hacia la invención de un nuevo género literario.

El nacimiento de la filosofía

¿Cuál es el talento artístico del pensador moderno, del filósofo que escribe? La dramaturgia: debe ser capaz de recrear sobre el papel el escenario y acciones propias de la dialéctica sacándolo todo de la imaginación. Es comprensible que Colli piense más en el teatro al estar éste constituido, como la dialéctica-retórica, por gesto y diálogo casi en exclusividad. De este modo:

Dado que carece de interlocutores, deberá construírselos. Le es indispensable, pues, poseer también cierto talento artístico, ser un creador dramático, capaz de inventarse los personajes que le puedan rebatir, y un autor auténtico, capaz de ensimismarse en las voces que le contradigan.

Después de Nietzsche

Héctor Martínez

16/12/2009

GIORGIO COLLI: FILOSOFÍA COMO LITERATURA (I PARTE)

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G. Colli

Hay autores y pensadores que pasan totalmente desapercibidos a su época, o tan sólo se considera su labor más académica. Estos nombres tienen suerte si, en tiempos posteriores, se les recupera en las facetas que, anteriormente, se juzgaron anecdóticas. Es el caso de Giorgio Colli. Además de la heterodoxia que reflejan sus trabajos más académicos (traducciones, ediciones, cursos…), por los que se reconoce el nombre de Giorgio Colli, existen tres obras más que últimamente están siendo recuperadas y son centro de atención para la filosofía contemporánea: Filosofía de la expresión (Milán, Adelphi 1969), Después de Nietzsche (Milán, Adelphi 1974) y El nacimiento de la filosofía (Milán, Adelphi 1975). Las tres obras mencionadas son escritos en los que Colli usa la interpretación heterodoxa como telón de fondo para una exposición de su pensamiento: partir de Nietzsche y su evaluación del moderno Occidente y la Grecia antigua, aproximarse a las fuentes griegas y trazar la línea divisoria que establece Platón entre la “Sophia” y el “Philo-Sophos” a través de la discusión del logos transformado en lenguaje y literatura. Podrá resultar curioso y paradójico que Después de Nietzsche nos retrotraiga hacia el “antes”, pero es perfectamente comprensible cuando observamos que la decadencia descrita por Nietzsche y asumida en gran parte por la filosofía del s. XX, es clave para la renuncia de la modernidad, sus valores y concepciones, y para establecer la posibilidad de reactualizar el punto de origen desde el cual se inició la degradación racional de Occidente.

Prácticamente al comienzo de Después de Nietzsche, Colli lanza la sugerencia principal que guía el libro y su propio pensamiento:

Echar abajo las pretensiones sistemáticas y optimistas de la razón, acabar con la soberbia de la ciencia: de acuerdo –y por este camino podríamos dejar pequeño a Nietzsche- pero no es más que una premisa negativa. Siguen en pie las preguntas más importantes: ¿cómo ha podido suceder todo esto?, ¿en qué consistiría, en cambio, un uso sano de la razón? Y, ¿qué relieve adquiere una razón auténtica? La respuesta histórica no hay que buscarla en la dirección de Nietzsche, siguiendo las huellas de un origen moral. Es preciso indagar la génesis teorética: todo esto ha sido posible por una desviación de impulso cognoscitivo, acaecida en Grecia .

El sistematismo racional, principal enfermedad filosófica de Occidente, tiene su origen para Giorgio Colli en una desviación teorética, y no en una desviación moral. Dicha desviación se produce en la interpretación del logos y su transferencia al lenguaje discursivo de la escritura. El logos como razón comienza como un intento por traducir con la palabra una experiencia oculta, interior, inmediata, un “contacto”, cargado de potencia emocional. Surge en la conversación, y el logos es común a la colectividad. La inserción de la retórica del orador, de un único individuo que se dirige a la colectividad o público, envilece la traducción empapándola de persuasión. Un siguiente paso es la escritura del discurso retórico, donde:

El público ya no escucha las palabras, sino que las lee, ya no está implicado en el “pathos” personal y la magia del retórico. Esta escritura es conocida bajo el nombre de “filosofía”, y en un principio conservaba, aunque languidecente, el elemento emocional .

Después de Nietzsche

Se observa ya en estas pocas líneas que Giorgio Colli entiende la filosofía como un paso más del alejamiento definitivo del “contacto” y la inmediatez. El logos transformado en discurso escrito va perdiendo el elemento emocional que significaba una cierta relación con el detonante: la experiencia oculta, interior e incomunicable. El movimiento fatal acontece desde el momento en que la escritura se convierte en ley de la realidad, y el escritor en un legislador arbitrario que falsifica la inmediatez en la construcción lingüística que configura un “sistema”, confundiendo lo inmediato con la representación:

Perdido el contacto con la experiencia oculta, el discurso escrito debe hallar un puntal en sí mismo (…) Hay que reducir a uno los muchos significados de una palabra, se debe imponer tiránicamente el vínculo de una razón que pertenece únicamente, sin comprobaciones, a quien escribe. El único simulacro, falaz por añadidura, de aquella obra común de la que salió la razón es ahora, cuando toda emoción se ha apagado, el espíritu sistemático. He ahí el edificio alzado por un arquitecto arbitrario, con palabras que han recibido un único significado, vinculadas entre sí por un orden, por una necesidad que sólo un arrogante legislador ha sancionado. El “sistema” permanece como sucedáneo de todo lo que se ha ido perdiendo en las transformaciones precedentes, es el residuo de una cierta retórica exenta de emocionalidad, reseca, convertida en pedante por el puntillo de hacer sobrevivir una razón perdida .

Después de Nietzsche

La creación de “sistemas” persigue indefectiblemente la totalidad. Es el objeto filosófico por excelencia, último y radical. Sin embargo:

Cada expresión es búsqueda de totalidad. Pero aún prescindiendo de la esencial atenuación, falsificación, de la vida originaria en cada expresión, ¿cómo un producto humano puede tener la pretensión de manifestar la vida en su totalidad? Todo lo que el hombre dice, hace, escribe, es siempre una cuestión de gusto, es decir, una reacción de quien está individuado frente a lo que sobrepasa y precede a la individuación, es una cuestión de azar, de contingencia, el reflejo de una fragmentación .

Después de Nietzsche

Preguntado de otro modo, ¿cómo es posible la existencia de un legislador tiránico, de un escritor, de un filósofo, si lo que persigue es una totalidad que le precede? Ya no es sólo la cuestión de la falsificación, sino de la palpable imposibilidad de éxito de la empresa filosófica y su red de la escritura. El filósofo ha de ser incapaz, por naturaleza, de abarcar lo que, de hecho, le abarca a él, aquello de lo que él forma parte, pues la totalidad es anterior al individuo. Y menos aún cuando la herramienta con la que quiere abarcar esa totalidad que le precede es, a su vez, producto del filósofo, algo totalmente posterior, creación suya: el lenguaje, la literatura.

Colli está siguiendo la distinción establecida por el propio Platón.

Platón llama “filosofía”, amor a la sabiduría, a su investigación, a su actividad educativa, ligada a una expresión escrita, a la forma literaria del diálogo. Y Platón contemplaba con veneración el pasado, un mundo en que habían existido de verdad los “sabios”. Por otra parte, la filosofía posterior, nuestra filosofía, no es otra cosa que una continuación, un desarrollo de la forma literaria introducida por Platón; y, sin embargo, esta última surge como fenómeno de decadencia, ya que “el amor a la sabiduría” es inferior a la “sabiduría”. Efectivamente, amor a la sabiduría no significaba, para Platón, aspiración a algo nunca alcanzado, sino tendencia a recuperar lo que ya se había realizado y vivido .

El nacimiento de la filosofía

Es decir, la filosofía nuestra, la que contemplamos bajo el rótulo de Historia de la Filosofía, no es más que la continuación de una forma literaria cuyo origen ha sido malinterpretado. Se tiende a pensar que la filosofía es la pretensión por atrapar un conocimiento, por construir la realidad a través de cada descubrimiento, camino de la sabiduría. Jamás se ha entendido que la filosofía, en tanto que “amor a la sabiduría” y, por ello, inferior ante aquello que ama, mira hacia el pasado, hacia el tiempo de los que no amaban, sino que eran “sabios”. Y lo eran porque no se alejaron de la inmediatez y el contacto de la experiencia incomunicable, oculta, misteriosa y enigmática. La escritura, como expresión literaria del logos, sitúa con Platón una frontera entre el tiempo de los sabios y el tiempo de los amantes de la sabiduría, de los escritores. Lo cual quiere decir que los sabios no escribían en el sentido en que entendemos este verbo actualmente. Ellos mantenían el “contacto” con la inmediatez y lo expresaban enigmáticamente. Frente a esta “Sophia” anterior, la filosofía como arte literario, que en Platón tenía mayor relación con la “paideia” y con la anamnesis, pretende y aspira a la absurda comunicación y explicación de lo indecible, de aquello de lo que precisamente se aleja al sustituir la discusión oral con la simulación de la palabra escrita. El logos se va transformando en una herramienta de distorsión.

Sobre todo, a través de la generalización gradual de la escritura en sentido literario, fue modificándose paralelamente la estructura de la razón, del “logos”. Con aquellos discursos públicos, de que la escritura es un aspecto, se puso en marcha una falsificación radical, ya que se transformó en espectáculo para una colectividad lo que no puede separarse de los sujetos que lo han constituido. En la discusión dialéctica no sólo las abstracciones, sino también las propias palabras del “logos” auténtico, aluden a vicisitudes del espíritu, que se captan sólo con la participación en ellas, en una mezcolanza que no se puede dividir. En cambio, en el escrito, la interioridad se pierde .

El nacimiento de la filosofía

Giorgio Colli está haciendo hincapié en un hecho que la Historia de la Filosofía comúnmente ha pasado por alto al considerarse discípula de Platón. El mismo Platón censuraba y criticaba la escritura, la cual, no era otra cosa para él que, justamente, la “filosofía”. Para Platón resultaba incomprensible que alguien pretendiera transmitir un saber o un pensamiento de máxima importancia por medio de un escrito. Al caso, Colli señala dos pasajes fundamentales: el mito de Theuth en el Fedro y un pasaje de la Séptima carta.

En el mito de Theuth Platón narra como el faraón Thamus desprecia la invención de la escritura por parte del dios Theuth. Para el faraón, la escritura es un “instrumento de rememoración extrínseco dañino para la memoria”, y también “proporciona un saber aparente, no verdadero”:

Al comentar este mito, Platón acusa de ingenuidad a quien piense transmitir por escrito un conocimiento y un arte, como si los caracteres de la escritura tuvieran la capacidad de producir algo sólido. Se puede creer que los escritos estén animados por el pensamiento, pero, si alguien les dirige la palabra para aclarar su significado, seguirán expresando una sola cosa, siempre la misma .

El nacimiento de la filosofía

Platón estaría apuntando a la unidireccionalidad del texto, o lo que es lo mismo, a la imposibilidad de establecer un diálogo con lo escrito, pues nunca dirá ni más ni menos que lo que se escribió. En cambio, el diálogo como forma oral, no como forma literaria escrita, permite la bidireccionalidad, esto es, la interpelación y la réplica, la posibilidad de aclarar dentro del acto comunicativo el significado de lo que pretende ser transmitido. Dicho de otro modo, la escritura no puede tratar de expresar mejor la experiencia inmediata de la que se aleja y disminuye, a la que sustituye intemporalmente y reduce a significados unívocos pasando por alto su carácter inefable.

En la Séptima carta, Colli se fija en las sentencias platónicas contra la escritura cuando Dionisio II quiso divulgar la doctrina secreta del filósofo en escritos por Siracusa.

A partir de este episodio, Platón niega en líneas generales a la escritura la posibilidad de expresar un pensamiento serio, y dice literalmente: “Ningún hombre sensato osará confiar sus pensamientos filosóficos a los discursos y, menos aún, a discursos inmóviles, como es el caso de los escritos con letras”. Pero después repite con mayor solemnidad todavía, recurriendo a una cita de Homero: “Por eso precisamente, cualquier persona seria se guarda de escribir sobre cosas serias para exponerlas a la malevolencia y a la incomprensión de los hombres. (…) cuando veamos obras escritas de alguien (…) debemos sacar la conclusión de que estas cosas escritas no eran para el autor la cosa más seria, si éste es verdaderamente serio, y que esas cosas más serias reposan en su parte más bella pero, si verdaderamente éste pone por escrito lo que es fruto de sus reflexiones, en ese caso “es cierto que” no los dioses, sino los mortales “le han quitado el juicio” .

El nacimiento de la filosofía

El olvido de este Platón por parte de los historiadores resulta incomprensible para Giorgio Colli. Sobre todo, porque de aceptarlo se perdería de inmediato toda la seriedad atribuida a la filosofía, a los tratados y a los sistemas construidos por medio de la escritura. No es el modo adecuado de transmitir el saber y mucho menos para alcanzarlo, cuando es con ello con lo que se funda un tiempo distinto al de los sabios. Y, sin embargo, Platón es expuesto y explicado, es empleado para la construcción de muy diversos sistemas de pensamiento, dentro de un rigor y una seriedad que él mismo ya ha refutado, a pesar de haber sido el verdadero iniciador de la filosofía entendida como escritura literaria.

Platón era suficientemente aristocrático como para saber reírse de su “filosofía, y en cualquier caso hay mucho de juego en sus disfraces. (…) Pero la posteridad tomó muy en serio, al pie de la letra, todas las palabras escritas por él .

Filosofía de la expresión

La seriedad con que se toma el juego de Platón, su “filosofía” como “literatura”, provoca un nuevo error: pensar que la filosofía actual es el desarrollo consecuente, perfeccionado, de la expresión titubeante griega. Creemos, muy usualmente, con cierta enfermedad historicista, que los tiempos actuales son la desembocadura de los inicios antiguos. Para Colli, el movimiento es justo al contrario: al perdernos teoréticamente, al producirse este fatal desvío, es la filosofía moderna la que debe retornar a los orígenes:

Es tiempo de ajustar el tiro: no es la antigua filosofía griega un balbuceo de la moderna, casi una anticipación informe, el deletreo confuso de un niño que está aprendiendo los primeros rudimentos del lenguaje –es más bien la filosofía moderna la que rumia cansadamente estos antiguos pensamientos, como aquel que tras un trauma ha perdido el uso de la palabra y fatigosamente empieza a recuperarla por fragmentos, tartamudeando .

Filosofía de la expresión

Héctor Martínez

02/12/2009

“LOS ÁNGELES TAMBIÉN LLORAN”, MARIA TEODORA MICLEA

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Maria Teodora Miclea

Conocer a Maria Teodora Miclea ha sido algo maravilloso. Maravilloso, por el modo, pues fue gracias a esas tecnologías que, a veces, como es el caso, enseñan su mejor cara. Durante un fin de semana completo, varios conocidos me hablaron de ella, de sus poesías, e incluso me enseñaron un ejemplar que pude hojear -y ojear-. Como después le pude decir a la propia Maria, me sentí identificado, reconocido, en sus jóvenes versos. Hice una especie de viaje al pasado al leerla, viéndome a mí, a su edad, con mis cuartillas emborronadas de rimas, de palabras, escritas, sobre todo, en las clases de literatura. Se trataba de un Héctor que ya había empezado a olvidar, y que reapareció en mi mente con cada uno de los poemas de ella. Pensé entonces en invitarla para hablar de sus poesías, para conocerla, quizás para reencontrarme a través de Maria. Escribí un mensaje en una página, como aquél que escribe mensajes en botellas, sin saber si recibirá respuesta. Pero la recibí, y, alegre como un naúfrago que se ve rescatado, comencé a pergueñar un pequeño evento, familiar, en el que homenajeáramos su talento, y yo, particularmente, esa magia que había creado en mí. El último domingo de noviembre, la conocí en persona, en Espacio Niram, para presentar sus poemas, junto a otros dos amigos: Horia Barna y Mihaela Petrache.

Portada "Los ángeles también lloran"

Cuando digo que me identifiqué, no sólo me refiero a la recuperación de un lejano recuerdo. También su forma de entender el poema es la misma que la mía fuera hace ya unos cuantos años -no muchos, pero sí “unos cuantos”-. La que fuera y la que es. Palabra breve, sencilla, llana, clara y precisa, sin extravagancias, sin decoros excesivos, para no entorpecer, para ayudar a sugerir. No era casualidad que mi yo joven adorase a Quevedo o Bécquer y que Maria me respondiese con los mismos nombres. Un conceptismo, bastante barroco el del primero, y bien depurado por el segundo, latía entre aquellos versos como vibrara en los míos. Sin embargo, la conjunción de tales palabras sencillas, a lo largo del poemario, demostraban una asombrosa capacidad para crear imágenes visuales, surrealistas y propias de un mundo onírico y fantástico, sólo que no de cualquier mundo, sino de un mundo interior, el de la propia Maria. Mundo interior en el que ahonda y descubre, en el que cava y desentierra temas, en cambio, universales, de todos. Cuando alguien como yo encuentra todos estos elementos juntos, unidos, entrelazados con tal naturalidad, únicamente puede hacer una cosa: gritar ¡poesía!, como cierto genio gritase ¡Eureka! Por ello que, para finalizar el acto, me decidiera a dedicarla una rima de nuestro querido amigo común -la número XXI-, para terminar mirándola al unísono que mi voz deslizaba ese “Poesía… eres tú”. Maria lo recitaba por lo bajo, devolviéndome la mirada.

Sus imágenes, tan precisas y evolventes como las palabras sencillas, tienen un gran valor sinestésico, sensorial. Sus poemas se pueden ver, oler, tocar, oír y saborear. Maria pone en juego los cinco sentidos por los que penetra en el lector de forma suave, ligera y tranquila, mientras lo rodea de luz, de su reflejo y de su brillantez. El color fundamental, el azul, el del cielo sin nubes, puro, trascendente, donde reside un sol iluminador, orientativo, donde viven los ángeles protectores, los mismos que a veces, “también” lloran. También hay oros y dorados, también fresas de rojo fresco, y rosa, y diamantes… Color y luz que nos abrigan; cálidos, que nos protegen. Mihaela, certera, le preguntó a Maria: ¿es el poeta un ángel?, y apostilló, ¿eres tú ángel y poeta? Yo, no sé si Maria se siente ángel, si quiera si ha llegado al fondo del ser del poeta, pero, de seguro que ha de ser ambas para el lector, aunque ella no lo sepa. Sin embargo, lo sabe. Ha pensado y escrito en este poemario sobre el ángel y sobre el poeta. Ha descubierto que el poeta es aquél que “agita en la mente palabras imposibles”, que vive entre “bailes de letras”, que “cabalga palabras escondidas”. Conoce la eterna lucha del poeta con su materia, la palabra, y ha comprendido que es mejor no pelear, sino, como hace tiempo digo yo, ex-presar su contenido, liberarlo, sin violentar el abecedario, sin retorcer las letras.

Evento Espacio Niram

Es amante pública del gran Eminescu, símbolo y belleza de la literatura rumana, o, mejor dicho, del panteón poético universal. No podía faltar el poeta en sus versos, unido a la “Dor” rumana, nuestra “morriña” gallega, la “saudade” portuguesa, sentimiento íntimo, único, de fidelidad, de añoranza, de ligadura con lo extrañado. “Ne e dor de tine Eminescu”, escribe, y no me siento capaz de traducirlo sin romper su fuerza. Sobre todo, porque no dice “yo”, sino “nosotros”, colectividad de la que Maria se vuelve voz.

De Maria Teodora se alaba el talento desplegado tan joven. Sin embargo, yo no creo que la edad sea mérito, sino simplemente el talento, que emerge más tarde o más temprano. Pareciera extraño, fuera de lo común, que alguien con su edad escriba estos versos. Es cierto que no se ve todos los días, pero quizás el problema sea de vista. Acaso sea mayor virtud la valentía de sacarlos adelante, de mostrarlos y recitarlos, con orgullo y sin miedo, sin ocultarlos, reverenciando el don que la Musa otorga. La confianza en los versos que escribe, antes que la precocidad del escribir, la decisión de confiarlos a otras manos y otros lectores u oyentes, es el punto de inflexión donde encontramos a un verdadero o verdadera poeta –poetisa, dicen otros-.

El último esfuerzo del poemario se encuentra en la cuestión de las lenguas. Maria Teodora escribe sus poemas tanto en rumano como en español, e intenta después traducir del uno al otro y del otro al uno. Digo intenta, porque bien es sabido que soy de la opinión de que la poesía es intraducible. El idioma poético queda sujeto a la lengua en que viene a ser escrito por primera vez, con su ritmo y melodía. Ahora bien, el hecho de intentar verter en ambos idiomas el mismo poema, de nuevo subraya la valentía que decíamos antes. Maria Teodora no quiere un lector rumano sólo, o sólo hispanohablante. Quiere que los dos puedan leer sus poemas. Y me apresuraría a decir que, incluso, si fuera posible, no estaríamos únicamente ante un volumen bilingüe, sino trilingüe o tetra… o, mejor aún, una sola lengua que comprendiera y llegara a todo hombre. ¡Qué tesoro perdimos en Babel!

En el evento del domingo, dejé que fuera Bécquer quien cantara, a través de mí, la verdad que sobre Maria todos los presentes pensábamos –aquél “poesía… eres tú”-, pero no quise dejar pasar la oportunidad de dar una respuesta poética a sus versos. Por ello, antes de Bécquer y su rima –indudablemente mejor acabados-, recité unas líneas dedicadas a Maria, y que ella lleva manuscritas en el ejemplar de mis Con versos que, a cambio de sus Ángeles, le regalé. Aquí, en Retrato Literario, merecen ser el final del homenaje.

DONDE VAN LOS VERSOS
(silva becqueriana quebrada)

A Maria Teodora Miclea

Dime por qué camino van tus versos
Para que los míos les acompañen:
Si es por el azul cielo
Volarán, surcarán hasta tocarte;
Si por el azul del mar
Serán las estelas, serán los remos,
Serán las velas, y serán los vientos,
Las olas y la sal;
Si van al Universo,
A las lunas y estrellas,
Serán astros, luceros,
Serán la redondez de los planetas
O la cola de tu estrella fugaz,
Serán el sol, serán eclipse luego,
Serán constelaciones de los sueños
Que parpadeen al verte pasar.
Di, tus versos…
                                            … los míos…
                                                                                       … ¿sabes tú dónde van?

Héctor Martínez

AUDIOVISUAL

Maria Teodora Miclea entrevistada en RTVE

28/11/2009

Presentación: “Los ángeles también lloran”, de Maria Teodora Miclea

Posted in Unas noticias y otros tagged , , , , a 22:33 por retratoliterario

La revista de arte y ensayo “Madrid en marco” y el Espacio Niram de Madrid presentarán el libro bilingüe de poemas şi îngerii plâng Los ángeles también lloran– de la jovencísima poeta Maria Teodora Miclea.

El acto tendrá lugar este domingo 29 de noviembre, a las 18h, en Espacio Niram de Madrid situado en Ópera, c/Independencia, 2. Entrada Libre.

En el evento intervendrán:

– Maria Teodora Miclea, autora del libro bilingüe şi îngerii plâng Los ángeles también lloran

– Héctor Martínez Sanz, escritor y filósofo, director de la revista “Madrid en cuadro”.

– Mihaela Petrache, Centro Hispano-Rumano de Alcalá de Henares.

– Horia Barna, hispanista y director del Instituto Cultural Rumano.

Demostrando una seguridad que sólo pertenece a los dotados de luz interior, nuestra joven poetisa -¿joven?¡muy joven!- nuestra pequeña poetisa no teme utilizar, por una pate un lenguaje extraordinariamente natural; y, por otra parte, metáforas y, por otra parte, metáforas chocantes, casi fantásticas.

Prof. Ileana Bucurenciu

Me alegró encontrar en su joven corazón tal explosión de colores e imágenes visuales personalísimas. Son versos sensoriales que nos alcanzan y atraviesan, que nos penetran por nuestros cinco sentidos abiertos a sus sencillas y vivas palabras.

Héctor Martínez Sanz

09/11/2009

LUTOS EN LAS LETRAS (AYALA Y LÉVI-STRAUSS)

Posted in Ensayo, Prosa, Unas noticias y otros tagged , a 20:15 por retratoliterario

F-Ayala

Francisco Ayala

Toda una generación de las letras, la que ha escrito las páginas literarias del s.XX que algunos enseñamos, se está marchando ante nuestros jóvenes ojos a pesar de las férreas voluntades de vivir. Francisco Ayala nos dejó, a la edad de 103 años con una aún más voluminosa y extraordinaria obra. Destacar alguno de los libros por encima de otros sería una gran injusticia, aunque en el caso sean dos en concreto sobre los que quiero centrar la atención como homenaje: por un lado, Los usurpadores (1949), y, por otro, El fondo del vaso (1962).

Los usurpadores es un conjunto de relatos en los que Ayala mezcló ficción y realidad, alternando lirismo y prosa, recreando el estilo propio de aquellos “eixemplos” medievales, o el lenguaje del Siglo de Oro al tiempo que se adaptaba a las temáticas predominantemente sociales y existenciales del medio siglo español. La intención de la obra es clara desde el comienzo, al definir “usurpación” como “el poder ejercido por el hombre sobre su prójimo”. Distintas formas de poder y distintas formas de alienación, fechadas fundamentalmente en el Siglo de Oro para mostrar una condición humana atemporal -aquí coincido con Amorós al señalar que no existe evasión ni escapismo-, una lucha por el poder con sus consecuencias denigrantes, pero también con sus reveses a la manera de lección moral.

Ahora bien, en Los usurpadores encontramos también el inconfundible eco de Cervantes. Ayala, como aquél, se disfraza de un desconocido narrador, en cuyas iniciales le reconocemos, para prologar y poder incidir en cada texto, marcar y orientar al lector. Precisamente, la obra es posible contemplarla desde la perspectiva, no ya del Conde Lucanor, sino de las “novelas ejemplares” cervantinas y su humanismo tardo renacentista implícito, razón por la que subrayo esta obra entre las demás, siendo al mismo tiempo una de las primeras depués de largo silencio en que permaneció Ayala desde los años treinta.

El fondo del vaso (1962), cuyo comienzo lo tenemos en Muertes de perro (1958), prosigue la línea moralizante desde la profunda degradación humana, situándonos en una supuesta república hispanoamericana que vive bajo un régimen dictatorial. Con el género del dictador, muy trabajado en estas épocas como símbolo de protesta, Ayala puede descender desde la corrupción política y social hasta las inmundicias del hombre, próximo al esperpento valleinclanesco que mezcla inteligentemente con las técnicas de la caricatura, la parodia, la ironía y el humor. De nuevo Cervantes transita las páginas si observamos que al comienzo de la novela, el autor dedica un espacio a cierto repaso de la novela anterior con la que engancha, tal y como Cervantes hacía lo propio en la Segunda Parte de su Quijote. A la vez que recoge el espíritu cervantino, Francisco Ayala inserta técnicas contemporáneas como la inclusión de “recortes de periódico” en la segunda parte de la novela o el empleo de monólogos interiores en la tercera. Esto debe hacernos comprender que Ayala jamás fue ajeno ni a su tiempo histórico ni a su tiempo literario, y que supo conjugar el verbo de manera personal sin perder de vista el alrededor vivencial.

Debería hablar, por supuesto, de El jardín de las delicias (1971), Premio de la Crítica en 1972 y adaptada al cine. Probablemente una de las obras memorables para el lector y, precisamente, la que más admiraba, incondicional, Andrés Amorós. A Amorós le escuché en un ciclo dedicado a Ayala en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, sobre esta obra y su inspiración en El Bosco, pero también en el aspecto íntimo y biográfico del texto, como en la continuación de esa línea humanística de Ayala. Sin embargo, he preferido resaltar las dos obras anteriores, aunque muy conocidas, menos apuntadas que ésta. Bien podría haberme dejado caer por el lado ensayístico, del mismo modo abundante… y es que, ¡habría tanto que decir!… que a veces es mejor dar pinceladas y callar.

Sin duda, nuestras letras, las hispanohablantes -y digo tal porque Ayala tuvo los pies a cada lado del charco-, pierden con su falleciemiento uno de los últimos nombres que hacen entender el valor de esa tarea del escribir, de los últimos nombres que han adorado auténticamente a la musa y convertido a la palabra “literatura” en esa otra “Literatura”, con mayúscula, que rotula el frontispicio de cierto Panteón inmortal.

C-levi-strauss

C. Lévi-Strauss

Otro hombre centenario, esta vez de las filas de la antropología y la filosofía, fallecía pocos días antes que Francisco Ayala: hablo de Claude Lévi-Strauss, ligado intelectualmente al estructuralismo francés de la segunda mitad del s. XX y fundador de la antropología moderna. Su búsqueda de las estructuras elementales de la sociedad, el óseo rostro subyacente a la máscara social, y más aún al ser humano como objeto sometido a relaciones materiales, le llevaron a Brasil y a la observación etnológica de distintas tribus y pueblos poco “tocados” por la civilización, aunque sin la ingenuidad de pensar que podía presenciar un estadio verdaderamente primitivo del hombre -los pueblos vistos también tenían sus historia y su pasado, al margen de las civilizaciones-. Bajo esta reducción material, cosificación y exterioriación del hombre, propia del neomarxismo, contrario al historicismo y a los procesos conscientes, Lévi-Strauss indagaba la existencia de normas, reglas, esto es, “estructuras” más profundas, inconscientes, que pudieran ser el patrón de corte permanente de toda sociedad humana, actual y antigua. Por ello, el estructuralismo de Lévi-Strauss está fuertemente influido por el psicoanálisis de Freud y el materialismo ciéntifico de Marx, y, de alguna manera, supone una ramificación continuadora y sintetizadora de ambas formas de pensamiento bajo el espíritu positivista con que comenzó el s. XX.

Alguna vez ocurre que nos encontramos ante un relato mítico, o una leyenda, que, curiosamente, coincide con alguno de nuestra cultura. Más sorprendente es si no han existido relaciones entre ambas culturas, ni intermediarios. Quiere decirse que, con esto, puede suponerse que los planteamientos de otras culturas, en el espacio, y sobre todo, en el tiempo, no son muy diferentes de los plantemientos contemporáneos, o lo que es lo mismo, puede suponerse la existencia de un posible factor (o factores, elementos, estructuras..) común e inconsciente bajo el que vivimos y esquematizamos nuestras relaciones. El caso es que somos prisioneros de las estructuras, pre-existentes a nosotros, que asimilamos y por las que operamos. Lo fundamental es que dichas estructuras racionales de sentido nos son necesarias mientras que apenas las percibimos, esto es, nos es necesaria la alienación y probablemente no sea posible hablar de “irracionalismo”, pues hasta lo más irracional esconde una estructura. Efectivamente, el estructuralismo, evita el historicismo, el subjetivismo e, incluso, la fenomenología. No le interesa el hombre interior ni sus procesos de consciencia, sino el hombre en tanto que hormiga, o en tanto que cualquier otro ser natural, prisma bajo el que estudia cualquier otra ciencia con tal rango. Sin embargo, en el caso de Lévi-Strauss, el estructuralismo se arrojó a la caza platónica del Universal y abandonó la materia, y nos ató a una desesperante decadencia destructiva de la que no podemos escapar. Esto último le convierte en hijo de su tiempo, heredero de una época poco proclive al optimismo humanista y a los finales felices tras la degradación de las guerras y del Holocausto.

Ayala y Lévi-Strauss, cada uno a su modo, mostraron lo más desagradable del hombre a sus propios ojos y es cuestión nuestra mirar hacia otro lado, tomarlo en consideración, o refutarlos, si fuera posible.

Héctor Martínez

17/10/2009

“EL AGUJERO”, STEFAN MITROI

Posted in Prosa tagged , , , a 15:30 por retratoliterario

Portada

Portada (Trad. Portugués)

El año pasado se publicó, gracias al trabajo de Dan Caragea, la versión portuguesa de la novela Gaura (2004) de Stefan Mitroi, con el título O Buraco, Água viva, Água morta -“El agujero. Agua viva, Agua muerta”, en español-. Precisamente es esta traducción, con portada del artísta pintor Romeo Niram, la que he tenido oportunidad de leer sin demasiadas dificultades, por lo que la recomiendo mientras no exista versión española de la novela.

Son varios los elementos que se entremezclan en esta novela. Sumergidos en la cotidianeidad de una aldea, Purani, Mitroi comienza el relato con el siempre misterioso halo de una maldición: todas las mujeres que se casan con un varón de la familia Preducel, terminan abandonadas dando a luz un varón que, a su vez, repetirá la historia con otra desafortunada. Todos los varones marchan de viaje y no vuelven. Pero, ¿qué sería de una aldea sin las habladurías y rumores? La maldición se ve envuelta de toda una suerte de historias acerca de qué les ocurrió a los Preducel, desaparecidos y sin que se volviera a saber de ellos. Esta imaginación de los vecinos surte un efecto en la novela: nos introduce en sucesos extraordinarios que van creando el ambiente a la historia que se nos narra, el viaje del último de los Preducel, Anghel, casado con Paulina y con un hijo, Sebastián. Un viaje extraño, sorprendente, que parece repetir, una vez más, la conocida maldición: Anghel, pocero, empieza una noche un agujero por debajo de la tierra, interminable, kilométrico, durante años, donde desaparece y del que sólo vuelve contadas veces, porque según avanza en su labor va siendo más difícil retornar. Sus pretensiones son un auténtico secreto para gran parte de la aldea y para el propio lector. De nuevo, las habladurías y rumores: va en busca de la Fuente de la Vida, el agua milagrosa que confiere una eterna juventud. Cierto o no, la aldea de Purani se ve revuelta ante la posibilidad de tener el mágico líquido al alcance de su mano. Y el lector se encuentra rodeado completamente de hechos fantásticos y fabulosos.

Stefan Mitroi (Lucian Tudose/Rompres)

Stefan Mitroi (Lucian Tudose/Rompres)

Stefan Mitroi emplea todo este marco para evidenciar ciertos temas actuales, como por ejemplo, el aprovechamiento político de la ingenuidad del pueblo, además de las inherentes consecuencias existenciales. Los más viejos del lugar se desesperan, e incluso creen en ello cuando Ciocanel, burócrata filósofo, utiliza los medios de comunicación para dar veracidad al rumor que corre de boca en boca como un mito ancestral. Todos en la aldea creen en la existencia de la Fuente de la Vida porque “lo han visto en la televisión”. La irracionalidad de la búsqueda o del mito, y la aún más irracional fe ciega en la “caja tonta” sirven para que Ciocanel salga elegido Alcalde en las elecciones. Tras ello, una serie de desgracias arrecian en la aldea: un devastador terremoto, una tremenda sequía, un torrencial diluvio y el ataque sanguinario de insectos, asolarán la aldea y los campos. Ciocanel, en esta ocasión, usará a Anghel Preducel y su agujero como cabeza de turco al que echar las culpas de tanta desgracia.

Junto a la ácida crítica de la realidad o el paisajismo de la población, son de subrayar el humor que Stefan Mitroi introduce por medio de la pregunta filosófica, no sin cierta ironía, el lirismo de gran parte de la novela como si estuviéramos ante un verdadero poema en prosa, y la fuerte presencia del mito. En cuanto al humor, destaca el personaje de Ciocanel, al comienzo del libro, como Secretario de Cámara, que atormenta a la población con sus interrogaciones filosóficas cada vez que un aldeano se acerca al despacho necesitando una certificación o documento sellado -nacimientos, matrimonios, defunciones…-. Las cuestiones planteadas son de este tenor: ¿Por qué las hojas de los árboles son amarillas en otoño y verdes en primavera? ¿Por qué del Girasol no sale nunca trigo? ¿Cómo la hierba verde se transforma en leche dentro de la barriga de la vaca? ¿Cómo cabe todo el roble en una bellota? ¿Por qué los peces no se oxidan si están todo el día dentro del agua?

En esos dias Ciocanel estaba muy feliz. ¡Dios mío, como buscaban ellos, tan minuciosamente, los significados ocultos del mundo! ¿Por qué los oceános son oceános y de donde vino toda esa inmensa cantidad de agua… Por qué los americanos y los rusos no consiguen atrapar los relampagos para usarlos los unos contra los otros como un arma?… Sería algo más poderosos que una bomba atómica o que los cohetes com ojivas nucleares (…). Y porque los actuales monos siguen siendo monos y ya no se transforman en seres humanos?
– Por que no les interesa. No te das cuenta que hay cada vez más hombres que se esfuerzan por transformarse en monos. Esto revelea que es más conveniente que sea así y no al contrario.

El lirismo, por ejemplo al narrar la muerte del tío Toma:

Anghel aprendió el oficio más rapidamente de lo que Toma pensara. Parecía que lo intuía. Poco timepo despues, el tío comenzó a ganar el color de la tierra en la que había cavado pozos toda su vida y, después de algunos días de sufrimiento, se mudó, con las manos descansando sobre el pecho, dentro de ella.

Pero, sobre todo el lirismo está presente en las cartas de Anghel Preducel, cobrando en intensidad cuando se descubre el gran secreto mítico. Anghel se encuentra con los Preducel desaparecidos bajo tierra, y con toda la historia de los muertos de Purani, quienes, mueran donde mueran, terminan por habitar el suelo profundo de la aldea. Este encuentro con los espíritus se narra poéticamente:

No creas que ellas están en algún oscuro agujero. Al principio, cuando las encontre, no entendí bien lo que iba a suceder. Yendo más hacia abajo, vi un gran prado bajo mis pies, el cual, si tener cielo por encima, estaba iluminado. La luz provenía del fondo de la tierra. Era una luz tenue, sin brillo. Abandoné las cuerdas y dí algunos pasos sobre la pradera. Ví a lo lejos, casi imperceptible, una especie de niebla, pero, después de acercarme, comprobé que eran unas blancas toallas que flotaban a poca altura, ahora para un lado, ahora para el otro, sin llegar a tocarse. Después percibí que la luz venía de ellas. Vi que alguien me llamaba. Mi corazón debería haberse detenido por el susto, pero no sentí ningún miedo. Algunas de esas toallas de nebulosa leche se aproximaron hacia mí y tomaron forma de personas. Persona de vapor, mejor dicho.

Sin cielo ni infierno, los muertos viven bajo la tierra, la misma tierra en la que son enterrados. Ningún Preducel abandonó a sus mujeres, sino que, al contrario, las amaron apasionadamente. Si no volvieron, fue porque el destino se cruzó en su contra. Especialmente curiosa es la historia del bisabuelo Gheorghe Preducel, único hombre que conocía la lengua de los animales y las plantas, y que un día de febrero, como cada año, marchaba hacia el bosque a visitar al Santo Vlasie junto al gran Roble donde éste vivía. Allí también se reunían todos los animales del bosque para cantar la llegada de la primavera. Era un verdadero milagro. Pero el Santo, sintiéndose ya sin fuerzas, pasó el testigo a Gheorghe. Otros antepasados se vieron envueltos en las duras circunstancias de guerras.

Las cartas de Anghel aportan el último rasgo que quiero señalar: el romántico. En ellas se contienen expresiones de amor, además de ser escritas en el mundo subterráneo de los espíritus, durante un periplo de evasión, tan próximo a los tonos del Romanticismo.

El agujeroGaura en rumano, O Buraco en portugués-, es una novela breve, lírica, romántica y realista, atravesada de costumbrismo y mitología legendaria, donde podemos observar el talento de Mitroi para manejar las imágenes fabulosas propias del género infantil al que también ha estado consagrado, desde el cuento hasta el teatro. Se trata de un autor único en su especie y su literatura, cuya introducción en España merecería ser estudiada con detenimiento.

Héctor Martínez

09/10/2009

“LA AVENTURA”, P.F.A. MARTÍNEZ MARTÍNEZ

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Porada

Portada

Si yo le hablo al lector de un hombre que lo deja todo, toma su lenta y frágil montura, se pone un casco ridículo en la cabeza y se dispone a recorrer varios pueblos y tierras de España a la busca de aventuras, pensará que se trata del famoso hidalgo metido a caballero andante, aquel medio cuerdo y medio loco que frisaba los cincuenta con el seso sorbido por las singulares hazañas de palmerines y amadises. Ahora bien, si el rocín flaco es una endeble motocicleta, el yelmo de Mambrino una chichonera, el hidalgo un matemático, y el camino no transcurre por La Mancha sino hacia Compostela, tendremos a un viajero de cuyo nombre nuestro autor no quiere acordarse, lanzado a la aventura sin plan, aunque con el camino definido. Estaremos ante la novela La Aventura (2002), escrito por P.F.A. Martínez Martínez, familiar mío algo lejano en lo genealógico y en lo físico, primo de mi fallecido padre y residente allá por tierras holandesas. Tuve, años atrás, su dirección y teléfono de Holanda, cuando por primera vez salí a Europa y la preocupación paterna me lo apuntó en un papel por si me viera en algún aprieto. Estrechaba su mano un año después de la edición de la novela, en el funeral en memoria de mi padre, con pleno desconocimiento de la existencia del texto. Hoy me encuentro con la novela en las manos, recién leída y hablando de ella.

Efectivamente, tiene evidentes rasgos quijotescos:

Sí, atrevimiento porque ahora, la víspera de su salida, caía en la cuenta de que iba a empezar una aventura quijotesca, sólo que casi cuatrocientos años después de la verdadera, de la famosa. Y no se trataba de proteger doncellas, enderezar entuertos, o de patear las veredas de La Mancha, sino de recorrer caminos interiores y responder a preguntas no formuladas. Ahora comprendía mejor el aliento, los arrestos de Don Quijote al cambiar el cobijo y la comodidad de su casa, la vida ordenada y la compañía que le ofrecían el ama y su sobrina, por la soledad de la estepa desierta bajo un sol de justicia, el frío de la noche, el hambre, la risa conmiserativa y las humillaciones.

Pedro Martinez

Pedro Martinez

Es un viaje, una aventura, interior y exterior. Se recorren las geografías de la tierra y del alma, se atraviesan los senderos que en Compostela atracan como caminos que llevan hacia un horizonte más inmaterial. También cierto tino noventayochista, a caballo entre la crónica y la ficción, los problemas de España, la reflexión filosófica y la que suelo llamar “metafísica” de la vida cotidiana, es decir, el misterio de las tan normales relaciones humanas. Es lógico todo ello al estar ante una obra inserta en la literatura del viaje y la aventura, eco moderno de los relatos homéricos.

No es una novelita cualquiera, de las que sirven para pasar el rato. Lo advertimos desde las primeras páginas, donde Pedro Martínez toma la iniciativa de marcar el rumbo, la directriz del tema, con una lírica y honda definición de “Aventura” que subraya y engloba las intenciones de la obra:

La aventura… punto focal donde el presente se condensa, crisol donde los futuros posibles se transforman en un solo pasado concreto. Halo de luz que ilumina lo nuevo, lo inesperado, lo no sometido al desgaste de la rutina diaria.

Estos son los arrestos de Don Quijote, su verdadera locura: enfrentarse a lo nuevo e inesperado, abandonar su tranquila y rutinaria hacienda, contando sólo con el desnudo de sí mismo, su soledad frente al entorno -al menos en la primera salida-. Es el sentido de vivir una aventura el renunciar a vivir con un futuro proyectado e indefectible, salir del seguro refugio donde todo es esperable, el sentir a flor de piel el presente que nos cruza, que de punto pasa a extenderse con sorpresas en cada rincón. Éste es el trayecto del anónimo viajero sobre su motocicleta, termine o no en Compostela.

¿Serían suficientes las tres semanas de vacaciones que tenía reservadas? Si todo salía a pedir de boca, sí. Pero entonces apenas quedaba tiempo para las ciudades, para la aventura. ¿Es que llegar a Compostela seguía siendo lo principal? El viajero no lo sabía. En realidad, ¿qué es Compostela? ¿Es solamente una ciudad de granito gris, allá en la brumosa Galicia o es un ideal que el iniciado puede encontrar en cualquier colina, en cualquier recodo del camino? Compostela lejana, ¿es que llegaré a ver alguna vez la silueta de tus torres?

La “metafísica” de la vida cotidiana se escenifica, sobre todo, con las vacaciones de una pareja de matrimonios belgas como segunda acción que, a su vez, se divide en otras dos acciones más -una por pareja-. Riñas, feminidad, engaños e incluso una buena dosis de erotismo y sexualidad, de infidelidad concertada, bien llevados y trabados, aderezan la novela alternando con la historia del anónimo y peregrino viajante, con sus peligrosas vicisitudes y reflexiones. El contraste moral creado, entre virutd y vicio, por efecto de la suspensión de la vida cotidiana mediante la aventura, consiente que el lector juzgue las actitudes e incluso se mire en el espejo. Dicho con más llaneza, ¿por qué estando de vacaciones, en tantas ocasiones cambiamos nuestro comportamiento o nos desinhibimos de quienes somos o lo que habitualmente hacemos? ¿Por qué al abandonar temporalente la rutina y el espacio en el que solemos vivir, abandonamos también los criterios de entonces por otros? Ello sin entrar en el debate maniqueo del bien y el mal, sino, más bien, en la liberación de los grilletes que con la cotidianeidad nos imponemos. Advirtamos también que el anónimo viajero, el peregrino quijotesco, de igual modo se ve inmerso en actos de los que no valora su corrección, sino su novedad, verdadero beneficio que recibe a cambio de participar en ellos.

En tercera persona, la novela mantiene un ritmo narrativo regular, sin excesivos altibajos que la aceleren o refrenen -exceptuando algunas partes de acción, más rápidas-, dentro de una combinación de registros culto y coloquial, técnico en ocasiones, relajado y más próximo al intercambio oral en otras, especialmente en los diálogos, con gran riqueza de vocabulario. En el caso de los matrimonios belgas, llama la atención que el autor empleé el error gramatical para reflejar que se trata de personas que no conocen bien la lengua española. Abunda la descripción, en planos generales la mayoría de las veces, sobre todo paisajes naturales, focalizando detalles concretos que quieren ser resaltados, por ejemplo, al tratar cada uno de los templos que en el Camino de Santiago vamos recorriendo. Junto a ello, son de subrayar las introspecciones, el detenimiento en pensamientos, varios al modo de monólogos interiores, que en todo momento sostienen la coherencia de las reacciones y de las relaciones de los personajes, y por lo que nos mantenemos informados en todo momento del mundo psicológico de cada uno. Introspecciones que también realiza el narrador con digresiones reflexivas y opinativas sobre acontecimientos y temas de muy diversa índole, vitales y existenciales, sociológicos y antropológicos, ahondados en la última parte del libro:

El problema de cumplir un programa es que, cumplido, hay que encontrar otro o inventarse otro porque, si no, nos quedamos con las manos vacías y la vida parece inútil (pero… entonces, ¿es que la vida consiste solamente en “hacer”…? ¿Dónde quedó la alegría de existir por existir, la alegría de estar vivo? ¿Esa alegría básica, elemental, tan visible en los animales, en las sociedades humanas que viven en mucho peores condiciones económicas que nosotros?)

Es posible que el lector tenga la tentación de querer más libros de Pedro Martínez. Será una tentación sana, a la que quiero aconsejar: tenga cuidado para que no le ocurra como en la anécdota le pasó a aquella reina que leyó la Alicia de Lewis Carroll y pidió todas las obras del autor recibiendo acto seguido un Compendio de Geometría. Y es que Pedro Martínez es médico y lo mismo se sorprende el lector al encontrarse con un Tratado sobre Anatomía del Sistema Nervioso –Neuroanatomie (1983)-, sin duda otra gran aventura, para la que no todos estaríamos preparados.

Héctor Martínez

29/09/2009

“EVADARE DIN SPATIUL VIRTUAL”, BY GEORGE ROCA (NIRAM EVENT)

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Cover and Back

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It was a real pleasure for me to have had the opportunity to meet George Roca. We launched his book Evadare din spatiul virtual in Madrid (Spain) at Espacio Niram on Saturday, the 26th. The book is divided into seven parts and George Roca read his poems one by one during the event, while Fabianni Belemuski translated them directly to the Spanish audience. Indeed, the night before the event, Mr. Roca and I could exchange views, having a very pleasant talk about different things like the difficulty that exists to learn other languages in countries like Spain or the impossibility to translate poetic words when the author is the only person who knows the authentic meaning, the real feeling of the poem. Why did we talk about this? Because I knew then that today I would be writing about him and his poems and I would come across these two problems that I mentioned a couple of lines above. Anyway, the same night, we talked about poetry, too. Mihai Eminescu was an important point in our conversation, but at the same time the philosophy of Emil M. Cioran or Mircea Eliade and Brancusi’s works were an important part of our reflections. Why? Firstly, because George Roca was born in Romania and currently lives in Australia, but he carries in his heart the homeland in which he saw the daylight for the first time. Secondly, Eminescu is a very important poet in Romania and the three other personalities mentioned above have gained international relevance together with Eugene Ionesco or Tristan Tzara.

In fact, Eminescu and several other big names in sports, music, art, which Romania gave to the world, all have a dedicated poem in the fourth part of book entitled Amintiri. The poem is called Eminescu, and George Roca is singing to a new dawn of Romania in it. This new dawn is because of the fact that…:

Într-o dimineaţa
Dumnezeu
s-a sculat vesel şi binedispus!
A închis vântul în cămară,
a alungat norii
a scos din priză fulgerele,
a oprit cutremurele şi valurile
şi a stins focul su cazanele vulcanilor!.

(One morning,/God woke up happy and good-humoured/He locked the wind up in the storeroom,/chased away the clouds,/unplugged the lightnings,/put a stop to the earthquakes and the waves/And he put out the fire of the volcanic caldrons!)

Romania is present across all the pages and the verses from Evadare din spatiul virtual , but it has a reserved space in the second part of book called Antipozi whose content has strong feelings of nostalgia.

G. Roca

G. Roca

George Roca considers himself a journalist rather than a poet. But on Saturday, we enjoyed his facet as a poet, a very chromatic and vital poet with a great sense of humour and great sensitivity. It’s possible to see this colourful vision in the third part of the book called Cromatică australiană and in poems like Galben, which was born as a result of Roca’s son challenging him to write about a yellow cat. Other verses are crossed by the green, red, but especially blue, colours. The blue colour is very significant: it refers, for example, to the depth of the oceans, to the sky above us, or to the special blue similar to Lapiz Lazuli which only exists in a Monastery of Moldavia. This colour connects us with an infinite thought. For this reason, it is not by accident that the stars and the universe appear in other lines, like an elevation path from the sky to the outer space. When can we see the stars? At night. When can we imagine the Universe? At night, too. The night and the sky become magical and special: the diurnal blue sky demonstrates to us that we are alive and we should be happy about it, as in Mă bucur, in the fourth part of book:

În fiecare dimineată
când mă trezesc, mă bucur
mă bucur că e soare
mă bucur că e înnorat
mă bucur că trăiesc

(Every morning/When I wake up, I’m happy!/I’m happy that it’s sunny,/I’m happy that it’s cloudy,/I’m happy that I’m alive!)

With the nocturnal black sky we understand that we are part of a larger whole, or that we can dream. But, where can we find the stars? Not in the sky, but in the grass, George Roca answers in one of my favourite poems called Micul Univers:

Seara
căutam prin iarbă
stele căzătoare!

(At night,/we searched the grass/for falling stars!)

The stars fall down from the Universe into our human world and into our quotidian lives. In Micul Univers we discover kids playing football with planets as a ball, or riding comets, because George Roca is inviting us to remember our childhood Universe using surrealistic elements.

The sense of humour appears in various poems –especially in the last part of book entitled Fabule şi parodii-, but I like one poem in particular, called Poemul. Poetry is defined as an unfaithful wife who comes to us when we are sleeping, or, if we are awake, when we don’t have pen and paper at her arrival. Poetry is viewed as a woman playing with us as if we were lovers. Thus, poetry is described in terms of an unexpected difficult love, which is not controlled by us because we are its tools.

The previous paragraph helps me point out that there is another important theme within the book: the theme of love, above all in one poem, Sărutul, in which I found a personal symbol which impressed me a lot. Please, read it:

Când am început să te sărut
gura ta avea gustul fructului pasiunii
Totul era atât de activ şi real
De parcă doi îngeri
făceau dragoste pe limba mea.

(When I began to kiss you/your mouth tastes like the fruits of passion./Everything was so lively, so real,/as if two angels/were making love on my tongue.)

After reading it, I would want to feel these “two angels making love on my tongue”. It’s not the feeling of a kiss; it’s the feeling of a kiss of love given by a man who is in love. There are many differences between these two kinds of kiss and I think that only a great poet, like George Roca, can express the differences of intensity with these few poetic words.

George Roca’s poetry shows a positive message: we must live in harmony with ourselves and everything around us, in order to get to know who we are and to win the fight against the irreversible time in which we live and to love each other. He is proposing us to escape and to live, to be free from the chains that we have created for ourselves. I have not seen poetry like this in years, encouraging us to discover life as a gift and not as an obligation and a punishment.

Héctor Martínez

Texto revisado y corregido: Eva Defeses


Download/Descarga: Spanish version/versión española


 

21/09/2009

FANZINE SUBJETIVO LIBRECONFIGURACIÓN

Posted in Ensayo, Poesía, Prosa, Unas noticias y otros tagged , , , a 18:02 por retratoliterario

Portada LC

Portada LC

En febrero de 2005 salía el primer número del Fanzine Subjetivo Libreconfiguración. Yo me subí al carro dos años más tarde. Estaba reciente la publicación de Conversos, fragmentos de una antología futura (Ed. Antígona, 2006) y su presentación en la FNAC. Hoy, Libreconfiguración ya va por su número 15, de próxima aparición, y ha dado lugar al surgimiento de la Asociación Cultural Libreconfiguración. Por sus páginas han pasado y pasan escritores, poetas, músicos, pintores y fotógrafos de muy variado estilo, decantados hacia una obra libre y de vanguardia, e inmersos en un sinnúmero de proyectos culturales y actos que reflejan su espíritu artístico. No hay más que citar a Quino, a Xurde Portilla, a David Torrico, a Carlos G. Torrico, y a Pedro Gilthoniel, o eventos como los Contubernios líricos de Luarca o proyectos como el Experimento Colector.

El Fanzine actúa como nexo de unión entre nosotros, sobre todo para mí, que me mantengo en una discreta lejanía. Gracias a la publicación mantengo el contacto con los poemas y textos de Fernando Pérez de Blas, Antonio Albiol, Iván de la Casa, o Sergio Lorente. Y gracias a su existencia, a la vez, yo escribo y voy dando a luz, desde 2007, las composiciones y poesías que, de otro modo, se habrían quedado en algún cajón, olvidadas incluso por mí. Tiene, desde luego, la poesía contemporánea, la joven y la novel, un aliado en Libreconfiguración, validando los versos de Bécquer: “siempre habrá poesía”, aunque, en este caso, aquello de “podrá no haber poetas”, es falso. Los hay, claro que los hay. Quiero pensar que he mencionado varios de ellos. Quiero pensar que soy uno de ellos.

Portada LC-10

Portada LC-10

No se trata de una ingenuidad artística. Libreconfiguración sabe bien el terreno que pisa, en el que se mueve y escribe. No es ajeno al ambiente, pero no lo es, subjetivamente. Quiero decir: la conciencia del momento literario que se vive late en Libreconfiguración a través de los trabajos de los autores y artistas, por medio de cada una de sus secciones, pensamientos, versos, imágenes. Dicha toma de conciencia la podemos leer en su presentación:

(…) cuando los ingenieros han perdido su talento entre los billetes falsos de un gran baul, cuando son talados los árboles del sentido común en nombre de alguna causa injustificada, cuando el lenguaje carece de significado, es hora de ponerse manos a la obra. Cada uno a lo suyo, construir un nuevo abecedario y colorear los pálidos escenarios de la cotidianeidad.

El espíritu de un movimiento para el que las vanguardias y neovanguardias del s.XX fueron prolegómenos vigorosos, late en las profundidades de Libreconfiguración. Sea el hecho de que, ignorando si podemos hablar de “burguesía”, es incuestionable la crisis social en que vivimos; sea el hecho de que, de nuevo, las revistas no oficialistas, independientes, albergan una actitud crítica y rebelde continuadora de aquel espíritu contra-racional, de sospecha y devastación del lenguaje, de creación, de color sobre el grisáceo tono que colectivamente respiramos. Quepa recomendar, por ejemplo, la lectura de Emoción y arquetipo de Carlo. G. Torrico, en el número 5, de Indicios de otra racionalidad, en el número 2, de Densidad poética de la realidad, en el número 10, ambos de Pérez de Blas, mi, perdón por la autocita, Parménides tiene prohibido bañarse, en el número 11, o incluso el prólogo de Antonio Albiol a Conversos…. Todos ellos, más los que no cito, junto a los poemas y canciones, pinturas y fotografías que ilustran las páginas, son alientos de una reacción, de una piedra tirada en el oceáno a la espera de ver las ondas convertidas en olas que mueren en la playa y renacen con cada nuevo lanzamiento. Es un espíritu que se renueva constantemente, porque no cabe en él la permanencia.

Portada LC 11

Portada LC 11

Probablemente sea el más clásico de todos. El más próximo a otros siglos, aunque cercano sólo a las rupturas de entonces, que es lo que venimos a llamar literatura, lo que muchas veces se enseña en las aulas con harto aburrimiento. Aún así, quepo en Libreconfiguración. Todo cabe, no por relativismo, sino por libertad de creación, porque el patrón de corte son los autores y artistas, no la ideología, no lo externo al creador. Quince números y el buen trabajo de los amigos de Libreconfiguración lo atestiguan.

La puerta, la salida, la vía de escape, que no de evasión, hacia el frente de batalla, la ventana abierta que supone Libreconfiguración para liberarnos del apolillado ambiente de la caverna humana y su rutina, merecía desde hace tiempo un hueco en Retrato Literario. Para ellos va este artículo, y para cuantos quieran entrar a formar parte… entre ellos, tú, lector.

Héctor Martínez

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