26/06/2017

GLORIA FUERTES, VÍCTIMA COLATERAL DE JAVIER MARÍAS

Posted in Poesía tagged , , , , , , , a 15:41 por retratoliterario

Javier Marías mete la pata hasta el corvejón en su último texto de La zona fantasma. Y eso que tiene razón en la mayor parte del texto, pero al final, equivoca el objetivo. Muy probablemente le arreen por homófobo, o machista o por ambas o cualquier otra. Así está la cosa. Este es el nivel. Pero es probable que nadie alcance a vislumbrar el verdadero problema del último artículo de Marías.

Su artículo se titula Más daño que beneficio y refiere de forma concreta, y sin dar el salto al plano conceptual, a este criterio de selección moderno, patrón feminazista (que no feminista, me niego a llamarlo feminismo por respeto al feminismo), de exaltar lo que toda mujer haga, no por el valor de lo hecho, sino por ser mujer y punto final:

En la actualidad hay una corriente feminista que ha optado por decir que cuanto las mujeres hacen o hicieron es extraordinario, por decreto. Y claro, no siempre es así, porque no lo puede ser.

Y si bien en ello tiene razón, se le queda corto el tiro. Podría haber seguido ampliando el fenómeno a cada uno de los lobbys interesados, enjambres de asociaciones activistas y culturales, que se alimentan a golpe de subvención de la propia postergación de la injusticia o la invención de nuevas. Existe el mismo patrón en la homosexualidad y la transexualidad, vuelta la condición sexual criterio artístico, más allá de la obra creada. Podemos jugar la carta del inmigrado, del refugiado, y así sucesivamente, hasta darnos cuenta de que hemos retrocedido más que avanzado, porque hemos vuelto a la exaltación del yo, como genio incomprendido y oprimido por la sociedad habida, sea cual esta sea. De nuevo somos idealistas, románticos y decadentistas. Hemos sacado de nuevo la piel decimonónica. En nuestros tiempos desnortados solo queda eso: mirar al pasado y creyendo estar enmendándolo (algo verdaderamente imposible), en realidad solo estar repitiéndolo.

Acto seguido, en su artículo, Javier Marías dirige el dardo hacia la exaltación de Gloria Fuertes. Y nuevamente estoy de acuerdo en parte, pero sigue errando el tiro. Pues nos dice no poder suscribir la tesis por la que, de pronto, hemos redescubierto en esta España nuestra a Gloria como una grandísima poeta (y tiene la delicadeza de decir poeta, como Gloria Fuertes exigía, y a pesar de que lo correcto, incluso etimológicamente y con más razón, es poetisa). Hasta ahí, lo comparto. Yo tampoco puedo, por mandato feminazi, asumir como doctrina que Gloria es la gran tapada por el que llaman, con todo el boato posible, heteropatriarcado (otra cosa no, pero talento tienen para inventar palabros y definiciones teóricas para polémicas inútiles, en un diccionario de la neolengua orwelliana).

sostiene esa corriente que todas esas artistas geniales fueron deliberadamente silenciadas por la “conspiración patriarcal”. No se les reconoció el talento por pura misoginia. (…) Hoy, con ocasión de su centenario, sufrimos una campaña orquestada según la cual Gloria Fuertes era una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio. Quizá yo sea el equivocado (a lo largo de mi ya larga vida), pero francamente, me resulta imposible suscribir tal mandato.

Tampoco yo puedo, y esto es lo que se le olvida a Javier Marías, suscribirlo por criterios literarios. Quiero decir, Gloria Fuertes está en la media de sus contemporáneos: creó composiciones de corte social y rural notabilísimas, o se echó en brazos del versolibrismo con talento, pero, a efectos técnicos y estilísticos, lo hizo sin aportar novedad para su tiempo. No inauguró una línea, no abrió nuevas fronteras, no descubrió formas expresivas, lo cual en modo alguno dice que fuese mala poeta (poetisa), sino, y simplemente, que no podemos elevarla en el pedestal cervantino, o en el de Lope, o en el valleinclanesco, por citar ejemplos que se entiendan bien. Y si se trata de centenarios, hablaría del silenciado Juan Rulfo. Javier Marías elude esto, y casi parece acabar diciendo que no puede suscribir la grandeza de Gloria Fuertes por mandato ideológico… y así deja la pregunta en el aire de si lo suscribiría por otras razones y en caso afirmativo, por cuáles. Lo siento, pero si se abre el melón, se debe abrir entero. ¿Quiere decir Javier Marías que con toda esta exaltación hiperbólica se daña la verdadera dimensión y perspectiva de la obra de Gloria Fuertes? Estoy de acuerdo: se provoca una expectativa mayor que la obra misma, cuyo resultado solo puede ser decepcionante después. O, ¿no estará queriendo decir Javier Marías que exaltando hiperbólicamente la obra de Gloria Fuertes se daña el arte hecho por mujeres? Aquí no puedo estar de acuerdo, básicamente porque no quiero caer en la trampa segregacionista por la que hay arte de varones y lo habrá de mujeres, y de gays, y de lesbianas… y así sucesivamente, otra vez. Se puede exaltar la obra de Gloria Fuertes, pero por su obra, y se puede discutir acerca de ello, a favor o en contra. Esto no dañara al arte, hecho por quién sea, porque esto ha ocurrido siempre (ya saben, sobre gustos, lo colores). No hay problema en este sentido exaltar a Gloria Fuertes como hay quien exalta a Panero. Es la subjetividad del gusto. Pero Javier Marías se detiene, tras haber subrayado el nombre de Gloria Fuertes y haberle arrebatado la razón sexual para exaltarla, y en mi opinión, debería rematar el argumento y asentar si la exaltaría o no con sus debidos porqués. Hecho como lo ha hecho, convierte a Gloria en daño colateral de su andanada contra el feminazismo contemporáneo.

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Gloria Fuertes, por Julio Santiago

Personalmente, me gustan varios poemas de nuestra centenaria autora. Igual que me gustan poemas de otros, a los que del mismo modo niego el pedestal literario, por criterios específicamente literarios (como debe ser en todo caso). Diré cuáles poemas para que no me acusen de decirlo por decir: Isla ignorada, Nací para poeta o para muerto…, el soneto A veces quiero preguntarte cosas… (sí, señoras y señores, Gloria escribió sonetos), Aunque nos muriéramos al morirnos, El corazón de la Tierra, Reo a muerte, Labrador… ¿Suficiente? Busquen estos, al menos, y léanlos: no podrán decir luego que Gloria Fuertes sea mala, todo lo contrario, es inmensamente buena; pero tampoco podrán decir que destaque por encima de sus coetáneos, si los leen.

Lo único que tiene Gloria Fuertes distinto a los demás es la especificidad de ser Gloria Fuertes, rasgo por el que solo podía escribir como Gloria Fuertes y como nadie más. Pero esa especificidad la tiene cada poeta consigo mismo, es lo que los hace únicos, aunque no especiales.

 

Nada de esto dice Javier Marías. Y sigo creyendo que en su artículo Gloria queda como víctima de un fuego cruzado absurdo y simplón.

Tampoco dice Javier Marías, a tenor de centenarios, que no es mérito el paso del tiempo y que otra cosa es lo que mediáticamente nos han metido por los ojos a partir de la corrección política e ideológica. Centenario fue el de los premio Nobel Echegaray (de muerte) y Cela (el de nacimiento) el año pasado y no hubo ninguna reivindicación, más bien pasaron completamente desapercibidos, más aún Echegaray; fue el de Rubén Darío (de muerte) y Buero Vallejo (de nacimiento); fue el de Roal Dahl (de nacimiento); y de los académicos Zamora Vicente (de nacimiento) y  Francisco Fernández de Béthencourt (de muerte); y este año, además de Gloria y Juan Rulfo, esta el nacimiento de José Luis Sampedro o Roa Bastos o de Gironella, García Yebra, Laiglesia… (hay más, aquí un listado)… silencio absoluto, y no porque tengan una obra literaria o intelectual inferior a Gloria Fuertes. Tan solo es que no son ni mujeres ni lesbianas, y por eso a nuestra sociedad, a nuestros medios, a la foto de nuestros políticos, a las asociaciones activistas y culturales, ni les va ni les viene. Es vergonzoso que el redescubrimiento de Gloria Fuertes (bienvenida sea la arqueología literaria para encontrar joyas por pequeñas que sean) no tenga que ver con su obra sino con su condición sexual por partida doble. Y España entera participa por ignorancia, por incultura y, sobre todo, por un sentimiento de culpabilidad artificialmente generado por una narrativa ideológica vacía.

Lo que vengo a decir, que Gloria Fuertes es usada encima de mascarada cultural para beneficio de un discurso construido a base de distorsión. Javier Marías tampoco menciona esto: que el daño ni lo advierten porque el beneficio ideológico les ciega. Para estos movimientos el beneficio es máximo y el daño inexistente. Pedirles verlo alrevés es pedirles poner en cuestión algo de lo que han hecho ya una forma de vida.

Por todo ello Javier Marías mete la pata. Hubiese sido deseable, ya que eliminas el criterio sexual, defender los verdaderos criterios para decidir la valía literaria objetiva de cualquiera de nuestros autores.

Al final, Gloria Fuertes sigue siendo vapuleada en medio de la inveterada estupidez humana. Y su obra sigue ignorada, por unos y por otros, y por las más variopintas exageraciones, como la propia autora en su isla.

Soy como esa isla que ignorada,

late acunada por árboles jugosos,

en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de nada,

-sola sólo-.

Héctor Martínez