26/09/2016

KEPLER 62, RESEÑA EN SINTAGMAS

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Reseña publicada en Sintagmas sobre mi novela Kepler 62, recientemente editada.


La novela Kepler 62 o la extinción del hombre

Fuente: Sintagmas.com.ar


Muchas novelas y películas nos aproximan al fin del mundo. Y Kepler 62, de Héctor Martínez se suma a esa lista, con reverencias a las que le precedieron. Al leerla, pensaba en Earth abides (1949) de George R. Stewart, también en la archiconocida The day of the triffids (1951), de John Wyndham, o en el film The happening (2008) de M. Night Shyamalan. Con estas tres referencias bastaría para conocer el contexto de Kepler 62: la especie humana se enfrenta a su extinción tras la explosión de los laboratorios SynBio Ltd. en los que se intentaba generar vida artificial experimentando con bacterias y virus. Las bacterias y virus son multirresistentes y sólo afectan al hombre, siendo la naturaleza entera su propagador. Recluidos los supervivientes en módulos herméticos, se afanan en encontrar otro planeta al que enviar una nave generacional donde perpetuar la especie.

Lo perturbador es que la trama surge de la combinación de hechos reales: la investigación de vida artificial es similar de las realizadas por J. Craig Venter, y la exploración del espacio se basa en los programas existentes en la observación y registro mediante grandes telescopios espaciales como el Kepler (que al publicarse la novela, ha terminado su servicio para la NASA) y los desarrollos del Proyecto X. Esto último lo sé porque el autor provee al lector de un pequeño apéndice en el que revela estos datos o las referencias literarias que subyacen a la novela como escritores (Asimov, Robert Louis Stevenson, Bradbury), novelas y sus personajes (Farenheit 451, 2001: A space Odyssey), nombres reales entre astronautas y científicos (Sally Ride, Leibniz, Kepler, Brahe, Gagarin…). Es muy interesante la mezcla de realidad contemporánea y ciencia ficción que encierra esta novela. Por contener, contiene la obra pionera de la ciencia ficción, el Somnium de Johannes Kepler, la cual surge como antiguamente, cual historia dentro de la historia, y a pesar del tiempo que separa ambos relatos. Aunque, en este caso, el libro de J. Kepler también ofrece una clave interpretativa de la novela a través de su simbolismo, motivo principal por el que aparece en la novela.

El Somnium de J. Kepler es el catalizador de la protagonista, Eleanor Rice; también ayuda a entender la relación mentor-discípulo entre el doctor Evans y la protagonista, paralela a la de Tyco Brahe y Duracoto (alter ego de J. Kepker); del mismo modo, si en el Somnium, Fioxhilde es la ignorancia y la superstición, el padre desaparecido es la razón y Duracoto la ciencia, hija de la ignorancia y la razón, en la novela de Héctor Martínez, Jane es la médico, el cuerpo y la religión, Andrew, la política y la burocracia, y su hija Eleanor la ciencia teórico-práctica sobre la que pesa la influencia de los padres con terribles consecuencias; por último, en ambas se lucha contra formas de geocentrismo y antropocentrismo.

¿Quién es Eleanor Rice? La protagonista, cuya vida es narrada de forma fragmentaria, por etapas, de pequeña, de estudiante, de investigadora y oficial tripulante de la última nave lanzada en busca de planetas habitables. Cuanto ocurre a su alrededor va formando capas en su interior afectando a su mente y personalidad. Estos cambios se representan de manera igualmente simbólica a través de diversas interpretaciones de un cuadro (que el autor describe como la obra de Caspar David Friedrich, El caminante sobre el mar de nubes, como reconoce en el apéndice). Se trata de una inteligente joven, astrobióloga, que pasa todo tipo de vicisitudes familiares y sociales, vejaciones diversas que quedan latentes en el subconsciente de aquélla en quien se deposita el destino final de la humanidad. Quizás pueda ser ésta una de las conclusiones de la novela: nunca sabes quién será tu salvación, luego respeta a todos. Tampoco puedo soslayar en ello, que al caso se escoja a una mujer brillante que choca continuamente con el mundo. De hecho, son ella y su madre las que más incomprensión sufren en ese mundo postapocalíptico. Desde esta perspectiva, el autor vuelve a revalorizar el papel de la mujer en sentido fuerte, como ya presentara en Humanografía. Relatos desde el lienzo (Ediuns, 2014).

Tras perder a su madre muy joven y con tensos vínculos con su padre, la única relación medianamente íntima o profunda la establece con su mentor, el doctor Evans Danel Baley (de resonancia asimoviana), un científico nonagenario desprestigiado cuyas teorías son tachadas de locuras, y que, sin embargo fue el impulsor mediante su fortuna y sus conocimiento de las estructuras que ahora podrían ayudar a salvar a la humanidad. Un científico que de joven fue un activista en contra de la investigación sobre la sintetización de la vida por los laboratorios SynBio, cuyo accidente produjo el gran Desastre para la humanidad.

Un tercer personaje importante es el cuasi femenino de SARA. Y digo cuasi femenino, porque en realidad es el acrónimo de Sistema Automático de Regulación Aerospacial, una IA biocomputacional muy sofisticada que no puede faltar en una nave de exploración desde que se asentó el tópico con HAL 9000 de 2001: a space odissey. Su papel es el de espejo de la propia Eleanor Rice, su forma de conciencia exterior que influye en el ánimo de esta mediante un software de familiarización y psicoestimulación. Con SARA surge otro gran simbolismo de la novela, también asumido de 2001: el ajedrez. Mediante el juego se establecen dos ejes: uno, la mejor estrategia es no jugar, como metáfora de la misión de Eleanor; dos, para la religión de los mundos posibles que sigue la madre de Eleanor, Jane, se usa como ejemplo de explicación de la fe el ajedrez mismo, lo que vincula a la madre con SARA ante Eleanor.

Existe un último símbolo capital en la novela: la música folk y, en concreto, la canción This land is your land de Woody Guthrie, escrita en 19943, verdadero himno que ha conocido numerosas versiones en USA y en el resto del mundo, incluyendo una de Bob Dylan y otra de Bruce Springsteen. La vida familiar de Woody Guthrie resulta similar a la de Eleanor Rice, con un padre en la política y una madre que cae presa de enfermedades mentales. Pero más llamativo me ha resultado el hecho de que esta canción tomó el tono de otra anterior, When the world’s on fire, cuya letra es muy reveladora del final de la novela (O my loving mother when the world’s on fire, Don’t you want God’s bosom to be your pillow, Hide thee over in the rock of ages, Rock of ages clef for me), a la vez que fuese respuesta a God bless America. Es un detalle, más dirigido a los melómanos que a un público general; un detalle que en realidad no es necesario conocer para seguir el hilo de la novela.

A lo largo de Kepler 62 aparecen diversos temas como el ya mencionado del feminismo y las relaciones familiares, junto a la ecología, el consumo de recursos, la superpoblación, los límites éticos de la ciencia y las relaciones de la comunidad científica, la fe y la desesperación ante la enfermedad, la extinción humana, la criminal burocracia y la endogamia política… temas, por otro lado, ya tratados en otras obras del autor como El Clan de la Hormiga (ecología, relaciones familiares, política, límites de la ciencia), Misión 109 (desesperación, fe, falta de recursos), Harass: The God´s Job (enfermedad, fe, ciencia-religión) etc.

En general, el tono dramático y el ambiente frío y lúgubre dominan la novela Kepler 62, ya que acusamos la falta de emociones positivas de alegría o amor frente a las de odio, rencor o envidia. A ello se une el componente onírico que varias veces queda reflejado y que tiene su fuente original, una vez más, en el Somnium de J. Kepler.

Héctor Martínez se decanta por una narración discontinua, en párrafos cortos, convirtiendo la novela en un puzle de saltos temporales por cada párrafo y cada capítulo que el lector va reorganizando en su lectura. Es una radicalización de una narrativa ya practicada con maestría en Misión 109. Exige una atención extra al lector, y lo mantiene en suspense para ir resolviendo cada cabo según se avanza. Este punto puede ser el más complejo de la novela, y llegar a confundir al lector poco acostumbrado a la narrativa elegida. Por eso, es importante recalcar que en este aspecto realmente está bien pensada la novela, hasta el punto de que podría ser leída en otro orden y el resultado no diferenciarse en nada.

Kepler 62 no es una novela voluminosa, apenas 200 páginas, cuyo final abierto invita a que cada lector saque sus propias conclusiones con entera libertad; también, viendo los referentes literarios, parece dejar la puerta abierta a alguna secuela (e incluso precuela) que pudiese asentar una saga legendaria, como tantas ha habido al respecto.

26/05/2016

“SOMNIUM/EL SUEÑO” DE KEPLER

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somniumJohannes Kepler, el mismo que puso claridad sobre las órbitas planetarias en un sistema heliocéntrico y que esbozó el concepto de fuerza e inercia que posteriormente Newton desarrollaría, escribió una novela, que hoy viene a llamarse de ciencia ficción y se toma por la pionera del género. Su título El Sueño o la astronomía lunar. Una obra cuyo contenido sorprende, y no debiera, pues no es tan rara la combinación de elementos puestos en juego. Lo que sorprende es que sea una novela de Kepler.

Somnium, que es su título latino por el que se la conoce más, es un experimento mental y un elemento propagandístico del copernicanismo. Como experimento mental, trata de situar a los detractores de Copérnico fuera de la Tierra para describir los efectos del movimiento del planeta cara un observador que se vería a sí mismo estático en la Luna, o Levania, que es el nombre dado. Como propaganda, asume la forma literaria de la novela corta, la cual amplía el público lector frente a los tratados astronómicos.

Pero también es una obra arriesgada. Defender el sistema copernicano contra el sistema aristotélico-ptolemaico que, para el cristianismo, era el sistema de Dios en las Sagradas Escrituras, resultaba grave. Hacerlo quien mezcla geometría y mística hablando de un dios geómetra, es herético. Introducir daemones encargados del tránsito entre Tierra y Levania, eleva un grado más la polémica, máxime si se afirma la vida extraterrestre. Sólo faltaba que Kepler usase elementos biográficos para generar la confusión sobre su madre y sus tratos con los daemones, por ejemplo, como acabó por ocurrir. No sirvió de nada el recurrido artificio literario del sueño para hacer tolerable el texto en los círculos de la época, pero, aun así, la obra existió y llegó a nuestros días. Incluso cuando el sueño que va a defender el heliocentrismo trata de ser comparado con la leyenda de la fundación de Praga a partir de un sueño de la reina Libuse.

La clarividencia de Libuše a menudo la llevó a tener sueños proféticos. En uno de ellos, según dijo, se le presentó la magnificencia de una ciudad cuya fama alcanzaría las estrellas. Movida por ese sueño, montó en su caballo y se dirigió hacia el lugar donde un hombre tallaba su portal, el lugar exacto donde se levantaba un gran castillo en su sueño. Aquel artesano fue el elegido para erigir el castillo de Praga en torno al cual se extendería la ciudad.

(…) le fascina el poder clarividente de la pitonisa Libuše en sus sueños que le hizo ver una ciudad, la futura Praga, tan grande como para alcanzar las estrellas.

Y con esta imagen en mente, esa noche se duerme plácidamente.

*La traducción y versión es mía y figura en una novela de próxima aparición en otoño de 2016, titulada Kepler 62.

De hecho, el artificio pretendido no sirve de mucho cuando añades un apéndice geográficamente (o selenográficamente) explicativo de lo que se supone es un sueño. Es lógico, pues, que habiendo trabajado para su publicación, finalmente el libro viera la luz póstumamente en 1634, de manos de Ludwig Kepler, hijo del astrónomo.

Pero centrémonos en su parte más literaria. Por ejemplo, en características destacables como la multiplicidad de narradores y la estructura mise en abyme, o los tópicos como el del homo viator.

La multiplicidad narrativa es una característica de la novela moderna, y en Somnium no pasa desapercibido su uso por Kepler. Empezamos con un narrador en primera persona, quien sueña leer un libro en el que un tal Duracoto nos relata su vida en primera persona, y es quien va a ceder la voz narrativa al daemon que describirá el viaje a Levania en primera persona del plural. Por capas, según el nivel en el que nos encontremos, tendremos un narrador distinto: en la realidad, en el sueño y sobre Levania. Es lo propio de una estructura de narración enmarcada o mise en abyme, iniciando una dentro de otra y, por ende, necesitando cambiar el narrador e incluso la persona narrativa.

Entre los temas, ya hemos mencionado el tópico del homo viator, el hombre cuya vida es un camino de peregrinación y aprendizaje. El personaje de Duracoto es abandonado por su madre en un barco que lo lleva al norte, donde conocerá y aprenderá de Tycho Brahe, y cuya vuelta cinco años después junto a su madre será para compartir su nueva sabiduría con ella y sus conocimientos. Hablamos de un viaje terrestre que asume el sentido de un destino salvador, una fortuna de amo en amo que sonríe al personaje para dotarle de una dignidad y posición impensable desde un principio. Algo que nos lleva a reconocer el género picaresco también.

A este viaje físico le sigue un viaje extraterrestre, el que en la narración del daemon nos transporta a Levania. Este viaje es el objetivo principal del relato, pues es la metáfora del experimento mental que propone Kepler y el que coloca a la obra como la primera propiamente del género de ciencia ficción, cuando su finalidad va más allá del mero entretenimiento y fantasía. Una vez que Duracoto está formado en la ciencia sagrada de la astronomía y vuelve con su madre, ella le propone el punto central:

Mucho de lo que tú ahora conoces, bien porque lo hayas visto con tus propios ojos, bien porque te lo hayan mostrado o lo hayas leído en algún libro, este espíritu me lo contó a mí tal cual tú ahora lo conoces. Por eso, hijo mío, nada me gustaría más que me acompañases en uno de esos viajes a un lugar sobre el que particularmente él me suele hablar mucho y al que llama con el nombre de Levania.

*La traducción y versión es mía y figura en una novela de próxima aparición en otoño de 2016, titulada Kepler 62.

johannes_keplerAmbos viajes acontecen dentro del viaje onírico que los introduce y sirve de marco. Un viaje que nos abre a todas posibilidades y que, como mencionamos, habría servido de mascarada a Kepler quien podía aducir que todo lo afirmado en la novela (que de por sí es novela) acontece durante un sueño, lugar de libertad en el que todo puede suceder, incluso en el subconsciente de los más acérrimos cristianos y de sus más altas personalidades o de los más anticopernicanos. Al fin y al cabo, va con la época: Descartes recurría al sueño para sus razones de duda, Cervantes en la cueva de Montesinos o en el caballo Clavileño, Calderón en el torreón donde Segismundo sufre los efectos de la frontera, por citar algún ejemplo.

Otro de los temas que destaca y sorprende es la descripción etnográfica de los habitantes de la Luna. Kepler fundamenta su descripción y sus costumbres en el medio en el que desarrollan sus vidas, y lo hace dos siglos antes del evolucionismo de Darwin y su idea de adaptación al medio. Por ejemplo, remarca las precauciones respecto del Sol para evitar quemarse y morir protegiéndose en cuevas y cavernas, o la corta duración de sus vidas debido al enorme cantidad de masa corporal que les asigna, lo que conlleva un mayor consumo de energía y, por tanto, de vitalidad. Ha de tenerse en cuenta lo atrevido de afirmar la vida fuera de la Tierra en aquellos tiempos frente al dogma religioso, y más cuando ciertamente no es algo necesario en el desarrollo del texto, cuyo objetivo fundamental es mostrar el movimiento de la Tierra, otra herejía para la época.

Desde luego, Somnium es un libro de un espíritu libre, de un heterodoxo, que choca frontalmente con la ortodoxia de la época por la mezcla de ocultismo, daemones, viajes espaciales, vida extraterrestre y movimiento de la Tierra. Incluso cuando son elementos secundarios innecesarios para su verdadero propósito, Kepler los pone en escena.

El lenguaje empleado es otro valor llamativo. Kepler combina el lenguaje técnico, el lenguaje alegórico y el lenguaje imaginado (tengamos en cuenta que la obra se escribió en latín). Al tiempo que se aplican numerosas nociones científicas que explican fenómenos como el día, la noche, su duración, la orografía de la Luna, el clima, las fases de la Tierra desde la Luna etc., (e incluso nociones cercanas a fuerza e inercia adelantadas a Newton) que aporta una verosimilitud científica que hasta Verne no se volverá a ver, surge un lenguaje alegórico que implica a daemones y un lenguaje imaginado para generar las nuevas denominaciones que usan los selenitas para quienes la Tierra es Volva y la Luna Levania, y cada región de Levania se nombra según su posición respecto de Volva: Privolva (o privados de Volva) y Subvolva (o bajo Volva).

Dentro de ese lenguaje, Kepler pone en juego un amplio abanico de recursos. Sin duda que quien lea Somnium o El sueño siempre recordará esta descripción:

(…) la parte oriental es parecida a una cabeza humana seccionada justo a la altura de los hombros, que se inclina para besarla hacia a una joven cubierta por un largo vestido. Ella, empero, con una mano extendida a su espalda llama a un gato que, de inmediato, salta. La parte más grande, sin embargo, no tiene una forma totalmente clara y simplemente se extiende hacia el oeste. El lado occidental, cuyo brillo se extiende más que su propio color, semeja una campana que oscilase hacia el oeste colgando de una cuerda. Las zonas superior e inferior, en cambio, no pueden compararse con nada.

*La traducción y versión es mía y figura en una novela de próxima aparición en otoño de 2016, titulada Kepler 62.

Se trata del dibujo de las zonas de tierra en nuestro planeta visto desde la Luna. Kepler transforma la imagen cartográfica en un juego pareidólico, a través del que nos indica con una referencia visual cómo parecen las regiones vistas desde el satélite.

La animalización es otro de los frecuentes recursos de Kepler: ya sean los viajeros, que se enroscan como las arañas; ya que los levanos tengan piernas más largas que camellos; ya que predomine un espíritu reptiliano en Levania; o que los ciclos de renacimiento sean contrarios al de las moscas en la Tierra. En toda su descripción existe continuamente esta visión naturalista de los acontecimientos.

El simbolismo de cada personaje también es revelador. Cada uno es metáfora de un estado distinto del conocimiento, hasta el punto de convertirse la obra en toda una alegoría del modelo de saber: Duracoto representa a la Ciencia, que emana de la unión entre Ignorancia (o su madre Fiolxhilde) y Razón (o su padre desconocido), como un deseo ferviente de conocer.

Como antecedentes del libro, el mismo Kepler cita a Luciano y su Historia verdadera o el Icaromenipo, a Plutarco con La cara de la Luna; incluso puede sumarse a Ciceron y El sueño de Escipión y al conquense Juan Maldonado, que ya había escrito otra obra titulada Somnium que versaba sobre el viaje a la Luna y que, al fin y al cabo, es heredera de los anteriores (Cicerón, Luciano y Plutarco). El Somnium de Kepler es coétanea de obras con tema similar como la novela de Francis Godwin El hombre en la luna o discurso de un viaje allí por Domingo González, el raudo mensajero y deja huella en la literatura posterior como en John Wilkins, Samuel Butter, Julio Verne, H.G: Wells o Asimov.

Hoy el lector puede tomar en sus manos dos ediciones distintas en español del Somnium de Kepler gracias a Francisco Socas y la Universidad de Huelva, o la traducción de Victoria Schussheim de la edición de John Lear para la Universidad Nacional Autónoma de México. También existe una edición ilustrada de Román García Mora con la editorial 120 pies, y una obra de teatro del dramaturgo Enrique Papatino inspirada en la novela, y a través de la cual se nos narra la biografía de Johannes Kepler.

Héctor Martínez